" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia
domingo, 13 de octubre de 2013
EL TANGOLITICO
La relación entre la política y el tango puede ejemplificarse a través de los poetas, compositores, músicos y cantantes que se dedicaron a nuestra música a la par que militaron políticamente.
Héctor Pedro Blomberg –uno de los primeros poetas cultos que se acercó a la música típica– fue el autor de varias composiciones ambientadas en el período rosista en una época en que la historiografía liberal sólo destacaba los aspectos negativos de la Confederación Argentina: los valses "La pulpera de Santa Lucía", "La guitarrera de San Nicolás", "Tirana unitaria", "La bordadora de San Telmo" y "La canción de Amalia", el tango "La mazorquera de Monserrat", el "Triunfo de Rosas", las milongas "Rosa morena" ("Abuelita Dominga") y "Barrio viejo del ochenta", y las canciones "La parda Barcarce", "Los jazmines de San Ignacio" y "La china de la Mazorca", que integraban el repertorio de Ignacio Corsini.
También con fondo del período rosista Carlos Pesce compuso la milonga "La mulateada", Cátulo Castillo el vals "Estampa federal" y Homero Manzi el candombe "Juan Manuel".
El caudillo Juan Antonio Lavalleja, que condujo a los 33 Orientales, es evocado en "La uruguayita Lucía" de Daniel López Barreto.
El payador Gabino Ezeiza tuvo afinidad con el radicalismo, al igual que José Betinotti quien compuso la milonga "Homenaje" dedicada a Manuel J. Aparicio, caudillo de la parroquia San Carlos Norte (1), que fue interpretada por Hugo del Carril en la película "El último payador".
Debido a su adscripción al anarquismo, José González Castillo quiso inscribir a su hijo con el nombre Descanso Dominical pero, convencido por sus amigos de que ese nombre daría lugar a burlas, lo inscribió como Catulo, que éste acentuó en forma esdrújula para evitar las rimas de improvisados poetas.
En su época de cantante de temas folklóricos, Carlos Gardel interpretó "Los 60 granaderos" (cueca de Hilario Cuadros), "El sol del 25" (gato de Domingo Lombardi o Razzano Lombardo) y "A Mitre" (vals de Belisario Roldán). Posteriormente, ya dedicado al tango, cantó "Milonga del 900" de Homero Manzi en uno de cuyos versos afirma: "Soy del partido de todos/ y con todos me la entiendo/ pero váyanlo sabiendo/ ¡soy hombre de Leandro Além!…".
La Revolución del Parque es referida en los tangos "Al Parque" (J.V. Pini), "El Parque" (Pedro Datta) y en la marcha "El Parque" (Alpidio B. Fernández). En homenaje a la Unión Cívica y a la Unión Cívica Radical, fueron compuestos los tangos "Unión Cívica" (Domingo Santa Cruz), "Unión Cívica" (Pedro Sofia), "El radical" (Angélica Martegani), "El radical" (Luciano Ríos), "U.C.R." (Adolfo Pérez) y "Boina blanca" (Raimundo Chartier). Rafael Rossi fue el autor de "Don Leandro" en homenaje al caudillo de Balvanera. Udelino Toranzo compuso "Cantilo–Solanet" dedicado a José Luis Cantilo y Emilio Solanet, que fueron gobernador y vicegobernador de la provincia de Buenos Aires. "Elpidio" fue compuesto por Paz Hermoso en recuerdo de Elpidio González.(2)
Enrique Maroni compuso el tango "Hipólito Yrigoyen" y Alfredo Eusebio Gobbi dedicó al caudillo radical "Otra vez el viejo", en el que también se nombra a Leandro N. Além. "...Cuando a Yrigoyen lo embalurdaron..." recuerda Héctor Méndez en "Yo soy del '30".
A Alfredo L. Palacios fueron dedicados los tangos "Espiante que viene Palacios" (Silvio Di Pascual), "El socialista argentino" (Luis Loiello), "El socialista" (Juan Mallada), "El diputado" (Armando Maristany). "Barullo en la barra", de Juan Marini, se refiere a una discusión entre Palacios y Oyhanarte en la Cámara de Diputados. Antonio Lagomarsino dedicó el tango "El socialista" a Enrique del Valle Iberlucea, el primer Senador socialista de América.(3) Manuel Ugarte compuso "Recuerdo de carnaval".
Manuel Solano y Juan Augusto fueron los autores de "Don Lisandro" y Ernesto Zambonini de "El Demócrata Progresista"(4).
Gardel amenizó asiduamente las reuniones de los comités de Alberto Barceló, caudillo conservador e intendente de Avellaneda, y se ganó la inquina de los radicales yrigoyenistas cuando interpretó el tango "¡Viva la patria!" de Francisco García Jiménez (radical antipersonalista), en el que se hace la apología de la sedición del 6 de septiembre de 1930.
Con la complicidad de Natalio Botana, y por medio del diario "Crítica", el presidente Agustín P. Justo usufructuó la muerte de Gardel para desviar la atención pública del asesinato de Enzo Bordabehere en pleno recinto del Senado Nacional.
"Al pie de la Santa Cruz" de Mario Batistella es una descarnada crítica social a la miseria de la década de 1930, y, ambientada en Buenos Aires, Celedonio Esteban Flores recrea en "Pan" el drama de Jean Valjean.
Fue funesta la resolución del entonces ministro de Educación Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast) al crear en 1943 una comisión purificadora del idioma presidida por monseñor Gustavo Franceschi que prohibió la difusión de tangos en cuya letra se empleara el voseo y el lunfardo, lo que forzó a los autores a corregir esas composiciones, las que resultaron una parodia del tango. En 1949, esa absurda y arbitraria medida fue derogada por el presidente Perón accediendo a la solicitud de poetas, músicos e intérpretes de nuestra música ciudadana.
Manzi militó en el Partido Radical y, opuesto a la conducción de Marcelo T. de Alvear, fue uno de los fundadores del grupo FORJA, para adherir posteriormente al peronismo. Además de la citada "Milonga del 900", compuso las milongas "Versos de un payador al general Juan Perón" y "Versos de un payador a la señora Eva Perón", las que llevan música de Hugo del Carril.
Nelly Omar cantó la marcha "Es el pueblo" y las milongas "La descamisada" y "Evita capitana", esta última compuesta por Rodolfo Sciamarella, que también interpretó Juanita Larrauri.
Eufemísticamente, dice María Elena Walsh en "El 45": "¿Te acordás de la Plaza de Mayo/ cuando el que te dije salía al balcón?"
Por su militancia en el Partido Comunista, Fulvio Salamanca y Osvaldo Pugliese padecieron cárceles tanto durante el gobierno peronista como a partir de la Revolución Libertadora. Pugliese fue, quizás, el mejor intérprete de los tangos de Julio De Caro a quien, no obstante, consideraba políticamente un reaccionario. Julio De Caro amenizó con su orquesta lo que se dio en llamar "el cabaret alvearista" por ser Don Marcelo un concurrente habitual.
Hugo del Carril no obtuvo beneficios personales por su adhesión al peronismo sino que ayudó a sus colegas en la mala, como fue el caso de Rafael Buono, al que consiguió liberarlo de su condena, así como a Alfredo Varela, preso por comunista, autor de El río oscuro, libro en el que se basó la película "Las aguas bajan turbias". Del Carril cayó en desgracia por su enemistad con Luis César Amadori y con Raúl Apold, secretario de Prensa y Difusión quien, para vengarse, lo sustituyó por Héctor Mauré en la difusión de la marcha "Los muchachos peronistas". La militancia de Del Carril fue castigada con la cárcel por la revolución del 16 de septiembre de 1955.
En Memorias. Tras los dientes del perro, Helvio Botana narra que cuando Barquina conoció al presidente Perón, con su desfachatez proverbial, le dijo "Lástima que chapó este laburo de Presidente. Con la pinta que usted tiene ¡qué flor de cafisho pudo haber sido!"
La "mishiadura" del infausto período que se inicia con la asonada del 6 de septiembre de 1930 fue descripta festivamente por Enrique Cadícamo en "Al mundo le falta un tornillo".
Debido a la neutralidad favorable a los países del Eje, el gobierno de Ramón S. Castillo prohibió la exhibición de la película "El fin de la noche" ambientada en un país que padecía la invasión nazi. En esa película Libertad Lamarque interpretaba el tango "Uno" de Enrique Santos Discepolo. Esa prohibición fue levantada por la revolución del 4 de junio de 1943, para ser impuesta nuevamente poco tiempo después. Enfrentada con Eva Duarte durante la filmación de "La cabalgata del circo", la Lamarque se exilió en México.
El paradigma de la relación entre el tango y la política es, indudablemente, el tango "Cambalache" en el que Discepolo describió admirablemente la corrupción de la "década infame". "Cambalache" tuvo el singular privilegio de haber sido prohibido por todas las dictaduras a partir de la de 1943.
Discepolo adhirió voluntaria e incondicionalmente al peronismo. La audición "Pienso y digo lo que pienso" en la que dialogaba con "Mordisquito", un opositor imaginario, tuvo un extraordinario éxito radial. Perón manifestó que su reelección en 1951 se debió al voto femenino y a Mordisquito.
LA PULPERA DE SANTA LUCIA
En la época en que creaban y publicaban sus composiciones, entre fines de la década de 1920 y comienzos de la de 1930, Blomberg y Maciel eran presentados como "precursores de la canción histórica de la República", debido a que la mayoría de las letras se refieren a acontecimientos y personajes de la época en que don Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires y era el Canciller de la Confederación Argentina.
Así como la Iglesia Católica, cuya religión era profesada por la mayoría de la población, era la encargada de registrar nacimientos, bodas y defunciones hasta la creación del Registro Civil, también las jurisdicciones en que se dividían las ciudades principales para su mejor administración eran delimitadas por el área que abarcaban sus parroquias.
Como puede comprobarse en el mapa de la Capital Federal, numerosos barrios conservan todavía el nombre de las parroquias en torno de cuyos templos tuvieron origen. En base a estas denominaciones, Blomberg concibió una serie de hermosas historias relacionadas con mujeres –reales o no– que habrían vivido en esas parroquias. Tales una hermosa niña de quince años cumplidos en 1840: "Cumplió quince años la primavera del año rojo de la ciudad"; una artesana que llevó tal vez sus bordados a la quinta de San Benito de Palermo: "Fue la bordadora del viejo San Telmo la que vino al patio del Restaurador"; una ejecutante de guitarra de un barrio contiguo a la plaza de Mayo: "Guitarrera, guardé tu guitarra, porque nadie sus cuerdas jamás pulsará como tú las pulsabas, en las noches de San Nicolás", o la célebre rubia de ojos celestes que cantaba como una calandria: "la pulpera de Santa Lucía".
La parroquia de Santa Lucía está en el barrio porteño de Barracas, y fue creada a partir de un oratorio que ya existía en el siglo XVIII. En cercanías del templo actual, en la esquina de la avenida Caseros y Martín García, había una pulpería en la que vivía Dionisia Miranda, quien sería la inspiradora de los versos de Hector Pedro Blomberg.
Por otra parte, corresponde señalar la escasa importancia que tiene para el hecho artístico –es decir, universal en tanto que tal– el intento de ir en estos casos más allá de lo anecdótico. Abocarse a la búsqueda de datos que trascienden el contexto histórico de una obra de arte, –significativo en la medida en que puede contribuir a su valoración y comprensión– para perseguir inciertos testimonios, es un despropósito que se asemeja a la pugna de tantas damas por reivindicarse a sí mismas como la Malena del tango de Manzi: Tanto "Malena" como "María" son la mujer que, desde su propia vivencia real o soñada, imagina cada uno de quienes escuchan esos tangos magistrales. La referencia a la propia subjetividad no excluye por supuesto la contemplación admirativa de esas obras considerándolas como fuente de un elevado placer estético, al margen de circunstancias reales y de connotaciones personales.
Aunque en algunos casos es posible precisar nombres, personajes o lugares concretos, se trata en realidad de arquetipos, por lo que resulta discutible el empeño de presuntos "investigadores" por averiguar, por ejemplo, el apellido de quien Cátulo Castillo dijo: "acaso te llamabas solamente María". (Por lo demás, ante la pregunta de un periodista bahiense, el autor le respondió que la protagonista de ese tango en realidad se llamaba Laura.)
La pulpera de Santa Lucía puede ser, por lo tanto, cualquier mujer que haya atendido una pulpería en alguna parroquia de cualquier pueblo o ciudad, del mismo modo que el payador mazorquero pudo ser cualquier miembro o mero simpatizante de la Sociedad Popular Restauradora que haya despuntado su afición por la payada en alguna pulpería.
La historia transcurre "cuando el año cuarenta moría", el decir, a fines de uno de los años de represión política más sangrienta, 1840. Este verso fue adoptado por el habla popular, como ha sucedido con otras frases de canciones, para indicar un acontecimiento sucedido hace muchísimo tiempo: "¡Eso fue cuando el año cuarenta moría!", solía decirse. Incluso esa expresión se fue alterando, hasta convertirse en la frase sin sentido "cuando el año cuarenta María".
(En "Dos tangos burreros que cantó Gardel" se mencionan frases similares empleadas en la conversación familiar, que han sido tomadas de la popular letra del tango "Palermo")
Con respecto a la letra de este precioso vals canción, cabe señalar que –como suele suceder– algún copista, razonando con lógica abstracta pero sin sentido poético, cambió un par de palabras en el primer verso de la sexta estrofa: "No volvieron los trompas de Rosas", es una bella imagen que alude a los soldados-músicos que tocaban ese instrumento, utilizado para impartir órdenes en el campo de batalla. En la mayoría de los textos ha sido modificado por "No volvieron las tropas de Rosas", que no es una imagen sino un concepto abstracto –algo totalmente alejado del lenguaje poético–.
Transcribo por último la letra de "La pulpera de Santa Lucía" tal como aparece en la partitura original y como la cantó Ignacio Corsini. Cabe mencionar que el trío de guitarras que lo acompañó en "La pulpera de Santa Lucía" y demás canciones de Blomberg, estaba integrado por el propio Enrique Maciel, Eduardo Pagés y Rosendo Pesoa. (El apellido del segundo guitarrista suele aparecer como "Pagez", con "z" –y por consiguiente sin acento–, pero en el museo de la Academia Nacional del Tango, ubicado en la planta alta del ya centenario "Café Tortoni" –Avda. de Mayo 825–, encontré una fotografía del trío, autografiada, y la firma correspondiente dice "Pagés", con "s" y acento ortográfico.).
La pulpera de Santa Lucía
Era rubia y sus ojos celestes
reflejaban la gloria del día
y cantaba como una calandria
la pulpera de Santa Lucía.
Era flor de la vieja parroquia
¿quién fue el gaucho que no la quería?
Los soldados de cuatro cuarteles
suspiraban en la pulpería.
Le cantó el payador mazorquero
con un dulce gemir de vihuelas.
En la reja que olía a jazmines
en el patio que olía a diamelas:
"Con el alma te quiero, pulpera
y algún día tendrás que ser mía",
mientras llenan las noches del barrio
las guitarras de Santa Lucía.
La llevó un payador de Lavalle
cuando el año cuarenta moría;
ya no alumbran sus ojos celestes
la parroquia de Santa Lucía.
No volvieron los trompas de Rosas
a cantarle vidalas y cielos;
en la reja de la pulpería
los jazmines lloraban de celos.
Y volvió el payador mazorquero
a cantar en el patio vacío
la doliente y postrer serenata
que llevábase el viento del río :
"¿Dónde estás con tus ojos celestes
oh pulpera que no fuiste mía?
¡Cómo lloran por ti las guitarras,
las guitarras de Santa Lucía!".
lunes, 17 de octubre de 2011
Los tangueros del peronismo
N
No fue necesario que llegara el 17 de octubre de 1945. Desde un año antes, cuando la figura del entonces Coronel Perón emergía como el candidato del pueblo para la conducción del país, comienzan a surgir canciones con letras y títulos en homenaje a su persona, también con loas ante la esperanza de un equilibrio social y a las obras realizadas y a realizar. Más tarde, también habrá para su esposa, Eva Perón.
Fue apreciable la cantidad de temas, pero aquí nos interesa enumerar, solamente, aquellos donde hayan intervenido en su creación o interpretación, gente de tango, aunque habrá alguna excepción. El listado siguiente no pretende ser completo.
Perla Mux
Perla Mux
A la oficina de Perón en la Secretaría de Trabajo, junto con cartas y telegramas, llegaban diariamente muchos discos fonopostales. Los mismos, se grababan en el propio Correo Central y los surcos se registraban en una cartulina brillante donde además quedaba espacio para dedicatoria y nombres. De ellos, nuestro amigo el coleccionista Héctor Lucci, nos mostró e hizo escuchar: “Renovación”, una marcha de Ugarte —según puede leerse— dedicada al vicepresidente de la Nación Coronel Perón y cantada con pretensiones líricas que tornan indescifrable la letra, por la estrellita de nuestro cine Perla Mux. Las palabras previas y el acompañamiento de piano estuvieron a cargo de un hermano suyo de nombre Bruno Mux, la postal tiene fecha del 12 de agosto de 1944. Por entonces, el presidente de la República era el general Edelmiro J. Farrell quien también, en esa fecha, recibió un presente similar, por los mismos intérpretes: “Marcha de la Victoria”, con música y letra de Bruno Mux. Si bien aquí no hubo gente de tango, lo hacemos figurar como curiosidad y porque no llegaron al destino deseado. Era tan grande el caudal de envíos con salutaciones, que todas las tardes un ordenanza se encargaba de eliminarlos.
Seguramente, la primera manifestación de los tangueros, haya sido la marcha “4 de Junio”, de los hermanos Francisco y Blas Lomuto, registrada por la orquesta de Francisco Lomuto, con las voces de sus cantores Alberto Rivera y Carlos Galarce, el 6 de junio de 1944.
Galarce y Rivera con Blas Lomuto
Enrique Lomuto
El 18 de septiembre de 1944, el sello Odeón (disco nº 7121) saca a la venta la milonga de Enrique Lomuto “Argentino cien por cien”. El autor firmó con el seudónimo Julio Duval, la letra es de Rubén Fernández de Olivera, también conocido como “Tabanillo”, pero cuyo nombre real era Rubén Nicolás Fernández Barbieri. La orquesta es la de Enrique y la voz de su cantor Roberto Torres. La partitura editada se caracteriza por traer una sobrecubierta con la fotografía del rostro de Perón, atravesada por los colores de la bandera argentina.
A continuación, y sin respetar el orden cronológico de las grabaciones, están los siguientes títulos: “Marcha Peronista”, que no tiene nada que ver con “Los muchachos peronistas”. El autor es Rodolfo Sciammarella y la registró Héctor Palacios, acompañado por la orquesta de Miguel Zepeda. La mayoría de los temas que aquí se nombran fueron realizados en los estudios del sello Victor, en forma particular, sin llegar a la comercialización. Servían para ser obsequiados y escuchados en los actos partidarios. Todos ellos llevan como identificación la letra P (significa particular o privado) y el número de matriz es, en este caso, 137 A. En el reverso, con la letra B, figura “Slogans Peronistas”, textos muy breves y sencillos creados y dichos por Rodolfo Sciammarella.
Con respecto a la canción emblemática que aún perdura como himno del movimiento justicialista, la marcha “Los muchachos peronistas”, ya hablamos en Todo Tango y remito a su crónica.
Como curiosidad, un breve comentario: un fragmento de esta marcha fue incluido en una pequeña caja musical, que a la vez fue incorporada dentro de un reloj despertador del que hubo solamente tres ejemplares. Su fabricante, la compañía suiza Jaegger, obsequió uno a Eva Perón durante su viaje a Europa. Otro, a un directivo de la empresa de automóviles Alfa Romeo, cuando Juan Manuel Fangio corría con esa marca. El tercero tuvo un derrotero desconocido. Cuando Evita regresó de su gira, se lo regaló a Ángel D’Agostino. A la
Reloj Jaegger
muerte del maestro, pasó a poder de unas sobrinas suyas quienes se lo vendieron a nuestro amigo Héctor Lucci. Cuando suena la hora prefijada en el despertador, brotan las notas de la inmortal marchita.
En el reverso de la versión de Héctor Mauré está “La única solución”, marcha de Ramon Oscar Lanas
“Oda a Perón”. Fue realizada con la melodía del vals de Marino García, “Mis harapos” y una letra de ocasión cuyo autor desconocemos. La interpretaron Alberto Marino, en 1947, acompañado por guitarras y también, Antonio Tormo.
“Evita Capitana”. Aquí se utilizó la música de “Los muchachos peronistas” y la letra es de Rodolfo Sciammarella. La cantó Juanita Larrauri, acompañada por la orquesta de la APO, dirigida por Domingo Marafiotti y coro a cargo de Héctor María Artola. Una similar versión se registró solamente instrumental. También fue grabada por la Orquesta y Coro del Teatro Colón, disco Víctor P.1535 B, matriz 4477. Otra versión, la de Emilio Ríos y su banda con la voz de Susy Diéguez, sello Avefón.
Antonio Helú y Enrique Pedro Maroni hicieron varios temas: “Descamisado”, tango que canta Héctor Pacheco con la orquesta de Alfredo Attadía, en un disco no comercial P.138A, de 1947; en la faz B: “Peronista”, con los mismos intérpretes; “La Descamisada”, milonga por Nelly Omar con la orquesta de Marafiotti, disco Victor P.1457A, año 1951 y en el otro lado, “Es el pueblo”, también con Nelly y el coro de Fanny Day.
“Marcha de la construcción”, música y letra de Sciammarella, canta Hugo Marcel.
“Madrecita de los pobres”, de Félix Scolatti Almeyda y Alfonso Tagle Lara. Canta Irene de la Cruz. Grabación particular realizada en los estudios “Ayacucho”, el 1 de agosto de 1951.
“Canto al trabajo”, marcha de Cátulo Castillo y Oscar Ivanissevich. Canta Hugo del Carril, 25 de noviembre de 1948, acompañado por la orquesta del Teatro Colón dirigida por Alejandro Gutiérrez del Barrio. Existe una versión sólo instrumental, por la misma orquesta, pero dirigida por Luis I. Ochoa, con el coro mixto del Colegio Militar y del Conservatorio Municipal, Víctor P.810.
“Versos de un payador al General Juan Perón” y “Versos de un payador a la señora Eva Perón”. Ambas ofrendas cantadas por Hugo del Carril, que le puso ritmo de milonga a los versos de Homero Manzi, año 1949. Tiempo después, fueron grabados por Oscar Alonso.
“Marcha del Plan Quinquenal”, de Sciammarella, canta Héctor Mauré con la orquesta dirigida por Silvio Vernazza y el coro de Fanny Day. Victor P.1550, año 1953.
“Caballero Juan Perón”, de Samuel Aguayo, canta el autor acompañándose en guitarra.
“Perón-Ibáñez”, con letra de P. Santillán, adosada a la melodía de “Los muchachos peronistas”, canta Alberto Marino con orquesta en 1953.
“Marcha de Luz y Fuerza”, de Domingo Marafiotti y Cátulo Castillo, por Hugo del Carril con la orquesta de Marafiotti, en 1949.
“Se acabó la mishiadura”, tango de Enrique Rodríguez y José Paradiso, por la orquesta del músico con la voz de Ricardo Herrera, registrado el 15 de diciembre de 1950.
“Una carta para Italia”, tango se Santos Lipesker y Reynaldo Yiso, por la orquesta Francini-Pontier, con Roberto Rufino, el 24 de marzo de 1948.
Para cerrar el listado una marcha, que representó un hecho que quedó grabado en el recuerdo de todos los que en esa época éramos pibes y amantes del fútbol: “Marcha del Primer Campeonato de Fútbol Infantil Evita”, en homenaje a los juegos inaugurados el 20 de agosto de 1950. Es de Sciammarella y Carlos Artagnan Petit, con la orquesta de Silvio Vernazza. Una curiosidad, es cantada por el Coro de Niños Santa Cecilia, donde se destaca la voz solista de un pequeño de doce años quien, con el tiempo, se convertiría en el reconocido cantor popular: Luis Aguilé.
domingo, 16 de octubre de 2011
La madre
Poema a la Madre
Yo fui medio consentido
por ser el hijo menor
y ya mi hermano el mayor
me llamaba el preferido
razones habrá tenido
que cuando me perseguía
detrás de ella me ponía
y ya estaba defendido
si mi padre me mandaba
"a la cama sin cenar"
la veía aparecer
haciéndose la enojada
y a escondidas me pasaba
la parte mía en un plato
"y la próxima te mato"
me decía y lagrimeaba
Aquel delantal mojado
de lavar en la pileta
que retorcía tan inquieta
porque alguno había avisado
que su hijo se había peleado
con otro chico en la esquina
y al rato yo aparecía
con un ojo amoratado
Me acuerdo lo que sintió
la vez del pantalón largo
fue un momento muy amargo
me miraba, me toco
decía, como creció
si ayer lo hacia dormir
y al quererse sonreír
el llanto la traiciono
Igual que muchos creí
que sabia demasiado
por los labios pintados
de lado de ella me fui
y aquel día en que volví
arruinado y amargado
en vez que dejarme a un lado
se puso a rezar por mi.
Como castiga la vida
como traiciona la gente
como se dobla la frente
por un plato de comida
no hay uno que no te pida
su parte por un favor
y se calcula el valor
que pueda tener tu herida
solo ella, ella comprende
el dolor de tu mirada
por que su vista cansada
desde niños nos entiende
solo ella te defiende
por que eres su misma sangre
y solo te da una madre
la amistad que no se vende
Yo quería hacerle versos
como ella los merecía
los empecé tantas veces
y no salgo del comienzo
es que a una madre
es que a una madre, yo pienso
que, que se le puede escribir
solo se puede decir
en la ternura de un beso.
Orquesta olvidada
Fundador: Genaro Espósito
Año: 1912
Formación:
Bandoneón: Genaro Espósito
Violines: Julio Doutry
Flauta: Juan Domingo Fuster
Piano: Félix Camarano
Debido al gran éxito que tuvieron, las orquestas típicas empezaron a proliferar.
La de Genaro Espósito fue la tercera que se creó para el sello Columbia, que antes había contratado a Vicente Greco y Juan Maglio. Espósito, fundador y director de esta orquesta, creó un nuevo estilo cuando comenzó a ejecutar el tango a menor velocidad que las otras agrupaciones.
Esto significó un avance interpretativo, puesto que el género arrabalero fue adquiriendo mayor lentitud con el tiempo. El "Tano" Genaro fue uno de los pioneros en llevar el tango a París.
La popularidad de la orquesta al volver a nuestras tierras fue en continuo crecimiento. Además, grabaron innumerables tangos de éxito por aquel entonces, y que hoy recordamos con nostalgia.
sábado, 15 de octubre de 2011
EL HOMBRE GRIS DE BUENOS AIRES

Como se sabe, Julián Centeya fue el seudónimo más conocido del poeta Amleto Enrico Vergiati, nacido en Parma, Italia, en 1910 y llegado a playas argentinas doce años más tarde.
Su padre había sido periodista en el diario socialista “Avanti”, de Parma, y se vio obligado a emigrar con su familia ante el arrollador avance de los “camisas negras” mussolinianos. Al no conocer el idioma, debió ganarse la vida entre nosotros con el bíblico oficio de carpintero. Hay varios poemas donde su hijo lo recuerda. El más célebre es aquel que empieza:
“Quisiera amasijarme en la infinita / ternura de mi barrio de purrete, /con un cielo cachuzo de bolita / y el milagro coleao del barrilete”.
En Buenos Aires el joven Amleto cursa hasta el tercer año en el Colegio Nacional Rivadavia, del que también habían sido discípulos sus amigos Cátulo Castillo y César Tiempo. Expulsado por mala conducta, según algunos, dejado libre por sus continuas “rabonas”, según otros, abandona el hogar paterno y comienza una vida azarosa, viviendo en pensiones de mala muerte, comiendo salteado y practicando el periodismo bohemio de la época, al tiempo que confraterniza con poetas, prostitutas, curdas, ladrones y cafañas en “bodegones turbios de humo agrio” y otros antros más sombríos de una ciudad sumida en las abyecciones sociales y políticas de la Década Infame.
En esas andanzas por las redacciones más diversas, usó distintos seudónimos -Juan Sin Luna, Enrique Alvarado, Shakespeare García- pero en 1938 escribe una milonga en que inventará su nombre definitivo:
“Me llamo Julián Centeya, / por más datos soy cantor. / Tuve un amor con Mireya. / Me llamo Julián Centeya, / su seguro servidor”.
Todavía en 1941 firma como Enrique Alvarado su libro de poemas negros El recuerdo de la enfermería de San Jaime:
“Qué hago yo con el recuerdo de la enfermería de San Jaime/ puesto que tú me has dejado con el recuerdo de la enfermería de San Jaime. / Mira: tengo la cara sucia de llanto.../ ¡Ah! Si tú supieras qué triste resulta vivir así, / siempre así, / teniendo entre las manos / el recuerdo de la enfermería de San Jaime...”.
Acotemos que enfermería de San Jaime o “St. James infirmary” llamaban los negros norteamericanos al lugar donde se expendían bebidas alcohólicas. Y éstas y el tabaco –para desesperación de su mujer, Gori Omar- fueron los mejores amigos de bohemia del poeta callejero.
En los años del peronismo -pleno empleo y buenas remuneraciones- el peregrinar de Julián de pensión en pensión (y de desalojo en desalojo) se fue sosegando. Pero en 1955, pese a que jamás ostentó pensamiento partidista alguno, “la irresponsabilidad oficial situó en la calle a multitud de periodistas”, y entre ellos a él.
“Puchereó”, como lo había hecho tantas veces en su vida, refugiándose en el mundo del tango, presentando alguna orquesta en un boliche, borroneando rápidas glosas radiales. “No haber tenido nada fue su todo”, como el mismo escribiera de su amigo Dante A. Linyera.
Por esos años lee mucho y “medita” los poemas lunfardos de La musa mistonga, libro que en 1964 le editan los hermanos Freeland en su colección “Filólogos del habla popular”. En el prólogo al mismo, Julián revela su arte poética:
“Yo no descubro nada, menos invento. Repito. Recuerdo. Hago, y no como ejercicio, memoria. A ello sucede el verso, manera de revelar por fuera lo que llevo adentro y lo hago, sí, en un lunfa al que le confiero primitividades de historia, no sin dejar de prestarle la oreja, a lo que tiene de actual, de inmediato, de reciente”.
Su segundo poemario lunfa, La musa del barro, se lo publica una editorial más distinguida, Quetzal, y lo presenta la novelista Martha Lynch. Para 1968 los intelectuales argentinos han empezado a revalorizar a los escritores populares. Y Julián lo es en grado sumo. Basta leer sus poemas “Mi viejo”, “Pichuco” y “Atorro”, para comprobarlo. O su estremecedor “Muerte del punga”:
“La muerte lo pungueó en el conventillo, / quedó en el patio de crispada zurda; / venía de lejo el canto de los grillos / y entraba el tano Giacumin en curda”.
Sin olvidarnos de aquel magistral soneto a Aníbal Troilo, por él bautizado “Bandoneón mayor de Buenos Aires”:
“Estás en el dolor impar del amasijo / que refundió tu cuore en alba y luna. / En tus manos el fueye es una cuna / y en ella desvelao te mira un hijo. // Estás en el misterio profundo de la cosa, / cerrás los ojos para ver por dentro. / No sé con qué carajo hacés la rosa/ del barro inaugural que vino al centro.// Me verdugueás, ¿sabés?, lleno de asombro/ cuando te escucho con la luna al hombro / traer del tango elemental el eco // con luz de pucho y copa levantada / en el boliche aquel de la cortada / tan cordial y tan nuestro como el queco”.
No volvió a publicar otro libro de poesía y recién en 1978, póstumamente, aparecen dos recopilados en uno: La musa maleva y el surrealista Piel de palabra o El ojo de la baraja izquierda.
Pese a ser un hombre de tango, Julián no escribió mas de cincuenta letras de tangos, valses y milongas. Y a contramano de su bohemia, su capacidad de trabajo fue inmensa. Como periodista llegó a trabajar en cinco publicaciones a la vez. Escribió sobre cine, deportes, costumbrismo, tango, lunfardo, información general. Fue glosista, animador, conductor, libretista radial y, en sus últimos años, comentarista televisivo. “Tarde –como él mismo decía-, ahora que estoy flaco y fulero”.
Su novela El vaciadero -una cruda inmersión en la quema de basura de Villa Soldati- se publicó en 1971. Alguna vez habrá que volver a ella, a sus breves y dramáticas escenas, a sus personajes delineados con maestría, a la atmósfera agobiante y tortuosa que le imponen esas regiones marginales de Buenos Aires.
Julián Centeya murió una madrugada de julio de 1974 en una residencia geriátrica, solo.
Han pasado 33 años de ese día, “la alta edad de su silencio”, como él mismo podría haber escrito, y hoy Norberto Galasso le rinde homenaje con este pequeño gran libro en el que se reconstruye con arte y con amor la estatura poética y humana del Hombre Gris de Buenos Aires.
viernes, 23 de abril de 2010
Maestro tanguero

El 22 de febrero de 1987 falleció Alberto Echagüe (Juan de Dios Osvaldo Rodríguez), nacido en 1909 en Rosario.Su profesiòn inicial fue de maestro de escuela, luego ingresa al tango.
Vocalista emblemático de la orquesta típica de Juan D’Arienzo, con quien integró uno de los binomios más exitosos de los años de apogeo popular del género.
La vertiente humorística de su repertorio -frecuentemente calificado de chabacano- le valió sucesos como El tarta, El Nene del Abasto, Che, existencialista o Che Pituca.
Después de cantar en distintos escenarios de su ciudad, en 1932 llegó a Buenos Aires y adoptó el seudónimo con el que alcanzaría notoriedad.
En este primer período registró algunas actuaciones con Pedro Maffia y Angel D’Agostino, auque sin mayor trascendencia.
En 1938 se incorporó a la orquesta de Juan D’Arienzo.
Su nombre quedó tan fuertemente asociado al del director, que volvió una y otra vez a esa orquesta. Modeló un estilo muy personal, en el que alternaba tangos dramáticos con los humorísticos, caricaturas de personajes como Chichipía o El tarta.
En 1940, junto a todos los músicos de la orquesta, dejó a D’Arienzo, pero regresó a la formación cuatro años más tarde y permaneció junto al director hasta 1957.
Entonces, junto a su compañero Armando Laborde, se presentó con su propia orquesta, Echagüe-Laborde.
En 1960 ingresó en la orquesta típica de Juan Sánchez Gorio, y a partir de 1961 continuó su carrera como solista.
En 1968 se reincorporó a la orquesta de D’Arienzo, con quien permaneció hasta la muerte del maestro en 1976.
En 1968 con esa orquesta, aunque sin director, viajó a Japón, y en 1973, actuó en paralelo con Los Solistas de D’Arienzo.
miércoles, 21 de abril de 2010
Orquestador del bandoneón mayor de Buenos Aires

Raúl Garello
Información personal
Nombre real Raúl Garello
Nacimiento 3 de enero de 1936
Origen Chacabuco, Bs.As., Argentina
Ocupación(es) Compositor, Bandoneonista, Arreglador, Director
Información artística
Género(s) Tango
Instrumento(s) Bandoneón
Artistas relacionados Carlos García
Raúl Garello (n. 3 de enero de 1936, Chacabuco, provincia de Buenos Aires) es un bandoneonista, director, compositor y arreglador argentino.
Realizó estudios de armonía, fuga y contrapunto con Juan Schultis y Pedro Rubione. A sus 18 años, se vinculó inmediatamente a la orquesta estable de Radio Belgrano, donde conoció a Leopoldo Federico, a quien reemplazó luego en el cuarteto de Roberto Firpo (h). Tiempo después se incorporaría a las de Carlos Dante, Alberto Morán y Horacio Salgán.
En la Orquesta de Aníbal Troilo tuvo la oportunidad de ingresar en 1963 como bandoneonista, cumpliendo también con la tarea de arreglador, lo que le valió el reconocimiento de ser uno de los orquestadores más importantes sobre todo entre los de su generación y que desarrolló también para las formaciones de Leopoldo Federico, Baffa-Berlinghieri y Enrique Mario Francini.
Ha realizado numerosas grabaciones al frente de su gran orquesta, acompañando a los cantantes de mayor prestigio como Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Roberto Rufino, Floreal Ruiz, Susana Rinaldi, Eladia Blázquez, Rubén Juárez, entre muchos otros. Llegó a figurar en los discos del sello Victor, como "Orquesta Típica Porteña".
Realizó numerosas giras, entre las que se destacan las que protagonizó junto a la Orquesta Sinfónica de Toulouse, el bailarín Jorge Donn y el Ballet de Maurice Béjart por Suiza y Francia. En 1974 debutó con su primera agrupación, un sexteto, en "El viejo almacén" de San Telmo y cuyo propietario era el gran cantor Edmundo Rivero.
En 1977 realiza una espectacular serie de cuatro discos instrumentales, con su orquesta ampliada con el concurso de 27 músicos, en los que dio a conocer su obra como compositor: "Che Buenos Aires", anteriormente estrenado en 1969 por la orquesta de Aníbal Troilo, "Verdenuevo", "Margarita de agosto", "Muñeca de marzo", "Pequeña Martina", "Bien al mango", "Vaciar la copa", "Aves del mismo plumaje", "Che Pichín" y "Pasajeros del tiempo".
En esta etapa de inspiración compositiva, creó numerosas obras cantables, entre las que pueden destacarse "Dice una guitarra", con un excelente registro de Carlos Casado con la orquesta de Osvaldo Piro; "Llevo tu misterio", grabado por Roberto Rufino y "Buenos Aires conoce", grabado por Floreal Ruiz sendos acompañados por Garello, con los versos de su hermano Rubén Garello; "Hace 200 tangos" con letra de Federico Silva y "Tiempo de tranvías" con Héctor Negro.
La Orchestre national du Capitole de Toulouse, dirigida por Michel Plasson, lo convocó en 1992 para escribir y grabar quince orquestaciones propias sobre obras de Carlos Gardel. Entre su amplia labor discográfica, se destaca el disco de homenaje a Woody Allen realizado junto a Horacio Ferrer. A partir del año 1980, codirige junto al ya fallecido compositor Carlos García, la Orquesta del Tango de la ciudad de Buenos Aires. El 9 de julio de 1990 tuvo el orgullo de actuar, al frente de su orquesta, en el Teatro Colón. Ya en 1988 había vivido con su conjunto otra experiencia no menos incitante: la participación en una película: "Tango for two", dirigida por Héctor Olivera.
El pibe de Villa Urquiza

El apuesto muchacho de apellido Pappalardo llegó un día lunes de 1946 al domicilio de Florindo Sassone, enterado por un amigo de que necesitaba un vocalista. “Hice el tango Canción de cuna y no le gustó al maestro. Allí empecé a convencerme que no servía para cantor”, contaba quien sería después Jorge Casal. “Pero al día siguiente —continuó-- recibí la sorpresa de que me buscaba para que fuera el nuevo cantor de la orquesta. Había ocurrido que mientras me tomaba la prueba, la esposa de Sassone, que tenía oído musical y había estudiado canto, me había escuchado desde un ambiente contiguo y le dijo a su marido que no me dejara de lado”. En la gatera estaba posicionado para ese puesto nada menos que Alberto Podestá.
Gracias a su mujer, Sassone tuvo su mejor cantor, que dejó grabadas interpretaciones inolvidables como Volver, La última cita, A la luz del candil, Rencor, Mi noche triste, Madre hay una sola y la citada Canción de cuna, quizás la mejor lograda.
“Salvo las dos primeras grabaciones, todo el repertorio fue elegido por mí —comentaba Casal--, en eso no daba concesiones. Sassone se encargaba de la parte musical, en lo demás… mejor ni hablar. No fue buena persona. Nunca reconoció haberse equivocado conmigo al rechazarme y, mucho menos, que el éxito de la orquesta se debía a mi presencia. En el comentario del ambiente se sabía que era así”.
Fue tal el suceso del nuevo cantor, que de inmediato le llovieron propuestas económicamente favorables para él, de importantes orquestas (Laurenz, Caló, Di Sarli, Troilo), las que desechó “en reconocimiento a la oportunidad que Sassone me había dado. Esa decisión se la comuniqué personalmente a Pichuco en su departamento, y me respondió: ‘¡Lo felicito pibe, no cualquiera hace lo que usted hizo¡’.
Ya desvinculado de Sassone, ingresó a la orquesta de Troilo dejando 20 grabaciones, pero fue otro Casal. Acartonado, distinto fraseo, menos sensibilidad y matices, varió su registro abaritonado. Pero, como sobre gustos no hay nada escrito, posiblemente otras opiniones no coincidirán con tal apreciación.
miércoles, 14 de abril de 2010
De boxeador a cantor

Mauré, Héctor
Buenos Aires, 1920 Ituzaingó, Prov. Bs. As., 1976
Cantor de excelentes condiciones, poseedor de una perfecta voz de tenor y unos recursos netamente identificados con la escuela gardeliana, Mauré ha sido uno de los mejores ejemplos del artista que jamás decae y que cualquier época lo representa. Cosechó un gran triunfo siendo estribillista de D’Arienzo, y a partir de su lanzamiento como cantor solista en 1945 quedó reconocido como una de las estrellas más valiosas que diera el tango.
Nació en el barrio porteño de Palermo. En su adolescencia sintió vocación tanto por el deporte (practicando boxeo en el Boxing Club Colegiales) como por lo artístico, inclinándose por el canto. Ambas disciplinas convivieron entre 1933 y 1937, cuando abandonó el boxeo por causa de una fuerte lesión. Desde entonces eligió dedicarse exclusivamente al tango, aprovechando que desde 1936 ya venía haciendo algunas presentaciones tras su debut el café Río de la Plata, como “Tito Falivene”. Pero su formación musical vendría recién algún tiempo más adelante, estudiando en el conservatorio de Gabriel Clausi y en la academia PAADI, de los Hnos. Rubistein.
Comenzó a cantar alternando su carácter solista con el de estribillista; fue acompañado por las guitarras de Avena, Rechia y Ianigro, y durante 1937 tuvo actuaciones como vocalista de la orquesta de Anselmo Aieta y de la Característica Porteña. En 1938 ganó el primer premio en un concurso de LR3 Radio Belgrano, obteniendo un contrato por seis meses. Pasó luego por varias emisoras y con diferentes acompañamientos (por ejemplo, la orquesta de Alberto Pugliese); hasta que en 1940 dio una prueba ante Juan D’Arienzo y quedó seleccionado para ser el nuevo estribillista de su orquesta. A partir de allí comenzó a llamarse Héctor Mauré. La primera presentación junto a D’Arienzo fue en el cabaret Chantecler, y en diciembre comenzaron las grabaciones. El ciclo concluyó en 1944, cuando Mauré decidió continuar como cantor solista. El 1 de enero de 1945 se presentó como tal, con acompañamiento de una orquesta dirigida por el bandoneonista Alberto Cima, en un programa de LR3 Radio Belgrano, logrando un fuerte impacto inicial, seguido de un gran éxito que fue consolidándose en fechas sucesivas. Hasta 1955 tuvo trabajo constante en radio, locales y giras por el interior del país y Uruguay, pero tras el golpe de Estado que depuso a Juan D. Perón (Mauré era un activo militante del justicialismo, e incluso había grabado, como Hugo del Carril, la marcha Los muchachos peronistas, y otra canción partidaria) su nivel de actividades descendió, aunque consiguió mantenerse y enseguida fue recuperando presencia. A lo largo de su carrera solista, además de la orquesta de Cima tuvo otros marcos orquestales (Carlos Demaría, Juan Sánchez Gorio, Héctor Varela, Lito Escarso, Jorge Dragone, Leopoldo Federico, Pascual Elía); también lo hizo con las guitarras de José Canet y de Roberto Grela. En los años sesenta y setenta cantó en muchos lugares y por emisoras de radio y televisión de Argentina y de Uruguay; recordándoselo especialmente entre 1965 y 1976 en El Rincón de los Artistas.
La discografía de Héctor Mauré como estribillista de D’Arienzo va de diciembre de 1940 a julio de 1944, en el sello Victor; son los años en que hace Ya lo ves, Claudinette, Cicatrices, Judas, Si la llegaran a ver, Uno, Lilián, Amarras y otros éxitos. Entre agosto de 1950 y octubre de 1954 grabó como solista para el recién inaugurado sello Orfeo, la mayoría con acompañamiento de guitarras (también lo hizo con Sánchez Gorio), dejando lo que para algunos especialistas fue su mejor etapa (Remembranzas, Ahora no me conocés, Mi dolor, Desvelo, Un infierno, etcétera). De noviembre de 1954 a agosto de 1956 graba para Columbia con diversos acompañamientos; prosigue en Odeón a partir de enero de 1957, manteniéndose en este sello hasta abril de 1963. En diciembre de este año reaparece en Music Hall, donde grabará hasta diciembre de 1974.
Aunque menos apreciada a nivel masivo, la obra como autor de Mauré tuvo un interesante desarrollo y merecería redescubrirse: Águilas negras, Celos de novia, Cortada de carabelas, Luz de tus ojos, Mientes corazón, Para mi amada, Oro y diamantes, Sin defensa, Triste risa, Un recuerdo, etcétera.
Su hermana menor también se desempeñó como cantante, primero con el pseudónimo de Diana Rey, y luego como vocalista de la orquesta de Don Fabián con el nombre de Alba Morena.
El pseudónimo "Héctor Mauré" provenía de unir el nombre del bandoneonista Héctor Varela con el apellido de la esposa de D’Arienzo (Maure, añadiendo una tilde para acentuarlo como agudo).
martes, 13 de abril de 2010
El pibe de oro

El pibe de oro
El pibe probaba un tango,
y el maestro director
lo abrazó: "Ponete largos
–le dijo–, sos mi cantor"
Creció andando escenarios
su voz temperamental,
con la tibieza del barrio
y con su entrega total.
En su alma de bohemio
el compositor cantor
fue su figura y su genio
dramatizando el dolor.
Arder en su propio leño
fue su destino de flor.
Bajo el Signo del Abasto
Un matarife del Abasto, Lorenzo Rufino, fue su padre, y su madre Agustina Guerín. El padre de Rufino era devoto de Carlos Gardel, y solía sentarse con la guitarra, cantando los tangos gardelianos. Un ataque cardíaco puso fin a su vida a los 43 años.
Creció jugando en vivo a los policías y ladrones. Por esos patios no había noche que huyera perseguido por un policía detrás, que no quería o no podía apresarlo. El fútbol, las carreras barriales y el boxeo, fueron deportes que lo tuvieron activo cuando pibe. Especialmente las piñas que intercambiaban por alguna pavada y que concluían cuando ambos iban juntos a limpiarse la sangre de la nariz en el piletón del patio.
Con esa admiración rayana en lo sublime, veía pasar a un personaje que vivía a pocos pasos de su casa, y que al pasar tiraba un puñado de monedas sobre la pandilla, mientras su voz cristalina los invitaba con un "¡atajen!" de resonancia incomparable, como que era Carlos Gardel. Rufino siempre expresaba que se le murieron dos padres, ya que el deceso de su padre, luego de su cumpleaños número trece, y la muerte de Gardel, el lunes 24 de junio, fueron casi simultáneas.
Tal vez haya sido premonitorio. Nació en el Día de Reyes del año 1922. Pero, contrariando a adivinos y horoscoperos, negaba ser del signo de Capricornio y expresaba a quien quisiera escucharlo que era del signo de Abasto.
Siempre la música
Su hermano Carlos integraba los coros del teatro Colón, y las visitas de sus tíos era veladas en las que escuchaban grandes óperas y canciones de música clásica en las célebres voces que estaban en el pináculo de su esplendor. De la fonola brotaban con sus interpretaciones atrapantes.
En la escuela primaria –Escuela "San Luis", ubicada en San Luis y Sánchez de Bustamante– tuvo como maestro de canto a Bontan Biancardi, director de coros.
Con sus pantalones cortos se atrevió, estando en la secundaria –Colegio Nacional Nº 6 "Manuel Belgrano", en Ecuador 1158– a cantar "a capella" en un sótano de su Abasto. Podría considerarse como su debut en público, aunque sólo recordaba haber cantado algunos tangos.
El secundario se interrumpe en segundo año, y Roberto Rufino decide, a los catorce años, ser cantor.
Tiene apenas esa edad cuando comienza a cantar con Antonio Bonavena en el "Petit Salón", un café ubicado en sobre la calle Montevideo, cerca de Corrientes. Y ante el asombro general, demostraba su aplomo y calidad con "Alma de Bohemio" y "Milonguero viejo". También actuaba en el café "El Nacional", de Corrientes 974, con una orquesta de niños donde hacía sus primeras armas como bandoneonista.
Se suceden para Rufino las orquestas de Camilo Florentino Tarantini, alias "El Cieguito"; José Felipetti, y Francisco de Rosé, junto a Anselmo Aieta.
Era un maratón, ya que se desarrollaba en el "Parque Goal" desde media mañana, participando con cuanta orquesta pasaba por el palco y hasta la una de la madrugada siguiente.
El cielo en las manos…
Roberto lo recuerda así: "Una de las chicas del "Petit Salón", que se llamaba Margarita, le contó al pianista y director Carlos Di Sarli que un pibe maravilloso le cantaba el tango "Milonguero viejo". "Y el pianista con su representante Carlos Garay fue a buscarme al café "Nacional" y me propuso ir a su orquesta".
"Esa misma tarde el maestro lo llevó hasta el bajo, al cabaret donde actuaba, y le propuso probarlo con el piano. Le preguntó: "¿Qué querés cantar?", a lo que Rufino le respondió displicentemente: "y... Alma de Bohemio". Di Sarli le contestó: "Mirá que es muy difícil..." Rufino no le respondió, y se encogió de hombros, por lo que el maestro interpretó el gesto como de aprobación y poniendo sus manos sobre el teclado arrancó con las primeras notas. Cuando el jovencito hizo la primera parte y el "cantaaaaaaar" sostenido, de la primera frase, para el maestro fue algo muy fuerte, y bajando la tapa del piano, emocionado, lo abrazó muy fuerte. En ese momento nació una relación afectiva en la que el maestro pasó a ser el padre que Roberto no tenía y la ayuda espiritual y profesional que el jovencito necesitaba. Esa amistad de respeto mutuo duró hasta el 12 de enero de 1960, fecha en la que el maestro falleció.". (Oscar Mármol)
Se lograron las autorizaciones pertinentes, que firmó su madre Agustina, y Roberto pudo debutar en el cabaret "Moulín Rouge" y en la emisora LR1 Radio El Mundo.
"En la noche del debut con la orquesta de Carlos Di Sarli, cuenta Rufino que el maestro, dirigiéndose al público, les anunció a los presentes que exhibiría a su nuevo cantor en reemplazo de Agustín Volpe, que se iba de la orquesta. Les dijo que tendrían que juzgar si había hecho una buena elección, y que se daría cuenta por los aplausos (o no) que recibiera el debutante. El tema a interpretar sería Alma de Bohemio. A continuación apareció el chiquilín desde detrás del piano. Cuando el joven Rufino terminó su interpretación, la respuesta del público fue impresionante: aplaudían al joven cantor de pie, mientras pedían: "¡Otra, otra!". El maestro desde el piano esbozó una sonrisa de aprobación; comprobó que no se había equivocado. Había nacido para el tango una nueva estrella en el firmamento porteño.". (Oscar Mármol)
Le alargaron los cortos en "Los 49 Auténticos". Con el sueldo acordado podría haberse comprado un auto Ford cada mes.
El cantor iba consiguiendo aplomo, y llega el momento de su primera grabación con el maestro bahiense: el tango "Corazón", de Carlos Di Sarli y Héctor Marcó, que quedó registrado el 11 de diciembre de 1939 para el sello RCA Víctor, según disco y matriz Nº 38878. Sus grabaciones con Carlos Di Sarli, en sus tres ciclos, fueron cuarenta y seis.
En 1941 realiza, con la orquesta de Alfredo Fanuele, una gira por el país hermano de Chile, actuando en el local "Maracaibo" de la ciudad de Santiago.
A su regreso a la orquesta del Señor del Tango, en enero del año siguiente, los veinte años le indican que debe cumplir con el servicio militar obligatorio, en Palermo. Esto, sin abandonar al maestro Di Sarli.
Siempre inquieto, en septiembre se vincula a la orquesta de Emilio Orlando, actuando en el "Palermo Palace" de Godoy Cruz y Santa Fe, en donde comparte el rubro vocal con Alberto Demare, seudónimo del tano Alberto Marino.
Luego actúan en Radio El Mundo, en la audición "Ronda de Ases".
En 1943 realiza su segundo retorno a la orquesta de Carlos Di Sarli.
Su nido hogareño
Roberto Rufino encontró la compañera de su vida: Perla Benigna Lorenzo, admiradora suya y amiga, por ser hermana de un amigo suyo. Se casaron en 1949. De esa unión nacieron sus tres hijos: Roberto, Hugo y Daniel. Este último es ahijado de Juan D´Arienzo.
Vuela el jilguero
En 1944 se independiza, y le encarga al pianista Atilio Bruni que dirija la orquesta que lo acompañaría en LR3 Radio Belgrano. Al poco tiempo el maestro director es reemplazado por el bandoneonista Antonio Ríos, y más tarde por Alberto Camara. En Uruguay tomó luego la batuta de su orquesta Porfirio Díaz.
Por fin, en 1947, cubre la ausencia de otro amigo, Alberto Podestá, en la orquesta Francini-Pontier. Dos años después se aleja del binomio. Participa en dos cortos musicales, y realiza una breve actuación con Miguel Caló en 1950.
Dos años más vuelve a ser solista con la dirección de Armando Cupo, luego con Ernesto Franco y con Roberto Caló, y vuelve, esta vez en 1957, con Enrique Mario Francini.
Ese mismo año canta con Leopoldo Federico, junto a Elsa Rivas y a Hugo Marcelino, quien luego brillará como Hugo Marcel.
Rufino empresario
Una sociedad formada por Roberto Rufino, Alejandro Romay, H.Gerola, L.Pájaro y A. Steimberg, se hace cargo del consorcio "Huella", y Rufino es nombrado Director Artístico de Radio Libertad. En ese lapso no deja su función de cantor solista; graba discos y amplía su labor artística, además de sus funciones dentro de la empresa.
Radio el Mundo pergeña un espectáculo de música: "Lluvia de estrellas", con el "Enmascarado", que no es otro que Roberto Rufino, que bajo su identidad oculta sorprende con temas melódicos. Surge el nombre "Vivo" –es decir, Bobby al revés, por Roberto– y "Terré", de "Terremoto", como se lo llamaba familiarmente en el ambiente artístico por su temperamento inquieto y arrasador. Y lógicamente el éxito, más allá del reparo de algunos tangueros, fue total, como lo demostraron los discos vendidos con la dirección de Ángel Pocho Gatti, Leo Lipesker o Marito Cosentino
Es que Rufino fue inquieto como el agua de un río, emigrando como las golondrinas, agradecido pero con espíritu superador in crescendo cada día, y multifacético en sus actuaciones: romántico para valses acariciadores, dramático en los temas álgidos, descriptivo en situaciones o protagonistas de temas risueños, tierno con su mensaje a los niños, o burlón antes los achaques de la vida. Un artista total.
La cabra al monte tira
Roberto trata de innovar y resuelve renunciar al grupo empresario. Prefiere seguir siendo el cantor, aquél que el público aplaude a rabiar.
Ya con Osvaldo Amura como representante, en 1959 actúa en Radio El Mundo en horarios centrales durante los últimos meses de ese año, mientras los domingos anima los bailables populares. Su orquesta es arreglada y dirigida por Mario De Marco.
Logra singular éxito en la confitería "Marabú", hasta fines de 1960, mientras realiza programas centrales en Radio El Mundo y simultáneamente en Radio Mitre.
Un año después el director con el que se presenta en radio El Mundo es Roberto Pérez Prechi.
Vuelve con Pontier, y su compañero vocal es Héctor Darío, sobrino de Jorge Casal. Radio Belgrano, la televisión y el sello CBS Columbia comparten sus actuaciones.
Y llega a la orquesta de Pichuco
Entre 1962 y 1965 Roberto Rufino volvió a tocar el cielo con su alma. Y canto en la orquesta de Aníbal Troilo, dejando memorables versiones en el recuerdo y en el disco.
Se asocia con Miguel Caló para grabar en 1966.
Todas las salas, todas las radios, todos los programas televisivos se disputan la presencia de don Roberto Rufino.
Como a la mayoría, el paso de los años le quitó algo de fuerza, pero nada de su intacta calidad. El fraseo que adquirió con Troilo moduló un estilo que mantuvo su vigencia.
Ese estilo del tango dicho, de la voz modulada, como lo había hecho Floreal, crearon una escuela que fue tomada entre otros cantores por el Polaco Goyeneche, para disimular los efectos del paso del tiempo en la calidad vocal.
Rufino compositor
Sus composiciones, algunas en colaboración con Manuel Barros, Ángel Cabral, Miguel Caló, Alberto Capparelli, Alberto Caroprese, Roberto Cassinelli, Alberto Chidichimo, Cholo Hernández, Enrique Lary, Héctor Marcó, Alberto Martínez, Marvil (Martínez Vilas), Julio Navarrine, S.Pribula, Sara Reiner, Alejandro Romay, Carlos Russo, Roberto Salcedo, Horacio Sanguinetti (Basterra), Reynado Yiso y Guido Zecca, casi redondean los ochenta títulos.
Vamos a nombrar algunos: "Muchachos, arranquemos para el centro", "Eras como la flor", "¡Cómo nos cambia la vida!", "¡Calla!", "Destino de flor", "Dejame vivir mi vida", "La novia del suburbio", "Soñemos", "Tabaco rubio", "El clavelito", "No hablen mal de las mujeres", "Los largos del pibe", "En el lago azul", "Carpeta", "La calle del pecado", "Julián Tango", "Manos adoradas", "Por qué te sigo queriendo", "¡Qué quieren… yo soy así!", "Lita", "Boliche", y tantos más.
Reconocimientos
Además del más importante, el del público que lo seguía, alentaba y aplaudía, insuflandole la fuerza necesaria –que parecía abandonarlo– para no querer bajarse jamás del escenario, Roberto Rufino fue declarado en 1997 "Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires", y un año más tarde "Ciudadano Ilustre de la Cultura Nacional".
Se hizo justicia, en la culminación de su brillante trayectoria.
"…canta el tango como ninguno"
Dos años después el 24 de febrero de 1999, Roberto Rufino dejaba de existir en la sala de terapia intensiva de la Fundación Favaloro.
Sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Chacarita al día siguiente, despedidos por el pueblo tanguero que, en un adiós postrero, entonaba las notas del tango "Malena", con el que tantas veces y tantos aplausos concitara Roberto en su vida de cantor. Parafraseando los versos de Homero Manzi, podemos decir que "Rufino canta el tango como ninguno".
Cómo nació "El bazar de los juguetes"
Antonio Carrizo, con la solvencia que le es característica, desarrollaba un espacio de tangos donde los entrevistados sabían que el conductor era incisivo en sus preguntas y no se conformaba con medias respuestas a temas espinosos. Por esa enjundia, tenía una pléyade de oyentes seguidores, que sabían que el maestro del micrófono preguntaría en cada ocasión aquello que el tanguero quería saber.
El invitado ese día era Roberto Rufino, en pleno apogeo en su carrera artística. Lo acompañaba un amigo, Oscar Mármol. La charla recorría los momentos más trascendentes de la exitosa carrera del cantor.
De pronto Carrizo, con ese énfasis suyo tan peculiar, dejó en el aire "la pregunta", que decía, más o menos: "¿Cómo hace, Roberto, para cantar con tanta fuerza, teniendo un sólo pulmón?".
A Rufino lo desconcertó la pregunta. Pero Antonio Carrizo se hacía eco de un rumor que estaba en boca de casi todos: "¡Mirá cómo canta, y tiene un "fueye" sólo!", solían decir sus admiradores y también algunos de los periodistas especializados.
El Bobby lo miró a Oscar queriendo que él respondiera la pregunta, y su amigo, también sorprendido por la situación y por el endoso de la respuesta, más por solidaridad y amistad que por convencimiento le contestó a Antonio Carrizo que si tuviera un sólo pulmón sería imposible obtener el caudal de voz que Roberto Rufino le imprimía a sus tangos.
La audición continuó y en un clima tenso pero amable se tocaron otros temas de las giras: el temor que le había transferido su padrino Juan D´Arienzo por los viajes en avión, los temas compuestos con Alejandro Romay, la repercusión de su paso por la orquesta de Carlos Di Sarli y, lógicamente, los proyectos en materia de giras, contratos y grabaciones futuras.
Perceptivo, cuando salían de la radio Rufino parecía adivinar que su amigo rumiaba la aseveración hecha ante Carrizo, y que por alguna razón no podía dejar de lado. Entonces lo invitó a que lo acompañara, ya que irían a visitar al médico que lo había atendido en el momento en que ese rumor empezó a circular:
Roberto Rufino era cantor junto a Alberto Podestá de la orquesta de Carlos Di Sarli. Los cantores rivalizaban en calidad, y el Bobby ponía a disposición de su interpretación toda la calidad y la fuerza de que era capaz. Lo mismo hacía, pero con menor esfuerzo daba su capacidad toráxica, el turco Podestá. Y el público aplaudía a rabiar a semejantes interpretaciones que, con la excelsa orquesta de don Carlos, era el summum deseado por los tangueros.
En cierto momento Rufino tuvo un problema por ese esfuerzo y comenzó a sangrar por la boca.
El maestro Di Sarli, y Podestá, se encargaron de llevarlo para que fuera atendido por el doctor Pribluda, que era el especialista en otorrinolaringología que atendía a casi todos los cantantes. Luego de auscultarlo, el médico le prescribió descanso prolongado y le aconsejó que se trasladara a Córdoba para oxigenar todo el aparato respiratorio, pero descartando cualquier otra posibilidad de que la presencia de sangre no fuera por el esfuerzo de las cuerdas vocales.
En principio Rufino, un poco asustado, se trasladó a Córdoba, pero pronto se cansó y regresó a Buenos Aires. El médico se molestó por esta decisión, pero ante la promesa de Roberto Rufino de no hacer desarreglos y de seguir al pie de la letra las indicaciones del facultativo, éste le permitió la estancia en la Capital.
Luego de algunas semanas o meses, el cantor volvió a la orquesta con la calidad de siempre. En el ínterin pasaron cosas: Alberto Podestá fue su escolta y amigo mientras duró el período de rehabilitación, y en el consultorio del médico el turco, con el letrista Reinaldo Yiso, le presentaron el tango que estaban componiendo, en el piano que el médico tenía en esa sala. Rufino le dio la forma definitiva a ese famoso tango de los tres.
Oscar Mármol y Rufino llegaron desde la audición de Carrizo, con cierto escepticismo, hasta el consultorio del doctor Pribluda En el momento de atender la presencia de sangre en la boca de Rufino, el facultativo era una persona de avanzada edad. Los años transcurridos eran muchos, y no sabían si el viejo doctor aún estaba entre los vivos.
Afortunadamente la puerta se abrió, y al venerable anciano se le iluminaron los cansados ojos tras los gruesos cristales al reconocer a su paciente y famoso cantor.
Tras los saludos, Roberto lo impuso del motivo de la visita: "Doctor, por favor, quiere mostrarle a mi amigo la radiografía que me sacaron cuando volví de Córdoba?". El viejo doctor, que tal vez sabía del rumor sobre Rufino, sonrió cansadamente y abrió un gran fichero. Luego de un instante colocó en el visor una radiografía, rotulada "Roberto Rufino", donde se habían impresionado fielmente los dos pulmones intactos del cantor.
Y mientras la vista de Roberto Rufino recorría el consultorio, donde todo estaba igual como en aquellos días de miedo, su doctor le recordó y le señaló el piano. El mismo piano donde había nacido "El bazar de los juguetes"
El paletó de Rufino
Hace más de treinta años nuestro país era otro y la televisión era muy distinta. Daba cabida a sus cultores, a sus artistas, a su cultura.
Los programas de tango se sucedían con las predilecciones de sus seguidores en mayor o menor medida. Sin duda a la cabeza de las preferencias, en canal 9, al comando de Alejandro Romay, con la conducción de Silvio Soldán, se situaba Grandes Valores del Tango, con la participación de los mejores de la canción ciudadana. Y si hablamos de los mejores estamos nombrando también a Roberto Rufino.
Era el momento en que Antonio Jorge Garmaz, conocido como Ante Garmaz, conductor televisivo, actor, modelo y diseñador de moda argentino de origen croata, estaba a la cabeza de los programas de la moda, con el "Mundo de Ante Garmaz, y concurría asiduamente a la audición que conducía Soldán.
En uno de esos encuentros llevó un paletó diseñado por él, de tela gamuzada, confeccionado con una tela de color borravino, y le propuso a Rufino que se lo probara. La aceptación fue total: al gran cantor le calzaba perfecto, y le daba una "pinta" espectacular.
Se presenta en escena como un dandy, es elogiado por Soldán, y la velada transcurre con comentarios diversos, que volvían una y otra vez a Rufino, quien interpretó dos temas para el cierre, con el atuendo mencionado, entre el aplauso de todos los presentes.
El amigo Oscar Mármol, con el saco del esmoquin, observaba cierta inquietud en el modisto, entendiendo como Rufino y como la mayoría, que Garmaz había regalado el paletó al cantor a cambio de exhibirlo ante el público presente y televidente. Pero no era así. Don Ante quería recuperar la prenda. Intervino para decirle a su amigo Rufino, que no se había hablado de regalo. El cantor, enfundado en la prenda, no quería saber nada, y propuso un canje: "Llevate el saco que tiene mi amigo; ¡éste es mío y no lo devuelvo!".
Cuando la situación se tornaba insostenible por la intransigencia de ambos, terció Alejandro Romay quien, luego de un aparte con Ante Garmaz, se hizo cargo del costo de la prenda.
Rufino estaba tan a gusto con el nuevo atuendo que prácticamente lo vestía en todas las presentaciones, aun en días en que la temperatura aconsejaba algo más liviano.
Concluye su relato Oscar Mármol: "El final de la prenda fue un hecho que produjo Roberto cuando, saliendo una noche de un boliche, encontró tirado a un indigente en la calle Corrientes. Se sacó el paletó y lo tapo a ese pobre tipo que estaba dormido. Se quedó en camisa, y yo le recriminé el hecho de perder esa prenda que él había defendido tanto.
Me miró fijamente, no dijo ninguna palabra, y al rato, cuando íbamos en un taxi, me habló: "sabés la ropa que tengo yo... y ese no tiene nada...". Roberto Rufino era puro corazón, y su bondad la había aprendido de su maestro, el Gordo Pichuco, que era mano abierta con todos y tenía un corazón de oro. Seres queribles, como hoy es raro encontrar. Eran otros tiempos: la amistad, la palabra, era cosa de grandes; dos rasgos que hoy están ausentes."
Fuente: Tino Diez
lunes, 12 de abril de 2010
El pianista de "los piringundines"

Nació 21 de abril 1868 con el nombre de Rosendo Cayetano Mendizábal, pero más tarde se lo conoció popularmente como “Rosendo”.
Fue el hombre más requerido y buscado para tocar el piano en lo de “María la Vasca”, aquella famosa casa de bailes de la calle Carlos Calvo, consagrándose años mas tarde como músico oficial de la misma.
A su talento de pianista popular y la belleza de sus tangos se deben el éxito de la ya mitológica casa de bailes.
Fue pianista en los bailes de las más distinguidas familias, pero la vida lo llevó a buscar su subsistencia en “peringundines” de no tan buena reputación.
Músico en algunas “casitas”, alternó con la “haute” la aceptación de su tango por la más elevada clase social, debido a su labor precursora.
En la casa de la calle Paraguay fue donde más tiempo actuó, pero también pasó en sus primeros tiempos en “La vieja Eustaquia” y en “La parda Adelina”. Toda la elite porteña acudía en masa a los bailes.
Si se lo mide por sus obras ahí están los tangos de Rosendo. Y si lo apreciamos por su discípulos, basta saber que formó a dos grandes que hicieron historia: Enrique Saborido, autor de la música de “La Morocha” y Manuel Campoamor, cuya fama comienza con el tango “Sargento Cabral”.
Desde 1881 a 1898 –en que se lanza a la fama “El Entrerriano”- Rosendo escribe composiciones inolvidables: “Don José Maria”, “Reina de Saba” y “Z Club”, este famoso tango fue dedicado a la asociación formada por cuarenta muchachos, que daban un baile mensual para sus asociados únicamente, bailes dirigidos por la orquestas de Rosendo.
Sabrán que soy el Entrerriano,
que soy milonguero y provinciano,
que soy también un poquito compadrito,
y aguanto el tren de los guapos con taquitos.
Fue el Entrerriano un criollazo
de nobleza e hidalguía,
que captó la simpatía
de todo el que lo trató
Mi apodo es El Entrerriano,
y soy de aquellos tiempos
heroicos del ayer,
el de los patios
del farol y el parral
En el Barrio de San Telmo
yo soy picaflor
y afortunado en amor,
un punto bravo pa'l chamuyo
y el floreao, y buen amigo
en cualquier ocasión
Otras de sus composiciones fueron: “México”, “Don Enrique”, “A la larga”, “Matilde”, “El torpedero”, “Contraflor al resto”, “Tres arroyos”, “Don Santiago”, “Tigre hotel”, “Don José María", "Don Enrique", "Don Horacio", "Don Santiago", "Viento en popa", "El torpedero", "Don Padilla", "Polilla", "Final de una garufa", "Le petit parisien", “Alberto", "Contra flor y el resto", "Pronto regreso", "A la larga", "Los dos leones", "Por aquí que no hay espina", "Rosendo" y "Arrabalera" (milonga).
Rosendo tuvo una vida breve, no vivió lo suficiente como para ver el reconocimiento de su figura.
Sus últimos días fueron tristes, estuvo dos años en su lecho enfermo. Casi ciego, con una parálisis y lejos de sus días de esplendor, pasó sus tiempos finales casi en la miseria.
Falleció con 45 años, el 30 de junio de 1913 en la ciudad a la que dio tangos verdaderamente inmortales...
Un siciliano en Buenos Aires : Ignacio Corsini

Nació el 13 de febrero de 1891 en Troina, en la provincia de Catania ( Sicilia ) sur de Italia. Llegó a Buenos Aires en el año 1896, su niñez transcurrió en el barrio de Almagro en la Capital Federal, donde su mamá instaló una fonda. cuando cumplió doce años fue enviado a una estancia en Carlos Tejedor.
Allí conoció el duro trabajo del peón de campo. En la cocina de la estancia aprendió los acordes elementales de la guitarra, en compañía del Negro Domingo, compañero de faenas.
Al pasar 2 años regreso a la Capital junto a su madre quien seguía viviendo en Almagro.
En 1907 conoció a José Pacheco quien lo integró al teatro.
Su debut fue con los " Nobles Serranos¨; y se realizó en una humilde sala llamada ¨ El progreso".
En 1909 lo escuchó José Pepe Podestá, quien de inmediato lo incorporó a su compañía como actor-cantante, Junto a los ¨Podestá¨.
Se caso en 1910 con Victoria Pacheco, con quién tuvo solo un hijo.
En 1912 grabó sus primeros discos, pero siempre canciones criollas y campesinas, canto vidalitas, valsecitos, milongas y más tarde llego también el tango.
En 1914 y 1915 hizo sus primeras grabaciones para el sello Víctor, a partir de 1920 comenzó a grabar para el sello Nacional-Odeón, con quién estuvo ligado hasta el final de su carrera.
Tras 2 años de actuaciones con los podestá, recorrió el país con diversos grupos de circo, y en 1913 reanudó su labor teatral en la Capital porteña.
Hasta 1927 intervino en innumerables dramas, comedias y sainetes junto a los nombres y las compañías más importantes, de la época con las que realizó giras por Argentina y Uruguay. Participo en Obras como ¨Juan Moreira¨. ¨Los 33 orientales¨ y, Principalmente ¨La Piedra del Escándalo¨, de Martín Coronado, todo ello hizo crecer su prestigio.
Su encuentro con el tango sucedió en la obra ¨El bailarín de cabaret¨, 1922, se inició así su carrera como interprete exitoso con ¨Patotero sentimental¨. Con el auge de la radio Corsini, se dedico por completo a ser cantor.
En 1934, por ultima vez participó en una comedia musical ¨La canción de los barrios¨, en el teatro Sarmiento. En cuanto a la pantalla participó en 5 películas: ¨Federación o muerte¨ (1917), "Santos Vega" (1918) y "Milonguita" (1922) en el periodo de cine mudo, "Idolos de la radio" (1934), y "Fortín alto" (1941), ya en la etapa de cine sonoro.
Ignacio Corsini dejó una extensa discografía y dejó también una gran obra como autor y compositor, especialmente de canciones criollas, Compuso para Edmundo Rivero "Aquel cantor de mi pueblo" que lo llevó a grabar un disco.
En la década del ´40 se unió a Pedro Blomberg y Enrique Maciel en la guitarra. Algunos de los éxitos por los cuales se destacó, fueron "La canción de Amalia", "La pulpera de Santa Lucía", "Los jazmines de San Ignacio", "China de la Mazorca", "La guitarrera de San Nicolás", ¨Griseta¨, ¨ La que murió en París¨, ¨ La viajera perdida¨ y ¨Destellos¨. Sus ultimas grabaciones fueron en 1946.
En 1948 muere su esposa y por esto lo sumerge en la melancolía y canta por última vez, en Radio Belgrano el 28 de marzo de 1949, que era la emisora de sus grandes éxito, allí interpreto, entre varios temas su versión de ¨La pulpera de Santa Lucía.
El 26 de julio de 1967 fallece Ignacio Corsini.
Él fue uno de los grandes interpretes de la lírica criolla y de la músíca ciudadana, tenia la esencia de los viejos payadores, su voz era de timbre atenorado, delicada y sencilla, y todo ello se unía a su porte gallardo y señorial por lo cual se le decía: ¨El príncipe de la canción y ¨El caballero cantor¨.
viernes, 26 de marzo de 2010
LA VOZ DE ORO DEL TANGO

MARINO ALBERTO
Sin duda una de las voces mas importantes de nuestro tango , nació en la ciudad de Verona Italia el 16 de Abril de 1920.
Sus padres eran cantantes líricos, y tuvieron seis hijos; Carmela, Dina , Flora, Vicente Alberto, Nina, y Gino.
Su abuelo vino a Argentina como inmigrante antes del 1900, y se radicó en la provincia de Salta, dedicándose a la explotación de Minas de Carbón.
Con el tiempo mandó buscar a sus familiares, y en 1926, sus padres obedeciendo el pedido de su abuelo, arribaron a Buenos Aires.
En 1928, Don Ángel y su familia al no aclimatarse en Salta, deciden instalarse en Buenos Aires.
Pasa su infancia en el Barrio porteño de las Cañitas, y en 1938, se decide a estudiar canto, con el maestro Bonessi, quien para ese entonces era profesor de los mas grandes cantantes de tangos.
Al tiempo debuta en Radio Mitre, bajo el seudónimo de Alberto De Mari. Había un joven de su edad que tenía pretensiones de tener su orquesta propia, que tocaba el bandoneón, llamado Emilio Balcarce, y lo tentó para que cantara con el.
Si bien ese fue su comienzo, la patriada duró poco, dado que la orquesta se disolvió. Fortunato Matino un bandoneonísta que había dejado la orquesta de Lomuto, formó su orquesta y lo invitó al joven Marino para que se incorpore, al tiempo pasó a cantar con otro bandoneonísta, Luis Moresco.
El bandoneonista, Emilio Orlando, dejó la orquesta de José De Caro en 1939 para formar la suya propia e incorpora como cantantes a dos jóvenes talentosos cantantes, dotados de un color de voz, y un registro poco común.
Uno era Roberto Rufino y el otro Alberto Marino, el primero con 17 años; Marino con flamantes 19 años. Debutan en el Alvear Palace Hotel.
Eran tiempos del gran despegue que se produciría a partir de 1940. Biagi, que se había ido de la orquesta de Juan Darienzo en 1938 y había formado su orquesta ,que además tenía un éxito rotundo para el año 1941, le echó el ojo al joven Marino, y no dudó en tentarlo y Alberto le pidió unos días para contestarle, pero íntimamente quería aceptar. Rodríguez Lesende, Andrés Falgas, Jorge Ortiz, habían pasado por esa orquesta, que no era poco, pero quiso el destino que su destino fuera otro.
Anibal Troilo era para la década que comenzaba, director de una de las orquestas líderes entre los porteños.
Pichuco con su olfato tan particular sabía que un solo cantor no bastaba para dar respuesta a tanta demanda de parte del público, que ansiosamente estaban ávidos de escuchar las letras nuevas que los poetas escribían y que reflejaban esas historias de vida contadas en tres minutos.
Sabía de las mentas del pibe Marino, y no dudó en ofrecerle incorporarse como segundo cantor a su agrupación secundando a uno de los iconos mas grande de la canción; Francisco Fiorentino.
Si bien Marino reconocía en Biagi a un director exitoso, aceptó la propuesta de Troilo, en principio por razones económicas, la oferta de Pichuco era muy superior a la de Biagi , y en segundo lugar porque Troilo juntamente con Di Sarli, y Pugliese eran los reyes de la noche de Buenos Aires, donde los cabaret eran los lugares donde noche a noche se convertían en la Catedral del Tango.
Debemos reconocer que Fiorentino-Marino , fue un ensamble perfecto, resultado del olfato de Pichuco que buscó con la voz de Marino armonizar dos matices de voces diferentes pero que se complementaban de tal manera que se reconoce a través del tiempo como uno de los dúos mas famosos de nuestro Tango.
Cuando Pichuco anunciaba para ese entonces (año 1942) que además de su cantor-estrella Fiorentino, incorporaría a un segundo cantor los tangueros no entendían nada. No podían aceptar que hubiera otro cantor al lado del que ellos consideraban uno de los tres mejores cantores de esos momentos.
Fiorentino-Rufino-Morán. La expectativa que se había desatado entre los porteños, era enorme, diarios, revistas, y radios anuncian el inminente debut.
El 5 de Abril de 1942, en el cabaret TIBIDABO se produciría la presentación del nuevo cantor. Arranca el Gordo con PABLO, un tema instrumental, sigue Fiorentino con un éxito suyo, y llegó la hora mas esperada.
La Orquesta comienza con los acordes de COPAS Y BESOS , y Alberto Marino con una serenidad absoluta interpreta el primer estribillo. Su hermosa voz, su privilegiada garganta, producen entre los presentes una seducción inmediata, la ovación que se escucho al concluir el tema fue estruendosa, había pasado el examen con las mejores notas.
Recibió la aprobación de Pichuco, Fiore, y sus compañeros músicos; Pepe Basso, Miguel Rodríguez, Eduardo Marino, Alberto García, Marcos Troilo, David Diaz, Reynaldo Nichelle, Juan Alzina , Pedro Sapochnik, Alfredo Citro y Kicho Diaz.
La noche de Buenos Aires tenía un pibe con Voz de Oro. pero faltarían 3 años mas para que Alfredo Gobbi lo bautizara en 1945 LA VOZ DE ORO DEL TANGO.
Fiorentino-Marino, pasaron a ser uno de los dúos mas destacados de la década del 40. El timbre de la voz de Marino, fue causa de un magnetismo especial para acrecentar la popularidad de la Orquesta de Anibal Troilo.
Evidentemente el Gordo, había acertado una vez mas cuando elegía. Llovían las propuestas para actuar en todos los club de Barrios, en Radios, y en todo reducto donde el Tango era bienvenido.
Corría el año 1944 y Marino se convirtió en el único cantor de la Orquesta. El Gordo, estaba en la búsqueda de una voz que ensamblara con la de Marino, para remplazar a Fiore, pero no había logrado dar hasta ese momento con el propietario de ese registro. Sucedió que Marino en conocimiento que Troilo incorporaría a otro cantor, le comentó "Anibal, mi compadre Floreal Ruiz canta con De Angelis y me habló hace un tiempo que quiere dejar la orquesta de Alfredo; no lo quisiera probar ? Pichuco, que ya lo conocía, pero por respeto jamás tentó a músicos o cantores de otros colegas; le contestó “...si es como usted dice...que se quiere ir, dígale que con gusto lo probaré”.
Y así fue como Marino interesó a Floreal quien inmediatamente aceptó pasar a ser el segundo cantor de Troilo.
En Febrero de 1946 , Alberto Marino decide continuar su carrera como solista y en consecuencia se lo comenta a Troilo , quien comprendiendo que Marino tenía luz propia y que no iba a fracasar, se alegró mucho; lo abrazó tiernamente y le deseó el mejor de los éxitos.
El tano Marino, siempre fue reconocido en el ambiente como un hombre de bien. No olvidaba que hace muchos años cuando comenzó Emilio Balcarce lo había invitado a ser el, el cantor de su Orquesta.
Por lo tanto, y en conocimiento que pronto dejaría de acompañar a Alberto Castillo, le ofreció hacerse cargo del acompañamiento musical en esta su nueva etapa de solista. Balcarce aceptó gustoso, y comienza una etapa brillante actuando en radios, y en el café Marzotto.
Comentan los que estuvieron en el debut de Marino, que era tanta la gente que acudió a la presentación de Alberto en el Marzotto, tuvieron que cortar la calle Corrientes entre Libertad y Cerrito.
Llovían las ofertas para actuar en todo lugar de Tangos, las compañías discográficas se lo disputaban, y Odeón que le hizo la mejor propuesta se quedó con la nueva estrella. Graba para este sello en 1947, La Muchacha del Circo y Organito de la Tarde, temas que inmediatamente se agotaron dado el espectacular éxito de los mismos entre el publico que lo seguía.
Cuando Emilio Balcarce le comenta a Marino que dejaba la dirección de la Orquesta para dedicarse a ser orquestador, Marino elige al maestro Héctor María Artola quien pasó a ser su nuevo director.
Los éxitos de Marino en donde actuara eran moneda corriente. Ebro Bar, Ruca, Tango Bar. Las Richmond , La Armonía, eran algunos de los lugares donde Marino trabajaba a sala llena. Recorrió todo el país, llevando a mas público su hermosa voz. Comienza a viajar al extranjero, y la colonia latina de Nueva York conoce a Marino acompañado en ese momento por Osvaldo Tarantino.
A fines del año 1969 viajó a Japón , acompañando a una embajada de Tangeros donde entre otros estaban Hector Varela. Alberto Marino, fue siempre un brillante profesional, responsable, estudioso, buen esposo y padre, asumiendo con mucha dignidad la pérdida prematura de su querida esposa Irma Argentina Galván, quedando el, al cuidado de sus dos hermosos hijos, Carlos Alberto y Claudia Analía, quien con el paso de los años , Claudia, siguió los pasos de su padre como interprete de tangos.
El 20 de Junio de 1989 a los 69 años fallece uno de los mejores interpretes que dio nuestra canción popular
jueves, 25 de marzo de 2010
"Pirincho"

Francisco Canaro
Información personal
Nombre real Francisco Canarozzo
Nacimiento 26 de noviembre de 1888
Origen San José de Mayo, San José, Uruguay
Muerte 14 de diciembre de 1964, 76 años
Buenos Aires, Argentina
Ocupación(es) Compositor, Violinista, Director de orquesta
Información artística
Género(s) Tango
Instrumento(s) Violín
Francisco Canaro es el nombre artístico de Francisco Canarozzo (San José de Mayo, 26 de noviembre de 1888 — Buenos Aires, 14 de diciembre de 1964), fue un compositor de tangos, violinista ydirector de orquesta uruguayo.
Biografía
Francisco Canaro y su orquesta.En 1940 se nacionalizó argentino. Se destaca el hecho que construyó su primer violín empleando envases de aceite de la fábrica donde trabajaba. Dicho violín de lata le serviría para iniciar su carrera y ganar dinero suficiente para comprar uno de madera. Su hazaña pudo haber inspirado al grupo musical argentino Les Luthiers, quienes emplean violines de lata con frecuencia.
Fue el creador del tango-milonga y también uno de los que más contribuyó a la extensión y popularidad del tango en Europa.
Temas más conocidos [editar]Sentimiento gaucho
Madreselva
Adiós, pampa mía, coautor junto con Ivo Pelay y Mariano Mores (1945).
Pinta brava
Sufra
La última copa
Soñar y nada más
Mano Brava
El alacrán
Dos corazones
El internado
Destellos
Discografía [editar] Francisco Canaro y su Orquesta Típica [editar] 78 RPM [editar]El 11 (A divertirse) / Hopa, hopa (1925)
Chonguita / Petrushka (1927)
Caminito / La vuelta de Rocha (1927)
Ilusión marina / Quejas del alma (1930)
Como anillo al dedo / Abran cancha (1931)
La marcha nupcial / Hay que aguantar (1931)
Victoria / Mirasol (1932)
La cumparsita / Esta noche me emborracho (1933)
Las doce menos cinco / Canillita (1933)
Sinfonía de arrabal / A quién le puede importar (1933)
Taconeando / Yo no sé que han hecho tus ojos (1933)
Sangre azul / Marcelo (1934)
Canaro en París / Río de oro (1934)
Orquídeas a la luz de la luna / Negrita de mi alma (1935)
Horchatera valenciana / Negrito (1935)
La cachetada / Pa’ que bailen las viejas (1937)
Viejas alegrías / Allá el el rancho grande (1937)
Cómo te quiero / Envidia (1938)
Pampa / Indiferencia (1938)
Pura parada / Adiós muchachos (1938)
Milonga del corazón / Historia sentimental (1938)
El porteño / La polca del espiante (1938)
Caminito / La vuelta de Rocha (1938)
Alma del bandoneón / Re-fa-si (1939)
No salgas de tu barrio / Calle Corrientes (1940)
Carrera de sortija / Tres esperanzas (1940)
Cuentan las viejas / Jardín del amor (1940)
Hay que aguantar / Lamento campero (1940)
Ave sin rumbo / Viejo ciego (1940)
Penitencia / Plegaria (1940)
Madreselva / Mentirosa (1940)
Confesión / Un jardín de ilusión (1940)
Quién más, quién menos / Sueño chino (1940)
Tus besos fueron míos (1940)
Adiós muchachos (1941)
Ya vendrán tiempos mejores / Fin de fiesta (1941)
Picardía / Nene (1941)
Mineral / Sin rumbo (1941)
La cumparsita / El entrerriano (1941)
Tormento / Lirio blanco (1941)
El clavel del aire / No es por hablar mal (1942)
Gricel / San Benito de Palermo (1942)
Que me quiten lo bailao / Claro de luna (1942)
Destellos / Tres palabras (1942)
Mira / Cieguita de Boedo (1942)
Tormenta / Mala suerte (1942)
Tangón / Copla porteña (1942)
Nube gris / Destino de trapo (1945)
Adiós pampa mía / Canción desesperada (1945)
Sin palabras / Déjame, no quiero verte más (1947)
Los ojos más lindos / Corazón encadenado (1950)
Quebranto / Sangre de suburbio (1951)
Pregonera / Cotorrita de la suerte (1951)
Pequeña / El triunfo (1951)
Cuatro lágrimas / Margó (1951)
Don Juan / La morocha (1951)
Milonga sentimental / Con casa y sin mujer (1951)
¡Tú!... el cielo y tú! / Café de los Angelitos (1951)
En esta tarde gris / Mintieron tus labios (1952)
La cumparsita / El entrerriano (1952)
LP [editar]Para ti, madre (1962)
Recordando los éxitos de Francisco Canaro (1964)
Homenaje a Francisco Canaro - Vol. 1 (1964)
Recordando a Canaro (1966)
Francisco Canaro (1966)
Canaro, década del cincuenta (1966)
Los indispensables de Canaro (1966)
Voz de tango (1967, con la cantante Tita Merello)
Halcón Negro (1968)
En el viejo café (1971)
La muchachada del centro (1971)
Sentimiento gaucho (1972)
Recordando éxitos (1974)
Canaro década del treinta (1980)
Canaro década del cuarenta (1980)
El álbum de oro de Francisco Canaro (1982)
Francisco Canaro y Argentino Ledesma (1982, con el cantor Argentino Ledesma)
Francisco Canaro (1983)
CD [editar]La melodía de nuestro adiós (1932-1938) (1991)
Grandes tangos (serie sinfónica) (1993)
Tiempos viejos (1995)
Nobleza de arrabal (con el Quinteto Pirincho) (1997)
Instrumentales Para Bailar (1999)
Quinteto Pirincho [editar] LPs [editar]Quinteto Pirincho - Vol. 9 (1963)
Recordando el ayer - Vol. 8 (1966)
El Quinteto Pirincho (1967)
Rodríguez Peña (1967)
Quinteto Pirincho (1968)
Tangos, valses y milongas (1968)
Canaro (1974)
Pirincho (1975)
martes, 23 de marzo de 2010
La corriente Criollista

Ciriaco Ortiz
Bandoneonista, director y compositor
(5 de agosto de 1905 - 9 de julio de 1970)
Nombre completo: Ángel Ciriaco Ortiz Barrionuevo
Apodo: Ciriaquito
Alguna vez se dijo en alusión a su virtuosismo: «Produjo el casi prodigio de que alguien no porteño, fuese capaz de arrancar del fueye, fiorituras y cabriolas que pocos tangueros bien de Buenos Aires nunca alcanzaron». Y agrega: «Sería absolutamente imposible pautar en un pentagrama lo que él hace con su instrumento. Lo que aporta es la forma de frasear, de dividir la melodía, de matizar, de armonizar. Es un estilo con reminiscencia del punteo guitarrístico del milonguero criollo, que no ha tenido continuadores, aunque puede haber influido mucho en Aníbal Troilo».
Se crió en un ambiente musical pueblerino y heterogéneo, el boliche "Don Ciriaco", propiedad de su padre, ejecutante del bandoneón y compositor del vals "Viaje a Argüello". Su infancia se impregnó de música nacional, en todas sus formas y ritmos. También de chico comenzó a aprender el bandoneón y con él, el tango.
Dicen que por 1920 pasó Roberto Firpo con su orquesta de gira por la provincia de Córdoba y Ciriaquito con apenas quince años, habría reemplazado a Pedro Maffia que estaba ausente por una indisposición.
Pero el despegue ocurrió cuando otro visitante, el pianista Nicolás Vacaro lo escuchó. Era 1923 y el músico lo convenció para que viajara con él a Buenos Aires, lo alojó en su casa y se lo presentó a Juan Carlos Bazán, director de la orquesta donde estaba tocando. Al poco tiempo debuta en Mar del Plata, en el Club Pueyrredón.
Ciriaco con Edmundo Zaldivar y Vicente Spina
El año 25 le es pródigo. Lo contratan para actuar en el cine Gaumont, para lo cual forma un conjunto que inicialmente es conformado por el bandoneón de Nicolás Di Massi, los violines de Marcos Larrosa y Juan Ríos y el piano de Eliseo Ruiz. Además ingresa al sello Victor formando parte de la orquesta de la empresa discográfica que estaba armando Adolfo Carabelli y en la que permaneció cerca de veinte años. Participa de la formación inicial de la misma y de su primera grabación el 9 de noviembre de 1925, con los tangos "Olvido" de Ángel D'Agostino y "Sarandí" de Juan Baüer. A su lado estaban los fueyes de Luis Petrucelli y Nicolás Primiani, los violines de Manlio Francia, Agesilao Ferrazzano y Eugenio Romano, con Vicente Gorrese al piano y humberto Costanzo en el contrabajo.
Debuta en Radio Cultura en 1927 y luego pasa a Radio El Mundo, donde permanece veinte años. En ese lapso actúa en las orquestas de Vardaro-Pugliese, Francisco Canaro, Julio De Caro y acompañó al cantor Antonio Rodríguez Lesende, en trío con Juan Carlos Cobián y Cayetano Puglisi.
Sería muy arduo mencionar a todos los artistas que acompañó y sus innumerables presentaciones, pero quiero destacar su participación en los carnavales del Teatro Politeama con la orquesta gigante que dirigió Juan Carlos Cobián y un párrafo sobre el concurso de la Revista Sintonía para elegir los músicos más populares, donde sale elegido junto a Pedro Maffia, Elvino Vardaro y los hermanos Julio y Francisco De Caro. Maffia desertó y fue reemplazado por quien seguía en número de votos: Carlos Marcucci. Este verdadero seleccionado hizo actuaciones en Radio El Mundo y cuatro registros fonográficos: "Un lamento", "Tierra querida", "El tirabuzón" y "Chiclana".
En 1950 forma parte del la orquesta de Mariano Mores en el Teatro Alvear. Una ocurrencia de Homero Manzi que se encargaba de las presentaciones fueron "Los cinco ases Pebeco", junto a Marcucci, Maffia, Laurenz y Piana, quienes debutan en Radio Stentor.
En un ciclo radial hizo dúo con el piano de Lucio Demare y se presentó acompañado de numerosos guitarristas de renombre. Pero deben citarse a tres. Dos de ellos componentes casi perpetuos de su famoso Trío Ciriaco Ortiz: Ramón Andrés Menéndez y Vicente Spina, éste último autor de "Tu olvido", "Me quedé mirándola", "Loco turbión" y otros grandes temas. El tercero, que lo acompañó en sus últimos años en el escenario de "El viejo almacén" fue Edmundo Porteño Zaldivar. Este buen guitarrista integró la orquesta de Ricardo Tanturi en 1938 y en la década del cincuenta, el espléndido Cuarteto Troilo-Grela. Además fue compositor de numerosas obras, entre las que se destaca su éxito folclórico, "El humahuaqueño".
Con su trío comenzó a grabar el 20 de marzo de 1929, registrando un gato y una chacarera de su autoría. Su último disco fue el 15 de septiembre de 1955, con el que completó 260 registros para RCA-Victor. Más adelante, hace doce temas más para el sello TK.
Como datos curiosos, en los años 52 y 53, todavía en la Victor, formó un sexteto para registrar cuatro tangos: "Recuerdos de la pampa", "El verde", "Canaro" y "Una noche de garufa". Con la orquesta Ciriaquito también había grabado cuatro temas entre 1931 y 1932: un foxtrot, dos tangos y una chacarera.
Contando las grabaciones que realizó con la Orquesta Los Provincianos entre el 31 y el 34, la cifra de sus temas discográficos asciende a 310 registros.
En el boliche de su padre, fallecido en el año 1942, conoció a Carlos Gardel, visitante infaltable cuando andaba por Córdoba. El Zorzal le grabó dos temas: "Sueños", con letra de Eugenio Cárdenas y "Nena", con letra de Juan Carlos Bazán. Pero su tango más importante fue sin duda "Atenti pebeta" con letra de Celedonio Flores.
Sus virtudes de ejecutante no han sido superiores a su permanente humor, del que fluían dichos graciosos y todo tipo de ocurrencias. Dijo de la cantante Tania: «La primera cédula de identidad se la firmó el comandante Cuitiño, lugarteniente de Juan Manuel de Rosas a mediados del siglo XIX», y agrega: «La gallega llegó a América como azafata de una de las carabelas de Colón». Sobre Edmundo Rivero: «Cuando era chico jugaba a los trencitos, pero en la Estación Retiro, con los de verdad». «Su ópera preferida es Manón». Sobre el cantor Alberto Gómez: «Cuando se despertaba, la mujer le llevaba a la cama el mate y el sombrero», y como estas bromas, infinitas más.
Su pasión y su trabajo fue la música, fue aceptado y reconocido por ella. Siempre bien recibido por su sonrisa permanente y el humor a flor de labios. Es sin lugar a dudas, una escuela entre los fuelles y un personaje digno de recuerdo.
Fuente: Todo Tango
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