Angel Villoldo fue conocido en su tiempo como el padre del tango.
Es el gran transformador de los tanguillos españoles, los cuplés, las habaneras, convirtiendo esas músicas en un son del Río de la Plata.
Artista natural no esquivó ninguna actividad que le permitiera ganar dinero para vivir. Se comenta que fue tipógrafo, payaso de circo y cualquier otro menester que le requirieran.
También fue cuarteador en los barrios alejados del centro de la ciudad. Personaje de a caballo que esperaba al pie de las barrancas la llegada de un carro grande o de un tranvía para ayudarlo a subir la cuesta o salir del barro. Esto significaba enganchar el vehículo con una soga amarrada a su caballo y colaborar en el esfuerzo.
De pluma fácil escribió versos para comparsas carnavalescas y numerosos poemas y prosas para famosas revistas de la época: Caras y caretas, Fray Mocho y P.B.T.
En toda su obra está presente la picardía, y sus diálogos estaban pensados en boca del hombre común y siempre referidos a situaciones reales del inquilinato, del barrio y muchas veces a cuestiones amorosas que retrataban la forma de hablar y comportarse del estrato social bajo de nuestra sociedad.
Su chispa, su fácil verba, le sirvió para entreverarse con payadores y para brindar actuaciones poco académicas y algunas veces decididamente procaces.
Siempre acompañado de su guitarra, con armónica adosada, supo contar historias cantando, que enfervorizaban a la concurrencia de los cafetines y tugurios.
Para ganarse la vida hizo grabaciones particulares recitando versos del peor gusto.
En 1889, publicó una recopilación de cantos criollos, versos que le pertenecían y que eran para cantar con guitarra.
En 1916, publica otras canciones de hondo contenido patrio titulada Cantos Populares Argentinos, en conmemoración al centenario de la declaración de la Independencia.
Fue autor de un método moderno para aprender guitarra por cifra, denominado Método América, por ser editado por la antigua Casa América en 1917.
Junto con Alfredo Gobbi y su esposa, la chilena Flora Rodríguez –padres del director y violinista Alfredo Gobbi- marchó a Francia para realizar registros fonográficos contratados por Gath & Chaves, una de las grandes tiendas argentinas de la época. Esto provocó un gran impulso a nuestra música en Europa y muchos de esos discos también se distribuyeron en Buenos Aires.
Pero su sitio de preeminencia lo ocupa como compositor. Sirva como ejemplo de su obra los tangos "El porteñito", "El esquinazo", "La budinera", "Soy tremendo", "Cantar eterno", este último grabado en 1917 por el dúo Gardel-Razzano.
Todos estos temas tuvieron una gran aceptación en las orquestas locales que los incluyeron en su repertorio.
Pero el más importante fue sin duda "El choclo", por su melodía y su cadencia, que seguramente sería el tango emblemático de no haber existido La cumparsita. A tal punto que una anécdota lo corrobora con exactitud. Durante la primera guerra mundial, el periodista argentino Tito Livio Foppa se encontraba en el frente alemán y en un ágape oficial un músico tocó el piano para agasajarlo e intentó ejecutar el himno nacional, pero en realidad tocó El choclo que lo había confundido con nuestra música patria.
Otro tango fundamental es "La morocha", de letra sencilla y hecha de apuro para su compositor Enrique Saborido, que en 1906 tuvo la fortuna de embarcar sus partituras en la Fragata Sarmiento, buque de instrucción de los cadetes de la armada, y es considerado el primer tango que se difundió en Europa.
Este singular músico y poeta nos dejó una obra muy extensa entre las cuales se destacan "El torito", "Cuidado con los cincuenta", "Una fija", "Yunta brava", "El cachorrito", "Pineral", "El pimpollo", "Trigo Limpio (b)", "La Bicicleta".
" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia
domingo, 21 de junio de 2015
EL PADRE DEL TANGO
Angel Villoldo fue conocido en su tiempo como el padre del tango.
Es el gran transformador de los tanguillos españoles, los cuplés, las habaneras, convirtiendo esas músicas en un son del Río de la Plata.
Artista natural no esquivó ninguna actividad que le permitiera ganar dinero para vivir. Se comenta que fue tipógrafo, payaso de circo y cualquier otro menester que le requirieran.
También fue cuarteador en los barrios alejados del centro de la ciudad. Personaje de a caballo que esperaba al pie de las barrancas la llegada de un carro grande o de un tranvía para ayudarlo a subir la cuesta o salir del barro. Esto significaba enganchar el vehículo con una soga amarrada a su caballo y colaborar en el esfuerzo.
De pluma fácil escribió versos para comparsas carnavalescas y numerosos poemas y prosas para famosas revistas de la época: Caras y caretas, Fray Mocho y P.B.T.
En toda su obra está presente la picardía, y sus diálogos estaban pensados en boca del hombre común y siempre referidos a situaciones reales del inquilinato, del barrio y muchas veces a cuestiones amorosas que retrataban la forma de hablar y comportarse del estrato social bajo de nuestra sociedad.
Su chispa, su fácil verba, le sirvió para entreverarse con payadores y para brindar actuaciones poco académicas y algunas veces decididamente procaces.
Siempre acompañado de su guitarra, con armónica adosada, supo contar historias cantando, que enfervorizaban a la concurrencia de los cafetines y tugurios.
Para ganarse la vida hizo grabaciones particulares recitando versos del peor gusto.
En 1889, publicó una recopilación de cantos criollos, versos que le pertenecían y que eran para cantar con guitarra.
En 1916, publica otras canciones de hondo contenido patrio titulada Cantos Populares Argentinos, en conmemoración al centenario de la declaración de la Independencia.
Fue autor de un método moderno para aprender guitarra por cifra, denominado Método América, por ser editado por la antigua Casa América en 1917.
Junto con Alfredo Gobbi y su esposa, la chilena Flora Rodríguez –padres del director y violinista Alfredo Gobbi- marchó a Francia para realizar registros fonográficos contratados por Gath & Chaves, una de las grandes tiendas argentinas de la época. Esto provocó un gran impulso a nuestra música en Europa y muchos de esos discos también se distribuyeron en Buenos Aires.
Pero su sitio de preeminencia lo ocupa como compositor. Sirva como ejemplo de su obra los tangos "El porteñito", "El esquinazo", "La budinera", "Soy tremendo", "Cantar eterno", este último grabado en 1917 por el dúo Gardel-Razzano.
Todos estos temas tuvieron una gran aceptación en las orquestas locales que los incluyeron en su repertorio.
Pero el más importante fue sin duda "El choclo", por su melodía y su cadencia, que seguramente sería el tango emblemático de no haber existido La cumparsita. A tal punto que una anécdota lo corrobora con exactitud. Durante la primera guerra mundial, el periodista argentino Tito Livio Foppa se encontraba en el frente alemán y en un ágape oficial un músico tocó el piano para agasajarlo e intentó ejecutar el himno nacional, pero en realidad tocó El choclo que lo había confundido con nuestra música patria.
Otro tango fundamental es "La morocha", de letra sencilla y hecha de apuro para su compositor Enrique Saborido, que en 1906 tuvo la fortuna de embarcar sus partituras en la Fragata Sarmiento, buque de instrucción de los cadetes de la armada, y es considerado el primer tango que se difundió en Europa.
Este singular músico y poeta nos dejó una obra muy extensa entre las cuales se destacan "El torito", "Cuidado con los cincuenta", "Una fija", "Yunta brava", "El cachorrito", "Pineral", "El pimpollo", "Trigo Limpio (b)", "La Bicicleta".
domingo, 24 de mayo de 2015
"EL CARNIZA CANTOR"
De pibe le gustó cantar. A los nueve años aprendió el oficio de carnicero y con el tiempo tuvo puesto propio en un mercado de la esquina de Azara y Gualeguay.
Sus inquietudes artísticas se ven concretadas en lo inicios del año 1928, en forma un tanto casual. Así lo cuenta el propio cantor: «Un amigo mío, Miguel Colantone, que era vendedor de discos en la casa Max Glücksmann, me presentó a Roberto Firpo, que estaba seleccionando cantores. Fui y canté en su propia casa, le gusté y firmamos contrato. Debuté con su orquesta en el Teatro Casino, recuerdo haber cantado “Alma de bohemio” y “Ya no cantas chingolo (Chingolito)”».
La primera incursión en un estudio discográfico, para el sello Odeon, fue exactamente el 8 de febrero del mencionado año, ese día registró cuatro tangos: “Lamentos”, “Lechuza”, “¿Sos aquella mascarita?” y “Despedida”.
La orquesta de Firpo intervenía en los recordados concursos organizados por Max Glüsckmann en el Palace Theatre de la calle Corrientes, como los temas a aprender en poco tiempo superaban su capacidad, recurrió a un apuntador cada vez que debía hacerlo. Esta tarea la cumplió Miguel Bucino, buen bailarín y mejor amigo de tantos tangueros. Teófilo dijo en un reportaje: «Grabábamos tres veces por semana y la empresa nos pagaba 25 pesos por disco.»
Si bien él, alguna vez mencionó que con Firpo superó las 400 grabaciones, quienes estudiaron los registros de la casa grabadora contabilizaron aproximadamente 140 títulos, hasta el 21 de noviembre de 1929, fecha en que finaliza sus actuaciones con el maestro. “Tristezas”, “No es más que yo”, “Ahora no te quiero” fueron los últimos estribillos. Cuando dejó la orquesta de Firpo es reemplazado por Carlos Varela. Enseguida, intentó unas presentaciones a dúo con Néstor Feria pero muy pronto se separan.
Al tiempo, se incorporó al sello Victor para intervenir en las orquestas de la empresa, así desfila por la de Adolfo Carabelli, por la Orquesta Típica Porteña, por la Orquesta Victor Popular, por Los Provincianos, por la de Carlos Marcucci y también por la propia Orquesta Típica Victor.
A mediados del año 1931, se traslada al sello Brunswick para cumplir similar función, poner su voz en las formaciones de la casa que se lo requieran. Graba con Julio De Caro los valses “Sueño de juventud” y “Serenata de ayer”, los títulos más destacados. Con Edgardo Donato cerca de treinta temas, de ellos destaco la ranchera “Con tarjeta de cartón”, muy curiosa porque su letra está basada en un hermoso poema de Raúl González Tuñón. También lo hace con Ricardo Brignolo y más de 20 registros con Osvaldo Fresedo. También estuvo con la Rondalla Los Baturros y cuando el sello Brunswick desaparece, luego de un incendio, retorna a Victor.
Llegó su momento de cantor solista y como tal se presentó en diversos locales y en radio. En 1934, volvió a grabar con la orquesta de Carabelli y con la Típica Victor. En esta última, con la curiosidad de grabar, con letra de Andrés Baldesarri, el tango “Derecho viejo” de Arolas, al que Gabriel Clausi le creó otra letra en 1974 y fuera llevada al disco por Nelly Omar. De la primera, posiblemente la de Teófilo haya sido la única versión y sólo canta un fragmento. Esto ocurrió el 1° de junio de 1934.
Cuatro años mas tarde, el pianista Rodolfo Biagi se independizó de Juan D’Arienzo y formó su orquesta, su primer vocalista fue Teófilo Ibáñez. Actuó ocho meses entre 1938 y 1939, período en el cual nos legaron 8 recordados registros: los tangos “Gólgota” y “Alma de bohemio”, los valses “Viejo portón”, “La loca de amor” y “Lejos de ti” , la milonga “Campo afuera” y, por último, el tango “La novena”, de Miguel Bonano y Alfredo Bigeschi, donde al final, solamente recita una parte de la letra.
El total de sus grabaciones supera los 260 registros. Se alejó pronto del medio artístico, aunque siguió cantando en rueda de amigos y en diversas reuniones. Fue autor de algunos títulos, entre ellos: “El mundo está loco”, “Siempre soñar” y uno que sobresalió por encima de todos y que está en la galería de las obras clásicas de nuestra música popular, el vals “La vieja serenata”, con la justa letra de Sandalio Gómez. Aquellos versos que evocan los barrios de su tiempo y los castos amores juveniles declarados al pie de alguna ventana: «Mujer, mujer, no te olvides, de aquel que fue tu cantor.
domingo, 10 de mayo de 2015
UN CANTOR DE BARRIO
Durante su adolescencia, se hizo llamar Armando Barrié y bajo ese seudónimo formó un dúo con su amigo Carlos Fiorina. Ambos tocaban la guitarra y Armando era la voz principal. Se presentaban en reuniones barriales, familiares o simplemente de amigos. Solían ir con sus guitarras a fiestas de casamientos a pesar de no haber sido invitados y terminaban cantando y animando la reunión. Al final, se repartían la propina obtenida. Por esos tiempos, todo tipo de evento era válido para hacerse conocer y ganarse unos pesos.
De joven integró la orquesta de Francisquín, una formación quilmeña muy reconocida por aquel entonces en el barrio.
En 1934, Carlos Gardel cantó en el teatro Cristoforo Colombo de Quilmes. Armando, desde pequeño, ya era un gran admirador del Zorzal Criollo. No sólo tuvo el lujo de verlo cantar, sino que pudo conocerlo y saludarlo personalmente en la plaza que estaba frente al teatro. Le dio la mano y Gardel le firmó un autógrafo.
Era aún un adolescente cuando empezó a dar sus primeros pasos profesionales en los cabarets del barrio de La Boca, entre ellos, en el Charleston, ubicado en la calle Don Pedro de Mendoza y Necochea. Era un ambiente bastante pesado en comparación a otros cabarets de Buenos Aires. Por la cercanía con el puerto, estaba frecuentado por marineros y por oscuros personajes de la ribera.
Con el tiempo, fue progresando en la calidad de los escenarios, haciendo exitosas presentaciones en el famoso Café de los Angelitos. Tanto fue así que, en el año 1946, cuando Enrique Campos dejó la orquesta de Ricardo Tanturi, gente de confianza del director recomendó a Armando para hacer una prueba.
Interpretaba muy bien los tangos de Campos, pero terminó rechazando la oferta debido a que Tanturi quería que imitara al cantor uruguayo, sin darle la posibilidad de hacerlo con su estilo propio.
Es interesante destacar que no solo cantaba tangos, milongas y valses, también le gustaba mucho interpretar folklore. Por esos tiempos, a modo de solista, en su costado folklórico se hacía llamar Armando Duval.
En 1957, fue convocado por Fulvio Salamanca, quien había formado su propia orquesta, luego de estar 17 años junto a Juan D'Arienzo. Realizó la prueba interpretando “El Tigre Millán”, Fulvio se dio cuenta que ese tango no iba con su estilo, así que lo probó con otros temas y lo contrató. Desde ese momento, por iniciativa del director, el cantor pasó a llamarse Armando Guerrico, nombre que conservaría para siempre.
Se convirtió en el cantante emblemático de la orquesta y el que más discos grabó, dejando 20 exitosos registros. Sus primeros temas fueron “Mano cruel” y “Adiós corazón”, en 1957, hasta llegar a los cuatro últimos, en julio de 1961, “Quereme corazón” de Cayetano Ziccaro y Enrique Josis, “Dónde estás cariño”, “Y el último beso” y “La uruguaya y la porteña”.
En 1963, dejó la orquesta de Salamanca y continuó su carrera como solista, realizando trabajos con varias agrupaciones entre ellas, la de Oscar de la Fuente y la de Roberto Zanoni. Con Zanoni formó Los Cuatro para el Tango con Armando Guerrico. Realizaron giras y grabaron dos discos de larga duración.
En 1967, grabó con Oscar de la Fuente: “Bomboncito” y “No digas que no”, una guarania en tiempo de tango del director acompañante y Lorenzo Spanu, en el sello Doma. Y de los mismos autores, dos años más tarde, registraron “Melodía para una novia”, en el sello Forever.
En este mismo sello, llevó al disco una serie de rancheras acompañado por la orquesta de Daniel Lomuto. Lamentablemente, estas cintas se extraviaron y nunca salieron a la venta.
Nunca dejó de cantar folklore y, cuando podía, se presentaba a cantar en alguna fiesta o reunión. En el año 1970 realizó su última presentación profesional, interpretando música nativa en el escenario de Mi Refugio, a metros de Radio El Mundo. Para la sorpresa de muchos, lo hizo con el nombre artístico de Armando Duval.
Luego se retira definitivamente y muere a los 91 años.
jueves, 7 de mayo de 2015
UN POETA POPULAR
Enrique Dizeo nació en la ciudad de Buenos Aires, el 26 de julio de 1893, hijo de Francisco Dizeo y Francisca Bruno. ¿Estudios cursados?, los primarios y nada más. Luego la calle, permanente escenario de sus correrías de muchachito inquieto, transitando esos barrios de infancia que fueron, en diferentes momentos, San Cristóbal, Boedo o Parque de los Patricios.
Trabajó en distintos lugares, sin oficio, y siempre ocasionalmente. La bohemia, aunque sin desbordes, lo atrapó tempranamente, pero mantuvo ciertos códigos de conducta que lo apartaron de la pillería o el malandrinaje. Y así, desde muy jovencito, la calle, el verso y la tertulia nochera concluyeron por definir su personalidad.
Su inclinación por la poesía popular, a la que accedió más por instinto, sensibilidad y una natural y despierta inteligencia, tuvo sus primeras manifestaciones en un centro con veleidades artísticas: Los hermanos Fachabruta, conjunto carnavalesco donde dio a conocer sus primeros garabatos rimados. Y fue precisamente a través de ese conjunto que vio la luz su primer tango, el que alcanzó cierta notoriedad: “Romántico bulincito”, con música de Augusto Gentile. De ahí en más, salvo algún esporádico empleo, su pasión y su profesión fue el tango. También el mundo del turf —los burros— (los caballos pura sangre) sería el otro ámbito donde se desarrolló su vida.
Y así, como producto de esa mezcla de poeta y trovero de esquina, comenzó su producción autoral, a la que Gardel habría de darle, en la década del 20, difusíón y afirmación. Y alcanzó a dominar un lenguaje que tiene estrecha relación con el lunfardo, en donde también lo ciudadano se confunde con lo arrabalero en armónica aleación, para ofrecer pinturas y expresiones de auténtico carácter porteño.
Sin embargo, con estos favorables antecedentes, cuando un conjunto de intelectuales como José Gobello, Luis Soler Cañas, León Benarós y Nicolás Olivari a la cabeza, se autoconvocaron para crear la Academia Porteña del Lunfardo y lo invitaron para firmar el acta fundacional, Enrique Dizeo desestimó esa invitación y no concurrió a refrendar aquel importante documento. Suponemos que su falta de disciplina y cierto desorden en su vida privada fue lo que incidió para que tomara esa decisión.
Vivió y murió soltero, aunque se le conocieron algunas aventuras amorosas, ninguna de las cuales consiguió atarlo al matrimonio. Una de esas mujeres estuvo a punto de lograrlo. Fue una relación última, de casi veinte años, «pero se mancó en el final». Quedó empedernidamente célibe, pero en soledad. Sus últimos años los vivió en el barrio de Floresta, en la calle Candelaria 201.
Murió en Buenos Aires el 6 de mayo de 1980.
martes, 28 de abril de 2015
"EL FARO DEL TANGO"
Nació en Libertad, partido de Merlo (30 km al oeste de la ciudad de Buenos Aires. Su padre, español de Aragón, era empleado ferroviario y tocaba la guitarra y el bandoneón. Su seudónimo de faro se debe a su gran luz poética.
Trabaja desde muy joven con su padre, quien lo quería ver graduado de ingeniero químico. Recordaba el propio Aznar: «El viejo deseaba asegurarme el futuro y veía además, que yo tenía un porvenir en el ferrocarril. Y por eso, combatía a muerte mi afición por los versos. A pesar de eso pude estudiar violín entre mis 8 y 13 años. El colegio solo lo hice hasta sexto grado, pero aprendí muy bien el idioma inglés junto a mi madre que era irlandesa. Pero a mi me gustaba la noche, la poesía y escuchar a Pacho (Juan Maglio), que a veces venía por los pueblos con su orquesta».
Después de 1930 se vinculó al ambiente artístico y conoce al actor Federico Mansilla, que era director de Radio El Abuelito. Por su intermedio conoció a los cantantes Antonio Maida y a Nelly Omar.
En esa época compuso su primer tango “Igual te quiero”, al que también le puso la letra, y fue estrenado en la radio por Nelly Omar, el 28 de junio de 1936, cuatro días después de la muerte de su padre.
Reflexiona el autor: «...y no pude demostrarle al viejo que había emprendido algo serio en la vida, por mi propio camino. Y me tuve que hacer cargo de mi familia además.» Y continúa diciendo: «Entonces, aparte de mi trabajo en el ferrocarril, daba lecciones de inglés en mi casa todas las noches. El cantor Eduardo Farrel estaba entre mis discípulos. También ayudé a Eloy Rébora a traducir libros. Pero, por ese motivo, me fui desvinculando del medio que a mi me gustaba. Tuve que empezar de nuevo».
El pianista Armando Cupo le presentó a la cancionista Laurita Esquivel, al cantor Roberto Chanel y, al que más tarde fuera su colega, Reinaldo Yiso.
En esa época, Chanel empezaba con Pugliese, y en una ocasión le llevó un tema que habían hecho juntos. Cuando Pugliese leyó la letra le dijo al poeta: «Escribiendo así usted no va a ninguna parte». Aznar confiesa que le resultó muy duro, pero con el tiempo se lo agradeció. En esos tiempos el letrista escribía versos demasiado poéticas y muy alejados de lo popular.
Tiempo más tarde su amigo Reinaldo Yiso le trajo una música del bandoneonista Luciano Leocata, al que le puso letra. El tema en cuestión se tituló “Y volvemos a querernos”, que entusiasmó al cantor Jorge Casal hasta tal punto que se lo llevó al director Florindo Sassone y lo estrenan en el bar Armonía de la calle Corrientes y luego lo llevan al disco el 25 de enero de 1949).
La orquesta de Sassone también le grabó: “Y mientes todavía”, también con música de Leocata, con la voz de Raúl Lavalle.
Osvaldo Ruggiero, sobrino de Leocata y bandoneonista de Pugliese, se lo lleva al maestro quien lo graba con el cantor Alberto Moran el 31 de mayo de 1949). Y, a partir de ese momento, resulta un verdadero éxito. Ya Pugliese había gragbado, con la voz de Roberto Chanel, “La mascota del barrio”, que Aznar hizo en colaboración con Reinaldo Yiso.
La conjunción Aznar-Pugliese, continúa con varios temas más: “Y mientes todavía” con la voz de Alberto Moran el 26/7/1950; “Y todavía te quiero” con la voz de Jorge Maciel, el 21/6/56; “Y no le erré” con el cantor Ricardo Medina, el 24/7/1959; “Sueño malevo”, con la voz de Alfredo Belusi, en el año 1960; “Jamás lo vas a saber”, la voz de Jorge Maciel, en octubre de 1966.
Fue un autor profuso, que contó con la colaboración de músicos importantes, como el caso del ya mencionado Luciano Leocata y muchos otros. Carlos Di Sarli, con el que hizo “De qué podemos hablar”, con Cholo Hernández “Sonatina”, con Azucena Maizani “Y no somos nada”, con Manuel Sucher “Nuestra última partida” y “Te doy un beso y me voy”.
Otros títulos importantes de su obra son: “El último guapo”, “Qué tenés que hablar de mi”, “Y te parece todavía”, “Vos hacés lo que querés”, “El corsito del barrio”, “Azúcar, pimienta y sal”, “Anoche te soñé”, y muchos más.
En Cuadernos de Difusión del Tango Nº 33, Tito Giglio nos cuenta que Cholo Hernández vivió con Aznar en su casa de Merlo durante diez años, y hace una descripción del autor en la que le atribuye una personalidad muy sensible y con un ansia enorme de afecto, que al recibirlo retribuía con creces.
Nos dice también que era un hombre flaco, de físico y de bolsillo, que apenas comía, pero consumía con exceso café y cigarrillos. Poseía un accionar nervioso y era de andar rápido, luciendo siempre un peinado engominado.
Con Leocata escribía con las melodías ya compuestas.
En SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) figuran 233 obras suyas, pero sólo 88 fueron editadas y grabadas. Realizó traducciones para la editorial Julio Korn.
lunes, 27 de abril de 2015
"LA VIUDA DEL ZORZAL"
el cachador ambiente del tango lo conoció por La Viuda. De quién era obvio. Nelson convirtió en culto el recuerdo de Gardel. Él lo llamó El bronce que sonríe. Él aseguró que «cada día canta mejor», única frase hecha absolutamente veraz. Mientras algunos sospechaban que El Rusito quería vivir de la memoria de El Zorzal, otros sostenían que Gardel le debía en buena parte su perduración. De hecho, desde la muerte de Nelson, la voz de El Morocho del Abasto fue desapareciendo de las radios argentinas, salvo algún ocasional rebrote de aniversario. La mayoría del pueblo ni siquiera lo reconocería hoy si lo oyera, sobre todo al mejor Gardel, al de su etapa culminante entre 1926 y 1928. Así como no hubo otro Gardel, tampoco hubo otro Julio Jorge Nelson. Parodiado por todos los imitadores, fue un clásico de la radiofonía argentina.
Isaac, hijo de un zapatero, se crió en Villa Crespo. Su casa estaba en Triunvirato 225, dirección luego convertida en Corrientes 4943, frente al teatro Florencio Sánchez. Entreverado desde niño en el ambiente teatral y en el incipiente mundo de la radio, a los catorce años resolvió no estudiar más, decisión que le valió ser echado a la calle por el padre. Venido para el Centro, trabajó en la compañía de Angelina Pagano junto a Rosa Rosen, Marcos Zucker e Irma Córdoba. En los cafés vio que las orquestas no tenían quién le anunciase al público los temas. A falta de animador o glosista, alguno de los músicos anotaba con tiza el título en una pizarra. Esto le hizo imaginar que podría haber un lugar para su verba.
La vinculación de su destino con el de Gardel comenzó en 1933 cuando, por única vez, presentó como speaker una actuación del artista en el teatro Nacional. En 1934 Nelson empezó a emitir por radio Buenos Aires el programa Escuche esta Noche a Gardel, que intentaba mantener vivo el interés del público por un cantor ausente del país desde el año anterior. El 24 de junio de 1935, la noticia del accidente de Medellín sorprende a Nelson en el café Los 36 Billares, traída por Francisco Canaro y José Razzano. Poco después, por Radio Callao, inaugurada en enero de ese año, el locutor Carlos Enrique Cecchetti comenzó a difundir una audición totalmente consagrada al Morocho, que Julio Jorge pasó a conducir en 1936, bautizándola El Bronce que Sonríe. Ese programa se mudó en 1944 a Radio Mitre. Cada emisión diaria se iniciaba con esta portada: «A través del tiempo y la distancia perdura su nombre como el más auténtico símbolo de nuestro arte menor. Carlos Gardel, el bronce que sonríe». Nelson no olvidó el toque necrofílico, pertinente en la creación de cualquier mito, y tras la repatriación de los restos del Mudo, llegados desde Colombia el 5 de febrero de 1936, transmitió un programa desde la sepultura en Chacarita.
Otra audición diaria que le dio gran popularidad fue El Exito de Cada Orquesta, que creó en Radio Callao (emisora en la que además dirigió La Pandilla Corazón) para transferir luego a Mitre y finalmente a Rivadavia. Conociendo el valor de las fórmulas rituales, Nelson concluía cada programa con la misma despedida: «Hasta mañana, si Dios así lo permite». No era en absoluto religioso, pero aquello de prosternarse ante la voluntad del Supremo sonaba humilde y devocional. Uno y otro programa se mantuvieron empecinadamente en el aire, mucho después de que las emisoras empezasen a ralear sus espacios de tango.
En 1936, unió su vida a la de Margarita Ibarrola Isaurralde, cuando ella tenía 17 años, pero se separaron en 1945, dejando a su hijo de 7 años, Julio Carlos, (Cachito), con los abuelos paternos. El niño se colgó de su abuelo y ya no quiso soltarlo. Margarita emigró a Brasil, donde se casó con un alemán y tuvo con él dos hijos: Susana Carolina y Guillermo Federico Müller, pero volvió a separarse. Con el tiempo se perdió todo contacto con ella. Julio se casó en 1951 con Susana Carballo una cantante de tangos conocida como Susana Ocampo. Ese matrimonio no duró más que un año y medio. Se separaron entonces, pero sin formalizar el divorcio. Tras la muerte de Julio, Susana se presentó como heredera.
Julio iba todos los días a ver a sus padres, con los que vivía su hijo. Este fue al mismo colegio que él: el Francisco de Victoria, en Julián Álvarez 240. Cuando Cacho creció iba a verlo a Radio Mitre, en Arenales 1925, y hasta vivió un tiempo con él. Pero un día, a la edad de 14 años, se escapó de la casa de los abuelos, dejando una carta en la que les explicaba que se iba al sur. La verdad era que se marchaba hacia Guayaquil con dos amigos ecuatorianos. En Bolivia los detuvieron, pero consiguieron seguir viaje con un pasaporte colectivo. Llegados a destino, Cacho encontró empleo en el Club Barcelona. Tiempo después, oyó que llegaba de visita el Racing de Avellaneda, del que Julio era fanático. Empezó a merodear el Hotel Plaza, donde se hospedaban los racinguistas, hasta que logró entrar en el hall. En ese momento, el delantero Tucho Méndez, amigo de Julio y enterado de la desaparición del hijo, lo reconoció con enorme sorpresa. De inmediato telefoneó a Buenos Aires, y poco después, a través de un enlace con una radio de Guayaquil, Julio —que nunca le había demostrado afecto a su hijo— le pidió que volviera. Y Cacho volvió.
En 1972, cuatro años antes de morir, Julio fue a vivir con él, ya casado y con dos hijos, luego de haber sufrido dos infartos. Una mañana sonó el timbre de calle. Cuando Cacho abrió la puerta encontró ante sí una muchacha morena, de ojos negros, que simplemente le dijo: «Soy Susana. Soy tu hermana.» Julio murió el 6 de marzo de 1976. Pocas semanas antes había abandonado la casa de su hijo en Martínez para instalarse en el Hotel Wilton, cerca de donde entonces estaba la radio. Pero el 2 de marzo le sobrevino un nuevo infarto, del que ya no pudo recobrarse. Estaba internado en el Anchorena. Su última aventura fue escabullirse de su cuarto hasta el de Julián Centeya cuando supo que también lo habían internado.
Aunque como letrista firmó varios tangos de cierta difusión, su éxito absoluto fue “Margarita Gauthier”, con música del talentoso Joaquín Mora. La pieza, que evoca al personaje de La Dama de las Camelias, atrae por su mórbido romanticismo, aunque lo mejor que puede decirse de esos versos es que no estorban el disfrute de la refinada melodía. Este tango fue grabado por Alberto Gómez en 1935, pero realmente se impuso a partir de la versión de Miguel Caló con Raúl Berón, en 1942, a la que siguió la de Aníbal Troilo con Fiorentino, en 1943. Entre las diversas interpretaciones posteriores pueden destacarse la de Osmar Maderna con Pedro Dátila, en 1947, y, tras la muerte de Maderna, la puramente instrumental de la Orquesta Símbolo, dirigida por Aquiles Roggero, y las de Astor Piazzolla: con Roberto Yanés, en 1964 y en solo de bandoneón en 1971.
Nelson —protagonista demoníaco en Megafón, o la Guerra, la novela póstuma de Leopoldo Marechal— fue autor también de los tangos “Carriego”, “Óyeme, mamá”, “Qué será de ti”, “No debemos retornar”, “Nocturno de tango”, “La casa vacía”, “Escuchando tu voz”, “Al volverte a ver”, “Junto al piano”, “Cuento azul” y “Derrotao”, entre otros. No formó un binomio creador con ningún compositor en particular, firmando sus tangos con músicos tan diversos como el ya mencionado Mora, Armando Baliotti, Roberto Nievas Blanco, José García, Miguel Nijensohn y Marcos Larrosa, entre otros. Tuvo además dos incursiones en el cine, en las películas Historia de un Ídolo y Soy del Tiempo de Gardel, ese tiempo que él contribuyó como nadie a prolongar.
viernes, 24 de abril de 2015
EL CANTOR DE PAYSANDÚ
Nació en Paysandú, Uruguay, de padres españoles y casi enseguida su familia se radica en Buenos Aires, donde siempre vivió.
En los albores de la radiotelefonía argentina se desempeña con gran prestancia como speaker, como llamaban entonces a los locutores, comenzando por Radio Cultura. Luego pasa por las emisoras más importantes matizando su labor con el canto. También llegó a cantar en los coros del teatro Colón.
El tango “Angustia”, de Horacio Pettorossi señala el primer testimonio sonoro que lo vincula con el género, cuando el 10 de enero de 1927 canta en un disco algunas estrofas con la orquesta de Francisco Canaro.
Actuó con la orquesta Donato-Zerrillo en su debut en el Cine Select Lavalle y con Julio De Caro en las agrupaciones gigantes para los bailes de carnaval de 1929 y 1930.
En 1929, es primera figura en la empresa discográfica Brunswick, recientemente inaugurada, entre una selecta nómina de artistas contratados. Su labor en ella fue múltiple, formó dúos, cantó estribillos con todas las orquestas típicas del sello y con la jazz de Sam Liberman. Siguió vinculado a Brunswick hasta su cierre.
En esta etapa grabó con las orquestas de: Donato-Zerrillo, Edgardo Donato, Julio De Caro, Pedro Maffia, Ricardo Luis Brignolo, Orquesta Típica Brunswick y Osvaldo Fresedo. También lo hizo con Roberto Firpo (para Odeon), la de Adolfo Carabelli, la Típica Víctor y la Típica Los Provincianos (para Victor).
En marzo de 1931, viaja a Europa contratado por el maestro Julio De Caro. Participa en una gira por distintos países, primordialmente Francia e Italia, retornando a Buenos Aires al promediar el año.
En 1932, cumple una etapa como cantante lírico en la obra “Madame Lynch”, de Enrique Sussini, con argumento de Enrique García Velloso y el crítico Agustín Remón. Esta obra fue representada en el Teatro Odeón de Buenos Aires.
Al año siguiente, participa en la película Los Tres Berretines y canta el tango “Araca la cana”, acompañado por José María Rizzuti, Aníbal Troilo y Vicente Tagliacozzo.
Entusiasmado por el cine, en 1934 propicia la película Galería de Esperanzas, encomendándole su texto a Enrique Cadícamo. Interviene en ese aspecto posteriormente Carlos De la Púa, provocando el disgusto de Cadícamo que vio parcialmente desvirtuada su idea original, intentando retirarse, de lo cual fue disuadido.
En la obra canta el vals “Ríe” y los tangos “Pebeta goalkeaper” y “Luces de París”, todas con música de Cátulo Castillo y versos de Enrique Cadícamo.
Luego actúa en Poncho Blanco (1936) junto a Luisa Vehil, Benita Puertolas y dirigda por Cadícamo. Enseguida produce Virgencita de Pompeya, con Nelly Quell, Enrique Maroni y Silvio Spaventa. Película estrenada en Montevideo el 13 de octubre de 1936.
Matizaba el cine cantando por radio como solista. En 1935 en LR5 Radio Excelsior, en 1936 en una radio de efímera vida: LS3 Radio Ultra, con la orquesta típica de Eugenio Nóbile. En diciembre de 1936 lo contrata Radio Splendid.
En mayo de 1937, en oportunidad de representarse en el Teatro Argentino la obra Se Acabó lo Que se Daba, de Allende Iragorri, con dirección de Atilio Supparo, participa del elenco, acompañado por Margarita Sola y Roberto Páez. Finalizado este compromiso se desempeña como actor y cantor en Radio Porteña, en la obra de Héctor Pedro Blomberg y Carlos Viale Paz, Los Caminos de la Historia.
En noviembre de 1937, canta en Radio Belgrano y enseguida viaja a Montevideo debutando en Radio Carve, con acompañamiento de guitarras.
Al regresar a Buenos Aires se incorpora a la gran orquesta de Julio De Caro, registrando lucidísimas actuaciones en Radio El Mundo. En junio de 1938 viajan a Montevideo ofreciendo una única función en el Parque Hotel, junto a la Alabama Jazz de Eddie Kay.
La orquesta de Julio De Caro, con Luis Díaz, repetirá su visita a en febrero de 1939, presentándose en el Club Atlético Defensor Sporting.
El 17 de marzo de 1939, graba los últimos temas con maestro: el vals “Era mi vida” y el tango “Coraje”, para luego abandonar para siempre el canto y toda actividad artística, en la plenitud de sus condiciones.
Fue un buen letrista, los tangos “Tierra querida” y “Cote d'Azur”, el vals “Ilusión de pierrot” y la ranchera “Quedan tuitos invitaos”, todos con música de Julio De Caro; el tango “Yo quiero casarme” y la ranchera “Ya se ha marcao la hacienda”, con Edgardo Donato; los tangos “Narciso negro”, con Pascual Martínez y “El barrio murmura”, con Álvaro Sanjurjo Varela.
Como queda en evidencia, Luis Díaz fue un artista completo que el público tanguero debe ubicar entre las voces importantes y trascendentes al haber alternado además con figuras antológicas, que no le impidieron brillar con luz propia.
viernes, 17 de abril de 2015
EL MAESTRO PEDRO
Nacido en la Buenos Aires de comienzos de siglo, de vertiginoso crecimiento, vivió su infancia en el barrio de Villa Crespo, en el que convivían, en colorido contraste social, criollos compadritos y malevos con inmigrantes españoles, italianos, judíos, árabes y turcos, y donde surgieron célebres inquilinatos y conventillos , como el mítico de La Paloma.
Siendo niño aún estudió violín, pero ya con quince, radicado en Montevideo, se decidió por el bandoneón, a instancias de sus hermanos Félix y Eustaquio. Sus primeras actuaciones importantes las protagonizó con la hoy olvidada orquesta del pianista Luis Casanovas, donde de pie, a sus espaldas, tocaban dos violinistas que se harían célebres: Edgardo Donato (que compondría "A media luz") y Roberto Zerrillo. También actuó con la orquesta del bandoneonista Eduardo Arolas -para algunos el mayor compositor que dio el tango- en el cabaret Moulin Rouge.
Laurenz regresó en 1920 a Buenos Aires, donde pasaría a formar parte de la orquesta del pianista Roberto Goyeneche (pianista, homónimo del cantor apodado El Polaco), con quien actuó en la inauguración de Radio Cultura en diciembre de 1922. Fue la oportunidad para dar a conocer su primer tango, "El rebelde", luego olvidado.
Un paso trascendental en su carrera fue su ingreso en 1925 al sexteto del violinista Julio de Caro, que estaba revolucionando estilísticamente al tango. Al ocupar el sitio que dejó vacante Luis Petrucelli, Laurenz -conmovido y nervioso por el desafío- pasó a conformar la pareja de bandoneones con su ídolo, el adusto Pedro Maffia, de temperamento sereno, opuesto al suyo. Ese mismo año, el dúo Maffia-Laurenz -probablemente el más antológico en la historia del género- grabaría, independientemente del sexteto de De Caro, sus primeros dos discos en el sello Víctor, con los tangos "Julián", "Buen amigo" y "Sonsa", y el foxtrot "Titina". En 1926, Maffia abandonó el conjunto en medio de desavenencias, con lo que Laurenz tomó su puesto de primer bandoneón. A su lado, como segundo, se ubicó el cieguito Armando Blasco, tan miope como prodigioso ejecutante.
Tras aquella descollante etapa con De Caro, que quedó ampliamente documentada en el disco, Laurenz formó su propia orquesta en 1934, como intuyendo que el tango instrumental necesitaba un nuevo estilo. Llevó consigo a Blasco y confió inicialmente el piano al hoy venerado Osvaldo Pugliese, también decareano y renovador. En 1937 comenzó a grabar para Víctor, y su versión de "Arrabal", del pianista José Pascual, es considerada por algunos estudiosos como la bisagra de la naciente época de oro del tango, que alcanzaría su apogeo en los años '40.
Permaneció en el sello Víctor hasta 1943, grabando 15 discos de 78 revoluciones. Otros tantos registró para Odeón entre 1943 y 1947. Posteriormente grabaría en los sellos Pampa y Microfón. Aunque contó con cantores de calidad, como Juan Carlos Casas, Carlos Bermudes o Jorge Linares, ninguno -a excepción de Alberto Podestá- fue de gran popularidad, lo que restringió el suceso de la orquesta.
Laurenz formó parte a partir de 1960 del célebre Quinteto Real, integrado por grandes solistas, como Horacio Salgán (piano), Enrique Mario Francini (violín), Ubaldo De Lío (guitarra) y Rafael Ferro (contrabajo). Grabaron para los sellos Philips y Columbia, intentando inyectarle nueva vida al tango con una audaz renovación rítmica. El Quinteto Real existe en la actualidad, pero de su estelar formación original sólo quedan Salgán y De Lío.
Como compositor -uno de los sobresalientes en la historia del género-, su obra surgió entrelazada con la de Pedro Maffia y la de los hermanos Julio y Francisco De Caro, pero se remontó luego con vuelo propio. Entre sus mejores composiciones, convertidas en clásicos, pueden citarse los tangos "Mala junta" y "Orgullo criollo" (ambos en colaboración con Julio De Caro); "Amurado" (con Maffia); "Risa loca", "Berretín", "Milonga de mis amores", "La revancha", "Mal de amores" y "Esquinero". Compuso también la música de excelentes tangos con letra, como "De puro guapo", "Como dos extraños", "Es mejor perdonar" y "Vieja amiga".
miércoles, 15 de abril de 2015
EL CHOLO DE BUENOS AIRES
PASCUAL MAMONE 1921-2012. SEUDÓNIMO CHOLO
En 1936, con más voluntad que conocimiento, participó en la orquesta de José Otero, una formación menor que tocaba en los barrios. Pero, tres años más tarde, logra vincularse con su ídolo, Pedro Maffia, quien accede a enseñarle y a perfeccionarlo. Su notable crecimiento con el instrumento entusiasmó a su maestro quien, en 1942, lo invitó a integrar su orquesta.
Ya en 1944, y desvinculado de Maffia, comienza su carrera de arreglador destacándose sus trabajos para Pugliese, —desde 1949 y por durante quince años—; para Roberto Caló, donde también, en alguna oportunidad, formó la fila de bandoneones; para Alfredo Gobbi, José Basso, Enrique Francini y Pedro Laurenz, entre otros, en la década del ’50.
También actuó y orquestó en la orquesta de Florindo Sassone, a fines de los ’40 y, un poco después, en la de Joaquín Do Reyes, para sus actuaciones en Radio El Mundo y en escenarios del interior del país.
En 1954, se sumó a la orquesta de Alberto Morán, en su doble condición de primer bandoneón y arreglador, que estaba dirigida por el pianista Armando Cupo. Diez años después se repite la fórmula con Miguel Montero, pero son años difíciles para el tango, decide no tocar más, emprende otros empleos, pero sigue arreglando para importantes músicos como Atilio Stampone y Leopoldo Federico.
La declinación del género se hizo muy notoria a partir de 1960, por esa razón los músicos buscaron expresiones alternativas, algunas más culturales que comerciales, otras, todo lo contrario. Entre las primeras se destaca el Cuarteto de Cámara del Tango, una idea del violinista Leo Lipesker, quien encargó los arreglos a Mamone. El conjunto estaba integrado por: Lipesker y Hugo Baralis (violines), Mario Lalli (viola) y José Bragato (cello). Grabaron dos longplays, el primero para la empresa Odeon, en 1961 y el otro para Microfón, en 1965. Fue un válido intento de resistencia tanguera, aunque insuficiente para paliar la transculturación producida a favor de otros géneros.
Vuelto a la actividad como músico, en 1974, dirige nuevamente la orquesta de Montero y graban un disco longplay.
Fueron muchos los cantores que requirieron sus oficios, entre ellos recordamos a: Rodolfo Lesica, Juan Carlos Cobos, Reynaldo Martín, Ricardo Pereyra, Francisco Llanos y, entre las cancionistas a: Norma Ferrer, Choly Cordero, Silvana Gregori, Patricia Lasala y María Volonté.
Los últimos años del siglo veinte, lo encuentran en plena actividad, al frente de pequeñas formaciones, acompañando y grabando con distintos vocalistas, también como director de la Orquesta Municipal del Tango de la ciudad de San Martín, Provincia de Buenos Aires, contando con las voces de Choly Cordero y Luis Linares.
En su obra como compositor, sus éxitos mayores fueron, “Bailemos”, un bello tango con versos de Reynaldo Yiso, gran éxito de Alberto Morán en el disco y, con el mismo autor, la milonga “Cuando era mía mi vieja”, que Julio Sosa convirtiera en un verdadero suceso. Otros títulos interesantes: “Un regalo de Reyes”, con letra de Yiso, “Te quiero más”, con Abel Aznar, “Al latir de Buenos Aires”, con Norberto Rizzi, “Noche de duendes” y “Platea”, con Haidé Daibán y los instrumentales “Negroide”, “Con lirismo”, “Vislumbrando” y en colaboración con Roberto Caló, el tango “Flauteando”.
jueves, 2 de abril de 2015
"LA CÁLIDA VOZ DEL TANGO"
Nacido en la ciudad El Trébol, provincia de Santa Fe, se inicia en 1951 como cantor de tangos en Mar del Plata (ciudad balnearia de la provincia de Buenos Aires).
Su debut profesional se da en 1953, cuando se incorpora a la orquesta Francini-Pontier. Con ella hace sus primeras grabaciones, el 4 de noviembre de 1955: "Noche de locura" (de Manuel Sucher y Carlos Bahr) y "Perdoname" (de Héctor Stamponi y Cátulo Castillo).
Luego pasa a la orquesta de Alberto Mancione, con quien graba la milonga "Chuzas" (de René Ruiz y E. Uzal). Hace un breve paso en la orquesta de Ernesto "Tití" Rossi, y luego es convocado por el maestro Fulvio Salamanca, con quien registró éxitos como "Así se baila hoy" (de Marcos Vera y Enrique Cardenal), "Yo soy del tiempo aquel" (de Rafael Moreno y Antonio Cantó) y el vals peruano "Amarraditos" (de Pedro Pérez y Margarita Durán), entre otros.
Continúa con Héctor Varela y graba cuatro tangos: "Lilian" (de Héctor Varela y Luis Caruso), "Qué tenés que hablar de mí" (de Riel y Abel Aznar), "Esas cosas del corazón" (de Juan Carlos Howard y José María Contursi) y "Si me esperaras a mí" (de Don Filinto y Alfonso Cascini).
Después se incorpora a la orquesta de Miguel Caló con quien graba: "A mucha honra" (de Américo Pinella y Enrique Cardenal) y "Dos fracasos" (de Miguel Caló y Homero Expósito). Es de hacer notar que perteneciendo a esta agrupación, Luis Correa es solicitado por Fulvio Salamanca para grabar "Amarraditos", el 19 de diciembre de 1963.
Inicia su carrera como solista en Colombia y continúa por América recorriendo Chile, Brasil, Uruguay, Puerto Rico, Ecuador y Venezuela. A su regreso José Basso lo incorpora a su orquesta y con él hace ocho registros, dos de ellos a dúo con Juan Carlos Godoy, en 1968. Entre ellos se destacan: "El rosal" (de Gerardo Matos Rodríguez y Manuel Romero), con Juan Carlos Godoy, "Una piba como vos" (de Edgardo Truffa y Dante Gilardoni) y la milonga "Secuestro" (de Tom Haler y Enrique Cardenal).
Actúa también en teatro, en radio y en televisión y culmina realizando una exitosa gira por los Estados Unidos, actuando "Rincón Latino", de la ciudad de Miami, y también en las ciudades de New York y Los Ángeles.
Fallece el 23 de abril 1992 en la ciudad de Mar del Plata, dejándole a su hijo Martín Correa la vocación por el canto y, por sobre todas las cosas, su amor por el tango.
jueves, 26 de marzo de 2015
EL PIBE DE ZÁRATE
Nació en Zárate, pequeña ciudad portuaria sobre el río Paraná, 150 kilómetros al norte de Buenos Aires, en el seno de una familia de músicos y cantores, varios de los cuales ganarían fama. Se inició de niño formando dúo con su hermano mayor, José, quien también desarrolló una carrera en el tango, aunque de menor trascendencia. De timbre similar al de Raúl, no pocos oyentes inexpertos lo confunden con éste.
Berón hizo pie en Buenos Aires a través de la radio, actuando en varias emisoras como cantor solista con guitarras. Era la época en que la programación radial estaba cubierta con artistas en vivo durante toda la jornada, lo que daba a cientos de ellos la oportunidad -apenas si remunerada- de hacerse oír. La mayoría no trascendía, pero no fue el caso de Berón, incorporado en 1939 por Caló, bandoneonista cuyo conjunto contaba desde hacía dos años con un arreglador excepcional, el ya mencionado Argentino Galván, y que pronto renovaría sus filas con jóvenes músicos de talento, como el pianista Osmar Maderna o el violinista Enrique Mario Francini.
Berón debutó con Caló en el disco (sello Odeón) el 29 de abril de 1942, grabando un enorme éxito: "Al compás del corazón", tango muy peculiar de Domingo Federico y Homero Expósito. Al dorso, "El vals soñador". Entre los 28 temas que registró con esta orquesta sobresalen "Entre sueños", "Lejos de Buenos Aires", "Tristezas de la calle Corrientes", "Tú" y "Mi moro" (estos dos últimos en una etapa posterior, en 1949 y 1950, respectivamente), aunque no hay ninguna grabación desdeñable.
Dejó a Caló, a cuya formación volvería más de una vez, para integrarse a la orquesta del pianista e inspirado compositor Lucio Demare. Con este grabó versiones antológicas de tangos como "El pescante", "En un rincón", "Una emoción", "Qué solo estoy", "Y siempre igual" y el vals "No nos veremos más". Aunque este último pertenece a Demare, no fue Berón quien entonó en esa orquesta los tangos más célebres de su director, como "Malena" o "Mañana zarpa un barco". Pero sí cantó y grabó "Tal vez será su voz", con letra de Homero Manzi. Este tango se llamaba "Tal vez será mi alcohol", pero la censura, implantada tras el golpe militar del 4 de junio de 1943, no admitió la ebriedad del protagonista.
Otra etapa significativa -pero en cierto modo frustrada- en la trayectoria de Berón fue la de su vinculación con Francini-Pontier, el binomio formado por el violinista Francini y el bandoneonista Armando Pontier, surgidos de la orquesta de Caló y que, como el cantor, provenían de Zárate.
A ese nuevo conjunto le cupo inaugurar en 1945 el Tango Bar, café con palco orquestal que se convertiría en un templo del género. Berón grabó con esa agrupación, de muy avanzada concepción musical, entre 1946 y 1949 un total de 13 temas como solista, además de otros tres a dúo. Sin embargo, su repertorio fue relativamente pobre, marcando un vivo contraste con los temas que le fueron confiados a Roberto Rufino. Lo más interesante de la discografía de Berón con Francini-Pontier es "Y dicen que no te quiero", "Como tú", "Remolino" y "Uno y uno".
Sobrevino entonces la brillante incursión de Berón en la orquesta de Troilo, probablemente la más venerada del tango. Aquella conjunción produjo versiones admirables, como las de algunas viejas páginas, entre ellas "De vuelta al bulín" e "Ivette", u obras nuevas como "Discepolín", conmovedor homenaje en vida que Troilo y un moribundo Manzi le rindieron a Enrique Santos Discépolo, el genial letrista de "Yira, yira" y "Cambalache", que fallecería pocos meses más tarde.
Por esos años la voz del cantor, sometida a un empleo incesante por el abrumador éxito de Troilo, comenzaba a dar señales de fatiga. También conspiraron contra la calidad de sus registros las insatisfactorias condiciones técnicas del sello TK, en el que había pasado a grabar la orquesta.
Salvo un reencuentro en 1963 con Caló, Berón no volvió a incorporarse a ninguna orquesta. De toda esa etapa crepuscular pueden destacarse registros suyos de "Yo quería ser feliz" y "Por qué soy reo", con Galván como acompañante.
domingo, 22 de marzo de 2015
BIENVENIDO OTOÑO PORTEÑO
Comenzamos el otoño en nuestro país y es una de las estaciones del año más recurrentes en los paisajes poéticos reflejados por el tango
En el otoño, la melancolía se agiganta:
"El Otoño te trajo, mojando de agonía,
tu sombrerito pobre y el tapado marrón...
Eras como la calle de la Melancolía,
que llovía...llovía sobre mi corazón..!"
Así dice Catulo Castillo en los versos de María, tambien un viejo vals de José Rial titulado "Rosas de otoño" es uno de los éxitos de Carlos Gardel con Francisco Canaro y luego del mismo Canaro con la voz de Nelly Omar
Tu eres la vida, la vida dulce,
llena de encantos y lucidez;
tú me sostienes y me conduces
hacia la cumbre de tu altivez.
Tú eres constancia, yo soy paciencia;
tú eres ternura, yo soy piedad
Tú representas la independencia,
yo simbolizo la libertad.
Tú bien lo sabes que estoy enfermo
y en mi semblante claro se ve
que ya de noche casi no duermo,
no duermo nada ¿sabes por qué?
Porque yo sueño cómo te aprecio,
de que a mi lado te he de tener...
Son sueños malos, torpes y necios,
pero, mi vida, ¡qué voy a hacer!
Yo sufro mucho, me duele el alma
y es tan penosa mi situación
que muchas veces, por buscar calma,
llevo mis dedos al diapasón...
De tu desprecio nunca hagas gala
porque, si lo haces, ¡pobre de mí!...
Quereme siempre, no seas tan mala...
Vamos, ingrata, ¡no seas así!
El poeta Héctor Negro publicó en su libro “Cantaré hasta el fin” del año 2010, este poema: ENTRESUEÑO DE OTOÑO
Estrellísimas chispas de azotea
Merodean la noche con luz de ojos de gato,
Mientras baja por las húmedas paredes
-sigilosamente-
La niebla con pasos de araña.
Se apaga la luz de la última ventana despierta
Y un viento filoso arrastra hojas secas y amarillas
Que ensayan remolinos dorados
En algunos recodos donde se esconde el frío.
En la calle vagan sombras difusas que cruzan el otoño
Apurándose hacia no se sabe donde
Y focos fugaces horadan la neblina
Lustrando sus lomos con el aire húmedo.
Tan solo hay un calor que crece
En un beso furtivo que une dos cuerpos
En el hueco de un umbral
Y se advierte como un aura
Que se impone victoriosa
Sobre todos los intentos de los pozos de la noche,
Del silencio emboscado
Y del bostezo de la monótona pereza de una calle
Que se agobia con el cansancio de su gente.
En los años cincuenta el maestro Enrique Mario Franchini compuso su inolvidable "Tema otoñal" que grabó con un sentido solo de violín y unos años después Astor Piazzolla imaginó las cuatro estaciones porteñas.
UN BAILARIN MUY PICARO
"EL CACHAFAZ"
Su nombre real era Ovidio José Bianquet, aunque para algunos su nombre era Benito. Aquí entra a tallar don José Gobello y en un artículo da su opinión: «Ese fue un apodo que ganó de chico y por una confusión. Vivía en la calle La Rioja en el barrio de Balvanera sur cuando a la seccional de policía denunciaron que alguien había roto un vidrio de un negocio de una pedrada. Lo acusan y se llega hasta su casa, la madre, una cordobesa, no lo puede creer y ante el policía sólo atina a exclamar: «No puede ser si él es buenito, es buenito».
«La autoridad entendió Benito y así pasó el informe, Benito Bianquet». (Ver nota Los bailarines famosos..., donde hay otra opinión)
¿Y por qué El Cachafaz? Según Gobello, nuevamente, que de muchacho fue atropellador con las mujeres y supo propasarse algunas veces. Una de ellas se quejó ante su padre y dicen que exclamó furioso: «¡Mi hijo es un cachafaz!» Los muchachos del barrio o todos los que fueran hicieron el resto.
Había nacido el 14 de febrero de 1885 en la esquina de Boedo e Independencia, hoy barrio de Boedo.
En 1911 viajó a los Estados Unidos y de regreso en 1913 instaló una academia de baile.
Entre 1910 y 1929 tuvo de compañeras, en el amor y en el baile, a Emma Bóveda y Elsa O'Connor, más tarde destacada actriz dramática del teatro y del cine. Luego Isabel San Miguel y desde 1933 exclusivamente como compañera de danza a Carmencita Calderón.
En 1919 anduvo por París, dicen que para actuar en el mítico El Garrón, donde se hacía conocer el músico argentino Manuel Pizarro junto a sus hermanos, pero el modo de vida europeo y él no iban de acuerdo y por tal motivo regresó.
Dice Gobello que dio lecciones de baile muy bien pagas a gente de la alta sociedad y termina con una reflexión acertada: «Haya sido realmente el máximo bailarín de tangos o no lo haya sido, por tal se lo tendrá siempre».
Falleció al fin de una actuación en la ciudad de Mar del Plata el 7 de febrero de 1942.
Reportaje de la periodista Irene Amuchástegui a Carmen Calderón al cumplirse 55 años de la muerte de El Cachafaz. Diario Clarín, Buenos Aires, 7 de febrero de 1997.
«Tenía un don especial —cuenta Carmencita— elegancia y un compás único. Fue un gran creador de pasos, pero también tenía muchos «cortes» (figuras) en común con José Giambuzzi, El Tarila.
«Don Benito los hacía impecables, sin encorvarse y con una delicadeza que le quitaba lo soez al tango, al baile. Porque hay que decir que el tango, a veces, es un poquitín bastante asqueroso, hay cortes donde la mujer mete la pierna entre las piernas del hombre.
«Él lo hacía con prestancia. Era el mejor.
«Vestía saco negro y pantalón fantasía (a rayas negras y grises) para el tango con cortes y para el tango de salón vestía de smocking.
«No era buen mozo, era feo como noche oscura y esa cara picada de viruela, pero su forma de ser era suave y simpática. Ahora, cuando se enojaba temblaban todos.
«Nunca uso revólver, de un cachetazo los dejaba dormidos.
«Lo conocí en el Club Sin Rumbo (que aún existe). Fui con mis hermanas menores a quienes crié al morir mi madre.
«Estaba sentada y alguien me insistió para que bailara con un hombre que estaba allí. Supe que era El Tarila, acepté y al terminar la pieza me dijo: «¿Usted aceptaría ser mi compañera y la compañera de El Cachafaz?» Cuando escuché ese nombre me prendí como abrojo.
«Debuté con don Benito en el Cine-teatro San Fernando, tocaba la orquesta de Pedro Maffia, el mejor bandoneonista. Trabajamos mucho para las compañías de revistas de Francisco Canaro. También viajamos, pero allí El Cacha la pasaba mal, extrañaba mucho, porque él era de dormir todas las noches en la casa de la mamá. Además le gustaba llegar todas las tardes a la seis al café de Corrientes y Talcahuano donde ocupaba siempre la misma mesa y recibía a sus amigos, entre ellos Gardel.
«Bailamos la última noche, fue en un local llamado El Rancho Grande, en Mar del Plata. Terminamos de actuar y me fui a un cuarto con la patrona para escuchar por radio un partido de fútbol entre Argentina y Uruguay. De pronto se asomó y me dijo: «Carmencita, la espero después del partido para tomar medio whisky.» —siempre me trató de usted—. Al ratito entró una mujer a los gritos para decir que don Benito estaba tirado en el patio. Cuando lo vi tirado en el suelo pensé que era sólo una caída.
sábado, 14 de marzo de 2015
"LA BOCA YA TIENE DIENTES" CARLOS BAHR
Carlos Andrés Bahr nació en Buenos Aires, en la calle Almirante Brown, pleno barrio de La Boca, en inmediaciones de la vieja cancha de River Plate (club de fútbol). Fueron sus padres don Augusto Bahr (alemán oriundo de Hamburgo) y Colette Dierken (francesa). Antes de Carlos Andrés, habían nacido dos hermanos, Guillermo y Emma.
El padre, marino, era propietario de un barco ballenero, y cuando se desencadenó la primera guerra mundial, en 1914, partió para Europa con su nave para ponerse al servicio de su patria. La partida fue lo último que se supo del marino. Supuestamente habría llegado a Hamburgo, pero ahí se perdió todo rastro. Su nieto, Carlos Alberto Bahr, ha realizado innumerables gestiones a través de la Cancillería y otros organismos, pero sin resultado positivo. ¿Torpedearon el barco? ¿Fue aceptado en la Armada Alemana? ¿Qué fue lo que ocurrió con este hombre y su nave? Un misterio que quedó en la familia y al cual ésta sigue procurándole una respuesta.
Este suceso resintió la economía hogareña, y los Bahr se mudaron a Bernal (suburbio de la ciudad de Buenos Aires). Carlos concluyó los estudios primarios y luego fue ganado por la calle.
Desempeñó algunas ocupaciones ocasionales; incluso estuvo en la escuela de máquinas de la Marina de Guerra. Pero la bohemia, la lectura y la literatura lo atraparon temprano. Dejó la casa y se aventuró en la calle, viviendo como podía y en donde podía, sin domicilio fijo, escribiendo siempre. Periodismo, teatro, poesía especialmente, pero sin ningún resultado trascendente. Y así, desordenadamente, fue formándose.
Leía con voracidad todo cuanto llegaba a sus manos y logró, con tenacidad de autodidacta, alcanzar un importante nivel intelectual (por su cuenta logró dominar tres idiomas: alemán, francés e italiano). De esa época de bohemia y juventud es la siguiente quijotada: cuando comenzó la guerra civil española, decidió irse a España para luchar en favor de la República. Llegó hasta Montevideo (República Oriental del Uruguay), donde pensaba embarcarse, pero no logró pasar la revisación médica, pues le detectaron una afección pulmonar y fue enviado de vuela a su patria.
Después de este regreso es cuando comienza su firme orientación hacia la canción popular. Es a mediados de la década del 30, y al llegar el año 1940 se inscribe en la lista de los más destacados letristas del tango que jerarquizaron su literatura. Es también en ese tiempo que su vida comienza a ordenarse.
En Radio Porteña conoce a la cancionista Lina Ferro, vinculación que luego se extiende a un trato más asiduo en la Academia PAADI, de sus amigos Luis Rubistein y Fidel Pintos, donde Lina Ferro estudiaba. Al final, pese a la diferencia de edad —ella era bastante menor que él—, terminaron enamorándose. Se casaron en l942 y se fueron a vivir al barrio de Almagro, en Medrano y Corrientes; más tarde se establecieron definitivamente en Pringles y Corrientes. De ese matrimonio nacieron dos hijos Carlos Alberto e Inés Maria.
Y una inexplicable contradicción. Pese a haber sido Carlos Bahr autor de una enorme producción, con un alto porcentaje de gran difusión y popularidad, no obtuvo de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) nunca una retribución acorde con la importancia, en calidad y cantidad de esa obra. Para atender las necesidades de su familia tuvo que ayudarse siempre con otras actividades. Como también estuvo familiarizado con la entomología, fabricó y vendió personalmente cuadros con mariposas disecadas, comercializó porcelanas y otras cosas, en fin, permanentemente tuvo que ayudarse con ingenio, habilidad y perseverancia para vivir con decoro.
Posiblemente, el haberse ocupado con mejor disposición del destino de su trabajo, y acomodado un poco sus exigencias a la burocracia y a la política las cuales ha estado sometida siempre la gran institución recaudadora, le hubiesen reportado una mejor defensa por parte de ésta de sus intereses autorales. Pero este tipo de gestiones para Bahr —un hombre con estrictas normas de ética y de conducta— significaban, desde su óptica, una especie de renunciamiento a esos códigos. Y siguió produciendo y quedándose en casa.
Así fueron pasando los años, adaptado a la austeridad que le imponía una modesta jubilación y a las magras liquidaciones de SADAIC. Pero exteriorizando siempre la dignidad que caracterizó todos los actos de su vida.
Su vocación literaria, ya manifiesta cuando tanteaba otras disciplinas para las que no encontró el campo apropiado, lo fue arrimando paulatinamente hacia la canción popular. Con un bandoneonista de su barrio, Alfonso Gagliano, se inició con sus dos primeros títulos “Cartas viejas” (vals) y el tango “Algo bueno”. Esto ocurría por 1934 o 1935. Un año después, su vinculación con otro bandoneonista Roberto Garza (José García López), le hizo tomar más confianza y seguridad. Con él compuso su primer éxito, el tango “Fracaso”, que llevó al disco Mercedes Simone el 21 de abril de 1936 («Llevao por un ansia que quiere ser muerte/ castigo mis noches con vago ademán,/ y fallan mis manos que buscan perderte/ porque en cada impulso te vuelvo a encontrar»).
Este acercamiento a Roberto Garza —entonces integrante del conjunto que secundaba a Mercedes Simone— fue el peldaño donde pisó fuerte Bahr en sus primeros intentos. A “Fracaso” le siguió otro tango, “Maldición”, siempre en yunta con Garza, del cual La Negra Simone dejó un buen registro el 1 de septiembre de 1936. Hasta que en l938 Bahr obtuvo el primer premio en un concurso de milongas organizado por SADAIC, con una obra compuesta con el bandoneonista José Mastro (José Mastropietro), titulada “Milonga compadre”, que llevó al disco Pedro Laurenz, el 12 de mayo de 1938, con la voz de Juan Carlos Casas («Me largó un candombero,/ me agarró un mayoral,/ y entre blancos y negros/ aprendí a milonguear»).
Cuando arranca la famosa década del 40 comienzan también los títulos consagratorios de Carlos Bahr. Uno tal vez, en el pique de esa primera hornada, podría ser “Desconsuelo”, un tango con música de Héctor Artola, bandoneonista y director al cual estaría asociado en muchos éxitos (“Precio”, “Tango y copas”, “Gracias”, “Marcas”, etc.) Seguirá toda la década produciendo impactos a granel, conectado con los más importantes compositores y muy cerca de los músicos de las más importantes orquestas, junto a los cuales irá produciendo sus trabajos más trascendentes. De todas esas vinculaciones la más estrecha posiblemente haya sido la que mantuvo con el grupo de Miguel Caló, con cuyos integrantes alcanzó no pocos sucesos: “Mañana iré temprano”, “Pecado”, “El mismo dolor”, “Canción inolvidable” (Francini); “Cada día te extraño más”, “Corazón no le hagas caso”, “Cuando talla un bandoneón” (Pontier); “Caricias perdidas” (Stamponi); “Valsecito”, “Con la misma moneda” (Caló); “De vuelta”, “Estás conmigo”, “Como una de tantas” (Lázzari); “Sin comprender”, “Siempre”, “Quise ser un Dios” (Nijensohn); “Cosas del amor” (Domingo Federico).
De ese acercamiento a la orquesta de Miguel Caló —entre otros tantos éxitos que se dieron a conocer a través del conjunto y en ese tiempo—, quedó uno como modelo de lo que es un tango canción. Me estoy refiriendo a “Mañana iré temprano”, cuya música pertenece a Enrique Fancini. Esta hermosa melodía del entonces primer violín de la orquesta de Caló, tan sentida, tan pulcra, tan dolida podríamos decir, encontró el tratamiento literario en Carlos Bahr que su bellísima profundidad reclamaba. La sugerencia de esas notas era de tristeza y no podía recibir el aporte de una historia que no respirara el mismo clima. La obra, tan estupendamente concebida, llegó al disco el 10 de agosto de 1943, y contribuyeron a su exaltación otros dos factores. Primero, el admirable arreglo instrumental de Osmar Maderna, con amplio lucimiento de los tres instrumentos básicos de la orquesta de Caló: bandoneón (Armando Pontier), violín (Enrique Francini) y piano (Osmar Maderna). Y segundo, la magnífica interpretación vocal de Raúl Iriarte, que dio con el énfasis justo para expresar esa historia. Nada de desbordes dramáticos ni de acentuaciones lloronas, tentación a la que podrían haberlo inducido los versos. Sin embargo, la angustia y la aflicción del protagonista fueron expuestas únicamente por intermedio de la voz.
miércoles, 4 de marzo de 2015
PANCHO LAGUNA
Nombre real: Lomuto, Francisco Juan
Seudónimo/s: Pancho Laguna
Pianista, director y compositor.
(24 noviembre 1893 - 23 diciembre 1950)
Durante varios años trabajó en casas de música, tocando las piezas que requerían los clientes. Su primer tango fue bien recibido y esto lo alentó para componer otros, que rápidamente llegaron al disco: “El inquieto” y “La rezongona”, que fueron grabados en EE.UU para el sello Victor por el conjunto Ferrer-Filipotto. Poco más tarde los mismos músicos le registran “Río Bamba” y “El chacotón”. Francisco Canaro, en 1915, le graba “La rezongona” y “Dardánelos”. Roberto Firpo, en 1917, “La revoltosa”.
Pero el éxito le llegó con “Muñequita”, con letra de Adolfo Herscheld, que estrenó en 1918, en el teatro, la actriz María Luisa Notar. También fue la primera obra que le grabara Gardel. El tema en cuestión también lo grabó en Estados Unidos las Orquesta Típica Select.
Junto con su amigo Francisco Canaro fue promotor en la idea de constituir un organismo que protegiera los derechos autorales.
Cuando fallece su padre debe hacerse cargo de la manutención de la familia, y se dedicó a trabajar de lleno en la música.
La idea de formar una orquesta lo encontró con la suficiente autocrítica como para reconocer que necesitaba ponerse a punto. Para ello recurrió a su amigo Francisco Canaro. Este actuaba en el cabaret Royal Pigall y le solicitó un barato, lo que en la pintoresca jerga de los músicos significaba que se le permitiera tocar en la orquesta como práctica. Canaro accedió porque además de la amistad Lomuto tocaba bien, con buen ritmo.
Al poco tiempo se largó como solista de piano y también a dúo con su hermano Enrique que tocaba el armonio. Tuvieron actuaciones en la primitiva radiotelefonía, en este caso Radio Sudamericana, ubicada en el Pasaje Roverano de Avenida de Mayo 560, a metros de la Plaza de Mayo. Y en el año 1922 formó un dúo de pianos con Héctor Quesada, llegando por primera vez al disco con ocho temas.
Ese mismo año forma un conjunto para actuar en los cruceros de turismo que viajaban desde Brasil hasta el sur de nuestro país, Tierra del Fuego, en el buque Cap Polonio. El nombre de este barco fue título de un nuevo tango suyo.
En el sexteto actuaban músicos de la talla de Manuel Pizarro y Pedro Polito, ambos bandoneonistas y Agesilao Ferrazzano y Miguel Tanga en los violines.
Ya en 1923, forma su primera orquesta para actuar en tierra firme y llegar al disco. Sus músicos fueron: los bandoneonistas Vicente Romeo y Ángel Ramos, los violinistas Lorenzo Olivari y Esteban Rovati, Ángel Corleto en el contrabajo y su hermano Enrique al piano. Más tarde, ingresó Ricardo Luis Brignolo como primer bandoneón y tuvo una gran repercusión.
En las grabaciones colaboraban, a manera de refuerzo, Eduardo Armani en el violín, Minotto Di Cicco en el bandoneón y el pianista Alberto Castellanos.
Francisco Lomuto fue un músico muy responsable, que reconocía los límites de su técnica y por tal motivo, tempranamente, dejó de tocar el piano para dedicarse exclusivamente a la función de director de orquesta.
Actúa en los salones más cotizados de la época y, siguiendo como siempre los pasos de Canaro, suma a la naturaleza típica de su orquesta, el ritmo del jazz, denominando a su conjunto «típica y jazz band». A raíz de esto agrega nuevos músicos y nuevos instrumentos: el pistón, el saxofón, la trompeta, el clarinete, que pasaron a ser, al decir de los muchachos, la sección «cañerías».
En 1926, se incorporó el bandoneonista de 16 años Daniel Álvarez, conocido con el apodo de Sardina, por su contextura delgada. Este músico le dio gran personalidad y fuerza a la orquesta, permaneciendo con hasta 1933. En 1927, aparece un nuevo éxito, el tango “Cachadora”, con letra de Pancho Laguna, que no era otro que el propio Lomuto.
Con la aparición del cine sonoro las orquestas tangueras pierden un importante lugar de trabajo, algunas desaparecen, otras se incorporan a los palquitos de los numerosos cafés y otras como la de Lomuto, llegan a las salas de baile o escenarios teatrales. En esta época las orquestas aumentan el número de sus integrantes, por la mala acústica de los lugares donde actuaban. Así los ejemplos de Lomuto, y de las orquestas de Firpo y de Canaro.
Su orquesta tuvo una personalidad muy definida, un buen ritmo, estilísticamente ortodoxa, que no estuvo en la búsqueda creadora, sino más bien en lograr una adecuada propuesta bailable, de grata musicalidad. En otro orden de cosas, se destacó también por sus curiosos finales con la séptima disminuida a manera de rúbrica.
Por 1929, eran importantes los aportes de los músicos Luis Zinkes, Haroldo Ferrero y el ya mencionado Daniel Álvarez, en la línea de bandoneones. Entre los violines, además de Armando Gutiérrez y Carlos Taverna, se destacaba Leopoldo Schiffrin (El mujic), padre del compositor y arreglador de música cinematográfica Lalo Schiffrin. El piano estaba a cargo de Oscar Napolitano, el contrabajo era Alfredo Sciarreta, el clarinete Carmelo Águila, el pistón, el venezolano Natalio Nappe (pistón) y Desio Salvador Cilota su percusionista.
Es uno de los músicos preferidos de la sociedad argentina, sus orquestas deleitaron al público del Club Progreso, del Club Mar del Plata, del Trocadero, de la Escuela Naval, es decir, a lo más granado de la elite de nuestro país.
Siguiendo, como siempre, los pasos de su amigo Canaro, en 1932 comienza en el teatro con comedias musicales. La primera fue La Vuelta de Miss París, con la compañía de Pierina Dealessi. En la cual la actriz Iris Marga estrena su tango “Papanatas” (con letra de Antonio Botta) y el cantor Fernando Díaz, “Aunque perezca mentira” (con letra y música de Lomuto).
Más tarde, en el teatro Smart (hoy, Teatro Blanca Podestá) estrena La Gran Milanesa Nacional, después La Fiesta del Tango, donde actúan también las orquestas de Pedro Maffia y Edgardo Donato. En 1933, Descanso Dominical, donde se estrena “La canción del deporte” y el exitoso tango “Si soy así”, ambos temas de Lomuto y Antonio Botta.
En ese año, Martín Darré reemplaza a Daniel Álvarez como primer bandoneón y arreglador de la orquesta. Este cambio mejora sustancialmente la calidad musical de la formación, por las innovaciones que impone Darré. El 1 de agosto de 1936 se crea SADAIC y Lomuto es designado presidente del Comité Organizador.
El 19 de mayo de 1937, se estrena la película Melgarejo, con Florencio Parravicini y Mecha Ortiz, allí aparece con su orquesta y el cantor Jorge Omar que estrena “No cantes ese tango”, de Lomuto con letra de Rodolfo Blas Arrigorriaga.
En 1938, también actúa en La Rubia del Camino, de Manuel Romero, con los actores Paulina Singerman y Enrique Serrano. En esta oportunidad se estrenan “La canción del camino” y “Muchachita de campo”, ambos con letra de Manuel Romero. En 1947, realiza una gira por España y es su cantante Chola Luna.
Su última orquesta fue sin dudas la mejor, la más evolucionada y afiatada. La línea de bandoneones la integraban Federico Scorticati, Alfredo Cordisco, Manuel Álvarez y Domingo Greco. Los violines estaban a cargo de Carlos Taverna, Ernesto Gianni, José Carli y Otelo Gasparini. El pianista era Juan Carlos Howard, el contrabajo Alberto Celenza y sus cantores Alberto Rivera y Miguel Montero.
Francisco Lomuto grabó con su orquesta, entre 1922 y 1950, más de 950 temas. Fueron sus estribillistas más importantes Charlo —compartido con la orquesta de Francisco Canaro—, Fernando Díaz y Jorge Omar. También estuvieron el Príncipe Azul, Jorge Torres, Luis Cáceres, el dúo Alberto Acuña-René Díaz y los ya mencionados Alberto Rivera y Miguel Montero.
domingo, 1 de marzo de 2015
JOSÉ GARCÍA Y SUS ZORROS GRISES
Transcurría al año 1930, época en que diferentes emisoras porteñas trasladaron sus estudios a los teatros, ofreciendo espectáculos variados y atrayentes, pero marcaron el principio de la decadencia de los artistas del micrófono. José García que más que profesor era un amigo de sus alumnos, observó el éxito circunstancial de tales espectáculos y se dedicó a formar una orquesta típica integrada por animosos muchachos, que la convirtieron en un interesante matiz del espectáculo que se brindaba en el teatro San Martín de entonces.
En vísperas de debutar se concretó un detalle importante, el de la indumentaria de los componentes de la orquesta. En aquel tiempo se vendían unos trajes de franela gris a un precio tentador, pues no llegaban a los treinta pesos, y la orquesta se uniformó inmediatamente. El público recibió a ese núcleo de muchachos cordialmente y, como consecuencia del color de los trajes, los denominó «los grises». Aceptó García tal denominación pero, al poco tiempo, ya no le satisfizo y entonces se le ocurrió anteponer lo de «zorros». De allí nació el nombre de José García y sus Zorros Grises, utilizando el tango de Rafael Tuegols “Zorro gris” como presentación y cortina musical.
El primer conjunto de 1936 estaba constituido por la siguiente nómina de músicos: Juan Carlos Barbará (piano); Rodolfo Morán (contrabajo); Francisco Caamaño (pistón); Hipólito Morán, Juan Aprobat, Domingo Perego y Mario Lali (violines); Héctor González, Alfredo Ponce, Roberto Quiroga, Luis Mastorini y Alfredo González (bandoneones); Augusto Gothier y Nilda Wilson (cantores). Como director, José García, quien inicialmente ejecutaba el violín y posteriormente llevó la batuta solamente.
Fue ese un conjunto bien disciplinado, perfectamente afiatado que a fines de la década del '30, compitió con las mejores orquestas de la época en un momento en que todas ellas se fueron renovando como en el caso de Juan D'Arienzo, Miguel Caló, Osvaldo Fresedo, Francisco Canaro y cuando se iniciaban las orquestas de Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi, Carlos Di Sarli y Lucio Demare.
Perteneció la orquesta de los Zorros Grises a los conjuntos denominados rítmicos, con compás bien remarcado y con la particularidad de agregar al género netamente típico, otros alegres ritmos bailables no tradicionales como corridos, rumbas, boleros, marchas, etcétera, lo que le dio gran aceptación del público y gran popularidad.
En 1938 su pianista Juan Carlos Barbará dejó a los Zorros Grises y creó su famosa orquesta característica. Lo reemplazó Rodolfo Lozano.
Las principales actuaciones del conjunto se pudieron apreciar también en confiterías y bailes de Carnaval de los grandes clubes deportivos con gran suceso, manteniendo siempre su afiatado estilo. En radio se consagró en el llamado Palacio de Belgrano 1841 que ocupaban tres emisoras, y luego de debutar en Radio Porteña, fue contratado como artista exclusivo de Radio Belgrano.
En 1941, figuraba como cantor del conjunto Carlos Alberti, al año siguiente se incorporó Alfredo Rojas, que fue su cantor más popular y estable, cuyo verdadero nombre es Asdrúbal Sterla Webster, excelente y agradable voz de buena potencia y perfecta modulación.
El conjunto cambió varios de sus músicos en 1943 y la formación quedó así: Carlos Figari (piano); Rodolfo Morán (contrabajo); Elías Slom, Rodolfo Filoso, Carlos Deambroggio e Ítalo Morán (violines); Nicolás Castillo, Luis Masturini, Héctor González y Pablo García (bandoneones); Alfredo Rojas (cantor). Ese fue el momento de su máxima popularidad.
La orquesta llegó tardíamente al disco. Fue contratada por el sello Odeon y el 23 de enero de 1942 grabó el tango de Horacio Pettorossi “Fea”, que cantó Alfredo Rojas. Entre esa grabación y el 16 de abril de 1945, grabaron 40 temas de los cuales, 33 fueron cantados por el mencionado Rojas, 1 por Nilda Wilson, 2 a dúo por Rojas y Wilson y 4 fueron instrumentales.
Otros cantores que lo acompañaron en su última época —1945 a 1947— fueron: Luján Cardillo, Osvaldo Cordó y Alberto Santillán.
Como compositor, José García hizo 28 temas, destacándose los tangos: "No pudo ser”, “Nocturno de tango”, “Esta noche de luna”, “Si escucharas mis amores”, “Jesús de Nazareth” y “Desolación”; el vals “María Triniá” y un corrido que le reportó la mayor popularidad y beneficio económico titulado “El mentiroso”.
Director de una de las mejores orquestas típicas, en lo que respecta a su calidad artística, se retiró de la actividad en 1950 y, como otros tantos valores, fue y es injustamente olvidado.
miércoles, 11 de febrero de 2015
"EL MINGO MAIDA"
Roberto Maida
(nombre verdadero: Domingo Maida)
Llegó al país desde su Italia natal en 1909 y recaló con su familia en Buenos Aires, en el barrio de Balvanera, vecino del famoso "Mercado Spinetto". Con otros chicos cuidaban la famosa tropa de Cairolo, que se distinguía por sus tobianos y percherones todos con muy buenos arreos que tiraban de los carros y chatas, mientras los carreros comían en las fondas cercanas al mercado.
Roberto Maida, se inició artísticamente muy joven, en los fondos del restaurante "Damato", de Matheu y Victoria. Allí se reunía con los hijos del dueño y los muchachos de la barra, donde se armaban sesiones de tango y él era el cantor. Un día se presentó a comer un maestro de canto de apellido Ralbis, preguntó quién era ese cantor y quiso conocerlo. Le propuso si quería cantar en un cine, en los entreactos, acompañado de piano, violín y batería. El cantor incipiente dudaba, sus amigos lo animaron. Se puso los largos y debutó en el cine "2º Coliseo" de Bernardo de Irigoyen y Venezuela. Los dueños del cine, José y Antonio Galvano se entusiasmaron y colocaron una foto muy ampliada del pibe Maida en el hall.
El secretario de Clemente Lococo -importante empresario dueño de una cadena de salas de cine-, convenció a los dueños y se lo llevó al cine "Astral", donde debutó con un conjunto en el que figuraban Armando Baliotti, Miguel Caló y Raúl Kaplún. Compartían el espectáculo con un joven pianista de quince años: René Cóspito.
En 1925 debuta como cantor profesional en la orquesta de Miguel Caló. Tiempo después vendrá su aventura española con Cátulo Castillo junto a Miguel Caló, Alberto Cima, Ricardo, Carlos y Alfredo Malerba donde permanecen durante un largo período, actuando en numerosas ciudades. También graban varios discos para el sello Odeón. La gira terminó en 1930 y, ya en Buenos Aires, Bayón Herrera y Manuel Romero invitaron al cantor a formar parte en un cuadro de una obra, que iban a presentar en el teatro Sarmiento y le pidieron un tango para estrenar en esa producción.
Eligió el tango "Te odio" de Celedonio Flores y Francisco Pracánico y lo grabó con las guitarras de Iglesias, Besada y Arrieta. En ese año 1930, ya había grabado algunos temas con guitarras, y otros con Alberto Castellanos para el sello Columbia.
Al término de de la obra en el Sarmiento, les avisaron por pizarra que la compañía viajaba a España. El director musical era Cátulo y su padre José González Castillo, el presentador. Maida se mostraba remiso para ir pero al final aceptó. La empresa no tuvo buena fortuna y se disolvió.
Como Maida ya era conocido en España, lo contrataron para trabajar con la cancionista Celia Gámez, pero simultáneamente recibió una carta de los hermanos Malerba anticipándole que iban a trabajar a Portugal, junto a Bachicha Deambroggio, y contaban con él.
Instalados en Lisboa trabajaron exitosamente durante un mes y medio en el Maxim's, actuaciones que incluyeron los Carnavales de 1931.
Desdichadamente, enfermó gravemente Carlos Malerba y sus hermanos, junto a Maida, lo trasladaron a Bilbao donde falleció. En el entierro ocurrió un hecho curioso, los hermanos Malerba le pidieron a Maida que, como responso, cantara su tango "Aquellas locuras", el preferido del fallecido. Después de ese episodio se fue a París para actuar con la orquesta de Manuel Pizarro.
Roberto Maida se reencontró ahí con Carlos Gardel, a quien había conocido durante su actuación con Cátulo Castillo en Barcelona. Gardel ya estaba planeando viajar a Estados Unidos, donde iba a filmar y grabar. El Zorzal ocupaba un departamento vecino al de Maida, en la Rue Levi 27.
Gardel de tertulia con otros amigos solía reunirse en el Pigalle, una de las casas de Manuel Pizarro, y un día oyó cantar a Maida su tango "Aquellas cartas" -con música de Juan Ghirlanda. El Zorzal elogió la obra, preguntó de quién era y se la pidió para estrenarla y grabarla en Barcelona. Así ocurrió, lo grabó con piano y violín y después lo hizo con guitarras en Buenos Aires.
Mientras Maida trabajaba con Pizarro en París, ciudad en la que residió varios años, llegó Eduardo Bianco, de paso para Alemania y le pidió a Pizarro si podía contar con Maida y algunos músicos, para acompañarlo en sus actuaciones en Hamburgo. Concedido el permiso partieron con Bianco los bandoneonistas Héctor María Artola y Juan Pecci, el violinista francés Simón y en el contrabajo Mario Melfi.
En Hamburgo inauguraron el "UFO Palace" y también actuaron en el café-concert "Bocaccio" y lo anecdótico de ese lugar era que, entre los habitués y bailarines se destacaba un capitán argentino, ado a nuestra embajada en Berlín. Con los años ese capitán fue tres veces presidente de la Argentina, era el General Juan Perón.
También en esa ciudad, Maida se encontró con Francisco Fiorentino que llegaba de Suecia de paso para la Argentina. "Fiore" se quedó junto a Maida una veintena de días. De Hamburgo pasaron a actuar a las ciudades de Colonia, Munich y Berlín, siempre con gran suceso. Finalmente Maida volvió a París con Pizarro.
Por ese tiempo consiguen un contrato por siete meses para trabajar en Londres en el Savoy Hotel. Allí Maida volvió a encontrarse con el Príncipe de Gales, a quien había conocido en Biarritz y que era un fanático del tango. Nos refiere Maida que el inglés a veces tomaba un bandoneón de la orquesta y hacía unos acordes de "Buen amigo", que le gustaba mucho.
El Príncipe de Gales iba todos los jueves a bailar tangos y todos los presentes salían en masa a imitarlo, pero el resto de la semana apenas los dejaban tocar un solo tango y nadie lo bailaba. Maida y Pizarro no soportaron más y al poco tiempo volvieron a París. El resto se quedó en Londres pues la paga era muy buena. Maida y la orquesta de Pizarro hicieron giras por Bélgica, Holanda y España.
La actuación europea de Maida, terminó a mediados de 1933. Al regresar fue convocado por Samuel Yankelevich, quien lo contrató por un año para trabajar en Radio Belgrano, acompañado por las guitarras de Iglesias, Besada y Arrieta.
Cuando terminó el contrato, Yankelevich le sugirió a Maida que se uniera a Canaro, con quien ya había realizado, en 1930, una grabación de prueba del tango "Titiriteros" y el vals "A lo lejos", que fuera editada con mucho éxito.
La unión con Canaro se realizó en noviembre de 1934 y recién el 20 de marzo de 1935 volvieron a grabar: "Alma de bandoneón", "No hay que hacerse mala sangre", "Cambalache" y la ranchera "Viva el casorio".
El contrato fue acordado de palabra por el término de seis años, pero trabajaron cinco, porque el cantor se retira cuando Canaro contrató a Ernesto Famá y Francisco Amor. Un verdadero problema de celos profesional. Roberto Maida grabó con Canaro aproximadamente 200 temas.
En 1940 organizó su propia orquesta formada por: Héctor María Artola, Máximo Mori y Tití Rossi en bandoneones, Antonio Rodio, Cervo y el "pibe" Mario Núñez en violines, Cimarro en piano y Francisco De Lorenzo en contrabajo. Los arreglos y dirección eran de Argentino Galván. Debutó en Radio Belgrano y también actuaron en Radio Sarmiento y en la boite Ocean. Nos cuenta Maida que muchos músicos de ese tiempo iban a escucharlos.
En el año 1942 integra la orquesta de Antonio Sureda para actuar en Radio Belgrano.
Maida, recorrió varios países de América con gran éxito y además de "Aquellas cartas", fue autor de algunos temas más.
lunes, 9 de febrero de 2015
"TITO CALÓ"
Comenzó como cantor solista en 1933, en Radio Stentor, pasando luego por Radio Prieto y Radio París. En 1935 fue contratado por don Jaime Yankelevich para actuar, durante tres años, primero en Radio Porteña, luego en Mitre y por último en la más prestigiosa de la época, LR3 Radio Belgrano.
A fines de 1938, pasó a ser el cantor de la orquesta de su hermano Miguel -quien ya era una figura importante del tango- y donde estaba también su otro hermano Armando en el contrabajo. El 21 de diciembre de 1938 grabaron el tango “Dulce amargura” y el foxtrot “Luces del puerto”. Roberto entró en reemplazo del cantor Alberto Morel.
En 1941, junto a su hermano Juan, que era bandoneonista, formaron el rubro Juan y Roberto Caló, que se disuelve un año después. Fue en ese entonces que Roberto armó un conjunto para viajar a Estados Unidos y a diferentes países latinoamericanos. A su regreso, en 1945, abandonó definitivamente el canto para convertirse en director orquestal, debutando en LR4 Radio Splendid.
En abril de 1946, pasó a Radio Belgrano con el aporte cantable de dos figuras consagradas que se habían alejado de las orquestas de Ricardo Tanturi y Francisco Canaro, respectivamente: Enrique Campos y Carlos Roldán. Estuvieron por un corto período. En 1947 viajó de gira por el interior del país y por Uruguay con su nuevo cantor Hugo del Cerro.
En Buenos Aires actuó en el Dancing Empire de la calle Corrientes casi esquina Esmeralda. Los arreglos de la orquesta eran realizados por el excelente pianista Julio Medovoy.
A fines de 1948, se incorporaron los cantores Oscar Larroca y Roberto Ray y actúan en Radio Belgrano. Al poco tiempo Ray volvió con Osvaldo Fresedo. Al año siguiente la orquesta pasó a Radio Splendid con las voces de Larroca y Alberto Santillán.
En 1951, llegó por primera vez al disco, a través del sello Orfeo, con el tango “El metejón” cantado por Larroca y el instrumental “Selección de Aníbal Troilo”, con arreglos de Medovoy . Al poco tiempo este cantor se fue a la orquesta de Alfredo De Angelis, en el lugar dejado por Julio Martel y fue reemplazado por Carlos Rivera, quien registró el famoso tango “Zorro gris”.
En 1952, regresó por un breve lapso Carlos Roldán, dejando tres memorables registros: la milonga de Francisco Martino “Soy una fiera”, de los hermanos Velich “Cualquier cosa” y de Enrique Discépolo “Victoria”. A fin de ese año ingresó Alberto Santillán, ex cantor de la orquesta de Víctor D’Amario y graba “Nostalgias”, el tango “Después que te perdí”, del propio Caló y Horacio Sanguinetti y el vals “Manos adoradas”.
En 1953, la grabadora Orfeo invitó a la extraordinaria cancionista Azucena Maizani a volver al disco, luego de once años. La orquesta acompañante fue la de Roberto Caló.
Ese año se reincorporó Enrique Campos quien también grabó varios temas, entre los que destaco dos: “Con la otra” y “Canzoneta”. Actuaron en Radio Splendid, en la confitería El Marzotto, y en los carnavales del salón Les Ambassadeurs, de la avenida Figueroa Alcorta.
En 1956, se produjo un hecho importante, el ingreso de Roberto Rufino, quien reaparecía después de un prolongado descanso. Inmediatamente los contrató para grabar la RCA Victor y así surgió un disco con los tangos “Ladrillo” de Juan de Dios Filiberto y Juan Caruso y en el reverso,el que sería suceso durante todo ese año y el siguiente: “Soñemos” de Roberto Caló y Reynaldo Yiso. El éxito les abrió las puertas de Radio El Mundo y de dos de los más importantes cabarets de la época: el Marabú de la calle Maipú y el Chanteclair de Paraná y Corrientes. Pero el espíritu inestable de Rufino obligó a la disolución del rubro.
Por ese motivo y por las exigencias laborales, en especial los bailes de carnaval de 1957, se apuró en incorporar a los cantores Héctor De Rosas y Rodolfo Galé. Poco después sumó a Tito Reyes, la tercera voz de la orquesta.
En esa época, la orquesta de Roberto era más requerida que la de su hermano Miguel y actuaba con mucho éxito en la confitería Richmond de la calle Esmeralda. Entre las grabaciones de este período están los dúos de Galé y De Rosas: “Si vos no me querés” “Limosna de amor” y “Luna Tucumana”. También los primeros discos de Tito Reyes: “Frente a un espejo”, “Nápoles de mi amor” y “Tango argentino”
A fines de 1957, acompañó la reaparición de Aída Denis para el sello RCA-Victor. En diciembre se desvinculó el pianista Osvaldo Berlingieri para ir con Troilo, ocupando su lugar el notable pianista y arreglador Osvaldo Tarantino. A mediados de 1958, se retiró Galé.
Eran momentos difíciles para el tango por la falta de trabajo. La Nueva Ola invadía radios y estudios de grabación y entonces Caló decidió disolver la orquesta. La mayoría de sus músicos junto al cantor Tito Reyes pasaron a la orquesta de su hermano Miguel y Roberto empezó a dedicarse a la producción de espectáculos.
Como actor participó en las películas Giacomo, Valle Negro y Los Ojos más Lindos del Mundo.
Por su orquesta pasaron músicos de la talla de los pianistas Julio Medovoy, Osvaldo Berlingieri y Osvaldo Tarantino. Bandoneonistas muy importantes como Ernesto Franco, Edelmiro D’Amario, Pedro Vidaurre, Juan Fleuri, Eduardo Rovira, Celso Amato, Julio Paso y Eliseo Marchese. Cuerdas de gran categoría como la de los violinistas Leo Lipesker, Antonio Coronello, Raúl Garcés, José Lauces, Tito Besprovan, Simón Bajour, Simón Broiman, Teodoro Guisado y José Cattanzaro o de contrabajistas como Enrique Designa y Enrique Marchetto.
Fueron muchos los cantores que tuvo y que grabaron: Carlos Roldán, Enrique Campos, Oscar Larroca, Carlos Rivera, Alberto Santillán, Roberto Rufino, Héctor De Rosas, Rodolfo Galé, Tito Reyes y Jorge De la Peña. Lamentablemente hubo tres que no llegaron al disco: Jorge Maciel, Raúl Lavalle y Carlos Barbé.
Por último, como compositor, Roberto Caló nos dejó: “Soñemos”, “Después te perdí”, “Te vi llegar”, “No culpes al amor” y los instrumentales “Colores”, “En fa menor” y “Flauteando”.
jueves, 5 de febrero de 2015
GARDEL Y LE PERA
Antes de emprender la fatal gira que terminó tan desgraciadamente en Colombia, tanto Carlos Gardel como Alfredo Le Pera dejaron grabadas sus impresiones sobre sus películas, sus canciones y sus futuros trabajos para la nueva marca que los contrató en Nueva York. Dijo Gardel: "Queridos amigos de la América Latina, de mi tierra y de mi raza; la casa «Victor» quiere que les anuncie la firma reciente de mi contrato de exclusividad con ella, y lo hago muy gustoso porque sé que nuestras grabaciones serán cada vez más perfectas y encontrarán en ustedes, oyentes cordiales e interesados. Yo acabo de terminar dos nuevas películas «Paramount», «El día que me quieras» y «Tango Bar», y voy a comenzar una gira que comprenderá Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y México. Luego visitaré otros países de nuestra lengua, donde espero tener el gusto de saludarlos personalmente. Estoy ahora en los estudios «Victor», de Nueva York, registrando las canciones de «El día que me quieras», la película que quiero de todo corazón y que dedico a los amigos de España y de la América Latina. Estas canciones, como las de «Tango Bar», las encontrarán ustedes en discos «Victor», y ahora cedo el micrófono a mi amigo Le Pera, que es el autor de mis películas y de la letra de mis canciones"
Por su parte Le Pera expresó: "Yo felicito a Gardel y a la casa «Victor» por este contrato y en cuanto a mí mismo, el placer de ver registradas mis composiciones en discos de magnífica calidad, se agrega la satisfacción de saberme interpretado por un artista del gran talento de Gardel". (Alguien dijo, y bien: "¡Hermanados en el arte y en la muerte!").
¿Cuándo se conocieron Gardel y Le Pera? Se dijo que fue en París a raíz de una crítica adversa que hiciera el autor del cantor. Empero, de gran interés resulta lo que dice el actor Tomás Simari al respecto, en su libro "¡Mi Historia la escribo yo!" página 51: "Corría el año 1923. Terminada mi actuación en la sala del centro, el siempre animoso José Martínez, me apalabró para formar compañía y presentarme en su nuevo teatro de verano, sito en la calle Pasco, entre Cochabamba y San Juan. (...). Tenía para mi administración a un jovencito reconcentrado y muy inteligente, que mientras llenaba los «bordereaux», escribía letrillas de tango. ¿Su nombre? Alfredo Le Pera. Me acompañaba también en pleno éxito de su trayectoria, la cancionista Azucena Maizani que allí justamente hizo gala de su amplio repertorio, con la emoción de su personalidad. Representamos en tarde de lluvia torrencial, sobre chapas que captaban apenas el eco, «El Casamiento de Chichilo». Llegó Carlitos Gardel y así conoció en el Teatro de Verano al gran pibe Alfredo Le Pera. ¿Que de antes habían confraternizado? No lo creo. Pero lo único cierto, es que ambos se tomaron de la mano para el éxito popular, que sólo el dolor de Medellín pudo quebrar"
Uno de sus primeros tangos "El Carillón de la Merced", que escribiera Enrique S. Discépolo en Santiago de Chile cuando realizara por el país del Pacífico una gira teatral por 1928 ó 29, mereció ser grabado por Gardel.
Le Pera nació en San Pablo, Brasil y falleció en Medellín, Colombia.
martes, 3 de febrero de 2015
EL DUENDE DEL TANGO
Ferrer, Horacio Arturo
Poeta, compositor, recitador y difusor
(2 junio 1933 - 21 diciembre 2014)
vio la luz en un hogar montevideano impregnado de arte. De muy niño escribía ya versos, obras para títeres y, algo después, milongas que cantaba, acompañándose en guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén. Quien le enseñó a sacar tangos de oído en la guitarra fue un tío materno que vivía en Buenos Aires, en la margen occidental del Río de la Plata, adonde viajaba con sus padres frecuentemente. Fue ese mismo tío quien le haría conocer la noche porteña, con toda su galería de personajes bohemios.
Sus primeros tangos surgieron a comienzos de los '50, apareciendo en ellos la temática y el estilo por momentos surreal de sus obras posteriores. Con amigos de la carrera de arquitectura y el coleccionista Víctor Nario inició en Uruguay un programa radial semanal: Selección de Tangos, desde el cual se propuso defender a las resistidas tendencias vanguardistas. De esa audición insurgente nacerá en 1954 El Club de la Guardia Nueva, que organizaba conciertos con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y el revolucionario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. A éste lo conoció en 1955, al regresar Astor de Francia. Ese encuentro alcanzaría gran trascendencia.
Ferrer redacta, ilustra y dirige durante siete años la revista Tangueando, mientras sus versos y sus tangos permanecen inéditos. En esa misma época, entre 1956 y 1959, estudia bandoneón y comparte una pequeña orquesta. Durante este último año publica su primer libro El Tango. Su historia y evolución, editado por la casa Peña Lillo. Por las dos ondas del SODRE, la radio oficial uruguaya, pone en el aire hasta 1967 ciclos orgánicos sobre la evolución del tango. En lo sucesivo conduciría numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.
Tras abandonar sus estudios de arquitectura ingresó como redactor a los suplementos del matutino montevideano El Día, y por pedido de Troilo escribió “La última grela”, tango con el que iniciara su trayectoria de letrista consagrado. Los años que siguieron abundaron en hechos significativos, y entre éstos la celebración del Primer Festival Universitario de Tango, con la participación de Piazzolla, Julio De Caro, César Zagnoli, Prudencio Aragón y otros.
En 1967 graba los poemas de su “Romancero canyengue” para el sello argentino independiente Trova, acompañado por la guitarra de Agustín Carlevaro. El disco provoca que Piazzolla lo invite a escribir juntos, lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita “María de Buenos Aires”, que en 1968 estrenan, en la sala Planeta de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitante en el papel de El Duende. Trova la edita en dos LP, mientras van surgiendo los primeros tangos del binomio, como el ya clásico “Chiquilín de Bachín” y “Juanito Laguna ayuda a su madre”, mostrando un claro compromiso social.
A lo largo de 1969 surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales “Balada para un loco” constituirá un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutará Piazzolla. Entre varias obras en que Ferrer despliega su peculiar imaginario, con un lenguaje que lo distingue absolutamente de cualquier otro letrista (“Canción de las venusinas” y “La bicicleta blanca” son ejemplos de ello), sobresale “Fábula para Gardel”, una emocionada introducción al arte del genial cantor, con la poética excusa de un padre que le habla de él a su pequeño. En su estreno, el poema fue recitado insuperablemente por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla, en una noche apoteótica. Aquellas producciones quedaron plasmadas en el disco Astor Piazzolla y Horacio Ferrer en Persona.
Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgán, con quien en 1975 compuso el “Oratorio Carlos Gardel”. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro (“Loquita mía”), Pedro Laurenz (poniendo versos a “Esquinero”), Armando Pontier (“El hombre que fue ciudad”), Osvaldo Pugliese (“Yo payador me confieso”) y Aníbal Troilo (“Tu penúltimo tango”).
Además de prolífico letrista (“Balada para mi muerte”, “El Gordo triste” y “El hombrecito blanco” son ejemplos de su poder creador), Ferrer es autor, entre otras obras, de El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires, cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos (Antonio Tersol Editor), con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso.
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