" de chiquilín te miraba de afuera"

" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia

miércoles, 1 de mayo de 2019

"EL POETA DEL SUBURBIO"

El poeta Evaristo Francisco Estanislao Carriego, conocido como Evaristo Carriego, nació en Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina, el 7 de mayo de 1883 y falleció en Buenos Aires el 13 de octubre de 1912. Escribió en diversas publicaciones de la época, como La Protesta, Papel y Tinta, Caras y Caretas, y otras. En ellas dio a conocer también sus poesías y cuentos breves. Publicó su primer libro de poemas, Misas herejes, en 1908 y su restante obra poética fue publicada después de su muerte con el título La canción del barrio. Carriego fue quien descubrió las posibilidades líricas del arrabal y de los arquetipos que constituirán su mitología personal y porteña, en la que destacan los guapos, los cafés, el barrio y los vecinos, con sus tristezas y sus alegrías, pintándonos toda una época, una geografía, un sentir humano. Obra que ha sido decisiva para la poesía porteñista posterior y para las letras de tango. Murió a causa de una peritonitis apendicular, según consta en certificado firmado por el Dr. Pedro Galli. Tenía 29 años. Fue el «poeta del suburbio», el «poeta de los humildes», el «poeta de Palermo». El 7 de mayo de 1975 se fundó la Asociación Amigos de la Casa de Evaristo Carriego, que presidió el pintor palermitano José María Mieravilla, a quien se debe, en gran parte, la conservación de dicha casa. Fue Presidente Honorario de esa entidad, a la que tuve el honor de pertenecer, el escritor Jorge Luis Borges.

domingo, 28 de abril de 2019

"CANTOR MILONGUERO"

Cantor, letrista y compositor (20 marzo 1909 - 8 abril 1987) Lugar de nacimiento: Rosario (Santa Fe) Desde el principio tuvo un aliciente que a muchos artistas les ha sido negado: su familia ya incluía varios músicos y el padre, Pedro Manuel Eguía, alentaba especialmente las aptitudes del pequeño Héctor, al punto de propiciar su debut cuando éste contaba sólo con once años. Breve es el recuerdo que se perpetúa de esta presentación, que fue en el Royal Park de Rosario, así como también de borrosos resultan hoy su primera inclusión en una obra teatral (en algunas funciones locales de Cuando un pobre se divierte, de Alberto Vaccarezza, por la compañía de Eduardo Ricart) y su acceso a la radiotelefonía, allá por 1923 en LT3 Radio Sociedad Rural de Cerealistas. Más firme resulta su imagen a los catorce años, cantando junto a Magaldi. No hay datos precisos sobre un probable paso anterior como integrante de la troupe Volpi-Galdi, a la que pertenecía Agustín (en realidad, y como bien ha señalado Irene Amuchástegui en su libro Agustín Magaldi, la biografía [Buenos Aires, 1998; Aguilar. Pág. 29], la información sobre la propia actividad de Magaldi en este período es escasa o contradictoria); pero sí se sabe, gracias al mismo Palacios, que don Eguía asoció de alguna forma a los dos jóvenes. No cantaban a dúo, sino cada uno por su cuenta y con su propio repertorio, anunciándose como «el tenor melodista Magaldi y el precoz guitarrista y cantor Héctor Eguía Palacios (Hectorcito)» (v. reportaje de Héctor Bates en revista Antena, 27 de abril de 1935). Tras recorrer varios pueblos de la provincia de Santa Fe, con la sola retribución de unas rifas que organizaban previas al acto, esta aventura se dio por concluida; por ello, son totalmente inexactas las noticias de un dúo Magaldi-Palacios y esa creencia, muy difundida entre los magaldianos, que salieron juntos a probar su suerte en la ciudad de Buenos Aires. Por el contrario, Palacios lo haría después que Magaldi. Luego de su precoz paso por LT3, dejó de cantar por dos años; mas decidió retomar e hizo algunos viajes de Rosario a la Capital, hasta que en 1930 llega a cantar en emisoras porteñas: en LR5 (primero Radio Brusa y luego Radio Excelsior), después en LR7 Radio Buenos Aires, y al fin nuevamente en LR5. Con este reconocimiento se afianza definitivamente en Buenos Aires y comienza a cantar regularmente en el Teatro París, obteniendo hasta seiscientos pesos mensuales. Después de una temporada de dos años, pasa a LR9 Radio Fénix. Su interesante registro de tenor, con un vibrato natural de excelente rendimiento en las notas graves y dentro de un estilo de interpretación muy propio —original, aunque imitado a continuación por otros cantores solistas surgidos en los años treinta—, lo proyecta pronto como un interesante cantor nacional capaz de fluctuar con solvencia entre la música ciudadana y la rural, aunque decididamente volcado hacia el tango. Comienza para él una fabulosa escalada de éxitos, con presentaciones constantes en salas de Buenos Aires y Montevideo. Otras ondas que lo propalan a lo largo de esta década son las de LP6 Radio Casa América, LS6 Radio del Pueblo, LS2 Radio Prieto y LS8 Radio Stentor. De 1933 data la anécdota de haber compartido escenario con Carlos Gardel y más de treinta primeras figuras de la música y el teatro, cuando el 7 de abril participó de un festival artístico en el Teatro San Martín a beneficio de los deportistas Raúl Riganti y Antonio Gaudino, que debían participar en las 500 Millas de Indianápolis. Con lo recaudado pudo costearse el viaje y la estadía de estos corredores. El evento fue transmitido en cadena por cuatro radios, algo fuera de lo común en esa época. En marzo de 1936 la compañía Victor lo incorpora a su catálogo y así graba su primer disco, el Nº 37.905, conteniendo dos temas propios: en el lado A, el tango “A mi madrecita” (matriz 93.122 toma 1); y en el lado B, el vals “Qué tienen tus ojos” (matriz 93.123 toma 1). Ese año le seguirán dos discos más, con los títulos “La canción del estudiante” (marcha), “En el lazo” (gato polkeado), “Mano a mano” (tango) y “Álzame en tus brazos” (vals), en los que alternará el acompañamiento de guitarras con una orquesta. Simultáneamente a sus grabaciones como solista, interviene como chansonnier de la Orquesta Típica Victor, dejando dentro de ese mismo 1936 otros tres registros. Pasa luego al sello Odeon, grabando a partir de 1937 varios temas, incluyendo su gran éxito como intérprete: el tango “Remembranza”, de Melfi y Battistella. Por entonces ya se ha consolidado tanto en la radio (por ejemplo, en las memorables audiciones con locución de Jaime Font Saravia, bajo auspicios de Waterman Hats), que se abren para él las puertas de la cinematografía, apareciendo en El casamiento de Chichilo (dir.: Isidoro Novarro, 1938). Los años cuarenta lo encuentran muy activo. Con el acompañamiento de las guitarras de los hermanos Julián canta por LR2 Radio Argentina; va y viene entre las dos orillas del Plata; hace extensas giras por el interior de la República; en enero de 1940 se reincorpora al sello Victor (grabando regularmente hasta abril de 1942); y protagoniza una nueva película: se trata de El cantor de Buenos Aires (dir.: Julio Irigoyen, 1940), título que de allí en más se convertirá en un nombre antonomástico para el propio Palacios. Llega a integrar el elenco de las emisoras más destacadas del momento, a la vez que filma El cantar de mis penas (película no estrenada comercialmente; dir.: Julio Irigoyen, 1941); Un muchacho de Buenos Aires (dir.: Julio Irigoyen, 1944); El alma en un tango (dir.: Julio Irigoyen, 1945); y A La Habana me voy (dir.: Luis Bayón Herrera, 1950). En México rueda Se acabaron las mujeres (dir.: Ramón Peón, 1946), junto a Vicente Padula. En este film, Palacios aparece luciendo un frac que había pertenecido a Gardel. Aunque los estudios de grabación no lo convocaban desde 1942, a comienzos de los años cincuenta Palacios era una figura mucho más presente de lo que puede sospecharse. Tras una gira de dos años por los países de América (prolongando un periplo que, en realidad, estaba previsto para dos meses), tomó un descanso y esa momentánea inactividad dio origen a cualquier clase de rumores: que había decidido alejarse de la vida artística, que iba a dedicarse sólo a la enseñanza... Apenas si eran unas vacaciones, pero el público lo requería permanentemente. Así, al promediar esta década puede oírselo por diversas radios porteñas, bajo contratos permanentes, a la vez que aparece como primera figura en los números vivos de las mejores salas cinematográficas. Recuérdese que a partir de mayo 1954, el número vivo se hizo obligatorio para cualquier sala que tuviera más de ochocientas localidades. Y si bien no todos los espectadores aprobaban la medida —saliendo del centro, la mayoría de las funciones eran de baja calidad y solían terminar con abucheos—, Palacios sería su gran defensor al ver que generaba una importante fuente de trabajo en el gremio. En 1955 fue llamado nuevamente por discos Victor para dejar cuatro temas (dos con guitarras y dos con sexteto típico). El primero fue la milonga “Muchas gracias mendocino”, un homenaje al boxeador Pascualito Pérez, quien meses antes se convirtiera en el primer argentino ganador de un campeonato mundial en la categoría mosca. Completaron aquella serie el tango “Yo protesto”, la canción “Pájaro chogüí” y una nueva versión de su viejo éxito: “Remembranza”. Tras un nuevo viaje por América Latina, cosechando un impresionante triunfo en Cuba, volvió a Buenos Aires y poco a poco fue retirándose de la vida artística, aunque llegaría a efectuar varias grabaciones más y sería convocado de tanto en tanto por programas de televisión. Como autor dejó su primera composición a los once años: un tango titulado “El negro Flores”, con letra de su padre; Palacios lo estrenó en aquella función de “Cuando un pobre se divierte” que se mencionó al principio. A esta obra inaugural siguieron piezas muy logradas como “A mi madrecita”, tango con letra y música propias, en homenaje a su madre —Amalia Palacios— que el cantor perdiera a los diez años; “Qué tienen tus ojos”, vals en colaboración con F. Collia; “Viejo portón”, con Máximo Orsi; “Hacé bulín”, con Manuel Sabino; “Ya sé que siguen hablando”, con Iván Diez; “Se fue Gardel”, con Andrés Rubio; "En nombre de Dios", con Nolo Gildo y Beguel; “D’Arienzo vos sos el Rey”, con Amleto A. Villa; y otras como “Viejo mío”, “Sabés por qué”, “Comprendo que hice”, “Sangre del suburbio” y varias más. Héctor Palacios falleció en la ciudad de Buenos Aires. Quienes lo conocieron de cerca contaron que hasta sus últimos días mantuvo una afición que le venía desde muy antiguo: criaba pájaros, pero sin jaula. Tenía la habilidad de educarlos, y a la vez la grandeza de mantenerlos libres. Así había sido su propia vida de cantor.

sábado, 13 de abril de 2019

"EL CANTOR DEL PUEBLO"

Roberto Quiroga Cantor y guitarrista (16 enero 1911 - 1 febrero 1965) Lugar de nacimiento: Avellaneda (Buenos Aires) Argentina. Debuta como solista en el año 1929 con el nombre artístico de Carlos Martins y, en 1933, forma el dúo Vega-Martins, para después actuar con el seudónimo de Carlos Rainer junto a los hermanos Neira. Como guitarrista, acompañó posteriormente al cantor Agustín Magaldi, quién grabó el vals “El unitario de San Miguel”, del cual Martins era autor. También compuso la canción “Te llevo en el alma”. Actuó como solista en diversas emisoras capitalinas y en varios locales de tango. En el año 1940 don Osvaldo Pablo Valle lo induce a adoptar como nombre artístico, el de Roberto Quiroga y, ese mismo año se incorpora a la orquesta de del bandoneonista Ernesto de la Cruz. En 1941 se incorpora a la orquesta de Julio De Caro y con el autor de “Boedo” graba “De vuelta al bulín” y “El candombe”. En 1942 se une a la Típica de Alberto Soifer, con quién graba para RCA-Victor, “Mi Buenos Aires querido” y “Alondras”, una composición en arreglo de vals, compuesta por el director del conjunto. Para ese entonces se perfila claramente en Roberto Quiroga su estilo gardeliano y sus éxitos, en bares y confiterías, lo llevan a ocupar un lugar central en el programa auspiciado por Jabón Federal que en ese entonces se irradiaba por Radio Belgrano. Durante sus actuaciones como solista cantó preferentemente secundado por guitarras, si bien también lo hizo acompañado por la Orquesta Típica Victor y por la de Héctor Artola. Al crecer su popularidad, no obstante cierto cuestionamiento por parte de sectores que lo consideraban un imitador de Carlos Gardel, Roberto Quiroga es tentado para incorporarse al cine nacional y es así como, en 1948, filma El cantor del pueblo y en 1949, Otra cosa es con guitarra y Cuidado con las imitaciones. En El cantor del pueblo es evidente la intención de los productores del film de asociar la figura de Roberto Quiroga con la de Carlos Gardel, pues al argumento elegido se agrega la participación de un actor que arrastra reminiscencias gardelianas, tal el caso de Tito Lusiardo; quien con Mario Fortuna y Ricardo Quiroga integran un trío de jóvenes humildes que buscan alcanzar la fama como intérpretes de tango. La participación femenina fue confiada a Perla Mux y Herminia Franco. En su siguiente película, Otra cosa es con guitarra actúa acompañado por Francisco Chiarmielo, Mario Fortuna, Marcos Zucker y en el film participan también la orquesta de Domingo Federico, Jorge Vidal, Héctor Larroca, Panchito Cao y Barry Moral. En Imitaciones Peligrosas interviene, ya en un plano de mayor igualdad, junto a Tito Martínez del Box, Carlos Castro (Castrito), Chela Cordero, Marcelo Ruggero, La Cruzada del Buen Humor, Dorita Alonso y Délfor. Estas tres películas fueron catalogadas como de calidad C, lo cual parecería corroborar que lo que se pretendía explotar con ellas era la popularidad del cantor, sin ocuparse demasiado por la calidad cinematográfica de las mismas. Sin embargo, estas películas se exhibieron en el exterior y se convirtieron en el vehículo que le permitió luego a Roberto Quiroga, realizar giras exitosas que abarcaron todos los países de América. En efecto, en diciembre de 1949 inicia una gira por los Estados Unidos, recorriendo varios estados de la Unión. Luego se traslada al Caribe, después a Venezuela y Colombia donde deja varios registros discográficos con acompañamiento, respectivamente, de orquesta y guitarras. En nuestro país continuó desarrollando su actividad profesional, presentándose en diversas ciudades del interior y en varios boliches tangueros de la capital; tal el caso del Bar Victoria, de la Calle Corrientes —entre Thames y Serrano— y La Tablita de Avenida del Trabajo (hoy Avenida Eva Perón) y Lautaro, en el barrio de Flores, donde actualmente se encuentra instalado un local de una cadena de supermercados. Precisamente una noche, actuando en dicho local, Quiroga sufre un derrame cerebral y fallece en la ambulancia que lo trasladaba al Hospital Zubizarreta . Era el 1 de febrero de 1965 y el cantor recién había cumplido 54 años.

jueves, 7 de marzo de 2019

"EL ULTIMO PAYADOR"

José Luis Betinotti (Buenos Aires, 25 de julio de 1878 - ibídem, 21 de abril de 1915) fue un guitarrista, payador y compositor argentino. Se lo conocía como «el cantor de las madres» aunque luego de su muerte se lo denominó «el último payador». Palabras de Homero Manzi: «Eras delgado y ágil, de rostro pálido. Vestías casi siempre un traje oscuro, con saco de solapas pequeñas. Y lucías en el pecho, debajo de tu mentón lampiño, el moño negro y volador que enlutaba tu bohemia romántica. De tu frente limpia arrancaba un jopo caprichoso, castaño y elegante. Venías del barro. Del fondo de tu barrio allá por Almagro.» Seguramente, cuando en su milonga “Betinoti” metaforiza: «Mariposa de alas negras/volando en el callejón», lo estaba imaginando con aquel moño habitual o corbata volandera, caminando por alguna calle oscura y la luz de un farol apuntando a su cuello. El investigador y escritor Luis Soler Cañas sostiene con firmeza que su apellido se escribe las dos veces con doble te. Dice también, que sacó su libreta de enrolamiento en 1911, con número de matrícula 432 y allí figura su apellido, tal como firmó las etiquetas de algunos de sus discos. Diferente opinión surge en el libro sobre los payadores del recordado Víctor Di Santo, donde figura la copia del Libro de Bautismos de la parroquia de la Concepción (23 de octubre de 1878), donde el apellido de su padre y de su tía paterna, se leen primero con doble te y luego con una sola. Se complica con Orlando del Greco que lo menciona al revés, primero con una sola te y después con dos, tal cual aparece su firma en otros discos. Finalmente, en la partitura de la milonga de Sebastián Piana y Manzi, está las dos veces con una sola te. Hijo de inmigrantes italianos, su padre Juan, muere siendo él un niño, más adelante su madre María Costa vuelve a casarse con un tal Enea Campodónico. Humilde desde la cuna es posible que no tuviera estudios primarios por tener que trabajar. Fue obrero hojalatero y también, ya con práctica, moldeador de tacos para zapatos de mujer. A los 18 años conoce a María Cacciamatta y se casan tras un breve noviazgo. De la unión nació José Juan, que falleció siete meses más tarde. Comenzó a cantar a fines del siglo XIX y lo de El Último Payador no es más que una licencia, una ocurrencia de Manzi cuando se realizó la película sobre aspectos de su vida. No sólo lo sobrevivió Gabino Ezeiza, también muchos payadores que perduraron hasta nuestros días, aunque solamente para ciertos cenáculos, tanto en Argentina como en Uruguay y en otros países americanos, incluso en España, como lo refiriera el actual improvisador José Curbelo invitado a tales encuentros. El payador clásico fue el rural, el que recorría los pueblos del interior y las pulperías, para dirimir habilidades con los colegas destacados del lugar y lo hacía por gusto, teniendo por recompensa: casa y comida. En cambio con Betinotti —y algún otro de su tiempo— ya se puede hablar del payador urbano. Aquel que preferentemente no sale de su ciudad, que convive con los arrabales y, que de vez en cuando acepta ir al interior, pero no en forma errante, sino con un recorrido prefijado, con algún dinero pactado, o con permiso para organizar rifas en su beneficio o vender sus fotografías. Su profesión fue la de artista, así lo afirmaba y así consta en su acta de defunción. A medida que fue creciendo en su carrera se dedicó únicamente al canto. Su esposa trabajó siempre como cigarrera, antes y después de su muerte. Sus versos no fueron gauchescos. Él conocía perfectamente el arrabal y sabía traducir sus sentimientos y, con la amalgama de la música orillera, le daba a su canto el particular sabor de la cosa porteña. Difundía sus creaciones a través de la publicación de folletos humildes -en su presentación y en su precio-, para que estuvieran al alcance de todos. Así, publicó Mis Primeras Hojas, Ideal de Mi Esperanza, Lo de Ayer y lo de Hoy, en 1909 y De Mi Cosecha, en 1912. Colaboró en la revista La Pampa Argentina. En 1948, salió una recopilación de su obra: Pobre Mi Madre Querida y, al año siguiente, la trascripción taquigráfica de la payada que sostuvo con Francisco Bianco, en San Vicente (1913). Cuando se habla de payar la imaginación nos señala a dos contrincantes que, guitarra en mano, tratan de complicarle la vida al otro refiriéndose a temas diversos hasta que uno de los dos queda sin respuesta o bien el público determina el ganador. Esta es la payada de contrapunto. Pero él prefería la otra forma, la de enfrentar a un auditorio que le proponía temas a desarrollar, preguntas para improvisar sus respuestas. No le temía al contrapunto e intervino en muchos, pero sin la rivalidad se sentía mejor. En esas reuniones era costumbre de los payadores cantar algunos temas y, después, realizar su oficio. Su popularidad se debió a canciones como: “Pobre mi madre querida”, (titulada previamente “Cuanto siento”), “Tu diagnóstico” (idem, “Qué me habrán hecho tus ojos”), “Como quiere la madre a sus hijos” (idem, “¡Desde entonce!...”) y “A mi madre” (idem, “Con mis amigos”). Su repertorio incluía además, canciones de Andrés Cepeda: “El ciego” y “El mendigo”; de su gran amigo Ambrosio Río (con quien incluso cantó a dúo): “Irma” (dedicado a la uruguaya Irma Avegno cuyo suicidio causó conmoción en ambas orillas), “Las tumbas” y la canción “El preso”; de Arturo Mathón: “El final de una garufa” y del chileno Osmán Pérez Freire: el famoso “·Ay ay ay”. No es aventurado decir que fue un nexo entre aquellos cantores y las voces del tango que estaban por aparecer. Le faltó un poco más de vida para ser una de ellas. Cuando uno lo escucha encuentra la letanía de Gabino y de otros payadores, pero comparando, tenía mejor voz y dicción. Políticamente, fue admirador del partido socialista y de Alfredo Palacios, pero como pasó con Gardel, concurría a donde lo llamaran y así, cantó frente a Leandro Alem y Manuel J. Aparicio. Sobre este último, cantó: «La elección se terminó/ y es igual que antes sincero/ ya sea al rico o al obrero/ sus puertas nunca cerró/ ni la voluntad negó/ si se le pidió un servicio/ está de más este juicio/ porque a nadie le es extraño/ que es padre de todo el año/ Don Manuel J. Aparicio». Si bien desde muchacho guitarreaba y cantaba, fue en 1896 que en el barrio de Flores conoce al famoso Pablo Vázquez a quien le confesó su afición. Este lo estimuló. Tal actitud nunca la olvidó, hasta le dedicó un vals y, antes de comenzar cada actuación, no olvidaba de invocar su nombre. Otro personaje importante en su carrera fue Luis García, un conocido payador mulato que lo llevó al circo ubicado en Maza y Venezuela. Allí cantó frente al público por primera vez. Fue en ese circo que conoció a Gabino Ezeiza, quien lo invitó a cantar con él (1898). Otro amigo fue Higinio Cazón. Para sus hermanos, Juan, Ernesto y Enrique y, para su querido Ambrosio Río, fue un hombre honrado, con gran amor y dedicación por su madre y de muchas de virtudes, su gran defecto, su afición por el alcohol que le provocó una congestión cerebral. Falleció en su casa de la calle Quintino Bocayuba 291. Un poeta dijo entonces: «Fue el cantor de las madres y el dolor». Según el coleccionista Héctor Lucci grabó alrededor de cien temas y nos menciona algunos títulos y circunstancias. Para el sello Atlanta: “Filosofía gaucha”, “El preso” (estilo), “Memorias al payador oriental César Hidalgo” (Ofrenda), “Contraste” (vidalita), “Del arrabal”. También “El cabrero”, escrito en primitivo lunfardo donde demuestra su conocimiento del hombre de arrabal, el tema ocupa las dos caras del disco, por su extensa duración. Lo mismo ocurre con “Pobre mi madre querida”, con cerca de 6 minutos. También, “Cívica radical”, “Recuerdos”, “El hogar”, “Como quiere la madre a sus hijos”, “A mi madre”. Para Columbia: “El final de una garufa” (milonga), “El huérfano sin hogar” (estilo), “Irritación”, “Decepción”, “Ay ay ay”, el vals “Triste”, “No te he faltao”, “Criollo falsificao”, nuevamente “Contraste”, una versión totalmente distinta a la anterior, “Te perdono”. Para el sello América: "Tu diagnóstico" (vals), “Batalla de Tucumán”, “Memorias a Pablo Vázquez”, “En familia”, “Desengaño”. Para el sello Tocasolo: “Saludo al pueblo oriental”. Para Atlanta: Grabó varios temas a dúo con Ambrosio Río. Y aquí una curiosidad titulada “Obsequio”. Cantado por Río en una de las caras y por Betinotti en la otra. El título obedece a que era un disco de propaganda del sello Atlanta que se regalaba a los clientes habituales. Todos estos discos eran prensados en Alemania. En 1950, su nombre llegó al cine con El Ultimo Payador, cuyo guión pertenece a Homero Manzi quien también codirige el film con Ralph Pappier. Del personaje y su mujer se ocuparon Hugo Del Carril y Aída Luz. La figura de Gabino Ezeiza la representó el actor Marino Seré y la de Ambrosio Río, el poeta y recitador Lito Bayardo. Como curiosidad, se observa la réplica de como era una grabación discográfica cuando aún el micrófono no existía y en este caso el cantor se ubica frente a una membrana circular que vibra con la emisión del sonido y del lado opuesto un elemento cortante va marcando los surcos en el disco.

miércoles, 27 de febrero de 2019

"PAYADOR ARGENTINO"

Higinio D. Cazón (Ciudad de Buenos Aires 1866 - Balcarce 1914) fue un payador, escritor y compositor argentino de raza negra. Grabó alguno de los primeros tangos criollos, por ej: "El Taitá". [2] Publicó un folleto llamado Alegrías y Pesares, donde se incluyó su composición "Bajo el Ombú Copioso", lo cual hizo que lo reconocieran como poeta. El 30 de junio de 1896 se trenzó en una payada contrapuntista con Gabino Ezeiza, en el Teatro Doria de Buenos Aires. Trenzó amistades con otros payadores de la época, en especial con Madariaga y Ángel Villoldo, lo cual hizo que formaran un grupo de Tango. Falleció de repente en una gira musical, en la ciudad de Balcarce. Se reunía en el Café de los Angelitos con otros artistas de la época, tales como: Gabino Ezeiza y Carlos Gardel. Debido a esto, fue inmortalizado al ser mencionado en la canción "Café de los angelitos" de Cátulo Castillo.

jueves, 21 de febrero de 2019

"EL PIANO ROMÁNTICO DEL TANGO"

Francisco, De Caro Pianista y compositor (23 marzo 1898 - 31 julio 1976) En un cuarteto donde Carlos Marcucci era el bandoneonista, hizo sus primeras armas frente al público en el Café El Parque, allá por 1917. De allí pasó a Montevideo tocando en diversos lugares y al regreso forma parte de la orquesta de su hermano Julio, donde plasmó su personalidad musical e hizo junto a él su carrera, su popularidad y sus éxitos, actuando en Uruguay, Brasil, Italia y Francia. Notable ejecutante, puede decirse que creó una nueva escuela pianística del tango que daría estímulo a otros colegas; fue un innovador si se quiere. Su biografía está resumida en la de su famoso hermano Julio De Caro. En la composición musical debutó en 1916 con el tango “Luciérnaga” dando luego “Mala pinta”, “Flores negras”, “Loca bohemia”, “Triste”, “Páginas muertas”, “Sueño azul (Pelona)”, “Dos lunares”, “Un poema”, “Bibelot”, “El bajel”, “Pura labia”, “Colombina (Teresita)”, “Por un beso”, “Poema de amor”, “Aquel amor”, “Don Antonio”, “Mala pata”, “Mi diosa”, “Adiós tristeza”, total unas cincuenta obras. A Carlos Gardel lo conoció por 1920-21 pues iba todas las noches a esperar en la Confitería El Telégrafo, de Corrientes y Uruguay, a una actriz de la compañía del Teatro Apolo que al no corresponderle hizo que no volviera más el cantor por esa esquina. Por ese tiempo actuaba él en un café cercano. Los años los distanciaron un poco, hasta que en 1931 al rodarse Luces de Buenos Aires en Francia los unió de nuevo cada cual en su menester dentro de la labor fílmica. Pero una noche hallándose juntos en el camarín del Teatro Palace, donde actuara por entonces Gardel en París, alguien se acercó diciendo: «Carlos una mujer quiere hablarte». «—Andá, Francisco, a ver quien es», le dijo. Fue y volvió diciendo: «Carlitos es La Palangana». (Así llamaban a una hermosa mujer española largada al delito y usada como carnada por distintos truhanes). «Ya sé, un mangazo seguro», repuso Gardel. Salió con él y ya el «pechazo» de aquella mujer se hizo oír. «Lo que me llamó la atención fue que Carlitos no se rehusó a aquel pedido. Así era», afirmó. Como Carlitos le grabó “Mi diosa”, versos de José De Grandis, está en esta recopilación. Francisco De Caro nació en Buenos Aires el 23 de marzo de 1898 y falleció allí el 31 de julio de 1976

sábado, 16 de febrero de 2019

"EL GALLEGO FERNANDEZ BLANCO"

Escribió un centenar de piezas musicales con la colaboración de músicos destacados como Luis Bernstein, Francisco Canaro, Fidel Del Negro, José Di Clemente, Enrique Lomuto, Vicente San Lorenzo, Baldomero Suárez, y Germán Teisseire. Su primera creación fue el tango campero El gaucho se va en 1923, que musicalizó Andrés Domenech, que también hizo lo mismo con Lonjazos, Telarañas y El barbijo; Carlos Gardel grabó este último, así como Calor de hogar con música de Eugenio Carrere. Otras obras que se recuerdan son Corazón de oro, Virgen morena, Tra-La-Lá, Nápoles en Buenos Aires, El abrojito, Seguime corazón, Suerte matrera, Lágrimas de amor, Qué hacés qué hacés.1​ En 1916 Augusto Pedro Berto se basó en un viejo gato de autor anónimo que había tocado con la guitarra antes de hacerse bandoneonista, para hacer la tercera parte de un tango que al editar al año siguiente encuadró como «Tango milonga sobre motivos populares». Respecto del título hay diversas versiones; el pianista Juan Santa Cruz dijo que Berto ejecutaba con frecuencia el tango –todavía sin nombre- en el cabaré L'Abbaye de Esmeralda al 500 y un día a sugerencia de un concurrente lo tituló La payanca. Berto afirmó que es por el tiro de lazo dirigido a las manos o el cogote del animal que tiene ese nombre y, finalmente, otra versión asegura que era el apodo de la prostituta de un prostíbulo. Juan Andrés Caruso hizo una primera letra para la música de este tango y, más adelante, Fernández Blanco hizo otra. Fue un celoso defensor de los derechos autorales y por su desempeño en cargos directivos de S.A.D.A.I.C. fue obsequiado con un hermoso pergamino por sus compañeros asociados en prueba de reconocimiento. Precisamente en la primitiva sociedad autoral conoció a Carlos Gardel surgiendo de inmediato el afecto recíproco y en la confianza el intérprete mayor del cancionero le bautizó con el sobrenombre de Gallego, apelativo del que se sentía orgulloso. Escribió para el teatro piezas cortas, revistas y otras cosas, de las cuales recordamos Desnudos artísticos, estrenada en el Florida el 30 de mayo de 1925 por Telémaco Contestábile y música de Manuel Jovés. Otras La flor azteca provisional, Un diario de meta y ponga con cachadas y milonga, La gran milonga política, etc. Fernández Blanco nació en Cuenca de Campos (España) el 15 de febrero de 1892 y falleció en Buenos Aires el 14 de noviembre de 1963.

jueves, 31 de enero de 2019

"MELENA ROMEO"

Romeo, Vicente Seudónimo/s: Melena Bandoneonista, director y compositor (1900 - 22 enero 1958) Nació en Buenos Aires. Fue un ejecutante de muy buena técnica y discípulo de Arturo Bernstein. Su amigo de aquellos tiempos y colega Gabriel Clausi, (El Chula), aunque varios años más joven, recordó lo siguiente: «Vivía en un corralón de la calle Independencia y Mármol, donde tenía una pieza en la que cohabitaba con una morocha que daba las doce antes de hora. Tocaba suave, ligado, con un estilo y sonido muy similar al de Pedro Maffia; muy buen sonido. Pienso que no llegó a trascender como debía. Hasta en el carácter y en los gestos se asemejaba a Pedrito. Era más bien circunspecto y poco comunicativo. «Después vivió en la calle Guayaquil 249. Yo iba siempre a ensayar porque tenía dos bandoneones, uno estándar y el otro más chiquito, de esos que se les decía de estudio. Me apreciaba mucho y cuando me daba alguna partitura me la dedicaba: “A mi alumno y amigo”, pero en realidad yo no estudié con él». Más adelante, Romeo ejerció la docencia con discípulos con mucho sentido tanguero como Juan Miguel Rodríguez, (Toto). En 1922, fue integrante fundador en la primera orquesta de Francisco Lomuto, integrada por su hermano Enrique (piano) y Pedro Polito junto a Romeo (bandoneones), que incorporó el sonido del clarinte a cargo de Carmelo Aguila. Ese mismo año se incorpora al conjunto de Carlos Vicente Geroni Flores, para actuar en el café El Palacio de los Billares justamente del barrio de Flores. Allí tiene a su lado al colega César Ginzo. Por entonces también, fue músico de Roberto Firpo alternando su trabajo con Juan Bautista Guido y José Schumacher, (El Inglesito). En el verano de 1923, se alinea en el grupo dirigido por Juan Carlos Bazán, compartiendo la fila de dos fueyes con Ciriaco Ortiz. Raimundo Petillo estaba al piano. Actuaban casi en exclusiva para los lugares famosos de las colectividades: Unione e Benevolenza, (Cangallo 1372), Patria e Lavoro (Chile 1567) y el Casal de Cataluña (Chacabuco 863). Volvió a Lomuto en 1925, con fila de tres, siempre Polito y el agregado de Ricardo Brignolo. Hicieron varias temporadas veraniegas en el Club Pueyrredón de Mar del Plata y también radio, como tantos otros en LOY Radio Nacional (luego Radio Belgrano). En 1928, reaparece luego de algunas correrías, Juan Carlos Cobián con una importante formación para grabar en el sello Victor. Allí estaban Juan Carlos Cobián, alternando con René Cóspito. Los violines de Elvino Vardaro, Manlio Francia, Fausto Frontera, Bernardo Germino y Vicente Russo. Y Luis Petrucelli, Ciriaco Ortiz, César Ginzo y Romeo en bandoneones. Krauss en contrabajo y el estribillista Francisco Fiorentino. Para los carnavales de 1929, se integró al conjunto de Minotto Di Cicco, el virtuoso que tuvo a su lado a Romeo, a Clausi, a Miguel Caló, a Luis Minervini y a los hermanos Bianchi. Tuvo varias tentativas como director de conjuntos de ocasión, intercalando esa actividad con su labor en orquestas ajenas. Con ellas se han podido rastrear presentaciones en el Cine Cóndor, de la calle Pedro Goyena. El Café Buen Gusto, de José María Moreno y Asamblea. Y con su colega José Mocciola, en el Cine-Teatro Dante, de La Boca y en la glorieta de José María Moreno y Chiclana. Sus últimas actuaciones habrían sido cumplidas, formando el rubro Romeo-Spinelli, con el cantor Roberto Morel. Como compositor sus temas más difundidos fueron: los tangos “Agarrá viaje”, grabado por Lomuto en 1925; “El borrador”, por Firpo en 1922; “La vuelta al mundo”, por Firpo en 1925; “Pipiolo”, por Di Cicco en 1930; “Retazo”, por Lomuto en 1923. Otros tres tangos sin referencias fueron “Dicho y hecho”, “La gran familia” y “Flor de ceibo”. De sus muchos valses el más destacado es, sin duda, “Un placer”, con letra de Andrés Alietti que lo llevó al disco por primera vez, Firpo para discos Nacional, en 1922, luego vendrían las versiones de Juan Maglio con Carlos Lafuente, de Juan D'Arienzo con Walter Cabral, la de José Basso con el dúo Floreal Ruiz y Alfredo Belusi, la de Aníbal Troilo y la del Cuarteto Troilo-Grela, ambas instrumentales. Por supuesto que existen muchas más. Otros valses fueron: “Seductora” y “Perlas y lágrimas” con letra de Carlos Pesce. Una curiosidad, que nos lleva a pensar que cuando algo está signado para perdurar en el tiempo logra su fin, no obstante los obstáculos que existan. Como ocurrió con “Un placer”. Por aquella época —año 1921— no existía una entidad que defendiera los derechos autorales. Cada compositor escribía su obra en el pentagrama y, cuando podía, la editaba a través de una empresa editorial o en forma particular. Romeo, por su cuenta iba a tratar de interesar a las casas de música. En una oportunidad, cansado de no obtener una respuesta afirmativa, arrojó al aire las hojas del pentagrama y se olvidó de ellas. Pasó un año y marchó con Firpo para actuar en Rosario. Una noche comiendo en un bodegón, un pequeño y desconocido conjunto comenzó a tocar aquel vals sentimental, que él desechara. Aquellos músicos habían encontrado la escritura abandonada. La respuesta del público les llamó la atención. De regreso a nuestra Capital Firpo lo grabó de inmediato, por supuesto, con su autoría en la etiqueta del disco.

martes, 22 de enero de 2019

"BONAERENSE DE LEY"

Adolfo Carabelli ( Nació en San Fernando, provincia de Buenos Aires, Argentina, 8 de septiembre de 1893 – Murió en San Fernando, provincia de Buenos Aires, Argentina 25 de enero de 1947 ) fue un pianista, compositor y director de orquesta dedicado al género del tango Desde muy pequeño Carabelli cursó estudios de piano, composición, armonía y contrapunto, siempre con una orientación exclusivamente clásica (la única que dictaban los conservatorios de aquellos años) y con la fortuna de recibir lecciones de los mejores profesores en cada especialidad. Hacia los quince años, convertido en un virtuoso de primer orden y ya con varios conciertos en salas de Buenos Aires, sus educadores consideraron que no tenían más para ofrecerle y le recomendaron que embarcase rumbo a Europa, para perfeccionar su instrucción bajo la tutela de los grandes maestros italianos de entonces. Fue aceptado como alumno en el Liceo de Bologna, lo que significó un gran beneficio para la vocación del joven. Allí tuvo ocasión de cultivarse con Alberto D'Erasmo, Luiggi Torti y Ferruccio Busoni, creador de la ópera Doctor Fausto. Recibido de Maestro Compositor a los veintiún años, le esperaba un destacado porvenir como autor y concertista en el Viejo Continente; pero la inminencia de la Gran Guerra lo obligó a retornar a la Argentina y ya de nuevo en su país complementó su cultura académica con lecciones a cargo de Gianneo y Schiumma, otros dos reconocidos docentes activos por ese entonces. En 1917, mientras integraba el Trío Argentina difundiendo música clásica, conoció al pianista Lipoff (que había llegado a Buenos Aires como acompañamiento de la bailarina Anna Pavlova) y tras este encuentro su carrera dio un giro substancial. Lipoff traía consigo amplios conocimientos de jazz; Carabelli quedó deslumbrado con esta expresión y a ella se volcó definitivamente. Formó un rubro instrumental primero con Lipoff y luego con el pianista danés Friederickson; de ahí en adelante, Carabelli aplicó todo su saber clásico en el ritmo norteamericano. La primera orquesta que dirigió fue bautizada River Jazz Band. Condujo luego, a instancias de una radio porteña recién inaugurada, una orquesta que ya llevaba su propio apellido. Con ella llegó a grabar discos para la marca Electra. Dado lo defectuoso del sonido de este sello (el concepto de edición que tenían sus propietarios puede parecer «primitivo» para una época en la que coexistían grabaciones técnicamente muy avanzadas, como las que publicaba Victor o Nacional Odeon), hoy resulta difícil apreciar en su justa medida las características de este primer acceso fonográfico que verificó Carabelli; no obstante, constituyen un auténtico documento sonoro del jazz en este período, que llega hasta 1925 aproximadamente. La verdadera amplitud de la capacidad de Carabelli queda registrada a partir de 1926, cuando Victor lo contrata para que asuma la dirección artística del sello, encargándole al mismo tiempo la formación de una orquesta que alterne el jazz con la música típica. Gracias a Carabelli, a partir de entonces el plantel de Victor se jerarquizó más todavía, logrando la incorporación de notables músicos y seleccionando un atractivo repertorio. A la vez, el desarrollo de las grabaciones ortofónicas consiguieron una calidad de audición insospechada apenas unos meses antes. Sin embargo, en la orquesta de Carabelli tenían más cabida el jazz y otros ritmos que la música típica; y fue así hasta que a comienzos de la década del treinta comenzaron a aparecer más regularmente las grabaciones de tangos. Para 1931 el suyo era ya un conjunto netamente identificado con lo porteño, contando con ejecutantes como Federico Scorticati, Ciriaco Ortiz, Luis Petrucelli y Carlos Marcucci en bandoneones; Elvino Vardaro, Manlio Francia y Rossi en violines; su hermano Orlando Carabelli en contrabajo; y él mismo en piano, dirección y arreglos. De vez en cuando se incluían otros instrumentos para reforzar determinados sonidos o para lograr algunos efectos. También pasaron por sus atriles Vicente Gorrese, Humberto Costanzo, Renato Zaffignani y Héctor Presas Cachito, por citar sólo unos pocos más. Entre los vocalistas estuvieron Charlo, Mercedes Simone, Carlos Lafuente, Luis Díaz, Alberto Gómez (bajo el seudónimo Nico) y el dúo Gómez-Vila, entre otros. Algunos discos se publicaban como Adolfo Carabelli y su Orquesta, otros como Adolfo Carabelli y su Orquesta Típica y otros como Adolfo Carabelli y su Jazz Band; este rótulo era indistinto para la agrupación, según se ampliara o no la formación instrumental para dar cabida a batería, pistón, fagot, serrucho, etcétera, según la exigencia de uno u otro ritmo grabado. Entre los tangos más célebres de su orquesta típica figuran las auténticas creaciones que hizo de “Mi refugio” (1931), “Cantando” (1931, con el agregado vocal de Simone y Alberto Gómez a dúo); “Felicia” (1932), “Por dónde andará” (1932), “Inspiración” (1932), “Mar adentro” (1933), etcétera. También son recordadas algunas versiones con estribillo de tangos que normalmente se ejecutan de modo puramente instrumental, como “Rodríguez Peña” (1932) y “El trece” (1932). Entre sus interpretaciones de música internacional, se destacan el foxtrot “¿Cuál es su hobby?” (1931), la rumba “Negra consentida” (1932), el pasodoble “Soldadito del amor” (1934) y la canción que era éxito por Carlo Buti, aquí a la usanza local: “Vivir” (1935). Sin figurar en las etiquetas, condujo también la célebre Orquesta Típica Victor. El talento de Carabelli otorgó una identidad reconocible a esta orquesta, ubicándola entre las mejores de su momento, y muchas veces empleando los mismos intérpretes que Carabelli convocaba para su formación propia. Al igual que varias publicadas por Victor, y como la misma Orquesta Típica Victor que arreglara, la de Carabelli existía sólo para el disco; sus integrantes eran directores o miembros destacados de otros conjuntos y se reunían al sólo efecto de dejar grabaciones. Para sus actuaciones en público Carabelli dirigía otra orquesta, aunque más dedicada al jazz; con ésta obtuvo renombre durante los años treinta propalándose a través de varias emisoras, como LR4 Radio Splendid y LR6 Radio Mitre. En el cine nacional participó en la musicalización de las películas De la sierra al valle (1938, dir.: Ber Ciani); Ambición (1939; dir.: Adelqui Millar); El ángel de trapo (1940, dir.: José Ferreyra) y Pájaros sin nido (1940; dir.: José Ferreyra). Pero a partir de 1935 su serie de grabaciones comenzó a espaciarse, hasta que en el año 1940 dejó su último disco: el Victor 38.913, conteniendo el fox trot “Pero hay una melena” y el «pasodoble torero» “Manolito Bienvenida”. Se decía que un drama sentimental lo estaba afectando a un nivel tan profundo que todo en él declinaba irremediablemente. Terminó siendo despedido del sello Victor, y desde entonces sólo se dedicó a la enseñanza en su domicilio de San Fernando. Alejado por completo del ambiente artístico, Carabelli murió el 25 de enero de 1947. Al día siguiente fallecía su vecino Servetto.

jueves, 17 de enero de 2019

"PIANISTA DE FUSTE"

Pianista y compositor (18 noviembre 1911 - 10 agosto 1984) Proveniente de una familia de músicos, ya a los cuatro años, su inclinación al instrumento lleva a su familia a brindarle los rudimentos esenciales de la música para luego, ya más grande, se perfeccionara con maestros de su ciudad como José y Humberto Benito. Su gran vocación lo llevó a estudiar con ahínco y pronto se transformó en gran admirador, entre otros, de Debussy, Ravel, Chopin. Muy joven comenzó su carrera como concertista, actuando en el Hotel Majestic. En esa época, lo escuchó el famoso Alejandro Brailowsky (pianista polaco), quien lo felicitó muy especialmente. Pero estaba el tango y llamó su atención Francisco De Caro y todo el conjunto de Julio De Caro, hasta el punto que con el violinista Antonio Casanova forman una orquesta que debuta en la emisora local LT3, con un estilo netamente decareano. En 1937, lo descubre Roberto Zerrillo y lo incorpora a su gran orquesta a dos pianos, junto a Juan Carlos Howard. Ya en Buenos Aires pasa a ser un pensionista más de la famosa pensión de la calle Salta 321, poblada por muchachos tangueros con ilusiones de futuro que llegaban a la Capital desde distintas ciudades. Sobre la vivencia en esa pensión, testimonió su esposa Luisa: «Emilio me hablaba tanto de la bohemia pensión La Alegría que la he llegado a vivirla como cosa propia» (1985). Allí comparte una habitación con otro rosarino pianista, Enrique Munné y alquilan, en Casa Lotermoser, dos pianos por veinte pesos. Se dedican a seguir estudiando y de paso formar un dúo de pianos. Pero Rosario los llama, fue a través del director artístico de la emisora LT8 para dar conciertos. Una temporada y regreso a la gran ciudad. Emilio pasa a integrar la orquesta del arreglador y director Mario Maurano, además musicalizador de películas, de modo especial de casi todas las protagonizadas por Libertad Lamarque. Este trabajo lo alterna integrando la orquesta de Nicolás Vaccaro en el Teatro Dancing Novelty, a dos pianos junto a Carlos Parodi. Enterado el maestro Osvaldo Fresedo de la capacidad pianística de este privilegiado músico, lo llama para reemplazar a Lalo Scalise, era el año 1942. Para la gente de tango es bien sabido que Fresedo fue siempre un admirador de Barbato, al punto que le permitía —aprobando con una sonrisa—, esas «lluvias de notas perladas» que con gran maestría y depurada técnica injertaba en las partituras de piano. En 1946, decidido a continuar sus altos estudios de concertista, visitó a la distinguida profesora Esperanza Lothringer, quien después de haberlo escuchado le confesó no haber oído nunca un pianista que interpretara mejor a Debussy. En 1948, enriqueció programas nocturnos de LR1 Radio El Mundo, con solos de piano de música melódica internacional acompañado, en guitarra americana por José Amatriain, en bajo por José Sciarretta y en percusión por Carlos Gómez, el conocido jazzman Cachito. Estas actuaciones prosiguieron luego por Radio Splendid y también Belgrano. Aunque no se le conocen posteriores actuaciones en público, este talentoso y completo músico nunca abandonó su piano, dedicándose a la música clásica y sus compositores favoritos, sin olvidar el tango.

miércoles, 16 de enero de 2019

"LA ORQUESTA DE ALBERTO"

formada su primera agrupación, actuó en la inauguración del cabaret Tibidabo, el 25 de abril de 1942, junto con la orquesta de Aníbal Troilo. La misma estaba integrada por Alberto Mancione, Jorge Gutiérrez, Juan Salomone y Antonio López (bandoneones), Doroteo López, Jorge Fernández y Antonio Casanova (violines), José Cimarro (piano), Pablo Piazza (contrabajo), Horacio Torres, luego remplazado por Floreal Ruiz durante seis meses (cantores). En 1950, como artista exclusivo de Radio El Mundo, la orquesta estaba formada por: Mancione, Ángel Domínguez, Roberto Vallejos, Antonio Longarella y Julio Menor (bandoneones), Francisco Mancini, David Aszenmil, Bautista Huerta y Manuel La Plaza (violines), Francisco Orrego (piano), Julio Zeitlin (viola), Ángel Molo (chelo), Ítalo Bessa (contrabajo); los cantores: Héctor Alvarado, en 1949 se habían sumado Carlos Vidal en remplazo de Alberto Carol (por muy poco tiempo) y Jorge Ledesma y, en 1950, Francisco Fiorentino. Actúan en el dancing Montecarlo de Corrientes y Libertad y graban para el sello RCA-Victor. Una anécdota interesante: el propio Mancione fue quien audicionó a Alberto Deluchi para reemplazar a su cantor Alberto Carol (el mismo que grabó como vocalista de la Orquesta Típica Victor), ocurrió en Radio Splendid. El aspirante eligió “Margot” y tuvo éxito, quedó en la orquesta. Su compañero era Héctor Alvarado. El representante de la orquesta, Julio Curi, sugirió buscarle un nombre artístico. La inspiración llegó escuchando al dúo Martínez-Ledesma, entonces propuso Jorge Ledesma y así quedó. El debut se produjo en el cabaret Cote D’Azur, de 25 de mayo 536 y, enseguida, en Radio Splendid. Al año siguiente fueron contratados por Radio El Mundo donde ocuparon espacios centrales: Estrellas a mediodía, el nunca olvidado Glostora Tango Club —cuando Alfredo De Angelis se tomaba vacaciones— y en los bailables de los fines de semana. Con Mancione, Jorge Ledesma llegó formalmente al disco, con 18 títulos. En 1966 armó un cuarteto con José Aguilera (piano), Pibledo (contrabajo), César Rilla (violín) y Mancione (bandoneón). El 20 de septiembre de 1974, con un nuevo cuarteto debutó en la confitería El Farolito de Villa Crespo, donde permaneció durante 14 años. Otros músicos que colaboraron en su orquesta: Juan José Paz, Armando Medialdea, Norberto Digoraro, Osvaldo Requena (pianistas). Carlos Pazo, Nicolás Paracino, Héctor Lettera, Ricardo Varela y Tito Rodríguez (bandoneones). Fernando Suárez Paz, Antonio Napole, Fernando Espíndola, Ángel Pando, Edmundo Baya, Ángel Bodas, Natalio Lamicella, Ángel Vilar, Mauricio Marcelli y Alfonso Bernaba (violinistas). Dino Quarlieri, Terreyro (chelistas). Mario Monteleone, Juan Vasallo, Román Arias, Fernando Cabarcos, Ángel Cardozo y Héctor Guri (contrabajos). Sus vocalistas que llegaron al disco fueron: Jorge Ledesma, Héctor Alvarado, Ángel Varela, Francisco Fiorentino y Luis Correa. También colaboró en un tema el actor Ubaldo Martínez, en la milonga “La mujer y los vinos”. A ellos debemos agregar a José Torres, el mejor de sus cantores del que se conservan algunas tomas radiales; Horacio Torres, Floreal Ruiz (como Carlos Martel), Horacio Acosta, Alberto Carol, Carlos Vidal, Osvaldo de Sanctis (Osvaldo Ramos). Más tarde: Alberto Rial, Olga Cabrera, Jorge Miró y Ángel Taborda.

lunes, 14 de enero de 2019

"EL NEGRO LAVANDINA"

Nombre real: Luján, Félix Seudónimo/s: Cacho Lavandina Bailarín El hombre arrancó a mediados del 30, cuando Juan D'Arienzo hacía bailar con un ritmo contundente. Era albañil, tenía la piel tostada y amó el tango como todos los de su generación. Por blanquear paredes antes de pintarlas, se ganó el apodo de El Negro Lavandina. Fue alumno de Petróleo (Carlos Estévez) y solía practicar en el recordado Club Nelson, horno de grandes bailarines. Allá por el 37 o 38, mientras trabajaba en una obra, miró para arriba. Vio girar un canasto, y pensó que así podían realizarse los giros del tango. Algo después mostró la idea a su maestro y juntos desarrollaron giros simples y complejos. Por su talento, la muchachada lo apodó El Bailarín Imposible; y por su identificación con el barrio, Petróleo lo honró con el de Monte Castro. Nunca dio clases, pero según Lampazo (José Vázquez ): «El Negro Lavandina estaba a la altura de cualquier maestro». Con el tiempo algunos lo llamaron Salvador Sciana y Cacho Lavandina; sin embargo su verdadero nombre fue Félix Luján, un nombre sencillo como él, pero sobre todo un bailarín excepcional no solo por su destreza, sino porque fue uno de aquellos que además de sentirlo y bailarlo, supieron que al tango también había que pensarlo.

viernes, 11 de enero de 2019

"EL TANGO LLEGA A PARÍS"

fue uno de los introductores del tango en París. Habían ido Los Gobbi (Alfredo Eusebio Gobbi y Flora Rodríguez) enviados por la casa Gath y Chaves para realizar grabaciones que se comercializarían en nuestro país. Pronto arribaron Carlos Geroni Flores y Enrique Saborido como bailarín y, tras estos, era el año 1913, aparece el primer conjunto orquestal, sólo un trío con pareja de bailarines. Son Celestino Ferrer (piano), Eduardo Monelos (violín) y Vicente Loduca (bandoneón), sumados a Casimiro Aín y su compañera Martina. Para el sello Pathé registraron ese mismo año 29 discos (58 temas,) bajo distintas denominaciones: Orquesta Típica Loduca, Rondalla Ferrer dirigida por Loduca, Orquesta Loduca, Ferrer, Monelos. Poco después, Vicente se abre del conjunto para viajar a Brasil pues tuvo un ofrecimiento para actuar como prestidigitador, otra pasión suya. Antes del viaje a Francia, en un reportaje se le preguntó cuánto tiempo llevaba practicando el bandoneón. Contestó que seis años y que ya tenía varios tangos compuestos. Según Horacio Ferrer, en su Libro del Tango, consigna una temprana actuación de Loduca a dúo con el guitarrista de Gardel, Guillermo Barbieri y enseguida, era el año 1908, trasciende en un trío junto a Samuel Castriota y Francisco Canaro en el Café Royal de La Boca, Suárez 201, esquina Necochea. Canaro, en su libro autobiográfico, relata esta anécdota que pinta las dificultades que tuvieron los músicos de tango a comienzos del siglo veinte: «Al salir de madrugada de aquel local, una noche, iba junto a su compañero y su mujercita española, que había tenido lo suyo con un sujeto con fama de guapo y además punguista a quien llamaban El Ñato Campana. En eso, se nos aparece revólver en mano exclamando: «—¡Esa mujer es mia!»; a lo que Loduca contestó mientras sacaba su bufoso «—¡Tuya sería!»; y sonaron dos disparos que a nadie hirió. Al día siguiente, comprobé mi sobretodo agujereado y chamuscado a la altura de las piernas». En 1912, se lo ubica en el Café de los Loros, de Corrientes y Medrano, llamado así porque eran habitués los conductores del tranvía Lacroze que vestían uniformes de color verde. Integra un sexteto, con Canaro, Berto, José Fuster (flautista), Vicente Salerno (guitarra), Rodolfo Duclós (contrabajo). Poco antes de emprender el viaje, los tres se hallan tocando en una academia de baile junto a un cuarto integrante, el violinista José Senito. El viaje tuvo el apoyo económico de Alberto López Buchardo. El primer lugar donde actuaron en París fue el cabaret Princesse, de la Rue Fontane nº 6 bis, más adelante, con la llegada de Manuel Pizarro, se convirtió en el famoso El Garrón. Al desatarse la guerra viajaron a Norteamérica donde permanecieron varios meses viviendo no sólo de la música. En 1914, registró para el sello Victor quince grabaciones. Ya de regreso en Buenos Aires, es 1917, llega a nuestro país un técnico de aquel sello con un equipo grabador portátil, con el que realizaba un periplo por toda Sudamérica recogiendo la música de cada país. A continuación la narración de Osvaldo Fresedo (de la charla que con él mantuve) referida a esas circunstancias: «El técnico sólo conocía a Ferrer y a Loduca, como Ferrer se quedó en Francia salió a buscar a Loduca, cuando éste se enteró, apareció por el Royal Pigall, donde estaba tocando. A mí no me conocía, pero sí a Canaro, lo vio y le dijo «—Mirá, yo tengo un asunto, me vienen a ver de la Victor para grabar unos discos, ¿no los podría hacer con ustedes?»; ocurre que en ese momento no tenía orquesta ni nada. Aceptamos.» «Éramos Canaro y Julio Doutry (violines), José Martínez (piano), Ruperto Leopoldo Thompson (contrabajo) y yo, ahora con Loduca (bandoneones).» Grabaron seis temas como orquesta típica Vicente Loduca y con el agregado en la etiqueta de «dos bandoneones Loduca-Fresedo», llegan al disco el resto de ese año y parte de 1918, con 28 títulos más. ¿Una curiosidad? Estando en París, en 1913, grabó su tango “El argentino”, en solo de bandoneón, convirtiéndose cronológicamente en el segundo solo de la historia del tango. El primero le corresponde a Juan Maglio. Ese mismo año, en un reportaje para la revista Sherlok Holmes, le preguntan: «¿Quiénes son los que aquí conocen bien el bandoneón y su música?». «Muy pocos —responde—. En primer lugar está Santa Cruz que hace quince años lo practica continuamente en un café de la calle Santa Fe. Es quizá, el que mejor lo conoce. Berto también lo conoce hace bastante tiempo.» «¿Y con respecto a su música, se escribe en forma especial?». «No, exactamente igual que el piano». Como compositor no dejó una gran producción, y si algunos títulos fueron exitosos, ello ocurrió en la época que se dieron a conocer. Ninguno perduró. Salvo, cuando se habla de tangos prostibularios, se nombra “Sacudime la persiana”, sólo la mención, aunque su conjunto lo registró en 1913. De otras formaciones, solamente Fresedo le grabó el tango “Peligro oculto”, en 1923. Murió en París, en el hospital Bichat.

martes, 8 de enero de 2019

"EL GLORIOSO PACHO"

Juan Félix Maglio conocido como Pacho fue un destacado compositor, bandoneonista y director de orquesta de tango argentino que nació en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1880 y murió en la misma ciudad el 14 de julio de 1934. Fue uno de los músicos importantes de la Guardia Vieja y el primer bandoneonista que grabó solos con el tango La sonámbula de Pascual Cardarópoli y la mazurca La morocha de Gerardo Metallo. Escribió tangos que luego se consideraron clásicos como Armenonville y Sábado inglés, entre otros, y dejó grabadas alrededor de 900 obras. Era hijo del italiano Pantaleón Maglio y de la argentina Carmen Dodero, que tenía parentesco con los conocidos armadores del mismo apellido. Fueron sus hermanos Tino, María Juana, Roque, Justina, Carmen y Carlos, al que apodaban "Pucho", que también tocaba el bandoneón y compuso tangos como Quilmes y La Paternal. Cuando niño se familiarizó con el bandoneón que tocaba su padre y más adelante estudió música, primero con un instrumento pequeño de 13 voces y luego con bandoneones cada vez más complejos, inicialmente con Luis Almeida, apodado "El Negro Cototo" y en 1898 con Domingo Santa Cruz, autor del tango Unión Cívica. Por sus travesuras su padre lo apodaba pazzo -"loco" en italiano- que sus amigos transformaron en pacho y por el cual quedó reconocido luego. Inicio de su carrera de músico Debutó en público en 1899 integrando un trío con Julián Urdapilleta en violín y Luciano Ríos en guitarra, en el café El Vasco, de Barracas. Alrededor de 1903 formó un cuarteto con Ríos, Carlos Guerriero en violín y José Guerriero en flauta. En 1910 actuó por primera vez en el café La Paloma, ubicado en la avenida Santa Fe en su intersección con el arroyo Maldonado (luego entubado bajo la avenida Juan B. Justo), el mismo donde según imaginaba Cadícamo en el tango A pan y agua "en las noches brumosas, se pasean las sombras de Tito, Arolas y Bardi".2​ Después siguieron actuaciones en el café Garibotto, de Pueyrredón y San Luis, en el Ambos Mundos, de Paraná y Corrientes, en La Morocha, en Salvador María del Carril y Corrientes, para retornar en 1912, ya con un éxito clamoroso, a La Paloma. En la época en que actuaba en ese lugar, Maglio fue contratado para grabar en el sello Columbia y formó la "Orquesta Típica Criolla Juan Maglio Pacho", a la que, además del propio Maglio y de Ríos, integraban José Bonano, apodado "Pepino", con violín corneta y Carlos Macchi, apodado "Hernani", con flauta. Los discos con los registros de Maglio alcanzaron grandes niveles de venta. Compró el bar Ambos Mundos, pero no tuvo éxito en esa nueva actividad y hacia 1914 quedó en una situación económica precaria, por lo que viajó a Montevideo y debutó en diciembre de 1915 en el café Au Bon Marché con tanto éxito que a veces durante su actuación el tránsito quedaba detenido por la aglomeración de público. Después de permanecer allí durante varios meses retornó a Buenos Aires y trabajó en el teatro Politeama al mismo tiempo que era contratado para animar reuniones en casas de apellidos distinguidos como Madero (dedicó a Vicente Madero su tango Maderito), Juárez Celman, y López Buchardo, entre otros. En Carnaval llevaba su música a los salones del Excelsior, el Cervantes y el Pabellón de las Rosas. En 1920, formó una nueva orquesta, con Rafael Rossi, Nicolás Primiani y él mismo en bandoneón, Juan Carlos Ghio en piano, Benito Juliá, Salvador Viola y "El Pibe" Rossi en violín, y José Galarza en flauta y batería. Por sus conjuntos pasaron músicos que luego seguirían brillantes trayectorias, tales como Elvino Vardaro, Rodolfo Biagi, Federico Scorticati, Juan Polito y, en 1932, un jovencito de 15 años llamado Aníbal Troilo. Uno de sus cantores fue Antonio Maida. A partir de 1930 formó un conjunto de música paraguaya con el cual interpretaba polcas, la mayoría con títulos en guaraní, que firmaba como Maglio, o con el seudónimo de Oglima (Maglio al revés). A lo largo de su carrera grabó casi 900 piezas, la gran mayoría instrumentales, y el resto incluyendo a cantores que actuaron sólo como estribillistas. De ellos solamente tuvo trascendencia Carlos Viván, sin perjuicio de mencionar alguna intervención de Luis Scalon, reconocido vocalista que actuó muchos años en Europa. Entre los músicos se destacaron el bandoneonista Ángel Ramos y el baterista y flautista José Galarza. El último disco que grabó fue para el sello Odeón el 17 de abril de 1934, registrando la ranchera Qué esperanza, de su autoría y el vals Recordándote, de Gerardo Metallo. Ha sido recogida la versión de que al crecer la fama de Maglio, en los comercios de venta de discos la gente directamente decía “déme un pacho” para pedir “un disco”3​ lo cual está indicando, más allá de la dudosa veracidad de la anécdota, el reconocimiento de la enorme popularidad del músico. Fumaba entre cinco y seis atados de cigarrillos negros diarios. Estuvo actuando por Radio Belgrano hasta poco antes de ser internado en el Hospital Ramos Mejía por una afección pulmonar y volvió a su casa de Bulnes 948 solamente para morir el 14 de julio de 1934. Sus composiciones[editar] En 1908 compuso El zurdo, su primer tango, al que le siguieron Quasi nada (subtitulado El combate), Armenonville, Jeanne, Un copetín, Adelita, Sábado inglés, Royal Pigall (en homenaje al cabaré homónimo, luego retitulado ¡Qué has hecho de mi cariño! cuando le pone letra José González Castillo), Cielito, La Guardia Vieja, Tacuarí, ¡Tomá mate!, Chile, Ando pato y muchos otros más. De la etapa posterior del "tango-canción" son Llegué a ladrón por amarte (letra y música), La chacarera (en colaboración con José Servidio y con letra de Juan Andrés Caruso), Tango Argentino (con Alfredo Bigeschi), A media noche y Copen la banca (los dos en colaboración con Enrique Dizeo), El curdela (con Jorge Luque Lobos), El llorón (antiguo tango que recopiló y al que puso letra Enrique Cadícamo) y otros. Entre sus valses cabe mencionar a Violetas, María Esther, Orillas del Plata, Horas de hastío y Copo de nieve, entre otros

lunes, 31 de diciembre de 2018

"EL ARQUITECTO DEL TANGO"

Matos Rodríguez, Gerardo Hernán Pianista y compositor (18 marzo 1897 - 25 abril 1948) Nació en Montevideo, hijo de don Emilio Matos propietario del cabaret Moulin Rouge estudió arquitectura en la desaparecida Facultad de Matemáticas de su ciudad natal. Abandonó tempranamente dichos cursos, atraído por la entonces intensa y variada vida nocturna de la capital. Pianista de afición compuso en 1917 su célebre tango “La cumparsita” en el piano de la Federación de Estudiantes del Uruguay. Lo estrenó en el café La Giralda la orquesta porteña de Roberto Firpo y su primera grabación fue realizada para la casa Victor por el conjunto cuya dirección compartían el pianista Alberto Alonso y el bandoneonista Minotto Di Cicco, el mismo año de su estreno (Ver “La cumparsita”). Vendió su obra por una buena suma para la época —treinta pesos y 50 ejemplares papel de la misma— a la editorial Breyer de Buenos Aires recuperando luego en 1923 sus derechos de propiedad por intercesión de sus amigos Enrique Delfino, Emilio Fresedo, Juan Carlos Bazán, Luis Catalán, José de Grandis, Enrique Carrera Sotelo y otros miembros de la Asociación Argentina de Autores y Compositores de Música. Posteriormente, “La cumparsita” tuvo una segunda época en su larga historia de éxito cuando Pascual Contursi y Enrique P. Maroni modificándole la música original y sin la aquiescencia de su autor le pusieron letra y nuevo titulo —“Si supieras”—, lo cual dio lugar a un prolongado y engorroso proceso judicial. Vivió ya alejado de Montevideo, en Buenos Aires y en París, desempeñando tareas diplomáticas como cónsul uruguayo en Alemania. En 1931, colaboró en la musicalización de la película Luces de Buenos Aires, filmada en Joinville, Francia con tarea protagónica de Carlos Gardel. Compuso asimismo temas para piezas teatrales estrenadas en Buenos Aires: El Gran Circo Rivolta, de Manuel Romero entre ellas. Más tarde en Montevideo dirigió fugazmente su propia orquesta típica. Otros tangos de su producción fueron: “Che papusa oí” —su preferido—, “Son grupos”, “Yo tuve una novia”, “Cuando bronca el temporal”, “Hablame”, “Pobre corazón”, “Haceme caso a mí”, “Canto por no llorar”, “Rosa reseca”, “Botija linda”, “El pescador”, “Te fuiste, ¡ja, ja!”, “Adiós Argentina”, “Mi provinciana”, “La milonga azul”, “Dale celos”, “Raspail”, “Mocosita”, “La muchacha del circo”, “San Telmo”, colaborando con los letristas Enrique Cadícamo, Victor Soliño, Juan B. A. Reyes, Manuel Romero y Fernán Silva Valdés con quien realizó su fina y emotiva serie de Canciones Montevideanas a la que pertenece "Margarita punzó". Falleció en Montevideo, al cabo de una penosa enfermedad.

jueves, 20 de diciembre de 2018

"LOS HERMANOS BALIJA"

Servidio,Luis Bandoneonista y compositor (9 octubre 1895 - 26 enero 1961) Servidio, José Seudónimo/s: Balija Bandoneonista, director y compositor (18 marzo 1900 - 6 junio 1969) Los hermanos Servidio fueron, al igual que los Canaro, los Lomuto, los De Caro, los Polito, una verdadera institución dentro de la música popular porteña. Aunque asimilaron alguna enseñanza de Genaro Espósito, Arturo Bernstein, Juan Maglio, y otros maestros del bandoneón, puede afirmarse que se formaron autodidactas. Villa Crespo, el barrio que lo vio nacer, lo acunó en tango y desde chico empezó a manosear ese instrumento brujo; su hermano mayor Luis, primero, después él y por último Alfredo, el menor. Corría con la responsabilidad del conjunto cuando decidieron formar orquesta, pero lo cierto era «la típica de los hermanos Servidio» y como a él, sólo a él, le apodaban Balija se la llamó en ocasiones «de los hermanos Balija». El sobrenombre le venía porque la valija del bandoneón parecía tan grande como su estatura, especialmente de cuando niño empezó a cargar con él. Si bien anduvo en una lista interminable de orquestas, compañero en sus comienzos de Aieta, Marcucci, Iriarte, Guido, y tantos otros, el primer conjunto de categoría que integró fue el de Roberto Firpo, cuando sólo tenía dieciséis años, y aquel director ya grababa discos. Integró también las formaciones de Juan Maglio (Pacho), Francisco Canaro y en la de Osvaldo Fresedo suplantando a éste cuando accidentóse con el avión. Con su orquesta amenizó las mejores noches del café Nacional y otros como: El Parque, A.B.C., Victoria, los cabarets Montmartre, Chantecler, etc. Clubes, cabarets, cines en inacabable nómina, como la radio desde su nacimiento y por treinta años en todas las estaciones, lo vieron trabajar incansablemente en pos del tango. Grabó con orquesta o solos de bandoneón en casi todas las marcas de discos que operaron en Buenos Aires y realizó giras por la República como también por el Uruguay. Trabajó con compañías teatrales en diversas salas. Su primera composición fue el tango “La contra... vino”, de 1919, que grabó Firpo, a la que encadenó muchos otros que tuvieron la mejor acogida en el público. “El bulín de la calle Ayacucho” fue su más grande éxito; los versos de Celedonio Flores que el mismo lleva lo inmortalizaron desde el mismo momento que su gran amigo Carlos Gardel lo imprimió en discos. El célebre cantor, a quien conoció de cuando tocaba con Firpo, le llevó al surco del disco “La chacarera” que compuso con Maglio (Pacho) y letra de Juan Caruso, quien escribió a pedido de Gardel y para grabar, los versos para su tango “Puentecito”; “El alma que siente” y “Milonga fina”, letras también de Flores; “Trapito” con versos de Eugenio Cárdenas y el hermoso vals criollo, con letra de Eduardo Escariz Méndez, “La pena del payador”. Otros, “Pebeta loca” que grabó la Maizani, “La carreta”, muy lindo tango que grabó Dorita Davis y tiene versos de Francisco García Jiménez, “Mis recuerdos”, “Magda”, “Francesita papa”, “Cuadro porteño”, “La orejera”, “Vida triste”, “A vos quería verte”, “Tendrás que llorar por mí”, “Pasó y se fue”, “Pelletier toda la vida”, “Vecinita fue por vos”, “Primero yo [b]”, “Pollerita corta”, “No quiero más”, “Adoración”, “Todo un hombre”, “Gloria tanguera”, “Mi noche de tango”, “Cabaret Montmartre”, “Lo quiero ver”, “No me jures”, “Falsa fuiste”, “Por Dios se lo pido”, “Galopeando”, “Picaneando”, que llevan versos de Roldán, Curi, Flores, Adamini, etc. «—Con Gardel fuimos amigazos y solía verme en el Nacional, donde yo actuaba, muy seguido... pero me hizo una mala jugada: se llevó un día mis tangos “Magda” y “Francesita papa” prometiendo grabarlos pero no lo hizo», dijo con cierta queja. José Servidio (Balija) nació en Buenos Aires (Villa Crespo) el 18 de marzo de 1900 y allí falleció el 6 de junio de 1969. Luis Servidio nació en Buenos Aires el 9 de octubre de 1895 y falleció en San Fernando (Buenos Aires) el 26 de enero de 1961.

viernes, 14 de diciembre de 2018

"DEL CUPLÉ AL TANGO"

Manuel Jovés nació en Manresa (Barcelona-España) el 8 de marzo de 1886 y falleció en Buenos Aires el 26 de agosto de 1927. Desde su Cataluña natal llegó a Buenos Aires en 1908 quizás con ideas de imponer el cuplé al porteño o hacerse una posición con él. Era ya todo un señor maestro de la música española cuando desembarcó en nuestras playas. Luego de enseñar particularmente música y canto, pasó a acompañar a figuras estelares del cuplé como Lola Membrives (en sus comienzos era cupletista), Raquel Meller, La Goya, etc. a la par de actuaciones en cafés, confiterías y otros lugares. Los cines y teatros porteños, como algunos de Montevideo y del interior, lo conocieron secundando la labor del dúo Las Porteñas. Dirigió espectáculos revisteriles en los teatros Nacional, Cervantes y Florida, actuando también en el Coliseo, Royal, Smart y varios otros, dirigiendo desde el foso las orquestas o como director de espectáculos. Como compositor seguramente habríase iniciado en España con algún motivo de su tierra y que aquí continuó con “Adiós Celipe”, “La azafata de la reina”, “La perra de Chaplin”, “Díguili qui vingui”, “Todo auténtico”, “Q.L.B.L.P.”., “Campanita, campanita”, “Dos gitanas”, “Mi reja”, en ritmos de schottisch, cuplé, fado, pasodoble, etc., que estrenaron en los escenarios populares tonadilleras. Se animó a lo criollo con “Deseo”, vals, “Tucumanita” y “Decime negro que sí”, zambas, con algunos títulos más, pero su fuerte sin duda fue el tango donde dejó páginas imborrables como “Patotero sentimental”, “Nubes de humo (Fume compadre)” y “Buenos Aires”; éxitos que quizá se debieran más a los versos de Manuel Romero, pero donde dejó sentada su capacidad creadora y su sensibilidad artística. La lista más o menos completa de sus tangos es la siguiente: “Armenonville viejo”, “Apriete que va la marca”, “A mí lo me'smo me da”, “El matrero”, “El gran puntero”, “Que estrilo me la sandié”, “La más tigrera”, “El rabanito”, “Flor de yuyo”, “Cualquier cosa [b]”, “La patotera”, “Mi gloria eres tú”, “Venga champán”, “Verás pebeta”, “Vení pebeta”, “El dormilón”, “Por tu culpa”, “Chicof”, “Haz de volver a mí”, “El moscovita”, “Con los 9”, “Yerba seca”, “Celosa”, “La midinette”, “Pingo mío”, “Clavelito rojo”, “Te parecés a ella”, “Pare cochero”, “Pobre china”, “Pobre corazón”, “Pobre francesita”, “Pobre percanta”, “Pobre viejo”, “Pobres mujeres”, “Blanquita”, “Rosa de fuego”, “¡Una más!”, “Que el otro te quiera igual”, “¿Por qué?”, “Loca”, “Pobre milonga”, “La provinciana”, “Corazón de arrabal”, “Patotero sentimental”, “Nubes de humo (Fume compadre)”, “Buenos Aires”. Los siete citados en último término fueron grabados por Carlos Gardel con quien, a pesar de no haberse logrado con exactitud saber de alguna anécdota entre ambos, debió haber tenido sin duda un sincero trato de amistad, pues el mismo quehacer artístico los guiaba a través de los escenarios, en uno de los cuales actuaron juntos en alguna oportunidad. Sus obras musicales tuvieron como letristas a populares autores teatrales, ello prueba que siempre estuvo ligado a nuestro teatro. Además de Manuel Romero, colaboraron en la canción Antonio Viergol, Enrique Maroni, César Bourel, Ernesto Morales, Lorenzo Traverso, Diego Flores, Luis Bayón Herrera, Pedro Numa Córdoba, Carlos González Illescas, Ivo Pelay.

jueves, 6 de diciembre de 2018

"DONACHE"

Guichandut, Juan José Martín Pianista y compositor (11 noviembre 1909 - 17 octubre 1979) Se inició en 1927 con “Perfume de mujer” que obtuvo el segundo puesto en concurso de tango de los discos Nacional, obra que posibilitó su conocimiento con Carlos Gardel que le grabó además esos dos grandes sucesos que se titulan “Marioneta” y “Misa de once”; los tres con letras de aquel autor que se llamó Armando Tagini y los que sin duda más satisfacciones le han dado. Sus grandes virtudes las siguió exponiendo en “Mamarracho”, “Así era el tango”, “Tarareando”, “Canta pajarito”, “¡Goles, goles!”, “Quereres”, “Percantina”, “Baila”, “Arando”, “Matrera”, “Escuela”, “Cinco letras”, “El cachorro”, “Tango de antaño”, “¡Vamos corazón!”, “Mi distinguida pebeta”, “Yo”, “Por ellas no me casé”, “Llueve otra vez”, “Domingo a la noche”, “La limosna”, “Sencillo y compadre”, “Mi gitana”, tangos; “Magdalena [b]”, “Ventanera”, “Magnolia triste”, pasodobles; “Deshojando margaritas”, “Palabra”, “Paloma [b]”, valses; “Digo... digo”, “Vieja postal [b]” y muchos más que contaron con la colaboración de Carlos Bahr, Héctor Gagliardi, Tagini, Oscar Fresedo, Horacio Sanguinetti, Enrique Cadícamo y otros. De Gardel dijo: «Después de “Perfume de mujer” lo vi muchas veces a Carlitos y como yo era un pibe al lado de él, me decía al encontrarnos: «¿Cómo le va pibe?», respetuosamente. «Actuaba Gardel en el Empire y una noche resolvimos con Carlos Sánchez (el gordo Sandoval) ir a verlo. Encontramos a Razzano en el hall del teatro y nos sugirió lo viéramos en su camarín al cantor. Se oía su canto cuando golpeamos la puerta y al abrirse la misma, encontramos a Gardel en calzoncillos cantando un tango nuevo, acompañado por sus guitarras Aguilar, Riverol y Barbieri. «Al terminar me pregunta: «A ver si sabe de quién es este tango que hoy voy a estrenar». Por el estilo me pareció de Barbieri y se lo dije. «Mirándolo fijo a su guitarrista Guillermo Barbieri y moviendo la cabeza le dice: «¡Cómo te junan 'grone'!». Era el tango “Viejo smoking”.» El renombrado tenor Carlos Guichandut era hermano suyo. Guichandut nació en Buenos Aires (Barracas) el 11 de noviembre de 1909 y allí falleció el 17 de 1979.

lunes, 3 de diciembre de 2018

"EL JOHNNY"

Prudencio Aragón nació en Belgrano el 28 de abril de 1886, cuando la actual avenida Cabildo aún se llamaba 25 de Mayo y un año antes de que aquella “ciudad” fuera anexada a Buenos Aires para quedar como un barrio más de la metrópoli. Pero la inventiva de los chicos de la zona le daría un apodo que sería su marca: lo bautizaron “el Johnny”. Algunos dicen que fue porque en su cabellera morocha afloraba un rebelde mechón pelirrojo. Otros cuentan que el mote surgió porque su mamá trabajaba como ama de llaves de una acaudalada familia inglesa. Su muerte ocurrió en Montevideo, el 2 de noviembre de 1963. Lo cierto es que aquel chiquilín, que veía pasar al tranvía tirado por tres caballos repechando la cuesta desde el bajo hacia la calle Vidal, empezó a crecer escuchando el sonido que del violín sacaba Pedro (su hermano mayor) y de la guitarra su primo Justo Morales. Pero quien le dio el abc del piano fue su medio hermano Cesáreo Pérez. De ahí a los cafés donde el tango empezaba a convertirse en el símbolo musical de esta parte del mundo, hubo un corto paso. Los historiadores del tango registran a El Talar como el primer tema presentado con partitura y señalan que fue compuesto en 1895 por el Johnny Aragón. Es decir que el chico preparó esa melodía a los 9 años. Y como no hay otras referencias que indiquen lo contrario, eso le daría el título del compositor más joven en la historia del género. Claro que ese no fue el único tema con la firma de el Johnny. También figuran El piñerista, Mateamargo, Don Victorio, El Pardo Cejas y uno que generó doble polémica: por el título y por quién lo compuso. Sobre la autoría hubo reclamos y la cuestión quedó siempre en una nebulosa, aunque figura como una obra de Juan Maglio y Alfredo Bigeschi. En cuanto al título, aparece como Las siete palabras, aunque algunos le atribuyen otro más cercano a ambientes poco santos: lo conocen como Las siete pulgadas. Después de vivir un tiempo en Rosario, el Johnny volvió a Buenos Aires. Y a los 17 ya se codeaba con otros inventores del tango: Vicente “Garrote” Greco, Vicente Loduca y Francisco “Pirincho” Canaro. Pero su mayor amistad fue con otro atorrante al que todos conocían como Eduardo “El Tigre del Bandoneón” Arolas, aunque su verdadero nombre era Lorenzo Arolá. Cuentan que, juntos, el Johnny y El Tigre solían compartir el rocío de muchas trasnoches en boliches de La Boca, donde había mucho rouge y bastante poca agua mineral. Justamente una composición de Arolas lleva el título Una noche de garufa y una clara dedicatoria: “Al apreciable amigo Prudencio Aragón”. Después hubo un café en la avenida Montes de Oca al 1600 que tomó el nombre de ese tango. También dicen que frecuentaban otro lugar en Pedro de Mendoza, cerca de la avenida Almirante Brown, frente al Riachuelo. El local se llamaba “The Droning Maud”, pero para todos era “el bar de La Negra Carolina”, porque su dueña era Carolina Maud, una afro norteamericana nacida en Nueva Orleans quien, aparte de lucir otras virtudes, solía jactarse de haber tenido como amiga nada menos que a la célebre Josephine Baker. Pero esa es otra historia.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

"VENECIANO Y TANGUERO"

Francia, Manlio Violinista y compositor (29 junio 1902 - 7 mayo 1981) Nació en la bella Venecia y ha sido considerado el mejor segundo violín de la historia del tango. Al respecto Luis Adolfo Sierra escribió ponderando esta virtud: «Para quienes desconocen el significado de los términos instrumentales podrían suponer que el segundo violín es menos que el primero. Y no es así. El segundo requirió siempre una aptitud distinta al del primero, que tiene, por lo general, la voz cantante. Porque existe incluso, una natural tendencia para desempeñarse como segundo —preferentemente en las orquestas de tangos— por su inventiva en la creación de contracantos y segundas voces a dúo con el primero.» Y sigue diciendo: «Vale decir, que hay segundos violinistas natos, con más posibilidades de lucimiento interpretativo que los promovidos a primer violín. Y primeros violinistas que si fueran segundos no cumplirían correctamente ese papel». Y remata subrayando: «Francia es el caso indiscutido de segundo violín, acaso insuperado en el quehacer tanguero por su incuestionable talento en la creación de impecables contracantos, por lo general improvisados en el momento de la grabación, que sobresalen por la brillantez del sonido y la inspirada originalidad de los dibujos melódicos». En un interesante reportaje realizado por el periodista Norberto Chab, en 1979, Manlio cuenta sobre su formación y trayectoria: «Mi padre era violinista y tenía su orquesta que durante los meses de verano, en Francia, tocaba a lo largo de la Costa Azul: Niza, Biarritz, Montecarlo. Cuando cumplí cinco años me regalaron un violín. Antes del año diez, le propusieron viajar a la Argentina, para presentarse en el Hotel Bristol de Mar del Plata, donde se reunían los apellidos más prominentes de la sociedad porteña durante la temporada estival. Viajó papá y toda la familia. Yo, debí interrumpir mis estudios de música con el maestro Isaac Isaiye. «Cuando llegó el día del debut nadie esperaba que fuera también el comienzo de la despedida. Ocurrió que nos acompañaba una cantante y bailarina que ilustraba mejor algunos números musicales, pero la pacatería de las damas no lo soportó. Los señores sí, por supuesto. Dejó de actuar la atracción femenina y el acto gustó, pero enseguida retornamos a Francia, aunque cada verano regresábamos a Mar del Plata, en total fueron siete viajes. El último partimos desde el puerto de Marsella y en el viaje nos enteramos que había comenzado la primera guerra mundial. Por ese motivo, nos quedamos en este país. «En Buenos Aires continué los estudios musicales en el Instituto Santa Cecilia, con su director el maestro Galvani. Recibí el diploma en 1918, entre mis compañeros estaban los hermanos Astor Bolognini, Ennio Bolognini y Remo Bolognini, también Eduardo Armani y otros que tuvieron su buena trayectoria. Mis primeras presentaciones fueron en fiestas y en salones, donde siempre me invitaban para tocar fragmentos de música clásica. «Hasta que caí en el Café La Armonía de la calle Corrientes 1443, allí pedían tangos que era música tabú en algunos sitios elegantes donde yo había tocado. Fui haciendo amigos y llegué al Maipú Pigalle donde actué junto a Osvaldo Fresedo y a Enrique Delfino. Luego formé parte del Cuarteto de Maestros con Juan Carlos Cobián, Julio De Caro y Roque Biafore. Después, de nuevo con Fresedo y también con Cobián en el Abdulla Club y con la jazz de Gordon Stretton, ya me gustaba el jazz, anduve también mas adelante con Eleuterio Iribarren. «En 1925 integré la orquesta de Adolfo Carabelli y además, al mismo tiempo, formé un conjunto con Francisco Pracánico para presentarnos en el restaurante Conte de Mar del Plata. Cuando Pracánico se retiró, quedé yo al frente, esa fue mi única experiencia como director. Nunca más quise serlo porque me acarreaba una serie de problemas. Allí el otro violín era Larrosa, estaba Sinibaldi en contrabajo y los bandoneones eran Grupillo y uno de los hermanos Scarpino. «Sólo con Delfino, grabamos un disco para Odeón, el tango “Porotita” y un fox trot. Estuve un tiempo en la orquesta de Fresedo que me grabó varios temas míos. Integré un quinteto con Petrucelli donde me hacía el loco, tocaba el banjo y cantaba, me gustaba imitar a Al Jolson. Grabé con la jazz de Carabelli y con De Caro, con el que estuve veinte años, todo lo registrado para los sellos Brunswick y Victor. Fui segundo violín y también me hacía el loco. A Julio le gustaban algunas bromas. Cuando en medio de un tema instrumental aparecía una voz, era yo, por ejemplo en “El buey solo”, soy el que exclama «huella, huella, buey» o en “El monito”, «monito querés café». Otro que intervenía de la misma manera era el negro Leopoldo Thompson. «En la Victor integré todos los conjuntos, éramos como una mafia, no dejábamos entrar a nadie, resulta que estábamos tan consustanciados que sabiendo como era la estructura musical de una pieza, la leíamos una vez y ya grabábamos. «Formé parte, por largos años, de la orquesta estable de Radio El Mundo y desde 1945 al 50, me incorporé a la orquesta de Carlos Di Sarli. Un estilo tan opuesto al de De Caro, pero insuperable. Era buen músico y muy exigente. Todo esto sin abandonar el jazz ni la música clásica. Y exactamente, el 20 de junio de 1978, dejé la música».