" de chiquilín te miraba de afuera"

" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia

sábado, 18 de junio de 2016

"UN CRIOLLO DE MI FLOR"

Adolfo Herschel (17 agosto 1892 - 12 julio 1941) Era un letrista, guitarrero y cantor criollo, gran impulsor de la música popular, trabajo incansablemente por el tango y la música criolla rioplatense.Lástima grande que nunca cantó ni tocó en público, pues su padre siempre se opuso a ello (en aquella época se lo respetaba y obedecía al progenitor hasta su última instancia); no quería que su hijo se entreverara en esas cosas pues pertenecía a una familia bien aristocrática. Adolfo Herschel era poseedor de una preciosa guitarra traída de España, toda de nácar y oro, que al final de tanto andar, desapareció. Era un verdadero y leal amigo del dúo Gardel-Razzano, cuyos componentes frecuentaban su casa y fue colaborador desde un principio en su repertorio ya que a su inspiración se deben “El vagabundo” con música del dúo; “Pobre gallo bataraz” y “Mi caballo y mi mujer” con músicas de José Ricardo; “Muñequita” tango con música de Francisco Lomuto y “Atardecer [b]” con música propia grabadas indistintamente por Gardel sólo o a veces con Razzano. Quizá el dúo memorable cantó “¿Por qué te portaste así?” una tonada que tiene con Francisco Lomuto. Herschel nació en La Plata el 17 de agosto de 1892 y falleció en Chile el 12 de julio de 1941.

miércoles, 15 de junio de 2016

"IVÁN EL TERRIBLE DIEZ"

Nombre real: Martini, Augusto Arturo Periodista, autor y letrista (16 agosto 1897 - 8 noviembre 1960) Lugar de nacimiento: Mar del Plata (Buenos Aires) Argentina En el quehacer teatral debutó con las piezas "Aquí no hay Cianuro" y "¡Oiga¡ ¡Diga! ¡Vea!" que escribiera con Enrique F. Rando y Manuel Sofovich y estrenadas por la compañía de Azucena Maizani el 9 de octubre de 1926 en el teatro "Comedia". Con los mismos colaboradores también escribió "Un Pesito es Poca Plata", "Buen Humor a Toda Hora", "Pasarela, Alegre Pasarela", "Piernas, Piernas, Piernas", "La Fenomenal Revista", "En la Pista se Ven las Chicas", "Hippódrome Revista", "Los Muchachos de Antes Llenaban el Circo" y otras revistas. Estrenó también el sainete "El Romance del Taura". Poeta, pintó en su libro de versos "Sangre de Suburbio", las épocas de oro de su amado Buenos Aires, y por la radios hizo de cantor, escribió esquicios, monólogos y novelas. Publicó sus primeras canciones con el seudónimo de Antonio Timarni ("Te Armarás", tango de 1923, con Biafore, el primero) seudónimo que luego adoptó el compositor Antonio Polito al crear él el de Iván Diez. Con Polito hizo la mayoría aunque también colaboró con Héctor Palacios, Vicente San Lorenzo, Edgardo Donato, F. Brunelli, A. Rodio. Su amistad con Carlos Gardel comenzó por el año 26 al llevarle junto con el compositor el tango "Sueño Marchito"; después de éste el cantor le grabó "Noviecita Mía", "Knock-out de Amor" y "Almagro". Los dos últimos con músicas de San Lorenzo. Muchas noches, madrugadas mejor dicho, las mesas de diversos cafés de la calle Corrientes los sintieron y convivieron en ruedas con otros amigos. A su muerte en unos sentidos versos escritos a su memoria, dijo: "Con tu muerte, che, Carlitos se nos viene abajo el tango...", y cuánta razón tenía. Iván Diez (Martini) nació en Mar del Plata (Bs. As.) el 16 de agosto de 1897 y falleció en Villa Ballester (Bs. As.) el 8 de noviembre de 1960.

sábado, 11 de junio de 2016

"EL MAESTRO DE TEMPERLEY"

Gómez, Graciano Manuel Leopoldo Bandoneonista, director y compositor (31 mayo 1912 - 5 enero 1980) Nació en la provincia de Buenos Aires, en la localidad de Temperley, a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. En 1937, inició la dirección de su conjunto debutando ante los micrófonos de LR2 Radio Argentina. Durante toda la década del cuarenta, actuó al frente de su orquesta en diferentes programas radiales, en clubes y locales de baile. Pero, como dijimos al principio, el éxito de su actividad como músico lo logró con su inspiración creativa, a partir de su obra. Su primera creación no tuvo ninguna trascendencia y pasó sin pena ni gloria, llevaba por título, “Siempre a tu lado”. Pero en agosto de 1943, José García con su orquesta, Los Zorros Grises, registró otra página suya que se convirtió en un enorme éxito: “Esta noche de luna”, con la voz de Alfredo Rojas y, en diciembre, hace lo mismo Carlos Di Sarli con Roberto Rufino. Este tango triunfó en el gusto popular de tal manera, que no sólo se vendieron millares de discos, sino que también lo grabaron otras importantes orquestas. De lo dicho de este tango podemos dar algunos ejemplos: Julio De Caro con Roberto Medina (julio de 1951), Francisco Canaro con la voz de Carlos Roldán (junio de 1944) y Libertad Lamarque con el acompañamiento de la orquesta de su marido Alfredo Malerba, durante ese mismo año. Bastante tiempo después, lo grabó Osvaldo Pugliese con su cantor Jorge Maciel. Otra obra singular de su cosecha es: “Tu íntimo secreto”, que grabara Di Sarli con Jorge Durán, a mi gusto una perla; Enrique Rodríguez con Armando Moreno, ambos en 1945 y, una década más tarde, Alfredo De Angelis con el dúo formado por Carlos Dante y Oscar Larroca. Menos conocido pero muy bello, el vals “Rosa en pena” que grabara en Uruguay Dorita Davis, también en el año 1945. Pero paradójicamente, pese a haber triunfado como compositor mucho antes, recién llega al disco con su orquesta por derecho propio, en 1961, con su milonga, “A todo trapo”, que en el reverso tiene el tango, “Pa’ que sientas lo que siento”, de Marcelo Salazar Bonilla, cantado por Elena Maida. Seis años antes, en 1955, había ocurrido un hecho en la trayectoria del músico que fue muy significativo. Ese año la compañía Odeon contrató a la cancionista uruguaya Nina Miranda como artista exclusiva y, para dirigir la orquesta que debía acompañarla en las grabaciones, convocó a Graciano Gómez. El debut fonográfico fue con el tango “Julián” al que luego siguieron: “Mama yo quiero un novio”, “Maula”, “Arrabalero”, “Perdón viejita”, “Fueron tres años”, “Esta noche de luna” y el vals “Pastorcita de Amancay” (de Chito Galindo), entre otros. En total grabaron 16 temas. Después, en las presentaciones ante el público de Buenos Aires y de otras ciudades, surgieron algunos problemas de cartel en el diseño de las promociones y las marquesinas, y cada uno se fue por su lado. Nina continuaría su carrera solista y Gómez, sus presentaciones radiales y sus giras por el interior del país, con la participación de Elena Maida, la que fuera vocalista del cuarteto de Enrique Mora. Entre los años 1957 y 1962, actuó en LR3 Radio Belgrano y en el Canal 7 de televisión. Además, grabó para el sello Voxor, contando con el aporte de los cantores: Dante Rossi (con quien volvió a grabar su éxito “Esta noche de luna” y otros temas más), Rubén Cané, Carlos Nogués, Roberto Alvar y la ya mencionada Elena Maida. En esos años, también dirigió la orquesta acompañante de Enrique Campos, presentándose en LR4 Radio Splendid, en el Canal 13 de la televisión argentina y, en el canal 4 de Montevideo.

viernes, 3 de junio de 2016

"EL GRAN DI FILLIPPO"

Roberto Di Filippo Nombre real: Di Filippo, Roberto Bandoneonista (12 junio 1924 - 15 febrero 1991) nació en Peyrano, una pequeña localidad del sur de la provincia de Santa Fe, hijo del matrimonio compuesto por don Antonio Di Filippo y doña Angela Colonna. De los nueve hijos que tuvieron, cinco recibieron educación musical. Don Antonio, empleado ferroviario, como buen italiano, tenía el gusto y el cariño por la música. Y así fue que cuando el maestro Eduardo Vétere comenzó a viajar desde Rosario hasta Peyrano para atender su propia academia, cinco hermanos Di Filippo fueron anotados en ella, instruyéndose Lucio en bandoneón, Vicente en violín, Juan en bandoneón, Dominga en piano y violín y Roberto —quien aún no tenía 6 años—, en bandoneón. Y siendo unos niños, formaron una orquesta típica infantil que se desempeñó en reuniones y bailes, ganando aplausos, simpatía y adhesión del vecindario. Roberto, debido a su dedicación y a sus aptitudes naturales, logró formarse sólida y precozmente, decidiendo hacer profesión de la música. Cuando tenía 17 años y fue requerido por Roberto Zerrillo en la Capital Federal, era ya un instrumentista sumamente capacitado. Le faltaba únicamente foguearse en la labor de conjunto, afianzamiento que consiguió rápidamente. En 1941, con esa orquesta llegaron sus primeras grabaciones. Intervino en los registros de los tangos “El repique”, de Elvino Vardaro, y “Aquel preludio de amor”, del propio Zerrillo. Paralelamente, comenzó una intensa labor profesional participando en conjuntos para acompañamientos de cantantes solistas, hasta que a poco de estar en Buenos Aires se vinculó con tres jóvenes que ya habían alcanzado a trascender en los círculos tangueros: Orlando Goñi, Francisco Fiorentino y Ástor Piazzolla. Nombraré —por el solo placer de regodearme— la fila de bandoneones del conjunto de Orlando Goñi: Jorge Martínez, Eduardo Rovira, Antonio Ríos, Luis Bonnat y Roberto Di Filippo. Luego, en la agrupación Piazzolla-Fiorentino, al lado del fueye del director, estuvo Di Filippo junto a otros dos buenos instrumentistas: Fernando Tell y Ángel Genta. Pero de esa época trascendente del tango, tal vez lo que más quede grabado en el recuerdo de todos —ayudado, felizmente, por los testimonios discográficos (Odeon, 1946 a 1949)—, es su actuación en la orquesta de Ástor Piazzolla, en donde cumplió una extraordinaria labor junto a otros dos excelentes bandoneonistas: Abelardo Alfonsín y Vicente Toppi. En ese conjunto se puede apreciar el especial lucimiento de Di Filippo, porque desarrollaron un nutrido e importante repertorio instrumental. «Estoy prendido en todas», recordaba. Después, a mediados de 1949 pasó a la orquesta de Julio De Caro, incursionó en la de Joaquín Do Reyes para finalizar su carrera en la orquesta de Horacio Salgán, director que lo mismo que Ástor, lo distinguió preferentemente. Pese a que hubo un inconveniente que los enemistó temporalmente. Le pasamos la palabra al propio Di Filippo: «En abril de 1950 me incorporé a la orquesta de Salgán y posteriormente, comenzamos a grabar en Victor. Hicimos los tangos “Recuerdo”, “La clavada”, “Como abrazado a un rencor” y “Motivo de vals”. Una vez concluidos estos registros le comuniqué al director que me retiraba del conjunto pues había sido nombrado músico de la orquesta estable de Radio Splendid. Salgán se puso furioso e hizo suspender la venta de esas grabaciones. Hizo de nuevo todos los registros pero sin mí. La carátula del disco, sin embargo, estaba hecha, y yo aparezco al lado de Leopoldo Federico, y ésa no se modificó. Así que figuro en la fotografía pero no en las grabaciones». Después de 1950, cuando comienza a notarse la declinación de las fuentes de trabajo para las orquestas de tango, y en especial, las de formación numerosa, Di Filippo decide asegurar su tranquilidad económica y después de pedir consejo a Piazzolla, determina aplicarse al estudio de otro instrumento no convencional que lo vincule a la música clásica y le permita acceder a algún grupo sinfónico de importancia. Elige el oboe, un instrumento cuya ejecución es de extrema dificultad. Acompaña la idea con la acción, siempre con Piazzolla de ladero, y adquiere un oboe usado, al mismo tiempo que es presentado por el autor de “Verano porteño” al maestro Edmundo Gaspart, ex solista de la orquesta del Teatro Colón, con quien comienza inmediatamente a estudiar con su habitual vehemencia y seriedad. En 1951, ya ha ingresado a la orquesta estable de Radio Splendid como bandoneonista, pasa a tocar el oboe en el mismo conjunto, en el que se mantuvo por espacio de nueve años. En 1961, por concurso, se incorpora a la orquesta del Teatro Colón, en la que permanece por espacio de casi veinte años, actividad con la cual alcanzaría la jubilación en 1980, no sin antes haber formado parte en otras agrupaciones como el Quinteto de Cámara Philarmonía y el de la Policía Federal.

domingo, 22 de mayo de 2016

"EL VIGILANTE TANGUERO"

Falero, Emilio Ramón Donato Poeta y letrista aficionado (12 diciembre 1887 - 25 noviembre 1933) Era empleado policial y fue atraído por la música popular, en especial el tango, pues además de ser hermanastro del alto exponente del cancionero que fue Virgilio Carmona tocaba el mandolín; uniendo entonces afición y virtud, con el mismo Carmona publicó sus obras por 1927. La primera el vals “Idilio en la selva”, y los tangos “El manisero” que grabó Corsini; “Era de ley” grabado por Firpo y los éxitos de siempre “Ríe payaso” y “Pobre colombina” que dejó en discos Carlos Gardel. Cultivó la amistad del gran cantor, porque como era un gran admirador de su arte acudía ex profeso donde actuaba con excusas de cuidar el orden. Por 1929 luego de grabarle “Ríe payaso” fue a casa de Gardel para agradecerle esa atención llevando a su hijo, niño aún, a quien Carlos besó cariñosamente y regaló caramelos, al tiempo que le decía: «Este es el mejor tango que se mandó, mi amigo... Siga así...», y no escribió más canciones. Falero nació en Buenos Aires el 12 de diciembre de 1887 y allí falleció el 25 de noviembre de 1933.

lunes, 4 de abril de 2016

"EL BAILARÍN DE MULETAS"

EL RENGO COTONGO No hay datos de su nacimiento y de su fallecimiento, solo sabemos que fue un criollo bien porteño y bailarín. Era moreno, nacido a fines del siglo XIX, cuando Buenos Aires se componía de parroquias en vez de barrios. A temprana edad, por enfermedad o por accidente, quedó con una pierna distinta de la otra y se vio obligado a andar con muleta. Entrado el nuevo siglo fue cochero que circulaba por la zona del Abasto. No obstante, entre esos paseos, encontró el tango en sus calles y lo aprendió hasta convertirse en creador. Varios investigadores afirman que bailaba con la muleta. Solía asistir a los bailes de Patria e Lavoro (Chile 1567), cuna de punguistas y apuñaladores, que organizaba «El Inglés» Carlos Kern. Alguna vez, en el salón de Nueva Granada que organizaba El Pardo Santillán, perdió un «duelo» con El Cachafaz, que terminó con la clausura del local y gente en la comisaría. Según Domingo Greco era un bailarín «un poco más refinado»; según Francisco Canaro, hacía filigranas y «bailando no se le notaba la renguera». Sea como fuere, El Rengo Cotongo demostró que no hay imposibles para la pasión. Su verdadero nombre quedó en el olvido, o acaso su verdadero nombre fue el apodo con que todos lo conocieron; pero aún con muletas dejó una huella ya imborrable en la historia del tango danza.

"MÚSICO DE VANGUARDIA"

Astor Piazzolla Nombre real: Piazzolla, Astor Pantaleón Bandoneonista, director, compositor y arreglador (11 marzo 1921 - 4 julio 1992) Su inserción en el medio tanguero de Buenos Aires comenzó en 1938, precisamente la época en que el tango despertaba aceleradamente de su relativo letargo, iniciado alrededor de 1930. La relación de Astor Piazzolla con ese medio fue complicada, mezcla de amor y desprecio, de admiración y resquemor. Pero su lucha, que era la de un artista tan dotado como innovador, contra la mediocridad y el conservadurismo, la libró desde el interior del tango, con profundas raíces en él, tocando con orquestas ajenas o propias en palcos de café o en oscuros clubes suburbanos. Este barro ya no lo tienen en sus botas los postpiazzollanos. A pesar de esta raigambre y de la profunda esencia tanguera de todo lo que hacía Astor, incluso cuando se trataba de otra música, desde mediados de los 50 se extendió entre sus detractores una muletilla presuntamente descalificadora: «Piazzolla no es tango», como expresión absoluta del quietismo y la intolerancia. No obstante ese antagonismo, varios tangos fueron escritos en su homenaje, uno de ellos por Julio De Caro, figura capitular del género, testimoniando la admiración que despertaba ese personaje áspero y combativo, que rompía todos los moldes. Astor Pantaleón nació en 1921 en Mar del Plata, cuando este puerto pesquero del Atlántico, 420 kilómetros al sur de Buenos Aires, era a la vez un balneario aristocrático, aún no masivo. En 1924 pasó a vivir con sus padres en Nueva York, donde en 1929 sobrevino su encuentro con el bandoneón. En 1932 compuso su primer tango, “La catinga”, nunca difundido, e intervino como actor infantil en El día que me quieras, film cuya estrella era Carlos Gardel. Ya de regreso en Mar del Plata, en 1936 comienza a formar parte de conjuntos locales y a conducir incluso uno que adoptaba el estilo del Sexteto Vardaro, que a partir de 1933 había intentado una audaz superación estilística, desdeñada por las grabadoras. Su líder, el violinista Elvino Vardaro, tocaría muchos años después para Piazzolla. En 1938 llegó a Buenos Aires, donde, luego de pasar brevemente por varias orquestas, fue incorporado a la del bandoneonista Aníbal Troilo, que se había constituido en 1937 y jugó un papel trascendental en el apogeo del tango en los dos decenios siguientes. Además de bandoneón de fila, Astor fue allí arreglador y ocasional pianista, en apurado reemplazo de Orlando Goñi (o Gogni), tan brillante como incumplidor. Troilo prohijó a Piazzolla, pero también recortó su vuelo para ceñirlo a los límites de su estilo, que no debía trasponer la capacidad del oído popular. El ímpetu renovador de Astor comenzó a desplegarse en 1944, cuando abandonó a Troilo para dirigir la orquesta que debía acompañar al cantor Francisco Fiorentino. Aquella fue la extraordinaria conjunción de un vocalista enormemente popular y un músico de talento único. Quedaron de ese binomio 24 temas grabados, con versiones descollantes (los tangos “Nos encontramos al pasar”, “Viejo ciego” y “Volvió una noche”, entre otros). La serie incluye los dos primeros instrumentales registrados por Piazzolla: los tangos “La chiflada” y “Color de rosa”. Tras aquella experiencia inaugural, Astor lanzó su propia orquesta en 1946, todavía ajustada a los cánones tradicionales del género. Como tal se instaló desde su inicio entre las agrupaciones más avanzadas, junto a las de Horacio Salgán, Francini-Pontier, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi y el propio Troilo. Entre sus cantores sobresalió Aldo Campoamor. Hasta 1948 grabó un total de 30 temas, entre ellos versiones antológicas de tangos como “Taconeando”, “Inspiración”, “Tierra querida”, “La rayuela” o “El recodo”. Entre los registros se destacan cinco obras del propio Piazzolla, que ya anuncian —particularmente en los casos de “Pigmalión” y “Villeguita”— al genial compositor. Este surge muy pronto en toda su hondura y originalidad con tangos de inigualada inspiración: “Para lucirse”, “Prepárense”, “Contratiempo”, “Triunfal”, “Contratiempo” y “Lo que vendrá”. Esas piezas son incorporadas al repertorio de importantes orquestas, como las de Troilo, Francini-Pontier, Osvaldo Fresedo y José Basso, muchas veces con arreglos escritos por el propio Piazzolla. Mientras tanto, su orquesta graba entre 1950 y 1951 cuatro obras, dos de ellas en un memorable disco de 78 revoluciones: los viejos tangos “Triste” y “Chiqué”. En los primeros años 50 Piazzolla dudó entre el bandoneón y el piano, y pensó volcarse a la música clásica, en la que ya venía incursionando como compositor. Con esas ideas se trasladó en 1954 a Francia, becado por el Conservatorio de París, pero la musicóloga Nadia Boulanger lo persuadió de desarrollar su arte a partir de lo que le era más propio: el tango y el bandoneón. Allí graba en 1955, con las cuerdas de la Orquesta de la Opera de París, Martial Solal al piano y él mismo en bandoneón, 16 temas, todos suyos salvo dos. Aquello fue un nuevo torrente de asombrosa melopea, con tangos como “Nonino” (antecedente del célebre “Adiós, Nonino”, emocionada despedida a la muerte de su padre), “Marrón y azul”, “Chau París”, “Bandó”, “Picasso” y otros. De regreso en la Argentina, Piazzolla se desplegaría en dos direcciones. Por un lado, la orquesta de bandoneón y cuerdas, con la que dio a conocer una nueva generación de tangos suyos, de actitud ya rupturista, como “Tres minutos con la realidad”, “Tango del ángel” y “Melancólico Buenos Aires”. Su repertorio incluía por entonces también tangos tradicionales releídos y otros más actuales de diferentes músicos, como “Negracha” (Pugliese), “Del bajo fondo” (José Tarantino y Osvaldo Tarantino) o “Vanguardista” (José Bragato). La orquesta contaba con el cantor Jorge Sobral, ya que Astor quería extender al tango canción su propuesta renovadora. La otra gran empresa de Piazzolla en esa época fue la creación del Octeto Buenos Aires, en el que reunió a ejecutantes de gran nivel y con el cual subvirtió todo lo conocido en tango hasta entonces. Hay quienes juzgan a ese Octeto como el cénit artístico de toda su carrera. Aquel conjunto, que grabó sólo dos long-plays medianos, se dedicó sobre todo a reinterpretar grandes tangos tradicionales, como “El Marne”, “Los mareados”, “Mi refugio” o “Arrabal”. En 1958, Piazzolla se estableció en Nueva York, donde vivió circunstancias muy difíciles. De aquella infeliz etapa quedó su experimento de jazz-tango, que él mismo juzgó con dureza —excesiva tal vez— por la concesión comercial que supuso. Pero al retornar a Buenos Aires en 1960 creó otro de los conjuntos fundamentales de su trayectoria: el Quinteto Nuevo Tango (bandoneón, piano, violín, guitarra eléctrica y contrabajo), que causó furor en ciertas franjas de público, entre ellas el universitario. Esta formación, cuyos integrantes fueron cambiando con el tiempo, frecuentó un repertorio variado, que incluyó nuevos tangos del director, como “Adiós Nonino”, “Decarísimo”, “Calambre”, “Los poseídos”, “Introducción al ángel”, “Muerte del ángel”, “Revirado”, “Buenos Aires Hora cero” y “Fracanapa”, entre otros. Con la voz de Héctor De Rosas realizó notables versiones de “Milonga triste” y tangos como “Cafetín de Buenos Aires”, “Maquillaje”, “Nostalgias” y “Cuesta abajo”, entre otros. En 1963, retornó a un fugaz Nuevo Octeto, que no alcanzó el óptimo nivel del anterior pero le permitió incorporar nuevos timbres (flauta, percusión, voz). Entre las diversas realizaciones de esos años intensos, sobresalen dos acontecimientos de 1965. Uno es el concierto que con el Quinteto ofrece en el Philarmonic Hall of New York, dando a conocer la Serie del diablo y la completada Serie del ángel, además de “La mufa”. A su vez, graba en Buenos Aires una serie de excepcionales composiciones suyas sobre poemas y textos de Jorge Luis Borges (con su mitología de cuchilleros de arrabal), con el cantor Edmundo Rivero y el actor Luis Medina Castro. Ese mismo año dio a conocer “Verano porteño”, primero de los valiosísimos tangos que conformarán las Cuatro estaciones. Comienza luego su producción con el poeta Horacio Ferrer, con quien creó la operita María de Buenos Aires (que comprende el admirable “Fuga y misterio”) y una sucesión de tangos. En 1969 lanzaron “Balada para un loco” y “Chiquilín de Bachín”, que de pronto le proporcionaron a Piazzolla éxitos masivos, a los que no estaba habituado. Ese año los grabó por partida doble, con la cantante Amelita Baltar y con el cantor Roberto Goyeneche. En 1972, en otro gran momento de Piazzolla y tras haber registrado el año anterior el magnífico LP Concierto para Quinteto, formó Conjunto 9, con el que grabó Música contemporánea de la ciudad de Buenos Aires, como trascendiendo la discusión sobre la tanguidad. Los álbumes que realizó ese noneto incluyen los sobresalientes “Tristezas de un Doble A”, “Vardarito” y “Onda nueve”. Tras abandonar nuevamente la Argentina, Astor inició su fructífera etapa italiana, donde entre otras obras dio a conocer “Balada para mi muerte”, con la cantante Milva, “Libertango” y la conmovedora “Suite troileana”, que escribió en 1975 bajo el impacto que le causó la noticia de la muerte de Troilo. Tres años después compuso y grabó con orquesta una serie de obras dedicadas al campeonato mundial de fútbol, esa vez disputado en la Argentina, durante la sangrienta dictadura militar implantada en 1976, que manipuló políticamente ese torneo. Se trató de un deplorable paso en falso de Piazzolla. En 1979, de nuevo con su quinteto, presentó “Escualo”, entre otros temas. A lo largo de aquellos años y los siguientes, Astor unió su talento al de artistas de diversos orígenes, como George Moustaki (para quien compuso los bellísimos temas “Hacer esta canción” y “La memoria”), Gerry Mulligan y Gary Burton. Entre otras variadas performances, el disco recogió una apoteótica actuación del quinteto en 1987 en el Central Park de Nueva York. La última formación de Piazzolla fue un sexteto, que sumaba un segundo bandoneón al quinteto y reemplazaba el violín por el violoncello.

sábado, 2 de abril de 2016

" EL PIBE FIGARI"

Carlos Figari cuyo nombre completo era Carlos Alberto Figari es un pianista, compositor y director de orquesta de tango que nació en (Buenos Aires, Argentina el 3 de agosto de 1913 y falleció en la misma ciudad el 22 de octubre de 1994. nació en el porteño barrio de San Telmo. Desde niño tuvo inclinación por la música. Primero, estudió piano con una profesora de su barrio y luego, continuó en el conservatorio Troiani. Empezó desde muy joven a los 16 años y se lo apodo "el pibe figari" fue convocado por los hermanos Sureda para integrar su conjunto. Formaban parte del mismo, además de Antonio y Gerónimo Sureda, Oscar Valpreda y el cantor Alberto Tagle, quien luego sería vocalista de Enrique Mora y de la primera orquesta de Domingo Federico. En 1937, se disolvió el conjunto y se convirtió en la orquesta de Antonio Sureda, siendo puntal de la misma el joven Figari desde el piano, con sólo 20 años. Cuando se fue Tagle, en 1939, el nuevo cantor fue Juan Alessio, quien después, al irse con Rodolfo Biagi, cambiaría su nombre por el de Jorge Ortiz. En 1941, pasó a integrar la orquesta de José García: Los Zorros Grises. Un año más tarde, grabaron en el sello Odeon “Esta noche de luna” del propio García y Graciano Gómez, con versos de Héctor Marcó y la voz de Alfredo Rojas y el instrumental “Retirao” de Carlos Posadas, donde Figari ya insinuaba su estilo y temperamento musical. También, suplantaba en el piano a Marianito Mores, durante los períodos que este se alejaba circunstancialmente de Canaro. En marzo de 1944 se produjo un acontecimiento muy importante en el mundo del tango: la desvinculación de Francisco Fiorentino de la orquesta de Aníbal Troilo. Inmediatamente, el notable cantor fue requerido por Orlando Goñi. Pero poco duró el vínculo y Fiore decidió formar su propia orquesta ofreciendo la dirección de la misma a su amigo y ex compañero en la orquesta de Troilo, el violinista Hugo Baralis. Pero este cedió la conducción al joven Astor Piazzolla. Debutaron en Radio Belgrano y en la confitería Picadilly de la calle Corrientes 1524. Esta orquesta estaba integrada por Baralis, Cayetano Gianni, Bibiloni Lucero en violines, Roberto Di Filippo, Ángel Genta, Fernando Tell y Piazzolla en bandoneones, José Díaz en bajo y en el piano, Carlos Figari. Tres años después, el 4 de julio de 1947, se incorporó a Troilo en reemplazo de José Basso. Con sus jóvenes 30 años, el pianista demostraba un gran profesionalismo, adquirido en su paso por tantas orquestas de jerarquía como las de José García, Francisco Canaro y Astor Piazzolla. Durante 7 años tocó con “Pichuco” demostrando una técnica depurada. En esa etapa, registraron 96 temas, entre ellos, dos instrumentales de su autoría: “A la parrilla”, junio de 1949 y “Tecleando”, en 1952. Su calidad de pianista disimulaba las dificultades técnicas del sello TK. En esa época, Troilo le dio un gran apoyo a las primeras composiciones de Piazzolla, haciéndolas conocer a través de sus actuaciones y de sus discos. En enero de 1950 graba el tango “Para lucirse” y a partir de allí, estrena “Prepárense”, “Contratiempo”, “Triunfal”, “Contrabajendo”, “Lo que vendrá” y “Tanguango”. Todos estos temas, fueron arreglados por Astor y contaron con el importante aporte de Figari. Participó con la orquesta de Troilo en el cine y en el teatro: El tango vuelve a París, en 1948 y Mi noche triste, en 1952 y la obra de Cátulo Castillo El patio de la Morocha, en 1951. El 16 de abril de 1955 debutó con su propia orquesta y la voz de Enrique Dumas en Radio Splendid. Su primer bandoneón y arreglador era Armando Calderaro, (Pajarito). Recuerdo de aquella época sus actuaciones en la Confitería Montecarlo y su llegada al disco en el sello Music Hall, donde graba su tema “A la parrilla” y “Bien jaileife” de Vicente Demarco y letra de Silvio Marinucci, con la voz de Dumas, entre otros. Un año después, seguía actuando en Radio Splendid y fue convocado por el cantor Edmundo Rivero para que lo acompañara con su orquesta en seis grabaciones para el sello TK. También le encargó los arreglos. Ellas fueron: “El ciruja”, “Jamás me olvidarás”, “Por ella”, “Fugitiva”, “Escríbeme” y “Tessa”. Además, acompañó al cantor, en sus presentaciones por Radio El Mundo. En 1957, hizo una temporada en la confitería Adlon con su nuevo cantor, Héctor Omar y acompañó en la radio al recordado cantor brasileño, Carlos Lombardi, con quien luego haría una gira por las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro. Al regreso de la misma, incorporó al cantor Ricardo Argentino en reemplazo de Omar. A fines de los años 50 pasó a Radio del Pueblo, emisora que competía con las grandes, en la contratación de figuras del tango. Allí se presentaban Aníbal Troilo con Grela y el solista consagrado, Alberto Marino. Figari lo hacía con las voces de Enrique Dumas y de Aldo Fabre. En la década sigiente el tango cayó en una profunda depresión y Figari decidió achicar su orquesta. Forma un cuarteto y acompaña a Tania en el local Cambalache, de la calle Libertad 832, propiedad de la cantante. En 1961 formó rubro con Dumas y graban para el sello Disc-Jockey. Ambos continuaron en Radio del Pueblo, que gracias a sus directores artísticos y musicales, Antonio Maida y Miguel Nijensohn, resultó el último bastión tanguero en el éter. Participó también en la televisión, en el programa Esquina del tango, con su nuevo cantor Alberto Marcó. En 1966 se estrenó en el teatro San Martín, Sala Martín Coronado, la zarzuela criolla Juanita la popular, de Enrique Cadícamo. La dirección musical fue confiada a Figari. En la obra actuaban entre otros actores, Homero Cárpena, Juan Carlos Altavista y Elena Lucena. A fines de los 60, se convirtió en figura estable de El Viejo Almacén, propiedad de su amigo Edmundo Rivero y realizó, además, las maravillosas grabaciones con Tita Merello en el sello Odeon.

"UN BARÍTONO BIEN PORTEÑO"

Arrieta, Pedro Rosa Cantor y compositor (12 septiembre 1915 - 17 septiembre 1978) Era un barítono, con un estilo bien porteño, de personal fraseo, con un modo muy particular por el cual fue reclamado por varios directores de orquestas, sobre todo por aquellos que daban especial importancia a la musicalidad y al ritmo. Debutó a los 16 años con Juan Maglio (Pacho). Poco tiempo después, fue requerido por Carlos Di Sarli para suplir en su sexteto al cantor Antonio Rodríguez Lesende. Actuaron durante todo el año, en el café El Nacional y en el cabaret Casino Pigall. En 1933, actuó con Juan Canaro, luego de un paso fugaz por las agrupaciones de Anselmo Aieta y Alejandro Scarpino. Al año siguiente integró el cuarteto Los Magos del Tango, que actuaba en Radio Ultra y que estaba formado por el pianista Juan Polito, los bandoneones de Nicolás Pepe y Daniel Alvarez y el violín de Bernardo Sevilla (Tito). Después, vino su paso por la orquesta de Pedro Laurenz y, a partir del año 1939, su debut como solista en LR3 Radio Belgrano, donde actuó durante dos años para luego continuar en Radio Mitre. El cantor continuó creciendo y consolidando su estilo y fue requerido por el maestro Lucio Demare, para compartir los temas cantables de su orquesta con Juan Carlos Miranda. La primera grabación fue el 14 de abril de 1942: “Un tango guapo”, de Roberto del Pino y Oscar Roma, luego vinieron “Soy muchacho de la guardia”, de Agustín Irusta y Héctor Marcó y “Canción de rango (Pa' que se callen)” de Raúl Kaplún y José María Suñé. Al final de año, tanto Arrieta como Miranda se desvincularon de la orquesta y fueron reemplazados, por un grande, el incomparable Raúl Berón. Arrieta regresó como solista a Radio Belgrano y a diferentes locales nocturnos con gran éxito, pero su consagración definitiva se produjo cuando fue invitado a integrar la orquesta de Miguel Caló. Con ella hizo su primera grabación el 7 de agosto de 1945, el tango de Juan Polito y Luis Caruso “Quedó en venir a las nueve” y en el reverso del disco, la milonga “Cimarrón de ausencia”. La pareja de cantores la compartió con Raúl Iriarte, quizás el dúo más importante que tuvo la orquesta y de mayor trascendencia en el continente, lo que posibilitó a ambos la posterior prolongación de sus carreras en distintos países de América, a partir de la crisis del tango que devino en Buenos Aires en los años ‘60. En su paso por Miguel Caló, dejó registrados 26 temas como solista y 4 a dúo con Iriarte. Los más destacados: “Una tarde cualquiera”, para mí su mejor interpretación, “En secreto”, de Vicente Demarco y Alfredo Roldán y “A la gran muñeca”, una de las pocas versiones grabadas con letra. Arrieta se despidió del primer ciclo con Caló, grabando el 23 de septiembre de 1948, los tangos “Nunca más” y “Corazón de papel”. Ya desligado del conjunto, fue requerido para trabajar en Chile, donde se instaló y permaneció una larga temporada grabando con distintas formaciones. Luego realizó una gira por distintos países de Latinoamérica, regresando a la Argentina en 1954 y, junto a Alberto Podestá, se integró nuevamente a la orquesta de Caló. El 23 de junio grabó el tango de Rodolfo Sciammarella, “Boca Juniors”, dedicado al popular club de fútbol. Al año siguiente, participó con la orquesta dirigida por Leopoldo Federico en Radio Argentina, pasando luego a Belgrano y al Canal 7 de televisión, siendo acompañado por la orquesta dirigida por el excelente bandoneonista Alfredo Franco. En 1957 volvió a grabar con Caló. El 18 de junio registró “Cuanta angustia” y luego partió en una extensa gira con la orquesta de Juan Canaro por el Brasil y México. En 1959, formó parte de un espectáculo en Estados Unidos junto a Astor Piazzolla y los bailarines María Nieves y Juan Carlos Copes. Entusiasmado por el reconocimiento del público se radicó en Norteamérica y, desde allí, hizo giras a varios países del continente. De vuelta en Buenos Aires, en 1972, junto a Raúl Iriarte graban un disco larga duración, invitados por Miguel Caló, en el que interpreta “Tres esperanzas”, “Mis flores negras” y “Todos vuelven”, lamentablemente, serán las últimas grabaciones del maestro Caló, quien víctima de un síncope falleció al poco tiempo.

viernes, 1 de abril de 2016

"EL NEGRO GARDELIANO"

Jorge Vidal (Buenos Aires, Argentina, 12 de agosto de 1924 – id. 14 de septiembre de 2010 ) fue un cantor de tango argentino. Tuvo una dilatada carrera artística que incluyó su participación en varias películas. Cultivó un neto estilo gardeliano, no sólo por su fraseo, sino también por su figura, al punto que solía concurrir al Hipódromo de Palermo, vestido como acostumbraba Carlos Gardel. En 1945 salió sin permiso de la Escuela Naval para presentarse en un concurso de cantores en el teatro Smart y obtuvo el primer premio, lo que impulsa su vocación de vocalista tanguero. Es así que, ya con el nombre de Jorge Vidal, en 1946 debutó formando dúo con Luis Peralta en la confitería La Paz, ubicada frente a las barrancas de Belgrano. Tuvo un gran éxito ensombrecido por el homicidio esa misma noche del propietario del lugar por una puñalada asestada por un concurrente ebrio. Actuó más adelante en el Café Argentino, en el barrio de Chacarita, acompañado por el cuarteto de guitarras de Jaime Vila. Un salto en su carrera ocurre cuando lo escuchan los bandoneonistas de la orquesta de Osvaldo Pugliese, Osvaldo Ruggiero y Jorge Caldara, y lo recomiendan al director. Pugliese lo escucha y le propone incorporarse a su orquesta, con la que debuta en 1949 en el Racing Club de Avellaneda. En ese momento el otro cantor de la orquesta era Alberto Morán, pero nunca registraron un dúo. Con Pugliese aprendió muchas cosas, entre ellas a respetar el ritmo, y grabó ocho temas para el sello Odeon (entre ellos, "Puente Alsina") antes de desvincularse, a principio de 1951. Continuó su carrera como solista en la confitería La Armonía de la Avenida Corrientes, acompañado por las guitarras de los hermanos Remersaro, Rafael Moreno y Jaime Vila. Por otra parte, entre 1951 y 1955 grabó seis temas con la orquesta de Argentino Galván. Fue primera figura en los cabarets "Maipú Pigall" y "Casanova", donde realizaba el show central alternando con el también solista Ángel Vargas. Vidal también actuó en Radio Splendid y Radio Belgrano e hizo apariciones en televisión. Debutó en cine con el papel protagónico en 1956 en El tango en París, junto a Olinda Bozán, Enrique Serrano, Julia Sandoval y otros importantes artistas, con dirección de Arturo S. Mom. En teatro trabajó en Yo soy Juan Tango (1957) y la última comedia musical de Francisco Canaro Tangolandia, con Tito Lusiardo, María Ester Gamas, Alba Solís, Beba Bidart y Juan Carlos Copes. En 1958 viajó a los Estados Unidos y actuó en el famoso Show de Sullivan. Luego de un frustrado retorno a Argentina en 1965, volvió a Estados Unidos, donde trabajó en importantes escenarios como el Carnegie Hall, la Metropolitan Opera House, el hotel Sheraton y el Waldorf-Astoria de Nueva York, hasta 1969. En Estados Unidos hizo grabaciones entre 1966 y 1967 acompañado por músicos estadounidenses y en algunas ocasiones por la orquesta de Enrique Méndez. En España grabó «El día que me quieras» en 1970 acompañado por la orquesta de Waldo de los Ríos, versión editada dos años después por el sello Magenta en Argentina. En 1986 fundó la Asociación Argentina de Cantantes, de la que fue presidente. Entre las piezas que compuso se destacan «Cuando yo me vaya», «Palpitando el escolazo» y «Gripe liviana». La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires le otorgó la distinción de Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

sábado, 27 de febrero de 2016

" EL PARDO MORA"

Mora, Joaquín Mauricio Pianista, bandoneonista, director y compositor (22 septiembre 1905 - 2 agosto 1979) Desde los dieciocho años comienza a actuar en bailes y reuniones con músicos de intrascendente trayectoria y un año más tarde es el pianista del cuarteto de Graciano De Leone en el salón La Argentina, precisamente el lugar donde culminara sus estudios superiores. Así llegamos a un acontecimiento casual que resultara trascendente en la trayectoria de Joaquín Mora. Después de un ensayo en su casa, su amigo el bandoneonista José Fiotti dejó allí su instrumento. La curiosidad tentó a Mora para sacar unas notas y abordar un pasaje de la melodía de “La cabeza del italiano”, tango de moda de la época. Entusiasmado por haberlo logrado, compró un bandoneón a pagar en cuotas con el que venía un método de aprendizaje. En poco tiempo se convertiría en excelente bandoneonista. En tal carácter debuta en la orquesta de Antonio Bonavena, en 1928, y, por entonces, escribe su primer tango a medias con José Fiotti, titulado “Viejo barrio”. Forma parte luego de un trío con Eduardo Pereyra y Alcides Palavecino, trabajando en un café de Flores. El autor de “El africano” sería de enorme gravitación, afiliándose definitivamente en la tendencia romántica, en creación e interpretación del tango. En 1929, Joaquín Mora revista en las filas de Vicente Fiorentino con su violín, junto al pianista Plácido Simoni Alfaro y Francisco Fiorentino, bandoneonista a su lado. Trabaja intensamente y entonces Alberto Cima, que regresaba de Europa lo convoca para formar parte de su conjunto, presentándose en un café de Parque Patricios, ya en 1930. Esa pequeña orquesta la integraban su director y Joaquín Mora, bandoneones, Luis Minelli, piano y el violinista Luis Cuervo. Mora está presente en las grabaciones para el sello Columbia de la orquesta Bonavena y de la típica Columbia dirigida por Alberto Castellanos y con Bonavena realiza una exitosa temporada en Radio Prieto. Crea entonces algunos tangos de extraordinaria belleza: “Divina”, al que pusiera letra en 1934 Federico Saniez, “Nupcia”, “Leyenda” y “Mi estrella”. Nos recordaba Joaquín Mora, muchos años más tarde, que, a propósito de la estructura de “Mi estrella”, que es uno de sus grandes tangos, un amigo músico le decía por entonces: «¿Por qué no hacés tangos como los demás autores?». A fines de 1930, junto a Orestes Cúfaro, pianista que había sido compañero en la orquesta Bonavena, y el violinista Roberto Zerrillo, acompañaron a Azucena Maizani en su viaje a Europa, realizando sus presentaciones en España, Portugal y parte de Francia. Dentro de esa gira, encontrándose en la ciudad española de León, Mora compuso su tango “Yo soy aquel muchacho”, que complementaría años más tarde con el violinista Vicente Russo y los versos de Máximo Orsi. Joaquín Mora se incorpora a la orquesta de Irusta-Fugazot-Demare en España. Al retornar a Buenos Aires, casi a fines de 1933, pasa a trabajar en la orquesta de Vicente Russo en Radio Splendid. Allí, además de complementarse, “Yo soy aquel muchacho”, también en colaboración con el director de la orquesta da a conocer su tango “Ushuaia” y, en el carnaval de 1935, reforzando la orquesta de Miguel Caló en los bailes del teatro de la Opera, al terminar una actuación, comprobó que le habían robado su bandoneón. Esta imprevista circunstancia marca un nuevo rumbo artístico a sus actuaciones, volviendo definitivamente al piano, creando su gran estilo de interpretación. Desde el citado acontecimiento, Joaquín Mora forma su orquesta, actuando muy fugazmente y decidiendo formar un trío con dos cantores, al estilo de Irusta-Fugazot-Demare, convocando a esos efectos a Antonio Rodríguez Lesende y Héctor Morel (Héctor Cardinale). Morel-Lesende-Mora ha quedado en el recuerdo de los nostalgiosos como una expresión de originalidad y exquisita calidad. Paralelamente, entre 1936 y 1937, se dedicó al acompañamiento de cantores y cancionistas. En forma especial se destaca su presencia junto a Cayetano Puglisi y Ciriaco Ortiz en las presentaciones de Hugo Del Carril en Radio El Mundo y con dos cantores, Héctor Achával y Mario Podestá encabezó otro trío, con presencia ante micrófonos de la desaparecida Radio Ultra. Nos refiere el Dr. Luis A. Sierra dos acontecimientos que nos retrotraen en el tiempo, al año 1934. En una madrugada, junto al piano, en el apartamento de José Pascual, Mora sacó de su bolsillo un pequeño papelito conteniendo los versos que Julio Jorge Nelson le entregara en el café Los 36 Billares, de la calle Corrientes, los leyó y surgirían enseguida las notas de “Margarita Gauthier”, uno de sus mayores éxitos musicales. Y fue también por entonces que Alfonso Ortiz Tirado estrenara “Divina”, página romántica preferida desde siempre por todos los solistas de piano y bandoneón del tango y también de los cantores. Entendemos que se hace necesaria la mención de obras de Joaquín Mauricio Mora para dar una imagen, cuanto menos aproximada de la dimensión de un gran compositor: “Si volviera Jesús”, con versos de Dante A. Linyera (1935); “Esclavo”, “Cofrecito” (vals) y “En las sombras”, los dos primeros con José María Contursi (1936); “Como aquella princesa” (1937), “Frío” (1938) y “Más allá” (1939) todos con José María Contursi. Consignamos dos colaboraciones con autores uruguayos: “Canción de junio (Sol de invierno)”, versos de Ignacio Domínguez Riera y “Dos banderas (Himno del Río de la Plata)”, con letra del entonces periodista Onofre Mir, estrenado en el Círculo Oriental de Buenos Aires. En el año 1941, arregla un excelente conjunto típico que se presenta en Radio Belgrano, la orquesta de Ebe Bedrune, que procedía de la ciudad de Rosario y, un par de años más tarde, emprende una gira recorriendo toda América, con radicación más o menos estable en Medellín hasta 1959 y, finalmente, en Panamá. Allí interpretaría toda suerte de géneros musicales, desde el piano o desde el órgano. A fines de 1978, regresó a Buenos Aires, habían pasado 35 años. Le decía al diario La Prensa, el 8 de diciembre de 1978: «Me cansé de sentirme extranjero, se me hizo insoportable. Y he vuelto a casa». Ya estaba entonces gravemente enfermo y, por otra parte, sus amigos, casi todos ellos, ya no vivían, circunstancia que le provocó gran tristeza y un día, silenciosamente, como había llegado, retornó a Panamá. De allí nos enteramos, en un escueto cable, la noticia de su deceso, acaecido el 2 de agosto de 1979.

"DE LINIERS AL CENTRO...."

Reinaldo Yiso fue fiel a su barrio y nunca abandonó Liniers. Viajaba diariamente al centro de la ciudad, con el fin de atender sus intereses autorales, sin descuidar por ello sus otros compromisos laborales. Si bien comenzó a trabajar en el Frigorífico Lisandro de la Torre como obrero de planta, luego fue transferido a la parte administrativa, donde llegó a ocupar un alto cargo. Tiempo después, se desempeñó como director de Magenta Discos. En el año 1941 el maestro Ricardo Tanturi le estrena su primer título, “Por eso canto yo”; si bien es en 1943 cuando Reinaldo Yiso alcanza notoriedad con el tango “El sueño del pibe”, grabado ese año por Osvaldo Pugliese con la voz de su amigo y vecino, Roberto Chanel. La temática futbolera abordada en este tango, hace que su letra alcance gran difusión y popularidad. Es en “El sueño del pibe”, donde el autor rememora los propios momentos de felicidad e ilusión, vividos durante su juventud. Para ese entonces Yiso, además de escribir y trabajar, presentaba en los bailes a la orquesta de Osvaldo Pugliese, tarea por la cual recibía una remuneración de cinco pesos por cada noche de actuación. Fue precisamente durante esos años cuando una tarde, al cruzar la calle junto a Chanel y Morán, lo atropelló un auto, provocándole serias lesiones que lo mantuvieron postrado durante más de un mes. Escribió gran cantidad de tangos de carácter descriptivos, empleando versos sencillos, ya que nunca recurrió a la metáfora para adornar sus temas. La mayoría de sus letras plasmaron sentimientos propios o extraños, como así también algunas otras, reflejaron pasiones y controversias populares. Tal el caso de “Bolero”, tango que muestra el enfrentamiento que en ese momento mantenían dos géneros musicales, el tango y el bolero; en tanto en “Bailemos”, describe la angustia que siente una pareja frente al hecho irreversible de la separación. Todas las letras de Yiso encierran, verdaderas pinceladas de la vida. Además de los temas ya mencionados, sus tangos más difundidos fueron “Un infierno”, “Soñemos”, “Cuatro líneas para el cielo”, “Un regalo de reyes “, “El hipo” , “Cómo le digo a la vieja”, “Una carta para Italia”, “Un tango para mi vieja”, “La número cinco”, “El tango es una historia”, “Estas cosas de la vida”, “La mascota del barrio” , “Un tormento” , “El clavelito”, “Susanita” y un “Vals para mamá”. Este tema Yiso lo compuso una noche en que cuidaba a su madre, víctima de una afección circunstancial. En uno de sus versos el autor refleja cual era su estado emocional en ese momento, al decir que ese vals «Surgió una noche de esas que más pensaba en ella». Musicalizaron sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, el ya citado Enrique Alessio, Pascual Mamone, Santos Lipesker, Arturo Gallucci, Abel Aznar, Edgardo Donato, Roberto Chanel, Alberto Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, Juan Puey, Roberto Caló, Orestes Cúfaro, Ángel Cabral, Juan Pomati, Juan Manuel Mañueco y Erma Suárez. El 22 de mayo de 1943 se casa con Sara Rainer, con quien tuvo dos hijos: Marta y Ricardo, a los que Yiso nombra en su tango “Un regalo de reyes”. Según cuenta su esposa, el nombre con el cual fuera anotado en el Registro Civil su hijo varón, responde al deseo de la pareja de homenajear al maestro Ricardo Tanturi. Varias de las composiciones de Yiso fueron registradas a nombre de su mujer, tal el caso de “Bien bohemio”, tema que con música de Tití Rossi y Juan Pomati, fue grabado por la orquesta de Francisco Rotundo con la voz de Julio Sosa. ¿Quién no recuerda ese verso que dice: «Estoy en Pampa y la vía como viola en el empeño»? También, con el nombre de Sara Rainer, registró otros tangos, entre ellos: “Ruiseñor de Puente Alsina” y “Pifia”, y con el seudónimo de Rianco, firmó la letra de “No me esperes esta noche”, obra popularizada por la cancionista María Graña. A su vez, compuso diversos valses peruanos, entre otros, “He visto llorar a Dios”, “Errante vagabundo” y “Desagradecida”. Su aporte al tango quedó reflejado en la gran cantidad de composiciones que escribió, sin apartarse nunca de un particular estilo de poeta de barrio. Sus letras resumen emociones y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño.

sábado, 20 de febrero de 2016

"DE MANDRIA NO TENIA NADA"

Brancatti, Francisco Letrista, cantor, guitarrista, y compositor (2 julio 1890 - 4 junio 1980) Esta gran figura de la música popular nació en Montevideo. Se fue muy joven a Buenos Aires. Allí actuaría con los payadores Gabino Ezeiza y José Betinotti, al amparo de su facilidad para improvisar. Conoció en Montevideo a Juan Pedro López (famoso payador uruguayo), a quien insinuó el viaje a la Argentina luego de oírlo cantar, presentándose juntos en exitosas veladas. Se vincula Brancatti con León Lara —uruguayo, de Florida—, considerándolo con dotes admirables dominando ampliamente la guitarra, que le permitía dar conciertos de música clásica, matizando sus presentaciones en el canto criollo a dúo. Brancatti-Lara recorren todo el interior argentino y en 1916 son contratados en Tucumán (ciudad del norte argentino, donde se declaró la Independencia en 1816) para amenizar las fiestas del Centenario. Se presentan luego en Salto y Artigas (Uruguay), entrando al Brasil por Santa Ana, después Paraná, Santa Catalina, Río de Janeiro, San Pablo, Santos y gran parte de Mato Grosso. Los acompaña un éxito resonante, artístico y pecuniario. En esa larga actuación en Brasil, Brancatti traducía las letras al portugués, para que todos las entendieran. Siempre triunfando, viajan a Europa, actuando en España y Portugal. Al retornar a Buenos Aires, se integran al conjunto criollo Los de la Leyenda. Posteriormente el dúo Brancatti-Lara retorna brevemente a su patria, contratados por Glucksmann para su cadena de salas de cine y luego por la Compañía Oliver. El 2 de julio de 1918, actúa en La Comedia junto a la Compañía cómica de Cotorrita Ramos. Se registra también su presencia en una brillante temporada en el Teatro Royal de la calle Bartolomé Mitre. Después de más de ocho años de intenso trajinar en las giras, en vísperas de cumplir un compromiso en La Bolsa de Rosario (provincia de Santa Fe), Brancatti plantea a Lara la disolución del dúo, que éste acepta muy apenado. León Lara forma otro, en Rosario con Néstor Feria. Brancatti en tanto, vuelca su inquietud en los versos, donde ya perfilaba un inconfundible estilo, aunque esporádicamente también crea músicas. En 1924, le pone letra a “Tacuarembó” sobre música del bandoneonista Alberto Rodríguez, también uruguayo e integrante por entonces del excelente conjunto de Osvaldo Fresedo y con la colaboración de Juan Velich hacen su entrada triunfal al tango con “Amigazo”, tema antológico, música de Juan de Dios Filiberto que fue dado a conocer en el primer concurso del disco Nacional realizado en el Cine Grand Splendid por la orquesta de Roberto Firpo. Comparte también con Velich los versos de “Mandria”, en 1926, cuya música pertenece al pianista argentino Juan Carlos Rodríguez y se constituye también tema perdurable a partir de la incomparable versión de Rosita Quiroga. Se crea por entonces la Compañía de Comedias Victor, con el único fin de realizar grabaciones. Allí libreta y actúa Brancatti, con Herminia y Juan Velich, Rosita Quiroga y otros. Alguna vez también interviene Gerardo Matos Rodríguez. Nos ubicamos en 1928, cuando a instancias de Francisco Brancatti, insistiendo mucho, Libertad Lamarque registra la ranchera “Mate amargo”, con música de Carlos Bravo (que era un funcionario de la grabadora). La pieza se constituyó en un verdadero suceso, provocando una fabulosa venta del disco y que el género fuera moda por casi una década. “Mate amargo” también fue cantada por niños con una letra escolar. La voz de Brancatti es la que luce en los floreos de la famosa interpretación de Libertad Lamarque. En su inmensa mayoría, las letras de Brancatti para el tango fueron de corte campero, de enorme dramaticidad y gran sugestión, como por ejemplo “Justicia criolla”, “En la vieja pulpería”, “Contramarca”, “Echando mala”, luciéndose también con versos de carácter delicado y de ambiente ciudadano: “Alas caídas”, “Aquel Don Juan”, “Sangre bohemia”, “Canción del olvido”. En 1930, entonces para el sello Odeon, forma parte de la Compañía de Juan Velich, realizando comedias de distinto carácter, ciclo que finaliza en 1934. Dirige un conjunto criollo musical con el nombre de Los Chacareros, en 1944, donde además hacía diálogos con su esposa. Después, va espaciando su labor artística, conservando en cambio su deseo de creación de versos. Intercambiamos fraterna correspondencia con don Francisco Brancatti en nuestra época de funcionario público. Un gran compañero, familiar de Brancatti nos puso en contacto y, el 10 de noviembre de 1973, lo visitamos en su casa, en la localidad de Estanislao Zeballos de la Provincia de Buenos Aires, encuentro grato y muy emocionante para nosotros. Nos encontramos con una maravillosa persona, humilde en su grandeza e interesado por el destino de su patria. Cinco años atrás había llegado a sus manos la obra Con divisa blanca, de Javier de Viana. El libro le inspiró en forma tal que lo versificó. Viejo admirador del Partido Nacional, volcó allí su permanente inquietud poética. Figura patriarcal en los círculos criollos, respetado y querido por todos, se produjo su lamentable deceso el 4 de junio de 1980. Se iba una gran figura, casi en silencio, sin el homenaje que aún le debe la música popular.

"UN PROCER DEL TANGO"

Juan Carlos Aráoz de Lamadrid –quien abrevió el nombre, para no alardear de su honrosa ascendencia– nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 30 de octubre de 1910 y murió en la misma ciudad el 16 de agosto de 1965. Era sobrino nieto del famoso general de la independencia Gregorio Aráoz de Lamadrid (1795-1857). En su juventud se desempeñó como cantor y bailarín de tangos, además de boxeador. Pronto se inició en el periodismo, en la redacción del vespertino Crítica, fundado por el uruguayo Natalio Botana en 1913. También escribió en las revistas literarias de la época, entre ellas, Conjugación de Buenos Aires que co-dirigió con Edgar Bayley. Dejó dos libros de versos: Hombre sumado (1958; segunda edición, 1969) y Pequeña rosa lunfarda (1981). Su poesía –él lo dijo– congeniaba el formalismo técnico e idiomático y “la violencia desbordante del lunfardo, el argentino, el porteño y la neología invencionista”. Fue Lamadrid, como lo ha señalado José Gobello, un precursor de la tangología, disciplina que cultivaría sistemáticamente Luis Adolfo Sierra. Dos artículos memorables, publicados en el matutino porteño La Prensa (cuando éste ya había sido expropiado y entregado a la Confederación General del Trabajo), “Tango y Tanguismo” (7 de junio de 1953) y “El tango, sus poetas y sus cantores” (9 de agosto de 1953) invitan a considerarlo como tal. Él mismo fue letrista, el primero de Astor Piazzolla con quien colaboró en Fugitiva, Marrón azul, Mandrágora y Rosa-río. También lo hizo con otros músicos, tales como Juan Carlos Cobián (Ida y vuelta), Sebastián Piana (Milonga para el caudillo, Ensayo de Adolfo Alsina), Julio De Caro (Caín y Abel), Argentino Galván (Luna rota), Roberto Selles (Cenizas en el tiempo, El cebolla, El pistolero muerto) y otros muchos. En la Academia Porteña del Lunfardo ocupó el sillón que está puesto bajo la advocación de Carlos Gardel; y es oportuno señalar que como autor de tangos ha escrito letras como “Fugitiva”, considerada un verdadero hito en el historial de las letras tangueras. se contó entre los diez escritores que el 21 de diciembre de 1962 firmaron el acta fundacional de la Academia. Más tarde se excluyó de la institución, que lo designó Académico Emérito mediante la resolución del 6 de junio de 1992.

viernes, 19 de febrero de 2016

MARVIL

Martínez Vilas, Elizardo Letrista y compositor (24 noviembre 1902 - 8 mayo 1976) Lugar de nacimiento: Buenos Aires Argentina Su iniciación en la letrística tanguera comienza a mitad de la década del treinta y transcurre durante 20 años. Tempranamente, logró piezas muy difundidas: “La vida me engañó” y “Se lustra señor”, de la década del cuarenta, y “Cómo nos cambia la vida”, de la siguiente. Fueron muchos e importantes los músicos que colaboraron con él en la musicalización de sus versos: Atilio Bruni, Mario Demarco, Arturo Gallucci, Manuel Vidal, Oscar Herrero, Elías Randal, Manuel Sucher, Mariano Mores, José Dames, Antonio Rodio, entre otros. Además, con letra y música que le pertenece, el tango “Y sonó el despertador”, de logrados y graciosos versos. Un párrafo aparte merecen dos tangos, de los muchos que llegaron al disco: “Así se baila el tango”, inmortalizado por Alberto Castillo con su orquesta dirigida por Enrique Alessio, para el sello Victor en 1942 y “Se lustra señor”, interpretación monumental de Ángel Vargas y su orquesta dirigida por Eduardo Del Piano en 1947, que ya había registrado con gran éxito Castillo en el año anterior, conformando dos versiones que se sacan lustre. Particularmente, entiendo que no estamos en presencia de un poeta literario significativo, pero sí de un gran autor tanguero. Él supo interpretar la época que le tocó vivir, con humor y sensibilidad, retratando el paisaje de su juventud con típicas acuarelas llenas de ternura y con el sello de los años cuarenta. Valgan dos ejemplos como muestra: “Corbatita voladora” y “Buzón”, a los que habría que agregar los dos títulos mencionados en el párrafo anterior. Me lo dice el corazón, si me quiere que me quiera así mismo como soy... (“Corbatita voladora”) Buzón... siempre en la esquina mirando si pasa la misma de ayer. (“Buzón”) El vals “En un rincón de Hungría”, lleva música de César Ginzo y es una de sus primeras obras. Lo registró Francisco Canaro con la voz de Roberto Maida, en 1937 para el sello Odeon. Además, es autor de otros valses que fueron editados fonográficamente: “Amar y soñar”, musicalizado y registrado por Roberto Rufino, en 1953; “La perinola”, con música de Ángel Condercuri, con una versión de Miguel Caló y el dúo Roberto Mancini y Alfredo Dalton, en 1956 y “Has llegado”, de Edgardo Donato con la voz de Roberto Morel, en 1955. Del resto de su obra podemos destacar: “Abismo”, “Agravios”, “Alegría [b]”, “Amor amor”, “Astillas”, “Cabecita descocada”, “Carta para Renée”, “Cipriano”, “Color de rouge”, “Cómo pude hacerte mal”, “Corazón”, “Corazón cobarde”, “Descorazonado”, “Desconsuelo”, “Dilema”, “El mate amargo”, “Esta noche hay una fiesta”, “Gusto a vos”, “Heridas”, “Lluvia [b]”, “Me quema los labios”, “Mi linda chiquita”, “Muñeca mía”, “Oiga rubia”, “Porque no te tengo más”, “Soy un yo yo”, “Tan solo tú”, “Tengo que estar loco”, “Tu boca era un clavel”, “Un loco se escapó”, “Una flor de percal”. Fueron muchas las voces que interpretaron sus tangos. A los ya recordados Castillo y Vargas, podemos mencionar a Oscar Larroca, Alberto Morán (y su bella versión de “El mate amargo”), Roberto Rufino (que colaboró con la música de “Cómo nos cambia la vida”), Enrique Campos, Alberto Marino, Juan Carlos Godoy, Héctor Mauré, entre otros cantores consagrados.

domingo, 14 de febrero de 2016

"DON ENRIQUE"

Pianista, director y compositor (22 julio 1912 - 6 noviembre 2005) Lugar de nacimiento: Rosario (Santa Fe) Argentina. Desde muy joven actuó como solista en radios y en una de ellas, LT8 integró un trío estable durante varios años, lo acompañaban Luis Chera (bandoneonista) y Salvador Esquinazzi (violín). Posteriormente forma la orquesta Conti-Munné, junto al bandoneonista Julio Conti. Debutaron exitosamente en el cabaret Les Ambassadeurs. Alrededor de 1935 o 1936, realiza esporádicos viajes a Buenos Aires citado por Elvino Vardaro para formar una orquesta que debutaría en LR3 Radio Belgrano. Orquesta con dos pianos, el otro a cargo de José Pascual, también Jorge Argentino Fernández y Ángel Domínguez en bandoneones, Hugo Baralis en violín y arreglos de Mario Maurano. Fracaso. Los encargados de la emisora los vetaron rápido pues «es una orquesta que toca muy difícil». Este concepto para con Vardaro ha hecho que su estilo haya sido escuchado sólo en una grabación que no se comercializó: “Tigre viejo”. El único disco de pasta 78 rpm —de prueba— que se halla en poder del coleccionista Héctor Lucci, y numerosas copias que salieron del mismo son las que a veces podemos escuchar. En 1938, decide instalarse en Buenos Aires y como otros muchachos que vienen a probar suerte con la música recala en la Pensión La Alegría, aquella de la calle Salta 321. Y nace su amistad con Emilio Barbato. Fue una época de escasos trabajos y mucho estudio, especialmente sobre conciertos a dúo de pianos. Esto despertó el interés de LT8 y viajaron en varias oportunidades para dar conciertos de música clásica. Volviendo a la época de su residencia en la popular pensión, completó sus estudios superiores con el ilustre maestro Teodoro Fuch. En cuanto a su trabajo como músico integró numerosas orquestas, podemos citar Manuel Buzón, Antonio Rodio, la última etapa de Pedro Maffia —cuando en ella cantaba Alberto Gómez—, Mariano Mores, Martín Darré, etcétera. Luego fue contratado por LR1 Radio El Mundo para inaugurar su filial de ese tiempo, LS10 Radio Libertad. Allí permaneció nueve años acompañando a los intérpretes que en ella se presentaban. Algunos de sus componentes fueron: Federico Scorticati, Claudio González, A. Mancini, A. Leivinsohn, Rafael del Bagno, Rolando Cao, entre otros. Como compositor citaremos los siguientes títulos que llegaron al disco: “Corazón no le digas nadie” (letra de Luis Castiñeira) que grabó Osvaldo Fresedo con Oscar Serpa el 28 de diciembre de 1944 y Lucio Demare con Horacio Quintana el 24 de agosto de 1944; “Maleza” (letra de Cátulo Castillo), que grabó Osvaldo Pugliese con Alberto Morán el 28 de mayo de 1945 y Fresedo con Serpa el 6 de noviembre de ese mismo año; “Qué cosas tiene la vida” (letra de Roberto Lambertucci), que grabó Miguel Caló con Roberto Arrieta el 4 de abril de 1946; “La canción más triste” (letra de Roberto Lambertucci), grabada por Alberto Marino con su orquesta el 23 de mayo de 1947; Carlos Di Sarli con Alberto Podestá el 28 de mayo de ese año y, en 1952, nuevamente Di Sarli con Oscar Serpa; “Aquí en la tierra” (letra de Carlos Bahr) por Rodolfo Biagi con Hugo Duval el 9 de septiembre de 1958; “Amor mío” (con Carlos Bahr) también por Biagi con Duval el 12 de noviembre de 1958; “La pena de James Dean” (letra de Carlos Bahr) grabada por Jorge Caldara con Miguel Martino el 13 de noviembre de 1958.

martes, 9 de febrero de 2016

EL CANTOR NACIONAL MARAMBIO

Juan Carlos Marambio Catán, (Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, 30 de julio de 1895 – Mendoza, Argentina, 15 de febrero de 1973) Marambio Catán fue un cantor nacional formado con la experiencia y el carácter trashumante. En el Paraguay hizo sus primeras armas en el espectáculo junto al mencionado Nunziata; a esta incursión casi secreta le siguió otra no menos olvidada, ya en Argentina, cantando con Saúl Salinas durante algunos meses. Corría el año 1915; Marambio Catán se hacía llamar Carlos Núñez y de ahí que este conjunto se promocionara primero como Salinas-Núñez, cambiado luego por Salinas-Catán al parecer por sugerencia del payador Gabino Ezeiza. Ese mismo año los dos cantores, que habían recibido fuertes influencias de los dúos mexicanos que difundían en el país los discos Columbia Record (Rosales-Robinson, por ejemplo), se separan; Marambio Catán sigue un tiempo como solista. Viaja a Mendoza y se convierte en maestro de escuela; reaparece más tarde en San Juan, junto a Carlos Montbrun Ocampo, quien todavía lejos de su famoso conjunto De las Alegres Fiestas Gauchas lo convence para formar el dúo Marambrun, que no prosperó. Ya entrada la década del veinte puede hallárselo junto a otro cuyano, Alfredo Pelaia, con quien mantiene una relación fructífera (y que se registra en varios discos que van de 1924 a 1928); y muchos años después, ya con dos tercios de su carrera cumplida, llega a integrar un dúo con otro músico de la región: Hilario Cuadros, el director de Los Trovadores de Cuyo. Estas actividades hablan claramente de sus preferencias, que lo llevarían a fluctuar entre el tango y el folclore con igual afianzamiento. Fue un auténtico difusor del cancionero nativo de carácter cuyano-pampeano, según correspondía al modelo de aquella época en que la mayoría de los cantores alternaban la música ciudadana con la de tierra adentro. A la par de su vida como cantante, y muchas veces en feliz conjugación, Marambio Catán se desarrolló como actor de teatro pasando por las grandes compañías de entonces. Con ellas recorrió una parte significativa de América Latina, por lo general en cuadros de revistas musicales. Como ocurriera una década atrás en aquella gira junto a Salinas, la disolución llegó antes de lo esperado y Marambio Catán siguió solo, ascendiendo por la costa del Pacífico desde Perú hasta Colombia, emprendiendo desde allí el camino de regreso. Tiempo después, unido a orquestas de tango (Julio De Caro, Eduardo Bianco, Juan Cruz Mateo) para continuar luego como solista, visitó Europa y Egipto. De todas las inquietudes de Marambio Catán, es imposible obviar su contribución como autor. Por ella es recordado hoy, en un dictamen que no es injusto, pero sí apresurado cuando toda su fama en este sentido se apoya en el recuerdo de tres o cuatro obras. “Acquaforte”, con música de Horacio Pettorossi, su creación más conocida y que fuera un éxito en los repertorios de Gardel y Magaldi, nació en el Viejo Continente; agréguense las letras de varios tangos que son más frecuentes en versiones instrumentales, como “El monito”, “Buen amigo” o “El choclo (Marambio Catán)”, y el amplio resto corresponde a canciones que no tuvieron la difusión que quizá merecían. También dejó tangos, valses y otras composiciones que como autor le pertenecen por completo, tanto en música como en letra. Su labor discográfica no fue tan breve como podría sugerir su virtual olvido como intérprete, pero la falta de reediciones lo convirtió en un artista casi inaccesible más allá de determinados circuitos. Este hecho, sumado a una probable falta de aggiornamento, le quitó la proyección hacia planos más actuales, y de ahí que quedara circunscripto a una época pasada. El 26 de mayo de 1924 hizo sus primeras grabaciones para la compañía Victor, acompañado por la orquesta de Augusto Berto (los tangos “Perjura” y “Tengo celos”, disco Nº 77.387); al poco tiempo ya alternaba sus placas como solista —secundado por orquesta o por guitarras— con otras del dúo Pelaia-Catán. Más adelante formaría un dúo norteño con Andrés Chazarreta, dejando en marzo de 1931 para el mismo sello cuatro registros prácticamente desconocidos. Cerca de esta última fecha también pasó por Columbia, pero el título no llegó a publicarse y hoy se conoce gracias a la aparición de un disco de muestra (información suministrada por Fabio Cernuda). En 1932, grabó en España integrando el Trío Buenos Aires, que completaban Juan Cruz Mateo y Carlos Vega. Todo esto, más su trabajo en las radioemisoras porteñas, lleva a pensar que fue un artista en constante ocupación. Luego de una última tournée por provincias y países de América, (con el bandoneonista Carlos Marcucci y números de baile a cargo del Vasco Casimiro Aín), y tras intervenir como actor y cantante en una obra teatral de Samuel Eichelbaum, decidió retirarse. Sin estridencias, como había sido su carrera. Fue en 1943; la fecha puede parecer prematura, pero no extraña si se tiene en cuenta que para esa época la figura del cantor nacional había declinado. Marambio Catán tuvo para la historia de la música argentina algunos privilegios accidentales: como autor de una de las letras de “El choclo (Marambio Catán)”, tuvo constante presencia en las partituras, aunque pocos intentaran cantarla; le cupo en suerte estrenar el primer tango de Discépolo, titulado “Bizcochito” y rara vez exhumado desde aquel lejano 1924; fue protagonista de una extraña polémica entre los que intentaron discernir si era él u otro el intérprete de cierta propaganda de Geniol. Superando estos detalles, queda un artista digno de ser indagado, que va desde el poeta lo suficientemente descriptivo en “Acquaforte” hasta el cantor experimentado y solvente, según lo atestiguan crónicas y grabaciones. Falleció en Mendoza.

martes, 2 de febrero de 2016

"MAESTRO VIOLINISTA"

Violinista, director y arreglador (2 de abril de 1914 - 4 de febrero de 2002) Nombre completo: Víctor Hugo Baralis A los 14 años debutó en Radio Cultura y en la orquesta de Minotto Di Cicco, que actuaba en el legendario cabaret Armenonville. Luego de participar en distintos conjuntos acompañando a cancionistas y cantores, se integró a la orquesta nativa dirigida por el bandoneonista y compositor Rafael Rossi. Eran sus compañeros, los músicos: Elvino Vardaro, Vicente Spina, Ismael Gómez, José Galarza y la cancionista Herminia Velich. En 1933, se produjo un acontecimiento muy importante en el tango, el gran violinista Elvino Vardaro creaba su famoso sexteto, formado por los bandoneones de Aníbal Troilo y Jorge Argentino Fernández, el piano de José Pascual, Pedro Caracciolo en contrabajo y en los violines, el propio director y el joven Baralis. En 1935, la mayoría de sus integrantes se pasaron a la formación de Ángel D'Agostino: Pichuco, Baralis, Fernández y Caracciolo. El cantor era un muchachito: Alberto Echagüe. Dos años después, luego de un breve paso por la orquesta del bandoneonista César Ginzo, Baralis regresa con Vardaro. Al año siguiente, su amigo Troilo, quien ya había formado su propia orquesta, lo convocó a ella. Esta unión no sólo lo identificaba con la misma sensibilidad musical, también, con los códigos de vida y la bohemia tan especial de esa generación. La participación se extendería hasta el mes de agosto de 1943. El alejamiento fue producto de un enojo de Troilo con Orlando Goñi, motivado por la indisciplina laboral del pianista. Lamentablemente, la noche de la determinación del desahucio, también Baralis había faltado, por lo tanto, el director les mandó los telegramas de despido a los dos. No obstante esto, la amistad perduró hasta la muerte de Troilo. Después de este episodio, fue convocado por Juan Carlos Cobián a sumarse a su orquesta. Estuvo muy poco tiempo, porque su amigo Francisco Fiorentino, quien también se había desvinculado de Troilo, le ofreció la conducción de su orquesta, pero Hugo decide pasarle la batuta a Astor Piazzolla, quedando él como primer violín. Luego, esa agrupación se transformó en la primer orquesta de Astor, cuando Fiorentino decidió tomar otros caminos y se alejó de la misma. Baralis continuó allí, hasta 1951, salvo un breve paso con Francisco Rotundo. En ese año, se puso al frente de la dirección de la orquesta de Alberto Marino, debutando en discos Odeon, el 21 de mayo, con la grabación de los tangos: “Margot” y, en el reverso: “Domani”, de Cátulo Castillo y Carlos Viván. La relación Baralis - Marino duró un año, pero antes de disolverse, dejaron grabados cuatro temas más, entre ellos, el éxito más popular de Marino como solista, “Venganza”, una canción brasileña de Lupicínio Rodrigues, traducida al castellano por el escritor Augusto Roa Bastos. Los otros tres: “Mi vieja viola”, “Noche de luna” y “Viejo cochero”. En 1953, debutó en Radio Belgrano dirigiendo su propia orquesta. Al año siguiente, fue invitado por Juan Canaro a participar de su gira a Japón, junto a otros músicos de gran jerarquía, entre ellos: Arturo Penón, Emilio González, Alfredo Marcucci, Osvaldo Tarantino y los cantores María De La Fuente y Héctor Insúa, al regreso de ese viaje, compone el tango “Anone”, que en japonés quiere decir: escuchen. En 1955, fue músico fundador del histórico Octeto Buenos Aires, de Piazzolla, que lo completaban Enrique Francini, Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Horacio Malvicino, José Bragato y Juan Vasallo. Entre 1956 y 1957, fue el primer violín de la orquesta de José Basso y, entre 1960 y 1961, participó del cuarteto Estrellas de Buenos Aires, junto a Armando Cupo, Jorge Caldara y Quicho Díaz, reemplazado algunas veces, por Ángel Alegre y la voces de Marga Fontana y Héctor Ortiz.

lunes, 1 de febrero de 2016

"UN LITORALEÑO TANGUERO"

Osvaldo Sosa Cordero (1906-1986) fue una personalidad multifacética de Argentina, considerado como una de las máximas expresiones culturales de la Provincia de Corrientes y uno de los grandes precursores de la música folklórica argentina y en especial de la música litoraleña, aunque también compuso tangos, candombes y milongas. Fue músico, compositor, escritor, periodista, dramaturgo y dibujante. Escribió el libro Romancero Guaraní, donde se encuentra el conocido poema "Corrientes tienen payé". Autor de más de 250 canciones, su tema más famoso es "Anahí", que fue incluido en el repertorio a ser transmitido en las escuelas argentinas en 1943. Otras canciones conocidas de su autoría son "Alma guaraní", "Nendivei" ("contigo", en idioma guaraní), "Naranjerita", "Charol", etc. Integró el directorio de SADAIC, la Junta de Estudios Históricos de Santiago y la Academia Argentina de Idioma Guaraní, entre otras entidades. En 1985 recibió el Premio Konex reconociéndolo como una de los cinco poetas más importantes de la historia de la música folklórica argentina, junto a Atahualpa Yupanqui, Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana y Félix Luna. Nació el 6 de julio de 1906 en Concepción, cabecera del departamento Yaguareté Corá, en la provincia de Corrientes. De niño se radicó en la Ciudad de Buenos Aires. Entre las canciones de música litoraleña: "Anahí", "Alma guaraní", "Nendivei", "Naranjerita", "Camba Cuá", "Litoraleña", "La Chonga", "Yuyito ’e la Sierra", "El Encadenado", "El Caté", "El Milagro", "Juan Payé", "Correntina", "Boquita de miel", etc. Entre las canciones de música del Gran Buenos Aires (tangos, milongas y candombes): "De pura cepa", "Charol", "Mozambique", "Yumbambé", "Café"; "Pialando Leguas", "Yo llevo un Tango en el alma", "Santa Paula", "Ahí va el dulce", "Para Corrientes", "Vieja Canzoneta", "Para Corrientes", etc.

domingo, 17 de enero de 2016

SAMUEL CASTRIOTA

Samuel Castriota, fue un pianista, guitarrista, director de orquesta y compositor de tango argentino que nació en Buenos Aires, el 2 de noviembre de 1885 y murió en la misma ciudad el 8 de julio de 1932. Se le recuerda especialmente porque fue el autor de la música del tango Lita que sería luego ampliamente conocido y difundido como Mi noche triste, con letra de Pascual Contursi. Nació en la ciudad de Buenos Aires, y pasó su infancia en San Miguel, localidad cercana a la Capital, donde alternó su aprendizaje de peluquero con el de guitarrista orejero, disposición musical esta última que siguió cultivando en Buenos Aires, ciudad a la que volvió cuando tenía 16 años. Más adelante, y ya entreverado en pequeños conjuntos, accedió al piano, siempre intuitivamente. De pronto acertó la lotería. Con esa cantidad de dinero instaló un negocio de peluquería en la Capital y se alejó momentáneamente de la música. La retomó, ya como pianista y con algunos estudios, formando un trío con Vicente Loduca en bandoneón y Francisco Canaro en violín, que actuó algún tiempo por la zona de la Boca. Formó luego su propio conjunto, con el que estrenó “Lita”, por mediados de la década del 10. Y con ello se sacó la grande nuevamente. Contursi, al incorporarle los versos que transformarían a ese tango en “Mi noche triste”, lo puso en el camino de la notoriedad y de la nada desdeñable fuente de ingresos por concepto de derechos de autor. Siguió dirigiendo su orquesta o alternando como pianista en otras, y también componiendo. Pero sin llegar a los sucesos de aquel tango predestinado. Le pertenecen además estos títulos: “La yerra” (su primera obra, de 1913), “La cotorrita”, “El gorrión”, “Flor de cardo (A ella le gusta)”, “Como brilla”, “Como quiera”, “La mañanita”, “Campero”, “El gaucho [b]”, “El loco de los inventos”, “Nido de amor”, que con algunos otros constituyen su producción puramente instrumental del tiempo ése de “Mi noche triste (Lita)”. Posteriormente, intentó suerte con otras composiciones cantables que dio a conocer por intermedio del teatro y no consiguieron repercusión, todas compartidas con autores teatrales: “Dolor de ausencia”, con Carlos De Paoli; “El ciruja de Sorrento”, con Juan Andrés Caruso; “Patio olvidado”, con Carlos Cabral y “Chica moderna”, con Enrique Pedro Maroni, además de los otros ya nombrados con Pascual Contursi. También, arriesgó versificar dos tangos suyos, “Notas lejanas” y “Mi coronel”, con los cuales no pasó nada. Además, entre todas las obras compuestas, sin contar “Mi noche triste”, hay una que tuvo méritos y divulgación aceptables: se trata de “El arroyito”, que llevó versos de Celedonio Flores.