" de chiquilín te miraba de afuera"

" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia

sábado, 22 de noviembre de 2014

PATERNAL TANGO

Paternal vieja barriada de mis años de purrete, cuantas veces de mocoso, junto a tu arroyo soñé con llegar a ser un día, algún crack de nuestras canchas o tener la enorme dicha de cantar como Gardel. Ya no están tus viejas calles, cubiertas de barro y sueño hoy la cara te han lavado y el asfalto de pintó, y no encuentro como entonces a la linda muchachita, que en la esquina de venacio, tantas veces me esperó. Coladas inolvidables en aquel viejo "tarico" fue tu timbre la chicharra de avenida San Martin. Picados de tantas tardes, guerrillas de barrio a barrio, y el perfume de malvones de la casa en que nací; Desfile de nuestro tango en el café del olimpo donde el fuelle me marcara, que camino iba a seguir Paternal de mis amores vos fuiste como mi vieja, que compartiste mis quejas y me enseñaste a vivir. (recitado) Ya no están tus viejas calles cubiertas de barro y sueño hoy la cara te han lavado y el asfalto te pintó y no en cuentro como entonces a la linda muchachita, que en la esquina de venancio tantas veces me esperó. (continua cantado) La vereda del oeste, el café que fue testigo del desfile entre piropos de pebetas flor y flor, carnavales candomberos, donde junto a mis amigos una veces fui murguista y otras veces payador. Esta noche que ando en copas, tengo ganas de decirte que te quiero con el alma, mi querido "paternal", paternal de mis amores, vos fuiste como mi vieja, que compartiste mi queja y me enseñaste a vivir.

domingo, 16 de noviembre de 2014

BARES Y CAFÉS DEL TANGO

Es en 1912 cuando Vicente Greco propone la designación de orquesta típica (criolla), que utiliza en 1917, Francisco Canaro. Alrededor de 1914, Roberto Firpo organiza el primer conjunto tipico. Corresponde destacar numerosos locales tangueros situados en nueve cuadras de la saudosa Corrientes angosta, de Esmeralda a Rodriguez Peña, en los años del avance cte El Tango hacia El Centro y El Bajo desde El Estribo, El Trianón y La Paloma. No se puede obviar la mención de locales no tangueros que existen en esas cuadras, que no pueden (o no desean) aceptar orquestas típicas. Asimismo conviene incluir algunos ubicados hasta Paseo de julio y de Lavalle a Sarmiento. Un conjunto de Locales tangueros y no tangueros que incluyen: Cafés, Restaurantes, Confiterias, Almacén (y Bar) y otros en los que se cumple el ritual de "vamos a tomar un cafecito y charlar con amigos". El aceptar no implica pedirlo. A los musicales concurren barras de (y) tangófilos que escuchan conjuntos de disimil categoría o los discos que "pasa" la vitrolera. A los no musicales concurren intelectuales que se integran en recordadas peñas... y "chantas que simulan serlo y declaman". Algunos reciben clientes que "Únicamente" desean saborear su cafecito... sin necesidades musicales o literarias. Si están con amigos comentan con voz estentórea, de jueves a sábado, la "fija" en las carreras, el 3 a 0 de su cuadro y hasta citas. Comentan en voz baja, de lunes a miércoles, por que "no se les dio". En su ámbito se presentan interesantes anécdotas. Se lamentan las omisiones... pero no es posible incluirlos a todos. La palabra saudosa (adj. de saudades, de origen gallego, que figura en el diccionario) es más relevante qtje nostálgica, recordada, etc. para expresar lo que, actualmente, sienten aquellas personas que cuando "estrenaron los largos y con la libreta asomando del bolsillo, por las dudas" (como indica el profesor Diego A. del Pino), pero en esa ocasión guardada en un bolsillo interior, asimismo "por las dudas", conocieron la noche de la calle Corrientes, que se integra en "La noche de Buenos Aires", magníficamente descripta por Ulyses Petit de Murat en su libro homónimo. En nuestro texto figuran como presentes, aquellos que la "vivieron" nunca la olvidarán. agrandar Alberto Vacarezza, por esos años, escribió un tango en el que se encuentran estos versos: "Calle Corrientes de mis amores. Calle Corrientes donde naci y entre las luces de mil colores aquella noche la conocí". En esas cuadras se encuentran las dos esquinas del hombre que está solo y espera. ¡A quien espera v por cuánto tiempo! En ambas insatisfecho e lnmaduro. La primera esquina, la del sudeste con Esmeralda, es la que bautizó Raúl Scalabrini Ortiz, es la de los Pitucos. Es la del Café Cabildo, a la que el "negro" Celedonio Flores le dedicó, en "Corrientes y Esmeralda", estos versos: "Esquina Porteña. Este Milonguero te ofrece su afecto más hondo y cordial. Cuando con la vida esté cero a cero. T'e prometo el verso más rante y canero Para ser tango que te haga ínmortal." La segunda esquina, la del sudoeste con Paraná, es la que de acuerdo con Arturo Jauretche, es la del reaje. (Opinión que le fue transmitida a Jorge A. Bossio y que éste reproduce en su Libro "Los Cafés" , pág. 223). Las esquinas con Esmeralda, también son las de la Confitería del Buen Gusto, en el sudoeste. Elegante lugat, asistenfamilias a la hora del té v caballeros en la del Vermuth. Café Guaraní, en el noroeste. En su local, Carlos Gardel (que actúa en el Teatro Esmeralda, luego Maipo), siempre dispone de una mesita que comparte con José Razzano y Egidio Nacari. Empire Theatre (luego Ateneo), en el noreste. Música Española. Estos locales hasta San Martin representan hitos en el recuerdo. Palace Theatre, en el 757. Cine, el mejor de 1911 a 1926. Bar de Rosendo, en el noreste con Maipú, reúne a periodistas de revistas. Allí, José Álvarez (Fray Mocho) gestú "Caras y Caretas". Bar Suárez, en el sudoeste con Maipú. Aún se encuentra. Café de Gerard (el Bar Inglés), en el noreste con Florida. Musical y politizado, con la presencia de periodistas y políticos. Almacén de Coppini, en el noreste con San Martin donde suele almorzar el Gral. Mitre y reunirse con correligionarios. La Helvética, en el sudoeste con San Martin. Su salón alargado, con el estaño en un rincón. Asisten periodistas, intelectuales, escritores, políticos, etc.: Bartolomé Mitre; Joaquín de Vedia; el emir Emin Arslan; Roberto Payró; Emilio Becher; Héctor Pedro Blomberg; Eduardo Mallea. Se conocieron los directores Clemente Onelli (del Zoológico) y Antonio Malvagni (del Colón). Dejó de atender en 1958, más que centenario. No fue olvidado. Se llega a 25 de Mayo: El Bajo: otro ambiente y otra historia. Las cuadras al norte son las que han contribuido a (¡merecida!) fama. Incluyen los Teatros Roma y Cosmopolita y otras salas (no son recordables) con sus "desplumaderos" (cafetines) anexos y los cafés-concierto. Luego: Paseo de Julio (Leandro N. Alem) y su Recova que tiene, según Bossio, un "olor oriental especial". El Re dei Vini recibe conocidos noctámbulos. Las del sur disimulan algún cafetín entre locales instalados en la zona financiera. Se recuerdan La Bolsa y el Bar Salisbury. Café Casino, en Maipú 350, en el primer piso del Teatro Casino. Local cuyas características son similares a las de todos los que se encuentran incluidos (o son anexos) en numerosos, teatros. Su categoría depende de la del teatro, desde la lujosa confitería instalada en las galerías del Teatro Ópera hasta los cafetines anexos a los teatros de El Bajo. Algunos en los intervalos y al finalizar la función hacen interpretar o pasar música popular como una manera de atraer y retener a los espectadores. En otros, como el Casino, es habitual la presencia de damas que fraternizan con los clientes... los maledicentes presumen que no es para comenzar el espectáculo. El recorrido se presenta en el sentido histórico hacía la Chacarita. Si bien se sugiere que debe ser en el del avance del tango en su tentativa de conquistar El Centro. En realidad sólo conquistó la Corrientes angosta y susaledaños y se instaló en El Bajo. La Avenida de Mayo sigue españolísima: con un solo café tanguero. Café Mogyana, en el sudeste con Suipacha. Enrique García Velloso lo considera "la peña bohemia por excelencia, con su ambiente parisiense". En éste y en el Doria, Florencio Sánchez escribe la mayoría de sus obras al dorso de formularios de telegramas "facilitados" por el correo. Cruzando Suipacha, en el 925, el Café de los hermanos Domínguez; el año 1917 lo trasladan al 1537. El local lo ocupa el Café Los 36 (Billares) con Pedro Laurenz y Alfredo Gobbi. Café El Quijote, en el 955, con su inconfundible aspecto de "taberna madrileña" (que incluye el olor a cocido), como lo calificó Vicente Martínez Cuiriño. Actuó un trio con Francini. Siguiendo hacia C. Pellegrini, se sitúan en la vereda par, Café de los Inmortales, en el 920. Con su peña de 1905 a 1916. Café Paulista, contiguo al teatro Nacional, reúne a su farándula. Café El Nacional, en el 980. Hasta 1916 como Café Lloveras. Café Germinal, en el 942. Su importancia en la difusión del tango aún no está bien determinada. Alli debutó Aníbal Troilo. Un saludo a la Confiteria Ideal y sus reuniones vespertinas. En el noroeste de Esmeralda y Sarmiento el Almacén de Piaggio y las inolvidables charlas de don Santiago Belisario Roldán, que en ocasiones continúan en el Petit Salón, situado enfrente. El Petit y El Julién, en Esmeralda y Lavalle, "bacanes". De los locales de los alrededores, diversos son tradlclonales los del sur: la cortada Carabelas es: El tajo malevo en El Centro, con sus fondas "sobre" el Mercado del Plata; en el Nasun, Doria y Benjamín "comen bien y escuchan organitos", puesteros y noctámbulos. Excelente el puchero de La Croce di Malta que ayuda a subsistir famélicos inmortales. En el Café San Bernardo, su dueño, don Modesto (Martínez) recibe bohemios y cogotudos. El lujoso Restaurante Americano, luego como Restaurante (El) Conté atrae a clientes (pese a sus precios) por su fa mosa cocina y calificadas or questas. Se encuentra en Perón 966. En el 920 el Restaurante Chiquín, el de la farándula. Al norte: en Lavalle y Suipacha: Café Botafogo y Julio De Caro. Un saltido a los Richmond, son tres y distintos: FIorida 450, clases media y alta. Sede del "Grupo de Florida". Esmeralda 444, estudiantes y extras de cine, quienes la siguen en Sulpacha 450, billar y bolos. Actuación de la jazz de Armani. Es injusta la respuesta de no se recuerda cuando se consulta sobre otros cafés de los alrededores. No muy numerosos, en varios se gestaron y son sede de barras de amigos, y su única pretensión es seguir siéndolo. Otros sí colaboran con el conocimiento del tango ya que reciben a músicos y conjuntos, improvisados, que "van a matar el hambre". También injusto, alli se inician y se dan a conocer músicos luego calificados. Existe similitud con lo que representan y son los cafés barriales. Un recuerdo a la vitrolera (victrolera) que "pasa" los discos desde su palquito, donde reina inalcanzable (¿o no?). Antonio Requeni menciona (otro) Marzotto, en Lavalle entre Malpú y Esmeralda, una suerte de "Bolsa de trabajo" que reúne a músicos no ocupados que esperan que lleguen empresarios y músicos no ocupados que esperan que regresen sus amigas. La esquina del Almacén El Verde, es la del sudoeste con Cerrito, donde actuaron Juan Maglio "Pacho" y Agustin Berto. Vendido, sus ex dueños compran el local del Lleveras, y con los compases de "La Morocha" inauguran el Café El Nacional, el que siempre se recuerda como Catedral del Tango. Es un salón alargado, paredes color café, el palquito, pequeño, en el centro. Se consideran sus mejores años los de 1920 a 1932 con el sexteto de Anselmo Aieta y su bandoneón. Luego Juan D'Arienzo y su orquesta (Rodolfo Biaggi al piano). Se dejó de ver en diciembre de 1952; sigue su espiritu. De acuerdo a Ariel Magallanes ("Todo es Historia" 41), con su desaparición "se puso el epitafio en la historia del tango". Con el Café La Oración, en el 1000, frente a la Iglesia de San Nicolás, tanguero, y El Seminario, en Perón y C. Pellegrini, que reúne a integrantes de tres teatros vecinos y de la Sociedad de Autores, se recuerdan a todos los que se eliminan, incluye cinco teatros e instituciones, para abrir la Avenida 9 de Julio.

martes, 11 de noviembre de 2014

EL MALEVO MUÑOZ

arlos Muñoz del Solar, más conocido como Carlos de la Púa o simplemente como el Malevo Muñoz, nació en La Plata en 1898 y falleció en Buenos Aires el 5 de mayo de 1950 (*). Comenzó sus trabajos como escritor colaborando en la revista "El Hogar", luego en 1925 se incorporaba a diario Vespertino "Crítica" de Natalio Botana. Publicó un único libro: La crencha engrasada (1928), considerado la obra máxima de la lunfardía. Fue guionista de Tango (1933), una de las primeras películas sonoras del cine argentino, y dirigió otras dos: Galería de esperanzas (1934) e Internado (1935). A medida que pasan los años se acrecienta el renombre de Carlos de la Púa, auténtico, puro, poeta popular porteño. En sus versos deberán ir a abrevar los historiadores, los filólogos, los rastreadores de la semántica, cuando se haga el gran libro que compendie la fisonomía sentimental y sicológica de Buenos Aires, ciudad que pareciéndose a todas las grandes ciudades del mundo no es parecida sino a ella misma, en su pasado y en su presente. Ciudad única que tiene sus cantores únicos en los letristas de tango que impusieron un modo distinto de hablar, dentro del español, y al que Jorge Luis Borges, con real coraje porteño, osó llaman el idioma de los argentinos. El principal poeta popular -es decir: con lenguaje popular en su entero vuelco emocional hacia la gran ciudad, en sus expresiones de un pasado que nunca será remoto- fue indudablemente Carlos de la Púa. Y lo fue con su único libro: La crencha engrasada. Su lenguaje es a veces crudo pero nunca ofensivo. Es el lenguaje de la calle, del malecón, de la cancha de fútbol. Creo que, en realidad, es el lenguaje de la vida tumultuosa, verídica, exacta, cabal, que se vive, se siente y se sufre. A través de mis recuerdos, de la amistad que nos unió y de la admiración que sobrevive, éste es Carlos de la Púa. Me parece verlo todavía, cruzando con enfundado paso de cachalote los corredores del viejo diario Crítica, en la casa de la calle Sarmiento, donde iniciaba en el periodismo una generación especial en su brillo y trascendencia y que recalaba de la literatura de vanguardia aglutinada en las revistas de esa época: Proa y Martín Fierro. El Malevo Muñoz, como también se lo llamaba, ya estaba en la casa cuando nos hacíamos periodistas, siendo poetas y escritores, entre otros, Enrique y Raúl González Tuñón, Horacio Rega Molina, Pablo Rojas Paz, Alberto Pineta, Roberto Arlt, Ulyses Petit de Murat, Sixto Pondal Ríos, Santiago Ganduglia y el que esto escribe. Su verdadero nombre, eclipsado por ese rotundo Malevo Muñoz que seguramente venía de su manera de Ser, entre desdeñosa y disciplente, en su modo de hablar lacónicamente porteño, era Carlos Muñoz del Solar, y la resonancia de este apellido habla de una cuna que él podría denominar bacana y lo era. Una bohemia sanguínea lo llevó a la calle en edad temprana y allí debe haber recibido el agua lustral de su nuevo bautizo, agua detenida junto a la vereda en aquellos años de después del Centenario. También se lo llamaba indistintamente Carlos de la púa, seudónimo con el que firmó su libro. Este nombre alarga, a la vez que condensa, otro aspecto porteño de Muñoz, porque "púa" es la aguda punta del acero, el pincho, el suncho que aguza o el ingenio o el coraje en el habla popular. De la Púa básico Nació el 14 de enero de 1898. Conocido también como Carlos Raúl Muñoz y Pérez, Carlos Muñoz del Solar, o simplemente el Malevo Muñoz, poeta, periodista y cineasta, porteño convicto y confeso, gran animador de las redacciones y la bohemia noctámbula de Buenos Aires, nunca se sabrá si las reminiscencias bacanas de su apellido Del Solar tenían algo que ver con la verdad o se trataba de otra de sus cachadas. Redactor del diario Crítica, compañero de andanzas periodísticas, literarias y etílicas de Troilo, Cadícamo, los hermanos Tuñón, Arlt y Olivari, fue guionista del film "Tango", actor en "Galería de esperanza" y director de "Internado". Escribió los tangos "Luces de París" y "Coraje y fuego" y publicó "La crencha engrasada", obra emblemática de la poesía lunfarda. Murió el 5 de mayo de 1950. Alguien -Carlos de la Púa fue siempre pudoroso de su pasado y no lo notició- dijo que él, con una gorda culebra variopintada a modo de bufanda sobre el cuello, pregonaba las excelencias de su grasa para evitar la caída del cabello. Menester ciudadano de la picardía que lo estregaba ya al riesgo de la calle, en su muy amada ciudad de Buenos Aires. La que debió estratificarse en sus versos estupendos, en ese libro que tiene un título de pórtico definitorio: La crencha engrasada. El volumen que se imprimió en su primera edición en 1928 lo fue merced a la generosidad de don Eduardo Dughera, llamado El Diente, en otro certero bautizo de la calle. Era el nunca olvidado revendedor de Crítica, animador de sus páginas, amigo nuestro. Su mano se abría con un crujiente billete para tapiar las hendijas vitales de nuestra siempre urgente bohemia. Por eso el Malevo dedica el libro a Dughera. Pero en la mitad -me parece estar viéndolo- su generoso corazón se lo detuvo en la mano y estampó una segunda dedicatoria que me concierne de muy de cerca y que todavía, a pesar de las hojas del almanaque caídas, agarrota mi garganta en un frunce de emoción antañona. Dice así la dedicatoria: "A mis rivales en el cariño de Buenos Aires: Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges". El libro no tuvo mucho éxito inmediato, salvo entre nosotros. César Tiempo, justo es reconocerlo, lo incluyó junto a todos los poetas de vanguardia de entonces en su memorable Antología de la poesía argentina, ordenada en colaboración con Pedro Juan Vignale. Pero los literatos jailafes, los académicos, los demás, no sintieron la fuerza tremenda de sus estrofas, duras y tiernas a la vez, en ese panegírico exaltado de sus héroes, esa cadencia villoniana de sus expresiones, ese trazado de mapa sobre el perímetro sentimental ciudadano, arrimando a los ojos los personajes fallidos, a los perdidos, a los funámbulos, dentro de la gran corte celestial de los milagros porteños. El fue quien coronó definitivamente a la musa rea con la gran tiara formal y esdrújula, concluyendo un cielo que comenzaron honestamente los otros poetas menores. El Malevo Muñoz fue el bardo sintetizador y perfecto, porque su libro -su único libro- es definitivo y concluyente y no se le puede encontrar desperdicio ocasional, ripio maloliente, traición a los suyos, infidelidad alguna. Muy pálida puede parecer esta afirmación si no la confrontamos con sus versos impares en nuestra literatura de bajo fondo. Bueno, esto de bajo fondo lo uso como definición y ubicación y nunca con acento peyorativo, porque vale tanto como decir alto nivel u otra macana por el estilo. Lo que vale por sus cabales es el contenido y su despliegue hacia el reconocimiento sentimentalmente topográfico de una ciudad como la nuestra, cuyo cosmopolitismo de puerto franco tenía que ser cuajado en lo desgarrado de la imagen, en la tenaza de la metáfora como solamente el Malevo Muñoz pudo hacerlo. Juan Cedrón y Héctor Alterio - La crencha engrasada (1967) Poemas lunfardos de Carlos de la Púa recitados por Héctor Alterio y cantados por Juan Cedrón, incluye tapas. Clic en la imagen (Mediafire) Descarga alternativa La vida azarosa, pintoresca, de nuestro querido Malevo necesitará algún día tener su cronista informado y minucioso. De su vida podría extraerse una gran novela picaresca del Buenos Aires ido. Allí estaría como un gran bonzo del porteñismo rodeado por los increíbles tipos que conocía, amaba, auxiliaba y que le formaban una especie de corte de los milagros casi increíbles si no hubiera existido. De sus anécdotas, lo mismo. Las recuerdan devotamente sus amigos, que son innumerables y fuera de serie: boxeadores de nariz aplastada, corredores de comercio vitivinícola, algún carrero jubilado, jockeys viejos, ladrones en reposo, quinieleros en faena, músicos tangueros, poetas de veras, periodistas con mosto, canillitas canosos y también ¿por qué no? cualquiera que haya estado en la Tierra, como se decía antes, y no de turista. Un aire insolente, de prepotencia, sobrador, flota como niebla matutina en cada línea del Malevo. Es el empaque taura del porteño de antes, elegante y displicente, que se sabía dueño de su empedrado y de su baldosa, de su cortada y de su farol. Miraba la vida desde el estaño de los mostradores esquineros y juzgaba la cosa y las cosas con su filosofía especial, entre nihilista y desaprensiva, hombros encogidos en una especie de manfichismo suicida, porque es él quien había dicho catalogando hechos y personas, hombres y mujeres, con el certero trazo de una carbonilla imborrable: tras cartón está la muerte.

sábado, 8 de noviembre de 2014

LOS CLUBES MILONGUEROS

Racing Club recibió su tango de parte de Roberto Firpo. El enemigo acérrimo, del otro lado de la acera de Avellaneda, Independiente, tuvo el suyo denominado "Rey de Copas", de Agustín Bardí, con lo que se acrecentó la rivalidad. Tango y Futbol Gimnasia y Esgrima Para 1927, José Rebolini y Carlos Pesce le entregaron su himno a ritmo de tango a San Lorenzo de Almagro. Para Boca Juniors, Juan D’Arienzo hizo "Azul y oro" y el himno oficial de River Plate lo estructuró el tanguista Francisco Canaro. Un bandeonista llamado Horacio Pezzi llamó a su amigo Carlos Espíndola para crear juntos "El expreso de la Plata" con toda la devoción para el club Gimnasia y Esgrima. Pero Uruguay, que también ha manifestado su poder sobre el tango, tiene historias musicales inspiradas en el futbol. Tango y Futbol Atletico NacionalEl Club Nacional recibió su tema de José Adolfo Puglia y Edgardo Pedrozza. Gerardo Matos Rodríguez, autor de "La Cumparsita" y fiel seguidor del equipo tricolor, le nació del alma un tema llamado "Nacional para Siempre", con letra de Hugo Bello. El rival no se quiso quedar relegado y "Peñarol por siempre" fue una canción compuesta por Julio Esteban Martínez Pirincho, Edgardo Marchese y Reinaldo Yiso. Tango y futbol no sólo queman las calles de Buenos Aires, sin embargo, desde México hasta Chile, este arte que empezó como una epidemia subversiva y mal vista por la sociedad, tiene cientos de feligreses que la adoptan como propia, sobre todo cuando visitan Argentina.

lunes, 3 de noviembre de 2014

TUCUMANO DE LEY

JOSÉ LUIS PADULA Tucumán, 30 de octubre de 1893; Buenos Aires, 12 de junio de 1945. Guitarrista, armoniquista, pianista, bandoneonista, director y compositor, fue coautor del rosarino Arturo Juan Rodríguez y otros autores provincianos olvidados por la llamada “Gran Historia”, aunque no sabemos si “Historia Grande”. José Luis Padula nació en Tucumán el 30 de Octubre de 1893 y desde su adolescencia gustó incursionar por los ambientes de extramuros, en los cuales aprendió a tocar de “oído” el piano y el bandoneón. Llegó un día a Buenos Aires, meta de su consagración, pero su inquietud le llevaba a realizar continuamente extensas giras. Allá por el año 1908, según sus propios recuerdos, Padula dio forma a un tango que tituló “9 de Julio” y dos años después otro: “Lunes 13”. Estas dos primeras obras consagraron a Padula como un auténtico e inspirado compositor. Durante la década de 1910, siguió cosechando composiciones destacadas, como por ejemplo el tango “El parnaso”, editado en 1912 por Ortelli Hermanos: “A los distinguidos señores” Ramón Achotegui, Luis Arrazola, Teniente 1º Héctor Calderón, Miguel Capucci. Teniente Natalio Faverio, Carlos González Delgado, Vicente Jorba (h), Artemio F. Masolino, Subteniente Rodolfo Mujica, J. Requena Gallo, Avelino Sodupe, Dr. J. Torres Altamira, Subteniente A. C. Valette y Martín Viale. Desde fines de los años diez y hasta los primeros años del veinte, Ortelli imprimió seguidamente otros tangos de Padula que fueron verdaderos aciertos como: “El taita caballerito”, “Dulce tango”, “¿Qué querés con tu elegancia?”, “De mis pagos”, -dedicado a su amigo Rafael Rossi- y el popularísimo “Tucumán”, en homenaje a su tierra natal, y que por obra de Juan D’Arienzo perdurara en el reportorio de las grandes orquestas. En 1924, dio a conocer su bello tango “Memorias”, que editara Pirovano y que grabara poco después Osvaldo Fresedo en Odeón. En el año 1928, Padula se radicó definitivamente en Buenos Aires, componiendo entre varias obras de nota, las zambas “La Llorona” (grabada brillantemente por su orquesta norteña en 1930, para discos Colombia), “La Gaucha”, “La quebrada de Lules”, “Corazones amantes”; las rancheras “La mentirosa”, “La Buenamoza” y el vals “Me duele el alma”. Otro de sus tangos famosos fueron: “25 de mayo”, cuya letra escrita por Enrique Cadícamo, fue cantada por Teófilo Ibañez con la orquesta de Firpo -(como me acota el coleccionista C. Lanner de Austria, no debe confundirse esta obra ni con el tango de Arolas ni con la ranchera que grabó Charlo)-, y sin duda alguna, el tango “Lunes” (Lunes 13), que lleva letra del genial poeta Francisco García Jiménez. Este tango fue dedicado por Padula al maestro Francisco Canaro –quien lo grabó en 1927-, y a Minotto Di Cicco, con esta frase: “Al creador del Tango-Milonga Francisco Canaro, y al sin rival ejecutante del bandoneón Minotto Di Cicco, dedico afectuosamente”. Dicha versión fue registrada por el cantor y guitarrista Mario Pardo y en la década del cuarenta fue potenciada por el conocido disco de la orquesta del Alfredo De Angelis con la voz de Carlitos Dante. “Bicho feo” (no confundir con un homónimo de Enrique Maciel grabado por Corsini), fue ejecutado con valía por la orquesta de Anselmo Aieta, que también le llevó al disco el tango “Pasó a la historia”. Por sugerencia de Agustín Magaldi, que deseaba cantar “9 de Julio”, Padula accedió a modificar la primera parte de su obra, agregándole una melodía cantable y requiriendo a su colaborador Lito Bayardo, los versos que tornaron óptima a la obra para ser cantada. Finalmente Magaldi la grabó en discos Brunswick, con singular éxito. Según Bayardo, este tango fue cantado en su casa de Rosario, a dúo por Agustín Magaldi y Carlos Gardel en una reunión privada. En 1930, su orquesta norteña inició su labor discográfica en el sello Columbia, registrando numerosas placas de chacareras, zambas, rancheras y valses, que por suerte conservamos. Su ranchera “La Mentirosa”, fue un notable éxito de su orquesta y de la estilista Virginia Vera, quien también formaba parte del elenco estable de artistas de la casa Columbia. En 1932 participó en el espectáculo evocativo llamado “El tango porteño”, integrando la “Orquesta de la Guardia Vieja” Ponzio-Bazán que completaban: el guitarrista y violinista Eusebio Aspiazu, “el Cieguito” (1865-1945); el contrabajista, violinista y actor teatral Eduardo E. Arbol Erezcano (¿?; 1953); el pianista, bailarín, director y compositor uruguayo (1878-1941) Enrique Saborido, el violinista Ernesto Juan Muñecas, erróneamente consignado como Enrique (¿?; ¿?), el violinista y codirector Ernesto Ponzio, “el Pibe Ernesto” (1885-1934); el clarinetista, saxofonista y codirector Juan Carlos Bazán (1887-1936); el violinista Alcides Palavecino (¿?-1963), José Luis Padula en guitarra, el flautista Vicente Pecci (“el Tano Vicente”) (1886-1945) y el guitarrista Domingo Pizarro (¿?; ¿?), todos ellos ejecutantes destacados del tango. En 1933, colaboró con su amigo Carlos Gardel, participando en la revista de Ivo Pelay “De Gabino a Gardel”, en el Teatro Nacional de la calle Corrientes, haciendo el papel de Villoldo. En un acto de la pieza, Padula ejecutaba la guitarra y la armónica, al igual que el genial compositor de “El choclo”. Hacia 1935, pasó a grabar discos en la casa Odeón, contando como vocalista nada menos que a Ángel Vargas. El gran cantante grabó entre otros temas, el tango “Brindemos compañeros” de Padula y Cadícamo, y la ranchera “Ñata linda”, composición también creada por el binomio Padula-Bayardo. De aquella tanda de versiones de la orquesta que afortunadamente poseemos, también merece destacarse la milonga “Picante”, otra de las grandes melodías de Padula que fue grabada exitosamente por su inspirador y posteriormente por el maestro Rodolfo Biagi. Debe señalarse, que tanto en las versiones de discos Columbia u Odeón, ora sea con el trío o con la orquesta, Padula participaba desde el bandoneón o desde el piano en cada una de las grabaciones. Dentro de su distinguida obra autoral podemos anunciar, el vals “Jardín florido” con letra del autor rosarino Lito Bayardo, gran amigo de Padula que también escribiera los versos de “9 de julio” y “La mentirosa”. A propósito del vals precitado, que cuenta con la famosa grabación del conjunto folklórico cordobés “Los del Suquía”, podemos recordar la siguiente dedicatoria de su creador: “A la prestigiosa poetisa Sra. Evangelina Mercado Vera y a su esposo Elías Mercado Vera, con la mayor estimación. El Autor” (J. L. P.). “Grabado en discos Odeón por la Orquesta J. L. Padula”. La obra había sido editada en papel por la Editorial Perroti, en el mes de noviembre de 1934. Hacia 1938, volvió a componer con la colaboración autoral de Enrique Cadícamo. Fue así que surgió el tango “Gemido”, que publicara en Buenos Aires, Américo Argentino Vivona. En 1941, dedicó el tango “Bardi”, al gran compositor con esta leyenda: “A la memoria de mi viejo amigo y gran compositor Agustín Bardi”. Edición Ricordi. En el mismo año, susodicha editorial publicó otro tango de Padula, intitulado “El guaraní”. Y también compuso el tango “Violetas”, con letra de Héctor Marcó. Publicado por Buccheri el 10 de junio de 1941. “Al excelentísimo Dr. Elkin, caballero y amigo, a quien todos los artistas confían el destino de su garganta por la maestría de su sabia mano”.- Los autores. Debemos recordar, que el prolífico letrista Héctor Marcó, era desde los años treinta un reputado cantor radial, y que tuvo problemas en sus cuerdas vocales y fue tratado por el eminente cirujano. Con el paso del tiempo, el problema fónico de Marcó fue insalvable y debió retirarse del canto, aunque no del ambiente musical, ya que fue sin duda alguna, uno de los más talentosos letristas del género. Otras de las obras de este genial compositor han sido la ranchera “Con los colores del cielo”, los valses “Mi vida”, “Noche de estrella” (con letra de Cadícamo), “Me duele el alma”, letra de Bayardo grabado por Virginia Vera; la zamba “Ladrona de corazones” (de 1937) y muchos más. La editorial Perroti anunciaba en 1973 este homenaje: “En la historia del tango José Luis Padula ocupa justicieramente uno de los primeros capítulos. Por los caminos de la Patria, fue el juglar trashumante, sembrador de motivos populares, que brotaron de la sensibilidad de su alma criolla, para interpretarlos en su armónica o su guitarra, primeros instrumentos con los que aprendió a arrancar melodías, ya de tierra adentro, ya de temas ciudadanos. El día 12 de junio de 1945, a los 51 años, cuando aún mucho podía esperarse de su inspiración, José Luis Padula falleció en nuestra Capital".

sábado, 1 de noviembre de 2014

ENTRE PASODOBLES,TANGOS Y FOXTROTS...

Rodríguez, Enrique A. Bandoneonista, director y compositor (8 marzo 1901 - 4 septiembre 1971) Sus primeros pasos con el bandoneón transcurren en los cines de barrio, haciendo el fondo musical de las películas mudas a dúo con un piano. Cuando comienza la radiofonía en Argentina, participa formando pequeños conjuntos en radionovelas gauchescas. Actúa esporádicamente en algunas formaciones, como las del Ruso Antonio Gutman, Juan Maglio, Juan Canaro y Ricardo Brignolo. En 1926, debuta en el sexteto de Joaquín Mora y luego de otros empleos, integra la orquesta de Edgardo Donato, que pese a permanecer en ella por poco tiempo lo influye, seguramente, impresionado con la agilidad y brillantez de su ritmo. En 1934, integra un trío para acompañar al cantor Francisco Fiorentino en Radio Belgrano. Al año siguiente forma un cuarteto con la misma finalidad, pero para la actriz y cantante María Luisa Notar quien al poco tiempo se convertiría en su esposa. En este cuarteto tuvieron participación músicos de la talla de Lalo Scalise en el piano, Gabriel Clausi en el badoneón y el violinista Antonio Rodio. Finalmente en 1936 arma su propia orquesta que denominó: «La orquesta de todos los ritmos». Polkas, valses, tangos, foxtrots, pasodobles y rancheras son entregadas al público que bailaba y cantaba los temas con entusiasmo y alegría. Era la orquesta elegida para amenizar fiestas y bailes, porque además por su característica resultaba económica, porque hacía innecesario el complemento de otra orquesta tropical o de jazz. En 1937, la empresa Odeon lo contrata como artista exclusivo y esta relación se mantiene durante 34 años, realizando más de 350 registros. Roberto Flores (El Chato) fue su primer cantor con quien grabó 35 temas, pero la voz más representativa fue sin duda la de Armando Moreno (El Niño Moreno), quien estuvo en tres períodos diferentes, formando una dupla que dejó huellas imborrables en la memoria tanguera. Con él hizo alrededor de doscientos registros y varias giras por América y en particular Colombia, donde fueron prácticamente idolatrados. Años más tarde, en 1965, repitieron ese éxito en Perú, en un viaje que participó el ya veterano Raúl Iriarte, aquel cantor que se destacara en la orquesta de Miguel Caló, en la década del 40. Contó también con las voces de Ricardo Herrera, Fernando Reyes, Omar Quirós, Roberto Videla, José Torres, Oscar Galán, Ernesto Falcón, Cruz Montenegro y Dorita Zárate. Compuso muchos temas, entre los que se destacan: “Amigos de ayer”, “En la buena y en la mala”, “Iré”, “Llorar por una mujer”, “Son cosas del bandoneón”, “Yo también tuve un cariño”, “Lagrimitas de mi corazón”, “Tengo mil novias”, todos con letra de Enrique Cadícamo; “Adiós, adiós amor” con Roberto Escalada; “Café” con Rafael Tuegols; “Como has cambiado pebeta” con R. Carbone; “Flor de lis” con Horacio Sanguinetti; “Sandía calada” con Máximo Orsi; entre muchos otros. Pero sin duda alguna, el disco que más éxito tuvo y el más vendido fue su vals “Tengo mil novias” cantado por Armando Moreno. Nos agrega Pichetti: «En 1944 realizó un intento de modificar armónicamente su estilo al integrar a su formación como pianista y arreglador a Armando Cupo, al bandoneonista Roberto Garza, también arreglador y a Omar Murtagh alternando en el violoncello y contrabajo. Así llegó a interpretar varios tangos con notable acierto instrumental: “Naranjo en flor”, “La vi llegar”, “Luna llena”, “Y así nació este tango” y “El africano”. Pero el público prefirió a la «Orquesta de todos los ritmos» y, en 1946, desvinculados Cupo y Garza, retornó al género bailable, conservando ese estilo durante el resto de su trayectoria». Los sectores más refinados del tango repudiaron su estilo y lo ignoraron, yo lo rescato porque todo lo que hizo lo hizo bien, de un modo profesional, aún aquello que podemos considerar de inferior calidad. Pero por sobre todas las cosas, fue una muy buena orquesta típica, de bello y armonioso sonido , tanto para escuchar como para bailar el tango.

martes, 28 de octubre de 2014

LAS ESTRELLAS DEL TANGO

En 1940 se inicia lo que sus biógrafos consideran la segunda y definitiva etapa en su aprendizaje musical. En esta orquesta ya están las grandes estrellas del tango y su estilo se ha depurado. Osmar Maderna en el piano; Domingo Federico, Armado Pontier, Eduardo Rovira, Julián Plaza, Carlos Lázari y José Cambareri, en bandoneones. Los violines estarán a cargo de Enrique Francini y Antonio Rodio y en el contrabajo se destacarán Ariel Pedernera, Juan Facio y Nito Farave. Nijenshon en algún momento reemplazará a Di Sarli, pero ahora Caló es reconocido por la calidad de sus músicos y su nombre es sinónimo de buen gusto. Tres grandes cantantes están presentes con Miguel Caló: Alberto Podestá, Raúl Berón y Raúl Iriarte. La trilogía se amplía con la presencia de Jorge Ortiz, Luis Correa y, en algún momento el gran Roberto Rufino. Podestá le dio su sello particular a la orquesta con temas como “El bazar de los juguetes” o “Bajo un cielo de estrellas”; Raúl Berón -para muchos la escolta insustituible de Gardel- consagró “Late un corazón” y “Azabache”. A Jorge Ortiz siempre se regresa cuando se quiere escuchar “A las siete en el café”, del mismo modo que Raúl Iriarte es imprescindible para interpretar “La vi llegar”. Para los bailarines y los amigos de la buena música, el tema fetiche de Caló fue “Sans Souci”. Así como a Pugliese se lo recuerda por “La Yumba”, a Di Sarli por “Bahía Blanca”, a Maderna por “Lluvia de estrellas”, a Troilo por “Quejas de bandoneón” y a Piazzolla por “Adiós Nonino”, a Miguel Caló se lo relaciona con “Sans Souci”, compuesto por Enrique Francini y grabado por primera vez en 1944. En 1961, en un tiempo en que se profetizaba la definitiva decadencia del tango, Caló asume el desafío de convocar a los mejores músicos de su tiempo para formar una orquesta. Allí están entre otros Armando Pontier, Domingo Federico, Enrique Francini, Hugo Baralis y Octavio Trípodi en el piano. Los cantores son, una vez más, Alberto Podestá y Raúl Berón. Esta formación musical será presentada en la radio y los locales nocturnos con el sugestivo título de “Miguel Caló y la orquesta de las estrellas”. Con ese nombre grabarán para el sello Odeón doce temas inolvidables. Miguel Caló murió el 24 de mayo de 1972. El infarto lo derrumbó casi en la esquina de Corrientes y Montevideo. Magia o destino: en esa misma esquina se había iniciado como profesional hacía más de treinta años, cuando después de las doce de la noche su orquesta iniciaba el rito nocturno del Buenos Aires de entonces.

sábado, 18 de octubre de 2014

EL CANTOR HIJO DE RESERO

Oscar Alonso fue un cantor argentino de tango que nació el 12 de octubre de 1912 en la localidad de Ameghino, Provincia de Buenos Aires, Argentina y falleció en Buenos Aires, el 16 de enero de 1980. Su padre fue Pedro Brandán, que trabajaba de resero y es uno de a los personajes de la vida real que, según escribió Ricardo Güiraldes en la dedicatoria de Don Segundo Sombra inspiraron su obra. Comenzó cantando semiprofesionalmente siendo aún muy joven con su nombre verdadero (Carlos Brandán), en un café de la calle Lavalle, alrededor de 1926. Luego de presentarse en diversos bares nocturnos, hizo durante 1929, sus primeras armas importantes en Radio La Voz del Aire, y poco después pasó a colaborar como vocalista en la orquesta de Anselmo Aieta y en 1933 actuó en el palco del Café “El Nacional” de la calle Corrientes. Luego de la muerte de Gardel, quien según Armando Defino, escuchó al joven Alonso y quedó deslumbrado con su voz y personalidad, cobró gran prestigio y fue considerado por muchos cronistas como el sucesor del Zorzal. Además de emitir programas de radio muy famosos ante los micrófonos de Pietro y Argentina, se lució en los discos Odeón a partir de 1936, acompañado por un conjunto de guitarras que dirigía el gran ejecutante Alberto Ortiz, -quién fuera también guitarrista de Magaldi y Nelly Omar-, dejando tres placas memorables donde nos brindó su impronta de notable cantor nacional. A partir de 1966 y hasta 1974, Alonso grabó en diferentes ocasiones acompañado por la orquesta de Carlos García. Su voz mantenía su temple, pero empezaba a declinar. Algo deteriorado por los años y los excesos, mantuvo hasta el final de sus días, es decir, hasta el 15 de enero de 1980, su lealtad incondicional al peronismo.

viernes, 17 de octubre de 2014

HEREDERO DEL ESTILO DI SARLI Y FRESEDO

Hijo de Carlos María y Luisa Cosso de Sassone, y heredero de los estilos de Carlos Di Sarli y Osvaldo Fresedo, Florindo Sassone, tuvo una destacada trayectoria en la década del '30 pero sin fortuna publicitaria y sin llegar al disco. A partir de su reaparición a mediados e 1946 marcó el comienzo de su exitosa carrera. Luego de recibirse de profesor de violín, debuta profesionalmente en un conjunto que dirigía Antonio Polito que actuaba en Radio Belgrano. Al año siguiente pega el gran salto y pasa a ser violinista en la orquesta de Roberto Firpo. En 1935, forma su primer orquesta, debuta el 1 de enero de 1936 en Radio Belgrano y actúa en el café Nacional y el cabaret Marabú, con la voz de Alberto Amor. Tiempo más tarde pasa a Radio El Mundo donde hace un programa, todos los mediodías, con una gran orquesta que tenía percusión, arpa y otros exóticos instrumentos.1 Empezó a grabar para la RCA Víctor en 1947, contando durante su permanencia en este sello con cantores como Jorge Casal, Ángel "Paya" Díaz, Roberto Chanel, Carlos Malbrán, Raúl Lavalle y Rodolfo Galé. En 1959, Sassone pasó a Odeón,con diferentes vocalistas donde los registros instrumentales fueron adquiriendo mayor presencia. A partir de 1971 rotó para varios sellos: Carmusic, País, Music Hall, Embassy y Microfón. Cuando Casal quizo pasarse a la orquesta de Aníbal Troilo, Sassone apeló ante el Sindicato Argentino de Músicos porque su orquesta tenía firmado un contrato para realizar los bailes de Carnaval de 1950, por lo que Jorge Casal debió realizar esas actuaciones antes de su incorporacion a la orquesta de Pichuco.2 En 1960, Osvaldo De Santi deja la orquesta de Alberto Mancione e ingresa a la de Florindo Sassone, realizando presentaciones por LR1 Radio El Mundo y Canales 7 y 11 ( Así canta Buenos Aires) de televisión. En esa década llegó a tener un programa, donde era la figura estelar.3 En 1962, la orquesta contaba con un equipo de músicos excepcional: Osvaldo Requena en el piano; en la línea de bandoneones estaban Pastor Cores, Carlos Pazos, Jesús Méndez y Daniel Lomuto; en los violines, Roberto Guisado, Claudio González, Carlos Arnaiz, Domingo Mancuso, Juan Scafino y José Amatriali; con Enrique Marcheto en el contrabajo. En 1966, viajó al Japón donde se presentó en las más importantes ciudades por espacio de varios meses. Para esa ocasión llevó como cantor a Mario Bustos. Seis años más tarde vuelve a ese país, esta vez con otra voz: Luciano Bianco. En 1957 y 1971 puso música a la milonga Baldosa Floja, con la colaboración de Julio Bocazzi, y al tango El último escalón, ambas con letra de Dante Gilardoni. Como compositor también le pertenecen: los tangos instrumentales: El relámpago, Cancha y junto a Mazzea, Rivera Sud, Bolívar y Chile, Tango caprichoso, Esquina gardeliana, entre otros. Colombia y Venezuela lo reciben en 1975 y en Caracas, actuó junto a una delegación artística argentina. En esa oportunidad eran sus cantores: Oscar Macri y Rodolfo Lemos. Después una gira a Porto Alegre, en Brasil y a Asunción, capital del Paraguay. En su discografía se observa de tanto en tanto a su Sexteto Don Florindo con el que recreaba composiciones al estilo de la Guarda Vieja. Estuvo casado por varias décadas con su esposa de nombre María, y falleció en Buenos Aires el 31 de enero de 1982 a los 70 años de edad.

domingo, 12 de octubre de 2014

"EL NIÑO CANTOR"

Pablo Lozano Fue un cantor precoz que, en su ciclo maduro, nos ofreció una bella voz y una alta técnica interpretativa. Se inició siendo un niño, en el grupo infantil La Pandilla Marilyn que hacía radioteatro, luego integró el elenco de la similar pero efímera, Pandilla Corazón. En 1935 debutó como “el niño cantor” en LR5 Radio Mitre, después fue a LR3 Radio Belgrano, para participar en el programa Matiné Federal. Y, a los doce años, hizo una breve actuación en la orquesta de Edgardo Donato. Cuando, en 1943, Alfredo Gobbi reapareció en Buenos Aires, luego de una extensa temporada en Montevideo en la orquesta de Pintín Castellanos, armó su propia formación contando con las voces de Walter Cabral y Lozano. Desconozco como Pablo con sólo 17 años llegó a la agrupación de “El Violín Romántico del Tango”, pero lo cierto es que debutó en el local Sans Souci de la calle Corrientes junto a importantes músicos: Edelmiro D’Amario “Toto”, Deolindo Cazaux, Ernesto Rodríguez “Tito” y Mario Demarco (bandoneones), Gobbi, Bernardo Germino, Antonio Blanco y Juan Pro (violines), César Zagnoli (piano) y Juan José Fantín (contrabajo). Después que Gobbi disolvió la orquesta, pasó a actuar brevemente con la de Francisco Lomuto. En 1945, fue requerido nuevamente, por Donato, junto a su colega el cantor Jorge Denis. Fue en esa oportunidad que llegó al disco. En marzo registró los tangos "Barrio tranquilo" y "La de los ojos tristes", de Donato y Héctor Marcó. A fin de año se fue de esta orquesta y, en su lugar, ingresó Alberto Podestá. En 1947, fue contratado por Antonio Ríos para cantar en su cuarteto, que se presentaba en la confitería Marzotto, de la calle Corrientes, con gran aceptación del público y en Radio Belgrano. Después de un año, volvió a ser convocado por Gobbi para compartir el escenario con el joven cantor Héctor Maciel. En esta nueva etapa con el maestro grabó: "Muchachos yo tengo un tango, de Natty Paredes y, al otro lado del disco, Maciel registró "Tierrita". Con esta placa tuvieron un éxito comercial muy importante. Esta nueva orquesta de Gobbi estaba integrada por: Ernesto Romero (piano), Mario Demarco, Mauricio Shulman “Budita”, Ernesto Rodríguez, Alberto Garralda y Ricardo Varela (bandoneones), Gobbi, Antonio Blanco, Luis Piersantelli, Miguel Silvestre, Osvaldo Monteverde y Agustín Carlevaro (violines), Juan Pecci (contrabajo). Al finalizar el año 1948, ambos cantantes se alejan de la orquesta y fueron reemplazados por Jorge Maciel y Ángel Díaz. Luego de un año, Lozano reaparece en el Marzotto, acompañado por el cuarteto de Jorge Dragone y, en 1950, se integra a la orquesta del violinista Oscar de la Fuente. Luego de los carnavales de 1955, Aníbal Troilo sufrió el alejamiento de Jorge Casal. Poco tiempo antes, se había ido Raúl Berón, el otro componente de esa escuadra de ases. Para suplir tamañas ausencias, El Gordo se decidió por Carlos Olmedo, primero y por Lozano, después. Ambos vocalistas venían siendo observados por Troilo, atraído, seguramente, por la calidad interpretativa y buena técnica de los dos muchachos. Por un lado, el fraseo rítmico de Pablo y por el otro, el decir personal de Olmedo, sumaban virtudes para esa elección. Pichuco se jugó por ellos, no obstante, las grandes dudas que tenía en cuanto a la conducta de ambos, quienes habían ganado fama de bohemios e incumplidores. Lamentablemente los cantores le fallaron y, al cumplirse el término del contrato, se vio obligado a prescindir d ellos. Fue realmente una lástima, ya que pudieron haber hecho una buena carrera junto al Gordo. Por suerte, en el surco nos quedaron tres perlitas, verdaderas joyas tangueras: "Viejo baldío", por Lozano, y "Recordándote" y "El cantor de Buenos Aires", por Olmedo. Desde ese momento su carrera artística fue declinando, paulatinamente, llevando una vida personal mala y autodestructiva. A fines de los setenta era común encontrarlo ebrio en el estaño de algún café céntrico o en el restaurante Pepito de la calle Montevideo y Sarmiento, del que era habitué. La caída era inexorable. El de Pablo Lozano es un caso muy común de aquellos tiempos en que la muchachada tanguera creía que la vida era eterna, que la juerga y la noche eran inofensivas y que la farra no dejaba secuelas. Murió a los 67 años recién cumplidos.

sábado, 11 de octubre de 2014

"EL PIBE DE FLORES"

Pedro Maffia Nació en el barrio porteño de Balvanera,2 hijo de los inmigrantes italianos Angelo V. Maffia y Luisa Spinelli. Se lo conoció en el ambiente musical como «El Pibe de Flores», e inauguró una modalidad completamente nueva de ejecución. Dejbaa el fuelle cerrado, utilizando las distintas tonalidades de notas que brinda el instrumento, en la ejecución en la modalidad abriendo o cerrando, utilizando la válvula del mismo para no forzar el sonido. Con Maffia, el bandoneón alcanzó una mayor pureza de sonido, llevándolo a uno de sus puntos de mayor alcance interpretativo. A los once años su maestro fue Pepín Piazza.3 A los quince años recorría los cafetines de Villa Crespo y ya a esa edad compuso el tango Cornetín. Sus primeros estudios musicales fueron de piano. Después crearía el primer método de estudio de bandoneón. A los 16 años debutó en el bar Iglesias, de la calle Corrientes, tocando también en oscuros prostíbulos de la provincia de Buenos Aires, con la modalidad a la gorra (como era menor de edad, en esta época, y siendo muy común sus escapadas de la casa paterna, generalmente para irse al puerto de Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires). Su padre Ángel y su madre Luisa daban intervención policial para que fuera devuelto al hogar. Maffia siempre hizo culto de la amistad. Era común verlo frecuentar distintos bares de la capital, como por ejemplo los de calle Libertad y Rivadavia, Hipólito Yrigoyen y Bernardo de Irigoyen, Corrientes y Libertad, el bar Dante (en Boedo e Independencia, donde se creó el famoso "GRUPO DE BOEDO", formado por distintos intelectuales (Juan Francisco Giacobbe), poetas (José González Castillo, Cátulo Castillo) y músicos de la época (Sebastián Piana, Pedro Láurenz) ─entre otros─ casi en concordancia con el grupo del bar Tortoni), La Querencia (en Avenida de Mayo y Tacuarí, un local que también tenía salida por la calle Hipólito Yrigoyen, donde comenzó cantando Roberto Goyeneche).4 También frecuentaba distintos restaurantes de la capital, destacándose entre ellos: El Globo (Hipólito Yrigoyen y Salta), El Tropezón (Callao y Perón, que ya no existe), el restaurante de la avenida Independencia y Boedo (que ya no existe, y donde se podían pedir los fideos con tuco por kilo), El Hispano (Salta y Rivadavia, donde se podían pedir «callos a la madrileña», sentado en la barra), El Imparcial (en Salta e Hipólito Yrigoyen). En todos y en cada uno de estos lugares, Maffia no hubo de estar solo. En su mesa se sentaron los más distintos representantes de la noche porteña, como así también de su intelectualidad. Falleció el 16 de octubre de 1967, a los 68 años, en su casa en calle Corrientes 1969.

domingo, 5 de octubre de 2014

EL CABALLERO DE CAPILLA DEL SEÑOR

Carlos García Nació en Capilla del Señor (provincia de Buenos Aires) y se crió en el porteño barrio de San Cristóbal y sus primeros estudios fueron con el maestro Mariano Domínguez. Se inició como pianista de cine mudo, algo muy común en los músicos del género. Con el maestro Pedro Rubione estudió armonía, composición, contrapunto, fuga y orquestación, tenía apenas quince años, pero su relación con el profesor duró hasta 1969, es decir cuarenta años. Integró la orquesta de Firpo entre 1932 y 1938, luego ingresó como pianista del dúo Martínez-Ledesma, que hacían música folclórica argentina y americana. Entre 1938 y 1945, animó bailes con el conjunto de música internacional Hawaian Serenaders. Con esta formación estuvo cinco meses en el Brasil, en el año 1943, y a su regreso ingresa como empleado en el sello EMI-Odeon. Su tarea consistía en organizar formaciones musicales para los acompañamientos de los artistas que trabajaban con la empresa. Realizó muchas giras por el interior del país con todas los conjuntos en los que participó. En algunas de ellas acompañando a la cantante Mercedes Simone. Actuó también en la orquesta de Alberto Castellanos en Radio El Mundo, a mediados de la década del cuarenta. Entre 1946 y 1960, tuvo como actividad principal la docencia, actuando esporádicamente como pianista solista o acompañando músicos folclóricos. A partir de 1960, es contratado como asesor musical por Radio Municipal de la ciudad de Buenos Aires. Ese mismo año comienza a realizar la misma tarea para la empresa EMI-Odeon, hasta el año 1983. Viajó a Japón en tres oportunidades con orquestas que él armaba en cada ocasión, quedó sorprendido por el comportamiento del público japonés: «Escucha con mucha atención y al finalizar aplaude medidamente cada interpretación. Y al final de la función muestra todo su entusiasmo». Leyendo una entrevista que le hiciera Salvador Arancio, comprobamos su capacidad docente en el método empleado en sus charlas y conferencias, que él denomina «escuchando tangos»: «Llevo un cassette armado con los mejores arreglos de tango que conozco: De Caro, Salgán, Pichuco, Di Sarli. Después toco algo en el piano y en el medio intercalo frases que, para mí, son sustanciales para completar la explicación. Advierto a la gente que para escuchar hay que estar muy tranquilo y liberado de ruidos, si no, no se escucha lo que realmente se está oyendo y lo que no se apreció en su momento se pierde». En 1978, participó, junto a Enrique Mario Francini, Leopoldo Federico y Atilio Stampone, en el ciclo Tangos Para el Mundo, auspiciado por la Municipalidad de Buenos Aires. El mismo se realizó en el Teatro Presidente Alvear y en él participaron músicos extranjeros: Don Costa, Billy May, Johnny Mandel y Nelson Ridle. La orquesta tenía cincuenta y cinco músicos. En su discografía se destaca sus registros con Roberto Grela, del año 1975 y los dos discos de solos de piano editados por el sello Melopea, el primero contiene una serie de grabaciones de la década del sesenta realizadas en el auditorio de Radio Municipal y el segundo registradas en 1991. Fueron muchos los cantores a los que acompañó en sus grabaciones, como director de orquesta, entre ellos: Héctor Pacheco (1956-1958), Argentino Ledesma (1967-1968), Oscar Alonso (1968), Alberto Marino, Rubén Juárez, Claudio Bergé (1969) y Francisco Llanos (1978) todos para el sello EMI-Odeon. En 1974 vuelve a grabar con Oscar Alonso, esta vez para el sello RCA-Victor. Ha compuesto muchos temas pero pocos llegaron al disco, su obra más destacada es "Racconto", con letra de Margarita Durán, grabada por Aníbal Troilo, Miguel Caló, Osvaldo Pugliese y el Sexteto Mayor. También "Ayudame Buenos Aires", letra de Francisco Llanos, "Mi estrella azul" y "Al maestro con nostalgia". Sus reflexiones sobre la vanguardia son muy interesantes: «El creador crea sin darse cuenta, espontáneamente. Pichuco, Di Sarli, De Caro, Salgán y hasta el mismo Piazzolla, crearon su obra y ninguno de ellos se tildó de vanguardista. Lo hacían sin darse cuenta. Ellos muestran lo que descubrieron, lo que saben, lo que les nace y nada más. Esto no es vanguardia sino un testimonio de aquellos que están dotados». Finalmente expresa que, para él: «La vanguardia es un rótulo. Los músicos importantes hicieron su obra porque tenían un fuego sagrado adentro». Este caballero, murió a los noventa y dos trabajando. Y el haber podido conocerlo fue un honor y un verdadero placer.

domingo, 28 de septiembre de 2014

EL PROFETA DISCEPOLÍN

Nacido en el barrio porteño de Balvanera, el 27 de marzo de 1901, hijo de un músico de orquesta, quedó pronto huérfano y a cargo del mayor de sus cuatro hermanos, Armando, que fue quien lo encaminó por el mundo de la cultura popular: la música, el teatro, la literatura. Con apenas 16 años debutó como actor y poco tiempo después se animó a escribir sus primeras obras de teatro y letras de tango: “El bizcochito” y la más conocida “Qué Vachaché”, son letras de los años 20, en su más temprana juventud. En muy poco tiempo, sus letras serían interpretadas por grandes cantantes como Azucena Maizani, Tita Merello y el mismísimo Carlos Gardel, mientras continuaba su labor actoral, y en la década siguiente podría conocer el mundo artístico de Europa. Cuando ya en su repertorio contaba con letras como “Yira y yira”, “Qué sapa señor”, “Malevaje” y “Soy un arlequín” y la más cruda descripción de la “Década Infame” con “Cambalache”, apareció el peronismo, con el que simpatizó fervorosamente y defendió desde las trincheras radiales, con su programa “Mordisquito”. En 1951, protagonizaría el recordado film “El hincha”, pero hacia fines de aquel año, el 23 de diciembre, un síncope al corazón terminaría con su vida. La canción, originalmente compuesta durante la Década Infame a la que denuncia en sus letras. Historia de cambalache La obra se vio además afectada por una resolución del Ministro de educación Gustavo Martínez Zuviría, quien prohibió los voseos y el lunfardo en los tangos. Tal medida fue derogada por Juan Domingo Perón, luego de una entrevista con el propio Discépolo. Si bien la canción tuvo un origen y un contexto en su creación, su letra denunciando los males de su sociedad la transforman en un tema universal y aplicable a cualquier país del mundo; además que al representar a la sociedad humana de siempre será un tema vigente en cualquier época. ¡Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor!.../ ¡Ignorante, sabio o chorro,/ generoso o estafador!/ ¡Todo es igual!/ ¡Nada es mejor!/ ¡Lo mismo un burro/ que un gran profesor!

sábado, 27 de septiembre de 2014

EL CABALLERO SOLISTA DEL TANGO

JUANCITO DIAZ 14 de junio de 1914 – 22 de septiembre de 2007 – Pianista y compositor - Nombre de familia: Juan Víctor Díaz – Apodo: “El Caballero Solista del tango” - “El gran pianista del tango” Nacido en el pueblo de Peyrano, Provincia de Santa Fe, allí fue donde estudió y se recibió de profesor de piano. A los 17 años comenzó a trabajar como pianista en Rosario. En 1940 ingreso en la orquesta de Manuel Pizarro, primero como pianista y más tarde también como orquestador. Poco tiempo después, su primo, Fulvio Salamanca, lo manda a llamar para incorporarse a la orquesta de Juan D´Arienzo, con quien colaboró por más de dos años. También participó en varias orquestas y realizó giras por Europa y Latinoamérica y sus audiciones en la radio fueron un rotundo éxito. En septiembre de 1951 actuando en el desaparecido teatro Politeama se consagró allí como el primer concertista de tangos de la historia. Fue elogiado por músicos maestros de la talla de Arturo Rubistein y Claudio Arrau, también el General Perón, le tenía una amplia estima. Formó dúo con René Cóspito, su gran amigo. En 1955 fue protagonista de la película “Adiós muchachos”, dirigida por Armando Bó. De su obra de compositor recordamos: “Ladrón de sueños”, “Tango a la Florida”, “Ya te hice un tango vieja” y “Lloré por los dos”.

domingo, 14 de septiembre de 2014

EL CANTOR DE LAS MADRES Y LAS NOVIAS

Natalio Alberto Capa, cuyo nombre artístico era Alberto Margal, nació en Rosario el 13 de Julio de 1910. Estudió el colegio comercial aunque sin éxito. Trabajó en una panadería, que poseía unas máquinas “Margaldi”. De ahí nació su apellido artístico. En 1933 llegó a Buenos Aires, cantando en cantinas y cafés de Avellaneda acompañándose con su guitarra. Trabajó en la Editorial Sopena y concurrió a teatros vocacioneales independientes, donde también cantaba. Durante un asado tuvo un encuentro con Juan Ruggero, “Ruggerito”, colaborador del caudillo Alberto Barceló, hecho que le sirvió como punto de arranque a su trayectoria profesinal. Fue contratado por LR2 “Radio Argentina”, emisora en la que permaneció casi 25 años. Pero también cantó en “Radio Prieto”, “Radio El Mundo” y “Radio Belgrano”, en las audiciones de “Jabón Federal”. Hay que destacar sus actuaciones en el Café Marzotto, acompañado por las guitarras de José Canet y Humberto Canataro. Fue llamado “El cantor de las madres y las novias”. Fueron muchas las giras que realizó por el interior del país, donde era muy conocido. Admirador de Agustín Magaldi, cultivó su repertorio con preferencia. Formó dúo con Lito Bayardo, con quien compuso varios temas. Su popularidad se acrecentó en 1937, destacándose como uno de los cantantes solistas de la época. Realizó giras por Brasil, Uruguay y Chile. En 1951 participó en 2 novelas de radioteatro en Radio Argentina. Su primera grabación fue en el sello “Odeón”, el 7 de Marzo de 1943 con el tango “No hables mal de las mujeres”. Su último registro se realizó en 1957, completando 46 grabaciones. Ese año abandonó la actividad artística. Falleció a los 70 años, el 18 de Setiembre de 1980.

jueves, 11 de septiembre de 2014

EL HOMBRE QUE LE PUSO LETRA AL TANGO

Pascual Contursi Quizás el entendido medio en el tango no sienta la novedad cuando se diga que los versos de "Mi noche triste", escritos en 1916 por Pascual Contursi, son el molde poético definitivo para el Tango-Canción. Los escribió para la pieza de Samuel Castriota titulada "Lita", tango conocido pero no famoso hasta que se empezó a interpretar con los versos y el nuevo título: "Mi noche triste". Hay letras anteriores a 1916, porque en esta obra colectiva que es el tango, nada nace sin un rumor en el aire, sin anticipaciones propiciatorias. pero el salto de un estado a otro, de lo que no había a lo que empezó a ser, lo da Pascual Contursi. Medio Payador (cantor que, acompañándose con la guitarra, improvisa coplas sobre diversos asuntos), cantor de bodegones y cabarets, zapatero, etc., nació en buenos Aires, en 1988. Mucho de su vida habrá en sus tangos, siendo un nocheriego, perdedor y perdido por sus amores, un tentador de la fortuna que a los comienzos fuera magra; al fin, uno constata que se escribe mejor de lo que más se conoce. "Mi noche triste" fue estrenado por Gardel en el teatro Esmeralda, en la temporada de 1917. Al año siguiente se incluyó como pieza cantada en la interpretación de la obra teatral "Los dientes del perro". El éxito estuvo desde entonces asegurado, cuando la gente lo llevaba a sus labios espontáneamente para cantarlo. A partir de allí, por Contursi y otros numerosos letristas, se disparó una notable producción del Tango-Canción. ¿Qué hay en "Mi noche triste"?. En primer lugar, el reencuentro a través de los versos con el magma suburbial del tango, con el escenario de sus puestas más genuinas, en lo que a lenguaje y ámbitos se refiere. "Percanta que me amuraste / en lo mejor de mi vida ...". Antes que el lamento inoperante, el lloro exclamativo y afásico, hay la tristeza de una historia que se fundó con Ella que "era mi alegría y mi sueño abrasador" y que ahora no está porque se ha ido y no vuelve más. En efecto, hay abandono donde antes hubo amor. hay pérdida, nostalgia por lo perdido, desconsuelo, canción. pascual Contursi escribe en octosílabos como cantaron los payadores y mucho antes los autores del romancero español. escribe desde la sencillez de un "cotorro" o un "bulín" que tal vez sea el lugar que más habitó en su vida. Allí transcurre el sentimiento de fatalismo ante el abandono. Emplea un lenguaje cruzado de lunfardías, en esta historia contada en la brevedad de un tango donde están presentes las distintas vicisitudes del protagonista "amurado". obsérvese: "Y si vieras la catrera / cómo se pone cabrera / cuando no nos vé a los dos". Metáfora donde el protagonista al estar solo da vueltas y revueltas en la cama, insomne. las cosas no están como entonces cuando ella con él convivía, están tocadas de muerte: el espejo, los frasquitos, la catrera, la guitarra, ... y la lámpara que finalmente lo deja a oscuras. Pascual Contursi continúa escribiendo tangos que le grabará Gardel. En 1919 se estrenó como autor teatral en compañía de Ivo Pelay; desde entonces la insistente producción de sainetes llevarán consecutivo un tango glosando el tema central de la obra. resulta de esto un puñado de tangos excelentes y exitosos donde hay sujetos abandonados por la querendona y abrasadora percante. En algunos, el autor puede situarse en el lugar de ella, que es feliz al irse (siempre "con otro bacán mejor ..."), o situarse, incluso, en la posición de la muchacha que, aburrida de la vida que comparte con el protagonista, un día lía sus bártulos, se va y le dice: "Yo quiero una cama que tenga acolchado y quiero una estufa pa' entrar en calor, que venga un mucamo corriendo apurado y diga .. ¡Señora araca está el Ford!". Se asomaron en sus tangos, pintorescos, los cambios en las costumbres que se afianzaban en la posguerra y en la década de 1920. Si bien el perfil sociológico no supera el escenario de la noche, Pascual Contursi registra aquella independencia que alegre, árdua, resistida, va lográndose en la posición de las mujeres. lo hace con doble sentimiento: la complicidad y la queja por prerrogativas masculinas que pierde. Evidentemente, lo visita la fortuna: sus obras teatrales suelen tener éxito de taquilla, y el derecho del autor de letras también. ¿Qué hacer con el dinero?. Disfrutó en gastarlo, en noches rioplatenses y en noches parisinas, como se estilaba entonces. Asimismo, perseveró en la continuidad temática, a riesgo de reiterarse. Curiosamente, también escribió la letra mejor lograda para el tango "La Cumparsita". Sin embargo, el nuevo título pergeñado "Si supieras" tuvo que ceder ante el original inobjetable: La Cumparsita, música de Gerardo Matos Rodríguez. de la huella de Pascual Contursi hasta hoy, se escriben los tangos con otros lenguajes, distintos temas y estilos. Es claro que sus modos y maneras, a veces, suenan válidos para los museos de la moda; más, siempre nos conmueve ese aire intemporal que late bajo el esmalte de la época. En su último viaje a Paris, aunque viviera en hotel acomodado, se nota que, desde algún lugar de su alma, seguía viviendo en el bulín. Allí escribió, en 1928, la obra final de la que tenemos constancia: "Bandoneón Arrabalero", para música de su amigo "Bachicha" Deambroggio. En ella compara al bandoneón-viejo-fuelle desinflado (al que Contursi y el mismísimo tango encontraron en la calle) con un "pebete abandonado". lo lleva para su cuarto donde le dice: "Has querido consolarme con tu voz enronquecida y tus notas doloridas aumento mi berretín". Después de esta fecha, aparecieron los síntomas del extravío en el hablar inentendible, o presentarse en el nevado invierno parisino vestido de impecable traje de playa. A partir de entonces, sus amigos supieron que, mas que una broma, aquello era una mueca del delirio. lo embarcaron, piadosamente engañado, rumbo a Buenos Aires, donde murió internado en un hospicio de salud mental, en el año 1932.

sábado, 6 de septiembre de 2014

"EL CHOPIN DEL TANGO"

café Marzotto de calle Corrientes fue el escenario de grandes orquestas y cantores de los años cuarenta. En el palco ubicado al fondo del salón, actuaron Troilo, Caló y debutó Floreal Ruiz. Fue allí donde se presentó por primera vez Osmar Maderna con su flamante orquesta constituida poco tiempo después de que se separara de Miguel Caló, con quien había conformado la célebre “orquesta de las estrellas” a la que había ingresado en 1939 en reemplazo de Héctor Stamponi. Para 1946 Maderna ya era una personalidad artística reconocida por los mejores músicos de su tiempo. El fraseo de su piano, sus clásicas notas agudas en los acordes finales, sus fantaseos solos, fueron la marca distintiva de un estilo elegante, sugestivo y discreto, un estilo ubicado en las antípodas del de Juan D’Arienzo o Alfredo De Angelis, pero también ajeno a cualquier aspiración sinfónica . Osmar Maderna nació en la localidad bonaerense de Pehuajó en 1918. Su padre tocaba el acordeón y siempre apoyó las aspiraciones musicales de su hijo. Se dice que a los once años ya integraba una orquesta local. Su profesora de piano, la que lo inició en el arte del teclado se llamaba Leonilda Lugones de Azcona. “Todo lo que sé se lo debo a ella”, declaró años después en una revista de moda. A los quince años se recibió de profesor de piano y a los dieciocho viajó a Buenos Aires acompañado por dos amigos, los violinistas Aquiles Roggero y Antonio Cipolla. En la gran ciudad deambuló durante algunos meses en bares y cafetines de mala muerte. En algún momento entró a trabajar como solista en Radio Callao y meses más tarde integró la orquesta de Lolo Fernández gracias a una recomendación del cantor Armando Moreno. El milagro, como el mismo lo calificara, se produjo cuando ingresó a la orquesta de Miguel Caló. Allí se inició de hecho la carrera profesional de uno de los músico más singulares de la década del cuarenta. En esa orquesta Maderna alternó con Domingo Federico, Eduardo Rovira, Enrique Mario Francini y Armando Pontier, es decir se pone a prueba al lado de los mejores músicos de su tiempo. En ese ambiente pronto se destaca por su talento y por la originalidad de sus interpretaciones y composiciones. En la célebre “Orquesta de las estrellas” graba alrededor de 80 temas, algunos de su autoría y otros en compañía de estos grandes músicos. “Sans Soucí” e “Inspiración” fueron los más notables. Su relación con los músicos se extiende luego a los grandes poetas del tango de la década: Enrique Cadícamo, José María Contursi, Cátulo Castillo, Homero Expósito y Julio Jorge Nelson, a quien musicaliza su poema “Margarita Gauthier” inspirado en la novela de Alejandro Dumas o, para ser más preciso, en la película que se proyectó en Buenos Aires en 1931. En 1946 Maderna se desvincula de Caló y constituye su propia orquesta Sus actuaciones iniciales en el café Marzotto continúan luego en la Confitería Rucca. El escenario nocturno lo comparte con la “Santa Paula Serenades” dirigida por Raúl Sánchez Reynoso. Para esa misma época graba en el sello “Sandor” de Montevideo temas como “Margó”, “Viejo calavera” y “Chiqué” Ya para entonces lo acompaña uno de los cantores distintivos de su orquesta: Orlando Verri. No será el único. Más adelante se sumarán Luis Tolosa, Pedro Dátila, Mario Corrales, Adolfo Rivas, Carlos Aguirre, Carlos Aldao y el gran Héctor de Rosas, quien después será el cantor de la primera orquesta de Astor Piazzolla. Del estilo de Maderna se suele decir que es algo así como un anticipo de Piazzolla. Si en algo se parecen es en el esfuerzo por renovar al tango. Piazzolla como Maderna son vanguardistas, pero allí empieza y termina la semejanza. En realidad, Maderna está más cerca del mejor Mariano Mores que de Piazzolla. Como todos ellos se esforzó por fusionar el tango con la música clásica. No en vano llegó a ser calificado el Chopin del tango, aunque además de las influencias del célebre autor de tantos valses, Maderna estuvo interesado por Listz y Rimsky Korsakoff, a quien homenajeó interpretando en 1946 “El vuelo del moscardón” en clave de tango. Maderna dirigió su propia orquesta durante cinco años. Grabó 56 temas y allí está lo más representativo y original de su obra. Entre esos temas merecen destacarse entre otros: “Fantasías en tiempo de tango”, “Lluvia de estrellas”, “Concierto a la luna”, “El elegante”, “Loca bohemia”, “Qué noche”, “En tus ojos el cielo”, “Escalas en azul”, “La noche que te fuiste”, “Volvió a llover”, “Rincón de París”, “Cuento azul”, “Lirio”, “Amor sin adiós” y “Rouge”. El primer tema grabado por la flamante orquesta es “Margó”, el poema de Homero Expósito interpretado por Verri. También de Expósito es “Te llaman pequeña” su tema fetiche, con el que iniciaba y concluía sus presentaciones. Otro de los temas destacados es “Tarde gris”, un tango que Gardel había interpretado en 1930 y que Maderna graba en 1946 acompañado por la voz afinada de Pedro Dátila. Como todo vanguardista, Maderna no fue un músico de multitudes, pero fue muy respetado por sus colegas y muy considerado por la crítica especializada. Los temas que impuso adquirieron fama internacional. “Te llaman pequeña” fue cantado, entre otros, por Pedro Vargas. “Lluvia de estrellas”, figuró en una película de Walt Disney. Y “Concierto a la luna” fue interpretado, entre otros, por Paul Whiteman. Maderna murió a los 33 años en un accidente de avión. Como Gardel, ganó la inmortalidad en una tragedia aérea. En marzo de 1951 había obtenido el brevet de aviador. Un mes después se mató junto con su acompañante Ernesto Rodríguez en el límite de Lomas de Zamora. Ya se retiraba del aeródromo cuando un amigo lo desafió para hacer unas pruebas en el aire. Su esposa -Olga Mazzei- intentó disuadirlo, pero fue en vano. Osmar Maderna murió en su hora de esplendor, cuando el futuro se abría generoso a su talento e inspiración. Especular sobre su destino artístico es innecesario. Basta con prestar atención a lo que hizo en esos pocos años para concluir que más allá de los avatares de la suerte, su proyecto estético estaba cumplido. Muchos años después el “Sexteto mayor” rendirá homenaje al maestro incorporando a su repertorio “Lluvia de estrellas”. Su amigo Aquiles Roggero, reconstituyó la orquesta que se mantuvo fiel a su estilo. Se llamó la “Orquesta Símbolo Osmar Maderna”. Roggero compuso en su homenaje “Notas en el cielo”, un título digno de Maderna, porque sus composiciones insistían con las estrellas, la luna, el cielo y sus diferentes tonos de azul. Era la suya una música que parecía llover del cielo, como dijo un crítico, aunque nadie imaginaba que esa obsesión poética por las alturas iban a ser el anticipo de la tragedia real.

sábado, 30 de agosto de 2014

EL ROSARINO LAMAS

Juan Carlos Lamas Nombre Real(Rafael Velázquez)Cantor, ActorNace en la ciudad de Rosario (Pcia. de Santa Fe) el 13 de octubre de 1921 . Debuta en Buenos Aires en el año 1942 con la orquesta de Juan D’Arienzo en el cabaret Chantecler. (Dejando en total 11 registros). En 1946 actúa en México durante un año, luego Cuba, España, Italia y a su regreso a la Argentina en 1957 inicia sus actuaciones cinematograficas dejando el canto.Consiguió rápidamente trabajo en nuestro cine y llegó a participar en 25 películas, haciendo papeles secundarios y generalmente de hombre recio. Pero en algunas como en: Procesado 1040, su trabajo fue muy elogiado por la crítica. Fallece el 27 de Julio del 2004.

jueves, 28 de agosto de 2014

EL TANO GENARO

Espósito, Genaro Ricardo Bandoneonista, guitarrista, pianista, compositor y director (17 de febrero de 1886 - 24 de enero de 1944) El Tano Genaro, cuando aún no tenía sólidos conocimientos musicales, fue maestro de dos grandes bandoneonistas: Anselmo Aieta y Ricardo Luis Brignolo. «El Tano Genaro representa el despertar de la zurda de los fueyeros guardaviejistas, junto a El Alemán Bernstein, que tenía un notable dominio de ambas manos», nos dice Oscar Zucchi en su libro El Tango. El Bandoneón y sus Intérpretes. Su primer conjunto, con el violín de Federico Lafemina y la guitarra de Torres, data de 1908, y lo formó para tocar en reuniones barriales. Dos años más tarde, debutó en el café La Marina, de Suárez y Necochea em el pintoresco barrio de la Boca, integrando un trío con el violín de Agustín Bardi -(El Chino)-, y la guitarra de José Camarano, (El Tuerto). En 1911, pasó a un café de San Telmo, reemplazando a Bardi por Enrique Muñecas. Con los mismos músicos actuó en La Buseca de Avellaneda (suburbio de Buenos Aires), para volver a La Marina en 1912, esta vez con Alcides Palavecino en violín y Harold Philips en piano. Ese mismo año fue contratado por el sello Victor para grabar con un conjunto integrado por bandoneón, violín, guitarra y clarinete, bajo el rubro Orquesta Típica Gennaro Espósito, no se conocen el nombre de los integrantes. Su primera grabación fue el tango "Ya vengo", de Julián Robledo. En el acople del disco, nº 63712, está el vals "Las violetas", primer registro también, de Ignacio Corsini. Continuó su labor discográfica en los sellos Columbia Record, ERA y Atlanta. En Columbia con la participación de Tito Rcatagliatta en violín y Roberto Firpo en piano; en ERA grabó con Julio Doutry (violín), José Fuster (flauta) y José Camarano (guitarra); y en Atlanta con Pedro Vicente Festa (violín), Echeverri (flauta) y otra vez Camarano. Cambiando siempre de ejecutantes, se presentó en el Palais de Glace con Vicente Pepe en violín, Vicente Pecci en flauta y Guillermo Saborido en guitarra. Luego, para actuar en cafés de la Boca, convocó a Ernesto Zambonini (violín) y a Juan Carlos Cobián (piano). Después de realizar una exitosa gira por las provincias de Córdoba y Tucumán, volvió en 1918 a Buenos Aires para actuar en el Teatro Roma, con su hermano Carlitos corno segundo bandoneón, Alcides Palavecino en violín y Vicente Gorrese (Kalisay), en piano. Con ellos y con otros elementos registró para el sello Telephone sus últimas seis grabaciones en la Argentina. En 1919, pasó a integrar la orquesta de Eduardo Arolas en la ciudad de Montevideo y fue figura de atracción en el café Zunino de esa ciudad. Estas fueron sus últimas actuaciones en Sudamérica. El año clave en la carrera de El Tano Genaro fue 1920, porque partió rumbo a Marsella, en un barco de carga, junto al bandoneonista Manuel Pizarro y al violinista francés Víctor Jachia. El Tano y Pizarro tocaron puerto francés el 6 de agosto de ese año, pero solos, ya que Jachia murió en la travesía. Tras una corta actuación en Marsella, viajaron a París, en 1921, donde la orquesta Genaro-Pizarro fue contratada para actuar en los dancings Fontaine y Pavillon Dauphine y estaba integrada por los músicos Güerino Filipotto y Celestino Ferrer, los demás eran franceses. El conjunto se disolvió cuando Pizarro regresó por una temporada a Buenos Aires en 1922. Genaro Espósito siguió actuando en Europa con mucho éxito hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, con su Orchestre Argentine Genaro Espósito, presentándose en locales de fama internacional como El Garrón, Le parroquete y en el foyer del Casino de París. También en grabó discos en Francia, para los sellos Columbia (entre 1924 y 1927), Fotosonor (1931), Decca (1935), M.A.X.S.A. y Gramophone (1931). Su obra autoral es extensa. Entre sus tangos más representativos se encuentran: "La percanta", "Receta médica", "Bijou", "La montura", "Eulogia (Los de la banda)", "Manuel Lema", "Juan José", "Mon petit Claude", "El crack Larrea", "Pare la música", "El goruta", "Don Machado", "La Cubanita", "El manantial", "Conflicto", "La pelada" y "Mi negra". Los valses: "Pienso en ti sin cesar", "Amor desesperado", "La flor del pago", entre otros y la polca "La cantinera". Falleció en París, en pleno conflicto bélico. «Fue, sin duda alguna», nos dice Zucchi, «uno de los más grandes propulsores del tango en Europa... a quien se debe, en buena medida, el auge que nuestro tango alcanzara en el viejo continente

sábado, 23 de agosto de 2014

UN TANGO BIEN HELADO

El 22 de agosto de 1918 la nieve se plantó en Buenos Aires. Ese día habían acudido al hipódromo de La Plata el pianista Agustín Bardi, "El Chino", y sus amigos Francisco Castello y Pedro Fiorito. Luego de la carrera, el trío se demoró cenando en una parrilla y emprendió el viaje de regreso en el mismo Ford a bigote en que habían ido, propiedad del último de los nombrados.//1273// Quiso la suerte, o la mala suerte para hablar con mayor propiedad, que el vehículo se les descompusiera a la altura del Parque Pereyra Iraola. Hallar por aquellos parajes un taller mecánico era cosa imposible. Como si fuera poco, en ese mismo momento o quizás un poco antes, ¡la inesperada nevada! Ver caer la nieve sobre Buenos Aires es algo así como haber sido testigo del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. De modo que aquellos viajeros deberían estar entre deslumbrados por el inusitado espectáculo y, a la vez, molestos por el frío y el automóvil que no mostraba la mínima voluntad por volver a arrancar. Bardi pudo haber experimentado cualquiera de las dos sensaciones o acaso ninguna, ya que estaba completamente abstraído, tarareando las notas de un tango que se le acababa de ocurrir. La inspiración suele llegar cuando se le antoja y, a veces, no en el momento más propicio para crear una obra de arte. Pero así son las cosas. La segunda parte de la historia ocurrió ya superado -no sabemos cómo, pero de alguna manera-, el inconveniente. Bardi se encuentra, poco tiempo después, con su amigo y colega Eduardo Arolas, en el café T.V.O. del barrio de Barracas. Allí le narró al "Tigre del Bandoneón" lo ocurrido durante la nevada camino a la Capital, sin excluir el detalle del nuevo tango que se le había ocurrido y que aún no le había encontrado título. Ni lerdo ni perezoso, Arolas lo halló y resultó sumamente apropiado: «Ponele "¡Qué noche!", Chino.»