Carlos Figari cuyo nombre completo era Carlos Alberto Figari es un pianista, compositor y director de orquesta de tango que nació en (Buenos Aires, Argentina el 3 de agosto de 1913 y falleció en la misma ciudad el 22 de octubre de 1994.
nació en el porteño barrio de San Telmo. Desde niño tuvo inclinación por la música. Primero, estudió piano con una profesora de su barrio y luego, continuó en el conservatorio Troiani.
Empezó desde muy joven a los 16 años y se lo apodo "el pibe figari" fue convocado por los hermanos Sureda para integrar su conjunto. Formaban parte del mismo, además de Antonio y Gerónimo Sureda, Oscar Valpreda y el cantor Alberto Tagle, quien luego sería vocalista de Enrique Mora y de la primera orquesta de Domingo Federico.
En 1937, se disolvió el conjunto y se convirtió en la orquesta de Antonio Sureda, siendo puntal de la misma el joven Figari desde el piano, con sólo 20 años. Cuando se fue Tagle, en 1939, el nuevo cantor fue Juan Alessio, quien después, al irse con Rodolfo Biagi, cambiaría su nombre por el de Jorge Ortiz.
En 1941, pasó a integrar la orquesta de José García: Los Zorros Grises. Un año más tarde, grabaron en el sello Odeon “Esta noche de luna” del propio García y Graciano Gómez, con versos de Héctor Marcó y la voz de Alfredo Rojas y el instrumental “Retirao” de Carlos Posadas, donde Figari ya insinuaba su estilo y temperamento musical.
También, suplantaba en el piano a Marianito Mores, durante los períodos que este se alejaba circunstancialmente de Canaro.
En marzo de 1944 se produjo un acontecimiento muy importante en el mundo del tango: la desvinculación de Francisco Fiorentino de la orquesta de Aníbal Troilo. Inmediatamente, el notable cantor fue requerido por Orlando Goñi. Pero poco duró el vínculo y Fiore decidió formar su propia orquesta ofreciendo la dirección de la misma a su amigo y ex compañero en la orquesta de Troilo, el violinista Hugo Baralis. Pero este cedió la conducción al joven Astor Piazzolla. Debutaron en Radio Belgrano y en la confitería Picadilly de la calle Corrientes 1524. Esta orquesta estaba integrada por Baralis, Cayetano Gianni, Bibiloni Lucero en violines, Roberto Di Filippo, Ángel Genta, Fernando Tell y Piazzolla en bandoneones, José Díaz en bajo y en el piano, Carlos Figari.
Tres años después, el 4 de julio de 1947, se incorporó a Troilo en reemplazo de José Basso. Con sus jóvenes 30 años, el pianista demostraba un gran profesionalismo, adquirido en su paso por tantas orquestas de jerarquía como las de José García, Francisco Canaro y Astor Piazzolla. Durante 7 años tocó con “Pichuco” demostrando una técnica depurada.
En esa etapa, registraron 96 temas, entre ellos, dos instrumentales de su autoría: “A la parrilla”, junio de 1949 y “Tecleando”, en 1952. Su calidad de pianista disimulaba las dificultades técnicas del sello TK.
En esa época, Troilo le dio un gran apoyo a las primeras composiciones de Piazzolla, haciéndolas conocer a través de sus actuaciones y de sus discos. En enero de 1950 graba el tango “Para lucirse” y a partir de allí, estrena “Prepárense”, “Contratiempo”, “Triunfal”, “Contrabajendo”, “Lo que vendrá” y “Tanguango”. Todos estos temas, fueron arreglados por Astor y contaron con el importante aporte de Figari.
Participó con la orquesta de Troilo en el cine y en el teatro: El tango vuelve a París, en 1948 y Mi noche triste, en 1952 y la obra de Cátulo Castillo El patio de la Morocha, en 1951.
El 16 de abril de 1955 debutó con su propia orquesta y la voz de Enrique Dumas en Radio Splendid. Su primer bandoneón y arreglador era Armando Calderaro, (Pajarito). Recuerdo de aquella época sus actuaciones en la Confitería Montecarlo y su llegada al disco en el sello Music Hall, donde graba su tema “A la parrilla” y “Bien jaileife” de Vicente Demarco y letra de Silvio Marinucci, con la voz de Dumas, entre otros.
Un año después, seguía actuando en Radio Splendid y fue convocado por el cantor Edmundo Rivero para que lo acompañara con su orquesta en seis grabaciones para el sello TK. También le encargó los arreglos. Ellas fueron: “El ciruja”, “Jamás me olvidarás”, “Por ella”, “Fugitiva”, “Escríbeme” y “Tessa”. Además, acompañó al cantor, en sus presentaciones por Radio El Mundo.
En 1957, hizo una temporada en la confitería Adlon con su nuevo cantor, Héctor Omar y acompañó en la radio al recordado cantor brasileño, Carlos Lombardi, con quien luego haría una gira por las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro. Al regreso de la misma, incorporó al cantor Ricardo Argentino en reemplazo de Omar.
A fines de los años 50 pasó a Radio del Pueblo, emisora que competía con las grandes, en la contratación de figuras del tango. Allí se presentaban Aníbal Troilo con Grela y el solista consagrado, Alberto Marino. Figari lo hacía con las voces de Enrique Dumas y de Aldo Fabre.
En la década sigiente el tango cayó en una profunda depresión y Figari decidió achicar su orquesta. Forma un cuarteto y acompaña a Tania en el local Cambalache, de la calle Libertad 832, propiedad de la cantante.
En 1961 formó rubro con Dumas y graban para el sello Disc-Jockey. Ambos continuaron en Radio del Pueblo, que gracias a sus directores artísticos y musicales, Antonio Maida y Miguel Nijensohn, resultó el último bastión tanguero en el éter. Participó también en la televisión, en el programa Esquina del tango, con su nuevo cantor Alberto Marcó.
En 1966 se estrenó en el teatro San Martín, Sala Martín Coronado, la zarzuela criolla Juanita la popular, de Enrique Cadícamo. La dirección musical fue confiada a Figari. En la obra actuaban entre otros actores, Homero Cárpena, Juan Carlos Altavista y Elena Lucena.
A fines de los 60, se convirtió en figura estable de El Viejo Almacén, propiedad de su amigo Edmundo Rivero y realizó, además, las maravillosas grabaciones con Tita Merello en el sello Odeon.
" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia
sábado, 2 de abril de 2016
" EL PIBE FIGARI"
Carlos Figari cuyo nombre completo era Carlos Alberto Figari es un pianista, compositor y director de orquesta de tango que nació en (Buenos Aires, Argentina el 3 de agosto de 1913 y falleció en la misma ciudad el 22 de octubre de 1994.
nació en el porteño barrio de San Telmo. Desde niño tuvo inclinación por la música. Primero, estudió piano con una profesora de su barrio y luego, continuó en el conservatorio Troiani.
Empezó desde muy joven a los 16 años y se lo apodo "el pibe figari" fue convocado por los hermanos Sureda para integrar su conjunto. Formaban parte del mismo, además de Antonio y Gerónimo Sureda, Oscar Valpreda y el cantor Alberto Tagle, quien luego sería vocalista de Enrique Mora y de la primera orquesta de Domingo Federico.
En 1937, se disolvió el conjunto y se convirtió en la orquesta de Antonio Sureda, siendo puntal de la misma el joven Figari desde el piano, con sólo 20 años. Cuando se fue Tagle, en 1939, el nuevo cantor fue Juan Alessio, quien después, al irse con Rodolfo Biagi, cambiaría su nombre por el de Jorge Ortiz.
En 1941, pasó a integrar la orquesta de José García: Los Zorros Grises. Un año más tarde, grabaron en el sello Odeon “Esta noche de luna” del propio García y Graciano Gómez, con versos de Héctor Marcó y la voz de Alfredo Rojas y el instrumental “Retirao” de Carlos Posadas, donde Figari ya insinuaba su estilo y temperamento musical.
También, suplantaba en el piano a Marianito Mores, durante los períodos que este se alejaba circunstancialmente de Canaro.
En marzo de 1944 se produjo un acontecimiento muy importante en el mundo del tango: la desvinculación de Francisco Fiorentino de la orquesta de Aníbal Troilo. Inmediatamente, el notable cantor fue requerido por Orlando Goñi. Pero poco duró el vínculo y Fiore decidió formar su propia orquesta ofreciendo la dirección de la misma a su amigo y ex compañero en la orquesta de Troilo, el violinista Hugo Baralis. Pero este cedió la conducción al joven Astor Piazzolla. Debutaron en Radio Belgrano y en la confitería Picadilly de la calle Corrientes 1524. Esta orquesta estaba integrada por Baralis, Cayetano Gianni, Bibiloni Lucero en violines, Roberto Di Filippo, Ángel Genta, Fernando Tell y Piazzolla en bandoneones, José Díaz en bajo y en el piano, Carlos Figari.
Tres años después, el 4 de julio de 1947, se incorporó a Troilo en reemplazo de José Basso. Con sus jóvenes 30 años, el pianista demostraba un gran profesionalismo, adquirido en su paso por tantas orquestas de jerarquía como las de José García, Francisco Canaro y Astor Piazzolla. Durante 7 años tocó con “Pichuco” demostrando una técnica depurada.
En esa etapa, registraron 96 temas, entre ellos, dos instrumentales de su autoría: “A la parrilla”, junio de 1949 y “Tecleando”, en 1952. Su calidad de pianista disimulaba las dificultades técnicas del sello TK.
En esa época, Troilo le dio un gran apoyo a las primeras composiciones de Piazzolla, haciéndolas conocer a través de sus actuaciones y de sus discos. En enero de 1950 graba el tango “Para lucirse” y a partir de allí, estrena “Prepárense”, “Contratiempo”, “Triunfal”, “Contrabajendo”, “Lo que vendrá” y “Tanguango”. Todos estos temas, fueron arreglados por Astor y contaron con el importante aporte de Figari.
Participó con la orquesta de Troilo en el cine y en el teatro: El tango vuelve a París, en 1948 y Mi noche triste, en 1952 y la obra de Cátulo Castillo El patio de la Morocha, en 1951.
El 16 de abril de 1955 debutó con su propia orquesta y la voz de Enrique Dumas en Radio Splendid. Su primer bandoneón y arreglador era Armando Calderaro, (Pajarito). Recuerdo de aquella época sus actuaciones en la Confitería Montecarlo y su llegada al disco en el sello Music Hall, donde graba su tema “A la parrilla” y “Bien jaileife” de Vicente Demarco y letra de Silvio Marinucci, con la voz de Dumas, entre otros.
Un año después, seguía actuando en Radio Splendid y fue convocado por el cantor Edmundo Rivero para que lo acompañara con su orquesta en seis grabaciones para el sello TK. También le encargó los arreglos. Ellas fueron: “El ciruja”, “Jamás me olvidarás”, “Por ella”, “Fugitiva”, “Escríbeme” y “Tessa”. Además, acompañó al cantor, en sus presentaciones por Radio El Mundo.
En 1957, hizo una temporada en la confitería Adlon con su nuevo cantor, Héctor Omar y acompañó en la radio al recordado cantor brasileño, Carlos Lombardi, con quien luego haría una gira por las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro. Al regreso de la misma, incorporó al cantor Ricardo Argentino en reemplazo de Omar.
A fines de los años 50 pasó a Radio del Pueblo, emisora que competía con las grandes, en la contratación de figuras del tango. Allí se presentaban Aníbal Troilo con Grela y el solista consagrado, Alberto Marino. Figari lo hacía con las voces de Enrique Dumas y de Aldo Fabre.
En la década sigiente el tango cayó en una profunda depresión y Figari decidió achicar su orquesta. Forma un cuarteto y acompaña a Tania en el local Cambalache, de la calle Libertad 832, propiedad de la cantante.
En 1961 formó rubro con Dumas y graban para el sello Disc-Jockey. Ambos continuaron en Radio del Pueblo, que gracias a sus directores artísticos y musicales, Antonio Maida y Miguel Nijensohn, resultó el último bastión tanguero en el éter. Participó también en la televisión, en el programa Esquina del tango, con su nuevo cantor Alberto Marcó.
En 1966 se estrenó en el teatro San Martín, Sala Martín Coronado, la zarzuela criolla Juanita la popular, de Enrique Cadícamo. La dirección musical fue confiada a Figari. En la obra actuaban entre otros actores, Homero Cárpena, Juan Carlos Altavista y Elena Lucena.
A fines de los 60, se convirtió en figura estable de El Viejo Almacén, propiedad de su amigo Edmundo Rivero y realizó, además, las maravillosas grabaciones con Tita Merello en el sello Odeon.
"UN BARÍTONO BIEN PORTEÑO"
Arrieta, Pedro Rosa
Cantor y compositor
(12 septiembre 1915 - 17 septiembre 1978)
Era un barítono, con un estilo bien porteño, de personal fraseo, con un modo muy particular por el cual fue reclamado por varios directores de orquestas, sobre todo por aquellos que daban especial importancia a la musicalidad y al ritmo.
Debutó a los 16 años con Juan Maglio (Pacho). Poco tiempo después, fue requerido por Carlos Di Sarli para suplir en su sexteto al cantor Antonio Rodríguez Lesende. Actuaron durante todo el año, en el café El Nacional y en el cabaret Casino Pigall.
En 1933, actuó con Juan Canaro, luego de un paso fugaz por las agrupaciones de Anselmo Aieta y Alejandro Scarpino. Al año siguiente integró el cuarteto Los Magos del Tango, que actuaba en Radio Ultra y que estaba formado por el pianista Juan Polito, los bandoneones de Nicolás Pepe y Daniel Alvarez y el violín de Bernardo Sevilla (Tito). Después, vino su paso por la orquesta de Pedro Laurenz y, a partir del año 1939, su debut como solista en LR3 Radio Belgrano, donde actuó durante dos años para luego continuar en Radio Mitre.
El cantor continuó creciendo y consolidando su estilo y fue requerido por el maestro Lucio Demare, para compartir los temas cantables de su orquesta con Juan Carlos Miranda. La primera grabación fue el 14 de abril de 1942: “Un tango guapo”, de Roberto del Pino y Oscar Roma, luego vinieron “Soy muchacho de la guardia”, de Agustín Irusta y Héctor Marcó y “Canción de rango (Pa' que se callen)” de Raúl Kaplún y José María Suñé. Al final de año, tanto Arrieta como Miranda se desvincularon de la orquesta y fueron reemplazados, por un grande, el incomparable Raúl Berón.
Arrieta regresó como solista a Radio Belgrano y a diferentes locales nocturnos con gran éxito, pero su consagración definitiva se produjo cuando fue invitado a integrar la orquesta de Miguel Caló. Con ella hizo su primera grabación el 7 de agosto de 1945, el tango de Juan Polito y Luis Caruso “Quedó en venir a las nueve” y en el reverso del disco, la milonga “Cimarrón de ausencia”. La pareja de cantores la compartió con Raúl Iriarte, quizás el dúo más importante que tuvo la orquesta y de mayor trascendencia en el continente, lo que posibilitó a ambos la posterior prolongación de sus carreras en distintos países de América, a partir de la crisis del tango que devino en Buenos Aires en los años ‘60.
En su paso por Miguel Caló, dejó registrados 26 temas como solista y 4 a dúo con Iriarte. Los más destacados: “Una tarde cualquiera”, para mí su mejor interpretación, “En secreto”, de Vicente Demarco y Alfredo Roldán y “A la gran muñeca”, una de las pocas versiones grabadas con letra.
Arrieta se despidió del primer ciclo con Caló, grabando el 23 de septiembre de 1948, los tangos “Nunca más” y “Corazón de papel”.
Ya desligado del conjunto, fue requerido para trabajar en Chile, donde se instaló y permaneció una larga temporada grabando con distintas formaciones. Luego realizó una gira por distintos países de Latinoamérica, regresando a la Argentina en 1954 y, junto a Alberto Podestá, se integró nuevamente a la orquesta de Caló.
El 23 de junio grabó el tango de Rodolfo Sciammarella, “Boca Juniors”, dedicado al popular club de fútbol. Al año siguiente, participó con la orquesta dirigida por Leopoldo Federico en Radio Argentina, pasando luego a Belgrano y al Canal 7 de televisión, siendo acompañado por la orquesta dirigida por el excelente bandoneonista Alfredo Franco.
En 1957 volvió a grabar con Caló. El 18 de junio registró “Cuanta angustia” y luego partió en una extensa gira con la orquesta de Juan Canaro por el Brasil y México. En 1959, formó parte de un espectáculo en Estados Unidos junto a Astor Piazzolla y los bailarines María Nieves y Juan Carlos Copes. Entusiasmado por el reconocimiento del público se radicó en Norteamérica y, desde allí, hizo giras a varios países del continente.
De vuelta en Buenos Aires, en 1972, junto a Raúl Iriarte graban un disco larga duración, invitados por Miguel Caló, en el que interpreta “Tres esperanzas”, “Mis flores negras” y “Todos vuelven”, lamentablemente, serán las últimas grabaciones del maestro Caló, quien víctima de un síncope falleció al poco tiempo.
viernes, 1 de abril de 2016
"EL NEGRO GARDELIANO"
Jorge Vidal (Buenos Aires, Argentina, 12 de agosto de 1924 – id. 14 de septiembre de 2010 ) fue un cantor de tango argentino.
Tuvo una dilatada carrera artística que incluyó su participación en varias películas. Cultivó un neto estilo gardeliano, no sólo por su fraseo, sino también por su figura, al punto que solía concurrir al Hipódromo de Palermo, vestido como acostumbraba Carlos Gardel.
En 1945 salió sin permiso de la Escuela Naval para presentarse en un concurso de cantores en el teatro Smart y obtuvo el primer premio, lo que impulsa su vocación de vocalista tanguero. Es así que, ya con el nombre de Jorge Vidal, en 1946 debutó formando dúo con Luis Peralta en la confitería La Paz, ubicada frente a las barrancas de Belgrano. Tuvo un gran éxito ensombrecido por el homicidio esa misma noche del propietario del lugar por una puñalada asestada por un concurrente ebrio.
Actuó más adelante en el Café Argentino, en el barrio de Chacarita, acompañado por el cuarteto de guitarras de Jaime Vila. Un salto en su carrera ocurre cuando lo escuchan los bandoneonistas de la orquesta de Osvaldo Pugliese, Osvaldo Ruggiero y Jorge Caldara, y lo recomiendan al director. Pugliese lo escucha y le propone incorporarse a su orquesta, con la que debuta en 1949 en el Racing Club de Avellaneda. En ese momento el otro cantor de la orquesta era Alberto Morán, pero nunca registraron un dúo. Con Pugliese aprendió muchas cosas, entre ellas a respetar el ritmo, y grabó ocho temas para el sello Odeon (entre ellos, "Puente Alsina") antes de desvincularse, a principio de 1951.
Continuó su carrera como solista en la confitería La Armonía de la Avenida Corrientes, acompañado por las guitarras de los hermanos Remersaro, Rafael Moreno y Jaime Vila. Por otra parte, entre 1951 y 1955 grabó seis temas con la orquesta de Argentino Galván. Fue primera figura en los cabarets "Maipú Pigall" y "Casanova", donde realizaba el show central alternando con el también solista Ángel Vargas.
Vidal también actuó en Radio Splendid y Radio Belgrano e hizo apariciones en televisión. Debutó en cine con el papel protagónico en 1956 en El tango en París, junto a Olinda Bozán, Enrique Serrano, Julia Sandoval y otros importantes artistas, con dirección de Arturo S. Mom. En teatro trabajó en Yo soy Juan Tango (1957) y la última comedia musical de Francisco Canaro Tangolandia, con Tito Lusiardo, María Ester Gamas, Alba Solís, Beba Bidart y Juan Carlos Copes.
En 1958 viajó a los Estados Unidos y actuó en el famoso Show de Sullivan. Luego de un frustrado retorno a Argentina en 1965, volvió a Estados Unidos, donde trabajó en importantes escenarios como el Carnegie Hall, la Metropolitan Opera House, el hotel Sheraton y el Waldorf-Astoria de Nueva York, hasta 1969.
En Estados Unidos hizo grabaciones entre 1966 y 1967 acompañado por músicos estadounidenses y en algunas ocasiones por la orquesta de Enrique Méndez. En España grabó «El día que me quieras» en 1970 acompañado por la orquesta de Waldo de los Ríos, versión editada dos años después por el sello Magenta en Argentina.
En 1986 fundó la Asociación Argentina de Cantantes, de la que fue presidente. Entre las piezas que compuso se destacan «Cuando yo me vaya», «Palpitando el escolazo» y «Gripe liviana». La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires le otorgó la distinción de Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.
sábado, 27 de febrero de 2016
" EL PARDO MORA"
Mora, Joaquín Mauricio
Pianista, bandoneonista, director y compositor
(22 septiembre 1905 - 2 agosto 1979)
Desde los dieciocho años comienza a actuar en bailes y reuniones con músicos de intrascendente trayectoria y un año más tarde es el pianista del cuarteto de Graciano De Leone en el salón La Argentina, precisamente el lugar donde culminara sus estudios superiores.
Así llegamos a un acontecimiento casual que resultara trascendente en la trayectoria de Joaquín Mora. Después de un ensayo en su casa, su amigo el bandoneonista José Fiotti dejó allí su instrumento. La curiosidad tentó a Mora para sacar unas notas y abordar un pasaje de la melodía de “La cabeza del italiano”, tango de moda de la época. Entusiasmado por haberlo logrado, compró un bandoneón a pagar en cuotas con el que venía un método de aprendizaje. En poco tiempo se convertiría en excelente bandoneonista. En tal carácter debuta en la orquesta de Antonio Bonavena, en 1928, y, por entonces, escribe su primer tango a medias con José Fiotti, titulado “Viejo barrio”.
Forma parte luego de un trío con Eduardo Pereyra y Alcides Palavecino, trabajando en un café de Flores. El autor de “El africano” sería de enorme gravitación, afiliándose definitivamente en la tendencia romántica, en creación e interpretación del tango.
En 1929, Joaquín Mora revista en las filas de Vicente Fiorentino con su violín, junto al pianista Plácido Simoni Alfaro y Francisco Fiorentino, bandoneonista a su lado.
Trabaja intensamente y entonces Alberto Cima, que regresaba de Europa lo convoca para formar parte de su conjunto, presentándose en un café de Parque Patricios, ya en 1930. Esa pequeña orquesta la integraban su director y Joaquín Mora, bandoneones, Luis Minelli, piano y el violinista Luis Cuervo.
Mora está presente en las grabaciones para el sello Columbia de la orquesta Bonavena y de la típica Columbia dirigida por Alberto Castellanos y con Bonavena realiza una exitosa temporada en Radio Prieto.
Crea entonces algunos tangos de extraordinaria belleza: “Divina”, al que pusiera letra en 1934 Federico Saniez, “Nupcia”, “Leyenda” y “Mi estrella”. Nos recordaba Joaquín Mora, muchos años más tarde, que, a propósito de la estructura de “Mi estrella”, que es uno de sus grandes tangos, un amigo músico le decía por entonces: «¿Por qué no hacés tangos como los demás autores?».
A fines de 1930, junto a Orestes Cúfaro, pianista que había sido compañero en la orquesta Bonavena, y el violinista Roberto Zerrillo, acompañaron a Azucena Maizani en su viaje a Europa, realizando sus presentaciones en España, Portugal y parte de Francia. Dentro de esa gira, encontrándose en la ciudad española de León, Mora compuso su tango “Yo soy aquel muchacho”, que complementaría años más tarde con el violinista Vicente Russo y los versos de Máximo Orsi.
Joaquín Mora se incorpora a la orquesta de Irusta-Fugazot-Demare en España. Al retornar a Buenos Aires, casi a fines de 1933, pasa a trabajar en la orquesta de Vicente Russo en Radio Splendid. Allí, además de complementarse, “Yo soy aquel muchacho”, también en colaboración con el director de la orquesta da a conocer su tango “Ushuaia” y, en el carnaval de 1935, reforzando la orquesta de Miguel Caló en los bailes del teatro de la Opera, al terminar una actuación, comprobó que le habían robado su bandoneón. Esta imprevista circunstancia marca un nuevo rumbo artístico a sus actuaciones, volviendo definitivamente al piano, creando su gran estilo de interpretación.
Desde el citado acontecimiento, Joaquín Mora forma su orquesta, actuando muy fugazmente y decidiendo formar un trío con dos cantores, al estilo de Irusta-Fugazot-Demare, convocando a esos efectos a Antonio Rodríguez Lesende y Héctor Morel (Héctor Cardinale). Morel-Lesende-Mora ha quedado en el recuerdo de los nostalgiosos como una expresión de originalidad y exquisita calidad.
Paralelamente, entre 1936 y 1937, se dedicó al acompañamiento de cantores y cancionistas. En forma especial se destaca su presencia junto a Cayetano Puglisi y Ciriaco Ortiz en las presentaciones de Hugo Del Carril en Radio El Mundo y con dos cantores, Héctor Achával y Mario Podestá encabezó otro trío, con presencia ante micrófonos de la desaparecida Radio Ultra.
Nos refiere el Dr. Luis A. Sierra dos acontecimientos que nos retrotraen en el tiempo, al año 1934. En una madrugada, junto al piano, en el apartamento de José Pascual, Mora sacó de su bolsillo un pequeño papelito conteniendo los versos que Julio Jorge Nelson le entregara en el café Los 36 Billares, de la calle Corrientes, los leyó y surgirían enseguida las notas de “Margarita Gauthier”, uno de sus mayores éxitos musicales. Y fue también por entonces que Alfonso Ortiz Tirado estrenara “Divina”, página romántica preferida desde siempre por todos los solistas de piano y bandoneón del tango y también de los cantores.
Entendemos que se hace necesaria la mención de obras de Joaquín Mauricio Mora para dar una imagen, cuanto menos aproximada de la dimensión de un gran compositor: “Si volviera Jesús”, con versos de Dante A. Linyera (1935); “Esclavo”, “Cofrecito” (vals) y “En las sombras”, los dos primeros con José María Contursi (1936); “Como aquella princesa” (1937), “Frío” (1938) y “Más allá” (1939) todos con José María Contursi.
Consignamos dos colaboraciones con autores uruguayos: “Canción de junio (Sol de invierno)”, versos de Ignacio Domínguez Riera y “Dos banderas (Himno del Río de la Plata)”, con letra del entonces periodista Onofre Mir, estrenado en el Círculo Oriental de Buenos Aires.
En el año 1941, arregla un excelente conjunto típico que se presenta en Radio Belgrano, la orquesta de Ebe Bedrune, que procedía de la ciudad de Rosario y, un par de años más tarde, emprende una gira recorriendo toda América, con radicación más o menos estable en Medellín hasta 1959 y, finalmente, en Panamá. Allí interpretaría toda suerte de géneros musicales, desde el piano o desde el órgano.
A fines de 1978, regresó a Buenos Aires, habían pasado 35 años. Le decía al diario La Prensa, el 8 de diciembre de 1978: «Me cansé de sentirme extranjero, se me hizo insoportable. Y he vuelto a casa». Ya estaba entonces gravemente enfermo y, por otra parte, sus amigos, casi todos ellos, ya no vivían, circunstancia que le provocó gran tristeza y un día, silenciosamente, como había llegado, retornó a Panamá. De allí nos enteramos, en un escueto cable, la noticia de su deceso, acaecido el 2 de agosto de 1979.
"DE LINIERS AL CENTRO...."
Reinaldo Yiso fue fiel a su barrio y nunca abandonó Liniers. Viajaba diariamente al centro de la ciudad, con el fin de atender sus intereses autorales, sin descuidar por ello sus otros compromisos laborales. Si bien comenzó a trabajar en el Frigorífico Lisandro de la Torre como obrero de planta, luego fue transferido a la parte administrativa, donde llegó a ocupar un alto cargo. Tiempo después, se desempeñó como director de Magenta Discos.
En el año 1941 el maestro Ricardo Tanturi le estrena su primer título, “Por eso canto yo”; si bien es en 1943 cuando Reinaldo Yiso alcanza notoriedad con el tango “El sueño del pibe”, grabado ese año por Osvaldo Pugliese con la voz de su amigo y vecino, Roberto Chanel. La temática futbolera abordada en este tango, hace que su letra alcance gran difusión y popularidad. Es en “El sueño del pibe”, donde el autor rememora los propios momentos de felicidad e ilusión, vividos durante su juventud.
Para ese entonces Yiso, además de escribir y trabajar, presentaba en los bailes a la orquesta de Osvaldo Pugliese, tarea por la cual recibía una remuneración de cinco pesos por cada noche de actuación. Fue precisamente durante esos años cuando una tarde, al cruzar la calle junto a Chanel y Morán, lo atropelló un auto, provocándole serias lesiones que lo mantuvieron postrado durante más de un mes.
Escribió gran cantidad de tangos de carácter descriptivos, empleando versos sencillos, ya que nunca recurrió a la metáfora para adornar sus temas. La mayoría de sus letras plasmaron sentimientos propios o extraños, como así también algunas otras, reflejaron pasiones y controversias populares. Tal el caso de “Bolero”, tango que muestra el enfrentamiento que en ese momento mantenían dos géneros musicales, el tango y el bolero; en tanto en “Bailemos”, describe la angustia que siente una pareja frente al hecho irreversible de la separación. Todas las letras de Yiso encierran, verdaderas pinceladas de la vida.
Además de los temas ya mencionados, sus tangos más difundidos fueron “Un infierno”, “Soñemos”, “Cuatro líneas para el cielo”, “Un regalo de reyes “, “El hipo” , “Cómo le digo a la vieja”, “Una carta para Italia”, “Un tango para mi vieja”, “La número cinco”, “El tango es una historia”, “Estas cosas de la vida”, “La mascota del barrio” , “Un tormento” , “El clavelito”, “Susanita” y un “Vals para mamá”. Este tema Yiso lo compuso una noche en que cuidaba a su madre, víctima de una afección circunstancial. En uno de sus versos el autor refleja cual era su estado emocional en ese momento, al decir que ese vals «Surgió una noche de esas que más pensaba en ella».
Musicalizaron sus letras, entre otros, Ricardo Tanturi, Francisco Rotundo, Miguel Caló, Anselmo Aieta, el ya citado Enrique Alessio, Pascual Mamone, Santos Lipesker, Arturo Gallucci, Abel Aznar, Edgardo Donato, Roberto Chanel, Alberto Morán, Roberto Rufino y Alberto Podestá, Juan Puey, Roberto Caló, Orestes Cúfaro, Ángel Cabral, Juan Pomati, Juan Manuel Mañueco y Erma Suárez.
El 22 de mayo de 1943 se casa con Sara Rainer, con quien tuvo dos hijos: Marta y Ricardo, a los que Yiso nombra en su tango “Un regalo de reyes”. Según cuenta su esposa, el nombre con el cual fuera anotado en el Registro Civil su hijo varón, responde al deseo de la pareja de homenajear al maestro Ricardo Tanturi.
Varias de las composiciones de Yiso fueron registradas a nombre de su mujer, tal el caso de “Bien bohemio”, tema que con música de Tití Rossi y Juan Pomati, fue grabado por la orquesta de Francisco Rotundo con la voz de Julio Sosa. ¿Quién no recuerda ese verso que dice: «Estoy en Pampa y la vía como viola en el empeño»? También, con el nombre de Sara Rainer, registró otros tangos, entre ellos: “Ruiseñor de Puente Alsina” y “Pifia”, y con el seudónimo de Rianco, firmó la letra de “No me esperes esta noche”, obra popularizada por la cancionista María Graña.
A su vez, compuso diversos valses peruanos, entre otros, “He visto llorar a Dios”, “Errante vagabundo” y “Desagradecida”.
Su aporte al tango quedó reflejado en la gran cantidad de composiciones que escribió, sin apartarse nunca de un particular estilo de poeta de barrio. Sus letras resumen emociones y pasiones comunes a la sensibilidad del porteño.
sábado, 20 de febrero de 2016
"DE MANDRIA NO TENIA NADA"
Brancatti, Francisco
Letrista, cantor, guitarrista, y compositor
(2 julio 1890 - 4 junio 1980)
Esta gran figura de la música popular nació en Montevideo. Se fue muy joven a Buenos Aires. Allí actuaría con los payadores Gabino Ezeiza y José Betinotti, al amparo de su facilidad para improvisar. Conoció en Montevideo a Juan Pedro López (famoso payador uruguayo), a quien insinuó el viaje a la Argentina luego de oírlo cantar, presentándose juntos en exitosas veladas.
Se vincula Brancatti con León Lara —uruguayo, de Florida—, considerándolo con dotes admirables dominando ampliamente la guitarra, que le permitía dar conciertos de música clásica, matizando sus presentaciones en el canto criollo a dúo.
Brancatti-Lara recorren todo el interior argentino y en 1916 son contratados en Tucumán (ciudad del norte argentino, donde se declaró la Independencia en 1816) para amenizar las fiestas del Centenario. Se presentan luego en Salto y Artigas (Uruguay), entrando al Brasil por Santa Ana, después Paraná, Santa Catalina, Río de Janeiro, San Pablo, Santos y gran parte de Mato Grosso. Los acompaña un éxito resonante, artístico y pecuniario. En esa larga actuación en Brasil, Brancatti traducía las letras al portugués, para que todos las entendieran. Siempre triunfando, viajan a Europa, actuando en España y Portugal.
Al retornar a Buenos Aires, se integran al conjunto criollo Los de la Leyenda. Posteriormente el dúo Brancatti-Lara retorna brevemente a su patria, contratados por Glucksmann para su cadena de salas de cine y luego por la Compañía Oliver. El 2 de julio de 1918, actúa en La Comedia junto a la Compañía cómica de Cotorrita Ramos. Se registra también su presencia en una brillante temporada en el Teatro Royal de la calle Bartolomé Mitre.
Después de más de ocho años de intenso trajinar en las giras, en vísperas de cumplir un compromiso en La Bolsa de Rosario (provincia de Santa Fe), Brancatti plantea a Lara la disolución del dúo, que éste acepta muy apenado. León Lara forma otro, en Rosario con Néstor Feria. Brancatti en tanto, vuelca su inquietud en los versos, donde ya perfilaba un inconfundible estilo, aunque esporádicamente también crea músicas.
En 1924, le pone letra a “Tacuarembó” sobre música del bandoneonista Alberto Rodríguez, también uruguayo e integrante por entonces del excelente conjunto de Osvaldo Fresedo y con la colaboración de Juan Velich hacen su entrada triunfal al tango con “Amigazo”, tema antológico, música de Juan de Dios Filiberto que fue dado a conocer en el primer concurso del disco Nacional realizado en el Cine Grand Splendid por la orquesta de Roberto Firpo.
Comparte también con Velich los versos de “Mandria”, en 1926, cuya música pertenece al pianista argentino Juan Carlos Rodríguez y se constituye también tema perdurable a partir de la incomparable versión de Rosita Quiroga.
Se crea por entonces la Compañía de Comedias Victor, con el único fin de realizar grabaciones. Allí libreta y actúa Brancatti, con Herminia y Juan Velich, Rosita Quiroga y otros. Alguna vez también interviene Gerardo Matos Rodríguez.
Nos ubicamos en 1928, cuando a instancias de Francisco Brancatti, insistiendo mucho, Libertad Lamarque registra la ranchera “Mate amargo”, con música de Carlos Bravo (que era un funcionario de la grabadora). La pieza se constituyó en un verdadero suceso, provocando una fabulosa venta del disco y que el género fuera moda por casi una década. “Mate amargo” también fue cantada por niños con una letra escolar. La voz de Brancatti es la que luce en los floreos de la famosa interpretación de Libertad Lamarque.
En su inmensa mayoría, las letras de Brancatti para el tango fueron de corte campero, de enorme dramaticidad y gran sugestión, como por ejemplo “Justicia criolla”, “En la vieja pulpería”, “Contramarca”, “Echando mala”, luciéndose también con versos de carácter delicado y de ambiente ciudadano: “Alas caídas”, “Aquel Don Juan”, “Sangre bohemia”, “Canción del olvido”.
En 1930, entonces para el sello Odeon, forma parte de la Compañía de Juan Velich, realizando comedias de distinto carácter, ciclo que finaliza en 1934.
Dirige un conjunto criollo musical con el nombre de Los Chacareros, en 1944, donde además hacía diálogos con su esposa. Después, va espaciando su labor artística, conservando en cambio su deseo de creación de versos.
Intercambiamos fraterna correspondencia con don Francisco Brancatti en nuestra época de funcionario público. Un gran compañero, familiar de Brancatti nos puso en contacto y, el 10 de noviembre de 1973, lo visitamos en su casa, en la localidad de Estanislao Zeballos de la Provincia de Buenos Aires, encuentro grato y muy emocionante para nosotros.
Nos encontramos con una maravillosa persona, humilde en su grandeza e interesado por el destino de su patria. Cinco años atrás había llegado a sus manos la obra Con divisa blanca, de Javier de Viana. El libro le inspiró en forma tal que lo versificó. Viejo admirador del Partido Nacional, volcó allí su permanente inquietud poética.
Figura patriarcal en los círculos criollos, respetado y querido por todos, se produjo su lamentable deceso el 4 de junio de 1980. Se iba una gran figura, casi en silencio, sin el homenaje que aún le debe la música popular.
"UN PROCER DEL TANGO"
Juan Carlos Aráoz de Lamadrid –quien abrevió el nombre, para no alardear de su honrosa ascendencia– nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 30 de octubre de 1910 y murió en la misma ciudad el 16 de agosto de 1965. Era sobrino nieto del famoso general de la independencia Gregorio Aráoz de Lamadrid (1795-1857).
En su juventud se desempeñó como cantor y bailarín de tangos, además de boxeador. Pronto se inició en el periodismo, en la redacción del vespertino Crítica, fundado por el uruguayo Natalio Botana en 1913. También escribió en las revistas literarias de la época, entre ellas, Conjugación de Buenos Aires que co-dirigió con Edgar Bayley.
Dejó dos libros de versos: Hombre sumado (1958; segunda edición, 1969) y Pequeña rosa lunfarda (1981). Su poesía –él lo dijo– congeniaba el formalismo técnico e idiomático y “la violencia desbordante del lunfardo, el argentino, el porteño y la neología invencionista”.
Fue Lamadrid, como lo ha señalado José Gobello, un precursor de la tangología, disciplina que cultivaría sistemáticamente Luis Adolfo Sierra. Dos artículos memorables, publicados en el matutino porteño La Prensa (cuando éste ya había sido expropiado y entregado a la Confederación General del Trabajo), “Tango y Tanguismo” (7 de junio de 1953) y “El tango, sus poetas y sus cantores” (9 de agosto de 1953) invitan a considerarlo como tal.
Él mismo fue letrista, el primero de Astor Piazzolla con quien colaboró en Fugitiva, Marrón azul, Mandrágora y Rosa-río. También lo hizo con otros músicos, tales como Juan Carlos Cobián (Ida y vuelta), Sebastián Piana (Milonga para el caudillo, Ensayo de Adolfo Alsina), Julio De Caro (Caín y Abel), Argentino Galván (Luna rota), Roberto Selles (Cenizas en el tiempo, El cebolla, El pistolero muerto) y otros muchos.
En la Academia Porteña del Lunfardo ocupó el sillón que está puesto bajo la advocación de Carlos Gardel; y es oportuno señalar que como autor de tangos ha escrito letras como “Fugitiva”, considerada un verdadero hito en el historial de las letras tangueras.
se contó entre los diez escritores que el 21 de diciembre de 1962 firmaron el acta fundacional de la Academia. Más tarde se excluyó de la institución, que lo designó Académico Emérito mediante la resolución del 6 de junio de 1992.
viernes, 19 de febrero de 2016
MARVIL
Martínez Vilas, Elizardo
Letrista y compositor
(24 noviembre 1902 - 8 mayo 1976)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Su iniciación en la letrística tanguera comienza a mitad de la década del treinta y transcurre durante 20 años. Tempranamente, logró piezas muy difundidas: “La vida me engañó” y “Se lustra señor”, de la década del cuarenta, y “Cómo nos cambia la vida”, de la siguiente.
Fueron muchos e importantes los músicos que colaboraron con él en la musicalización de sus versos: Atilio Bruni, Mario Demarco, Arturo Gallucci, Manuel Vidal, Oscar Herrero, Elías Randal, Manuel Sucher, Mariano Mores, José Dames, Antonio Rodio, entre otros. Además, con letra y música que le pertenece, el tango “Y sonó el despertador”, de logrados y graciosos versos.
Un párrafo aparte merecen dos tangos, de los muchos que llegaron al disco: “Así se baila el tango”, inmortalizado por Alberto Castillo con su orquesta dirigida por Enrique Alessio, para el sello Victor en 1942 y “Se lustra señor”, interpretación monumental de Ángel Vargas y su orquesta dirigida por Eduardo Del Piano en 1947, que ya había registrado con gran éxito Castillo en el año anterior, conformando dos versiones que se sacan lustre.
Particularmente, entiendo que no estamos en presencia de un poeta literario significativo, pero sí de un gran autor tanguero. Él supo interpretar la época que le tocó vivir, con humor y sensibilidad, retratando el paisaje de su juventud con típicas acuarelas llenas de ternura y con el sello de los años cuarenta. Valgan dos ejemplos como muestra: “Corbatita voladora” y “Buzón”, a los que habría que agregar los dos títulos mencionados en el párrafo anterior.
Me lo dice el corazón,
si me quiere que me quiera
así mismo como soy...
(“Corbatita voladora”)
Buzón...
siempre en la esquina
mirando si pasa
la misma de ayer.
(“Buzón”)
El vals “En un rincón de Hungría”, lleva música de César Ginzo y es una de sus primeras obras. Lo registró Francisco Canaro con la voz de Roberto Maida, en 1937 para el sello Odeon.
Además, es autor de otros valses que fueron editados fonográficamente: “Amar y soñar”, musicalizado y registrado por Roberto Rufino, en 1953; “La perinola”, con música de Ángel Condercuri, con una versión de Miguel Caló y el dúo Roberto Mancini y Alfredo Dalton, en 1956 y “Has llegado”, de Edgardo Donato con la voz de Roberto Morel, en 1955.
Del resto de su obra podemos destacar: “Abismo”, “Agravios”, “Alegría [b]”, “Amor amor”, “Astillas”, “Cabecita descocada”, “Carta para Renée”, “Cipriano”, “Color de rouge”, “Cómo pude hacerte mal”, “Corazón”, “Corazón cobarde”, “Descorazonado”, “Desconsuelo”, “Dilema”, “El mate amargo”, “Esta noche hay una fiesta”, “Gusto a vos”, “Heridas”, “Lluvia [b]”, “Me quema los labios”, “Mi linda chiquita”, “Muñeca mía”, “Oiga rubia”, “Porque no te tengo más”, “Soy un yo yo”, “Tan solo tú”, “Tengo que estar loco”, “Tu boca era un clavel”, “Un loco se escapó”, “Una flor de percal”.
Fueron muchas las voces que interpretaron sus tangos. A los ya recordados Castillo y Vargas, podemos mencionar a Oscar Larroca, Alberto Morán (y su bella versión de “El mate amargo”), Roberto Rufino (que colaboró con la música de “Cómo nos cambia la vida”), Enrique Campos, Alberto Marino, Juan Carlos Godoy, Héctor Mauré, entre otros cantores consagrados.
domingo, 14 de febrero de 2016
"DON ENRIQUE"
Pianista, director y compositor
(22 julio 1912 - 6 noviembre 2005)
Lugar de nacimiento:
Rosario (Santa Fe) Argentina.
Desde muy joven actuó como solista en radios y en una de ellas, LT8 integró un trío estable durante varios años, lo acompañaban Luis Chera (bandoneonista) y Salvador Esquinazzi (violín). Posteriormente forma la orquesta Conti-Munné, junto al bandoneonista Julio Conti. Debutaron exitosamente en el cabaret Les Ambassadeurs.
Alrededor de 1935 o 1936, realiza esporádicos viajes a Buenos Aires citado por Elvino Vardaro para formar una orquesta que debutaría en LR3 Radio Belgrano. Orquesta con dos pianos, el otro a cargo de José Pascual, también Jorge Argentino Fernández y Ángel Domínguez en bandoneones, Hugo Baralis en violín y arreglos de Mario Maurano. Fracaso. Los encargados de la emisora los vetaron rápido pues «es una orquesta que toca muy difícil». Este concepto para con Vardaro ha hecho que su estilo haya sido escuchado sólo en una grabación que no se comercializó: “Tigre viejo”. El único disco de pasta 78 rpm —de prueba— que se halla en poder del coleccionista Héctor Lucci, y numerosas copias que salieron del mismo son las que a veces podemos escuchar.
En 1938, decide instalarse en Buenos Aires y como otros muchachos que vienen a probar suerte con la música recala en la Pensión La Alegría, aquella de la calle Salta 321. Y nace su amistad con Emilio Barbato. Fue una época de escasos trabajos y mucho estudio, especialmente sobre conciertos a dúo de pianos. Esto despertó el interés de LT8 y viajaron en varias oportunidades para dar conciertos de música clásica. Volviendo a la época de su residencia en la popular pensión, completó sus estudios superiores con el ilustre maestro Teodoro Fuch.
En cuanto a su trabajo como músico integró numerosas orquestas, podemos citar Manuel Buzón, Antonio Rodio, la última etapa de Pedro Maffia —cuando en ella cantaba Alberto Gómez—, Mariano Mores, Martín Darré, etcétera. Luego fue contratado por LR1 Radio El Mundo para inaugurar su filial de ese tiempo, LS10 Radio Libertad. Allí permaneció nueve años acompañando a los intérpretes que en ella se presentaban. Algunos de sus componentes fueron: Federico Scorticati, Claudio González, A. Mancini, A. Leivinsohn, Rafael del Bagno, Rolando Cao, entre otros.
Como compositor citaremos los siguientes títulos que llegaron al disco: “Corazón no le digas nadie” (letra de Luis Castiñeira) que grabó Osvaldo Fresedo con Oscar Serpa el 28 de diciembre de 1944 y Lucio Demare con Horacio Quintana el 24 de agosto de 1944; “Maleza” (letra de Cátulo Castillo), que grabó Osvaldo Pugliese con Alberto Morán el 28 de mayo de 1945 y Fresedo con Serpa el 6 de noviembre de ese mismo año; “Qué cosas tiene la vida” (letra de Roberto Lambertucci), que grabó Miguel Caló con Roberto Arrieta el 4 de abril de 1946; “La canción más triste” (letra de Roberto Lambertucci), grabada por Alberto Marino con su orquesta el 23 de mayo de 1947; Carlos Di Sarli con Alberto Podestá el 28 de mayo de ese año y, en 1952, nuevamente Di Sarli con Oscar Serpa; “Aquí en la tierra” (letra de Carlos Bahr) por Rodolfo Biagi con Hugo Duval el 9 de septiembre de 1958; “Amor mío” (con Carlos Bahr) también por Biagi con Duval el 12 de noviembre de 1958; “La pena de James Dean” (letra de Carlos Bahr) grabada por Jorge Caldara con Miguel Martino el 13 de noviembre de 1958.
martes, 9 de febrero de 2016
EL CANTOR NACIONAL MARAMBIO
Juan Carlos Marambio Catán, (Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, 30 de julio de 1895 – Mendoza, Argentina, 15 de febrero de 1973)
Marambio Catán fue un cantor nacional formado con la experiencia y el carácter trashumante.
En el Paraguay hizo sus primeras armas en el espectáculo junto al mencionado Nunziata; a esta incursión casi secreta le siguió otra no menos olvidada, ya en Argentina, cantando con Saúl Salinas durante algunos meses. Corría el año 1915; Marambio Catán se hacía llamar Carlos Núñez y de ahí que este conjunto se promocionara primero como Salinas-Núñez, cambiado luego por Salinas-Catán al parecer por sugerencia del payador Gabino Ezeiza. Ese mismo año los dos cantores, que habían recibido fuertes influencias de los dúos mexicanos que difundían en el país los discos Columbia Record (Rosales-Robinson, por ejemplo), se separan; Marambio Catán sigue un tiempo como solista.
Viaja a Mendoza y se convierte en maestro de escuela; reaparece más tarde en San Juan, junto a Carlos Montbrun Ocampo, quien todavía lejos de su famoso conjunto De las Alegres Fiestas Gauchas lo convence para formar el dúo Marambrun, que no prosperó. Ya entrada la década del veinte puede hallárselo junto a otro cuyano, Alfredo Pelaia, con quien mantiene una relación fructífera (y que se registra en varios discos que van de 1924 a 1928); y muchos años después, ya con dos tercios de su carrera cumplida, llega a integrar un dúo con otro músico de la región: Hilario Cuadros, el director de Los Trovadores de Cuyo.
Estas actividades hablan claramente de sus preferencias, que lo llevarían a fluctuar entre el tango y el folclore con igual afianzamiento. Fue un auténtico difusor del cancionero nativo de carácter cuyano-pampeano, según correspondía al modelo de aquella época en que la mayoría de los cantores alternaban la música ciudadana con la de tierra adentro.
A la par de su vida como cantante, y muchas veces en feliz conjugación, Marambio Catán se desarrolló como actor de teatro pasando por las grandes compañías de entonces. Con ellas recorrió una parte significativa de América Latina, por lo general en cuadros de revistas musicales. Como ocurriera una década atrás en aquella gira junto a Salinas, la disolución llegó antes de lo esperado y Marambio Catán siguió solo, ascendiendo por la costa del Pacífico desde Perú hasta Colombia, emprendiendo desde allí el camino de regreso.
Tiempo después, unido a orquestas de tango (Julio De Caro, Eduardo Bianco, Juan Cruz Mateo) para continuar luego como solista, visitó Europa y Egipto.
De todas las inquietudes de Marambio Catán, es imposible obviar su contribución como autor. Por ella es recordado hoy, en un dictamen que no es injusto, pero sí apresurado cuando toda su fama en este sentido se apoya en el recuerdo de tres o cuatro obras. “Acquaforte”, con música de Horacio Pettorossi, su creación más conocida y que fuera un éxito en los repertorios de Gardel y Magaldi, nació en el Viejo Continente; agréguense las letras de varios tangos que son más frecuentes en versiones instrumentales, como “El monito”, “Buen amigo” o “El choclo (Marambio Catán)”, y el amplio resto corresponde a canciones que no tuvieron la difusión que quizá merecían. También dejó tangos, valses y otras composiciones que como autor le pertenecen por completo, tanto en música como en letra.
Su labor discográfica no fue tan breve como podría sugerir su virtual olvido como intérprete, pero la falta de reediciones lo convirtió en un artista casi inaccesible más allá de determinados circuitos. Este hecho, sumado a una probable falta de aggiornamento, le quitó la proyección hacia planos más actuales, y de ahí que quedara circunscripto a una época pasada.
El 26 de mayo de 1924 hizo sus primeras grabaciones para la compañía Victor, acompañado por la orquesta de Augusto Berto (los tangos “Perjura” y “Tengo celos”, disco Nº 77.387); al poco tiempo ya alternaba sus placas como solista —secundado por orquesta o por guitarras— con otras del dúo Pelaia-Catán. Más adelante formaría un dúo norteño con Andrés Chazarreta, dejando en marzo de 1931 para el mismo sello cuatro registros prácticamente desconocidos.
Cerca de esta última fecha también pasó por Columbia, pero el título no llegó a publicarse y hoy se conoce gracias a la aparición de un disco de muestra (información suministrada por Fabio Cernuda). En 1932, grabó en España integrando el Trío Buenos Aires, que completaban Juan Cruz Mateo y Carlos Vega. Todo esto, más su trabajo en las radioemisoras porteñas, lleva a pensar que fue un artista en constante ocupación.
Luego de una última tournée por provincias y países de América, (con el bandoneonista Carlos Marcucci y números de baile a cargo del Vasco Casimiro Aín), y tras intervenir como actor y cantante en una obra teatral de Samuel Eichelbaum, decidió retirarse. Sin estridencias, como había sido su carrera. Fue en 1943; la fecha puede parecer prematura, pero no extraña si se tiene en cuenta que para esa época la figura del cantor nacional había declinado.
Marambio Catán tuvo para la historia de la música argentina algunos privilegios accidentales: como autor de una de las letras de “El choclo (Marambio Catán)”, tuvo constante presencia en las partituras, aunque pocos intentaran cantarla; le cupo en suerte estrenar el primer tango de Discépolo, titulado “Bizcochito” y rara vez exhumado desde aquel lejano 1924; fue protagonista de una extraña polémica entre los que intentaron discernir si era él u otro el intérprete de cierta propaganda de Geniol. Superando estos detalles, queda un artista digno de ser indagado, que va desde el poeta lo suficientemente descriptivo en “Acquaforte” hasta el cantor experimentado y solvente, según lo atestiguan crónicas y grabaciones.
Falleció en Mendoza.
martes, 2 de febrero de 2016
"MAESTRO VIOLINISTA"
Violinista, director y arreglador
(2 de abril de 1914 - 4 de febrero de 2002)
Nombre completo: Víctor Hugo Baralis
A los 14 años debutó en Radio Cultura y en la orquesta de Minotto Di Cicco, que actuaba en el legendario cabaret Armenonville.
Luego de participar en distintos conjuntos acompañando a cancionistas y cantores, se integró a la orquesta nativa dirigida por el bandoneonista y compositor Rafael Rossi. Eran sus compañeros, los músicos: Elvino Vardaro, Vicente Spina, Ismael Gómez, José Galarza y la cancionista Herminia Velich.
En 1933, se produjo un acontecimiento muy importante en el tango, el gran violinista Elvino Vardaro creaba su famoso sexteto, formado por los bandoneones de Aníbal Troilo y Jorge Argentino Fernández, el piano de José Pascual, Pedro Caracciolo en contrabajo y en los violines, el propio director y el joven Baralis.
En 1935, la mayoría de sus integrantes se pasaron a la formación de Ángel D'Agostino: Pichuco, Baralis, Fernández y Caracciolo. El cantor era un muchachito: Alberto Echagüe.
Dos años después, luego de un breve paso por la orquesta del bandoneonista César Ginzo, Baralis regresa con Vardaro.
Al año siguiente, su amigo Troilo, quien ya había formado su propia orquesta, lo convocó a ella. Esta unión no sólo lo identificaba con la misma sensibilidad musical, también, con los códigos de vida y la bohemia tan especial de esa generación.
La participación se extendería hasta el mes de agosto de 1943. El alejamiento fue producto de un enojo de Troilo con Orlando Goñi, motivado por la indisciplina laboral del pianista. Lamentablemente, la noche de la determinación del desahucio, también Baralis había faltado, por lo tanto, el director les mandó los telegramas de despido a los dos. No obstante esto, la amistad perduró hasta la muerte de Troilo.
Después de este episodio, fue convocado por Juan Carlos Cobián a sumarse a su orquesta. Estuvo muy poco tiempo, porque su amigo Francisco Fiorentino, quien también se había desvinculado de Troilo, le ofreció la conducción de su orquesta, pero Hugo decide pasarle la batuta a Astor Piazzolla, quedando él como primer violín.
Luego, esa agrupación se transformó en la primer orquesta de Astor, cuando Fiorentino decidió tomar otros caminos y se alejó de la misma. Baralis continuó allí, hasta 1951, salvo un breve paso con Francisco Rotundo.
En ese año, se puso al frente de la dirección de la orquesta de Alberto Marino, debutando en discos Odeon, el 21 de mayo, con la grabación de los tangos: “Margot” y, en el reverso: “Domani”, de Cátulo Castillo y Carlos Viván.
La relación Baralis - Marino duró un año, pero antes de disolverse, dejaron grabados cuatro temas más, entre ellos, el éxito más popular de Marino como solista, “Venganza”, una canción brasileña de Lupicínio Rodrigues, traducida al castellano por el escritor Augusto Roa Bastos. Los otros tres: “Mi vieja viola”, “Noche de luna” y “Viejo cochero”.
En 1953, debutó en Radio Belgrano dirigiendo su propia orquesta. Al año siguiente, fue invitado por Juan Canaro a participar de su gira a Japón, junto a otros músicos de gran jerarquía, entre ellos: Arturo Penón, Emilio González, Alfredo Marcucci, Osvaldo Tarantino y los cantores María De La Fuente y Héctor Insúa, al regreso de ese viaje, compone el tango “Anone”, que en japonés quiere decir: escuchen.
En 1955, fue músico fundador del histórico Octeto Buenos Aires, de Piazzolla, que lo completaban Enrique Francini, Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Horacio Malvicino, José Bragato y Juan Vasallo.
Entre 1956 y 1957, fue el primer violín de la orquesta de José Basso y, entre 1960 y 1961, participó del cuarteto Estrellas de Buenos Aires, junto a Armando Cupo, Jorge Caldara y Quicho Díaz, reemplazado algunas veces, por Ángel Alegre y la voces de Marga Fontana y Héctor Ortiz.
lunes, 1 de febrero de 2016
"UN LITORALEÑO TANGUERO"
Osvaldo Sosa Cordero (1906-1986) fue una personalidad multifacética de Argentina, considerado como una de las máximas expresiones culturales de la Provincia de Corrientes y uno de los grandes precursores de la música folklórica argentina y en especial de la música litoraleña, aunque también compuso tangos, candombes y milongas. Fue músico, compositor, escritor, periodista, dramaturgo y dibujante. Escribió el libro Romancero Guaraní, donde se encuentra el conocido poema "Corrientes tienen payé". Autor de más de 250 canciones, su tema más famoso es "Anahí", que fue incluido en el repertorio a ser transmitido en las escuelas argentinas en 1943. Otras canciones conocidas de su autoría son "Alma guaraní", "Nendivei" ("contigo", en idioma guaraní), "Naranjerita", "Charol", etc.
Integró el directorio de SADAIC, la Junta de Estudios Históricos de Santiago y la Academia Argentina de Idioma Guaraní, entre otras entidades. En 1985 recibió el Premio Konex reconociéndolo como una de los cinco poetas más importantes de la historia de la música folklórica argentina, junto a Atahualpa Yupanqui, Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana y Félix Luna.
Nació el 6 de julio de 1906 en Concepción, cabecera del departamento Yaguareté Corá, en la provincia de Corrientes. De niño se radicó en la Ciudad de Buenos Aires.
Entre las canciones de música litoraleña: "Anahí", "Alma guaraní", "Nendivei", "Naranjerita", "Camba Cuá", "Litoraleña", "La Chonga", "Yuyito ’e la Sierra", "El Encadenado", "El Caté", "El Milagro", "Juan Payé", "Correntina", "Boquita de miel", etc.
Entre las canciones de música del Gran Buenos Aires (tangos, milongas y candombes): "De pura cepa", "Charol", "Mozambique", "Yumbambé", "Café"; "Pialando Leguas", "Yo llevo un Tango en el alma", "Santa Paula", "Ahí va el dulce", "Para Corrientes", "Vieja Canzoneta", "Para Corrientes", etc.
domingo, 17 de enero de 2016
SAMUEL CASTRIOTA
Samuel Castriota, fue un pianista, guitarrista, director de orquesta y compositor de tango argentino que nació en Buenos Aires, el 2 de noviembre de 1885 y murió en la misma ciudad el 8 de julio de 1932. Se le recuerda especialmente porque fue el autor de la música del tango Lita que sería luego ampliamente conocido y difundido como Mi noche triste, con letra de Pascual Contursi.
Nació en la ciudad de Buenos Aires, y pasó su infancia en San Miguel, localidad cercana a la Capital, donde alternó su aprendizaje de peluquero con el de guitarrista orejero, disposición musical esta última que siguió cultivando en Buenos Aires, ciudad a la que volvió cuando tenía 16 años.
Más adelante, y ya entreverado en pequeños conjuntos, accedió al piano, siempre intuitivamente. De pronto acertó la lotería. Con esa cantidad de dinero instaló un negocio de peluquería en la Capital y se alejó momentáneamente de la música. La retomó, ya como pianista y con algunos estudios, formando un trío con Vicente Loduca en bandoneón y Francisco Canaro en violín, que actuó algún tiempo por la zona de la Boca. Formó luego su propio conjunto, con el que estrenó “Lita”, por mediados de la década del 10.
Y con ello se sacó la grande nuevamente. Contursi, al incorporarle los versos que transformarían a ese tango en “Mi noche triste”, lo puso en el camino de la notoriedad y de la nada desdeñable fuente de ingresos por concepto de derechos de autor.
Siguió dirigiendo su orquesta o alternando como pianista en otras, y también componiendo. Pero sin llegar a los sucesos de aquel tango predestinado. Le pertenecen además estos títulos: “La yerra” (su primera obra, de 1913), “La cotorrita”, “El gorrión”, “Flor de cardo (A ella le gusta)”, “Como brilla”, “Como quiera”, “La mañanita”, “Campero”, “El gaucho [b]”, “El loco de los inventos”, “Nido de amor”, que con algunos otros constituyen su producción puramente instrumental del tiempo ése de “Mi noche triste (Lita)”.
Posteriormente, intentó suerte con otras composiciones cantables que dio a conocer por intermedio del teatro y no consiguieron repercusión, todas compartidas con autores teatrales: “Dolor de ausencia”, con Carlos De Paoli; “El ciruja de Sorrento”, con Juan Andrés Caruso; “Patio olvidado”, con Carlos Cabral y “Chica moderna”, con Enrique Pedro Maroni, además de los otros ya nombrados con Pascual Contursi.
También, arriesgó versificar dos tangos suyos, “Notas lejanas” y “Mi coronel”, con los cuales no pasó nada. Además, entre todas las obras compuestas, sin contar “Mi noche triste”, hay una que tuvo méritos y divulgación aceptables: se trata de “El arroyito”, que llevó versos de Celedonio Flores.
Nació en la ciudad de Buenos Aires, y pasó su infancia en San Miguel, localidad cercana a la Capital, donde alternó su aprendizaje de peluquero con el de guitarrista orejero, disposición musical esta última que siguió cultivando en Buenos Aires, ciudad a la que volvió cuando tenía 16 años.
Más adelante, y ya entreverado en pequeños conjuntos, accedió al piano, siempre intuitivamente. De pronto acertó la lotería. Con esa cantidad de dinero instaló un negocio de peluquería en la Capital y se alejó momentáneamente de la música. La retomó, ya como pianista y con algunos estudios, formando un trío con Vicente Loduca en bandoneón y Francisco Canaro en violín, que actuó algún tiempo por la zona de la Boca. Formó luego su propio conjunto, con el que estrenó “Lita”, por mediados de la década del 10.
Y con ello se sacó la grande nuevamente. Contursi, al incorporarle los versos que transformarían a ese tango en “Mi noche triste”, lo puso en el camino de la notoriedad y de la nada desdeñable fuente de ingresos por concepto de derechos de autor.
Siguió dirigiendo su orquesta o alternando como pianista en otras, y también componiendo. Pero sin llegar a los sucesos de aquel tango predestinado. Le pertenecen además estos títulos: “La yerra” (su primera obra, de 1913), “La cotorrita”, “El gorrión”, “Flor de cardo (A ella le gusta)”, “Como brilla”, “Como quiera”, “La mañanita”, “Campero”, “El gaucho [b]”, “El loco de los inventos”, “Nido de amor”, que con algunos otros constituyen su producción puramente instrumental del tiempo ése de “Mi noche triste (Lita)”.
Posteriormente, intentó suerte con otras composiciones cantables que dio a conocer por intermedio del teatro y no consiguieron repercusión, todas compartidas con autores teatrales: “Dolor de ausencia”, con Carlos De Paoli; “El ciruja de Sorrento”, con Juan Andrés Caruso; “Patio olvidado”, con Carlos Cabral y “Chica moderna”, con Enrique Pedro Maroni, además de los otros ya nombrados con Pascual Contursi.
También, arriesgó versificar dos tangos suyos, “Notas lejanas” y “Mi coronel”, con los cuales no pasó nada. Además, entre todas las obras compuestas, sin contar “Mi noche triste”, hay una que tuvo méritos y divulgación aceptables: se trata de “El arroyito”, que llevó versos de Celedonio Flores.
miércoles, 13 de enero de 2016
"DON ROSENDO LUNA"
Enrique Cadícamo
Fue el décimo hijo de una familia de inmigrantes italianos. A los seis años, se trasladaron al barrio porteño de Floresta. A los 18, trabajó en el Consejo Nacional de Educación de Argentina junto con el poeta, periodista y político Leopoldo Lugones.1 A los 26, publicó su primer libro de versos, titulado Canciones grises, cuyos versos muestran influencia del tango, seguido de otros dos poemarios de idéntica tendencia literaria: La luna del bajo fondo (1940) y Viento que lleva y trae (1945). Publicó la novela Café de camareras (1969) y un libro dedicado a uno de sus amigos, El desconocido Juan Carlos Cobián (1972).
El primer tango que escribió fue "Pompas de jabón", con música del pianista y compositor Roberto Emilio Goyeneche o Goyheneche; fue el primero de los que le grabó Carlos Gardel. También fue el autor de "Madame Ivonne", último que Gardel grabó en Argentina, antes de emprender la gira del 6 de noviembre de 1933 en que perdió la vida. A "Pompas de jabón" siguieron otros tangos, 20 de ellos, al menos, grabados por Gardel, de diversa factura.
La letra de otro de sus conocidos tangos, "Anclao en París" fue escrita por Cadícamo en Barcelona, España, en 1931. Se la remitió a Garlos Gardel, que por entonces se hallaba en Niza. Guillermo Barbieri, uno de los guitarristas del cantante, le puso música y Gardel la grabó poco después.
Otro tango, "Tres esquinas" alude al cruce de las calles "Vieytes" y "Osvaldo Cruz", en el barrio de Barracas, en Buenos Aires y al café llamado entonces "Tres esquinas", situado en ese paraje. La letra fue escrita por Cadícamo en 1940, para una música compuesta previamente por el músico y director de orquesta Ángel D’Agostino, quien lo estrenó ese año con la voz de Ángel Vargas, quien cantaba con su orquesta.
"Muñeca brava", tango del repertorio de Carlos Gardel, fue escrito para una música de Luis Visca que había obtenido el 6º premio para tangos sin letra del 5º concurso organizado por el empresario discográfico Max Glucksmann en 1928; "Cruz de palo", grabada por Gardel el 1º de marzo de 1929; "De todo te olvidas", que incorporó versos del poeta Evaristo Carriego y que obtuvo el 1º premio para tangos con letra en el 6º concurso de Max Glücksmann de 1929; “Niebla del Riachuelo”, cantada por Tita Merello en la película “La fuga”, de Luis Saslavsky, y luego interpretada como bolero por diversos intérpretes, "Los mareados", sobre música del tango "Los dopados", de Juan Carlos Cobián y "Garúa” con música de Aníbal Troilo.
Entre muchos galardones que obtuvo durante su carrera se incluye el Premio Konex de Platino en 1985, otorgado por la Fundación Konex, como el mejor Autor de Tango de la década en Argentina, también obtuvo el Konex al Mérito en 1984 en la disciplina Testimonial. Como homenaje a su ya larga trayectoria, el gobierno argentino en 1987 lo declaró Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y en 1996 fue distinguído como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina. Fallecería de causas naturales, a los 99 años, el 3 de diciembre de 1999.
martes, 12 de enero de 2016
"DELFY"
Enrique Delfino
Pianista, compositor, actor y humorista.
(15 noviembre 1895 - 10 enero 1967)
Fue Delfino un músico de escuela, que agregó a su talento creador una profunda versación en el dominio del piano, de la armonía y del contrapunto. Tuvo el nivel de un concertista.
Es Enrique Delfino, en el año 1920, quien crea el molde musical del tango canción. Reduce a dos partes los tangos musicales —que tenían como norma tres partes— y se pone de acuerdo con el letrista y autor teatral Samuel Linnig para escribir “Milonguita (Esthercita)”, que a mi entender sería el primer tango canción propiamente dicho.
Este tango, posiblemente una de sus obras fundamentales, se estrenó el 12 de mayo de 1920 en el viejo Teatro Opera, en ocasión del sainete de Samuel Linnig y Alberto Weisbach Delikatessen, siendo la actriz María Esther Podestá su primer intérprete.
Los que lo conocieron comentaban que el piano era un apéndice de las manos de Delfino. Renegaba del convencionalismo rítmico del tango milonga escrito en las partituras con el acompañamiento típico de habanera. «El tango no se toca así, hay que escribirlo como suena».
Se quejó de haber sido copiado y así se lo comentó al músico y crítico musical Pompeyo Camps: «Allí tiene mi tango “Araca la cana”, haga la prueba y escriba la melodía al doble de su valor. Camps lo hizo y de su piano surgieron las notas y la melodía del tango de Mariano Mores “Adiós pampa mía”.»
Se ponía irónico con los estilos de Juan D'Arienzo y Rodolfo Biagi, y elogiaba respetuosamente la forma de Osvaldo Fresedo y aceptaba entre los jóvenes a Horacio Salgán y a Astor Piazzolla.
Nació en Buenos Aires a fines de siglo y su primera infancia la pasó en los pasillos del Teatro Politeama, en la esquina de la avenida Corrientes y Paraná. Allí sus padres eran propietarios de la confitería del teatro. Cuando estos advirtieron que el muchacho tenía condiciones para la música lo enviaron a un instituto musical de la ciudad de Turín, Italia.
De regreso y con fuertes inclinaciones a la noche y la bohemia, se fugó a Montevideo donde se quedó durante tres años. Allí comenzó a componer y a actuar, ganándose la vida usando el seudónimo Delfy. Fue humorista, fantasista del piano, hacía reír y cantar al público.
Ya en Buenos Aires, integró el Cuarteto de Maestros con Osvaldo Fresedo, Tito Roccatagliata y Agesilao Ferrazzano.
En 1920, es uno de los integrantes de la Orquesta Típica Select que completaban Fresedo y Rocatagliatta, contratados especialmente para grabar tangos en Estados Unidos para el sello Victor.
También actuó en radio, registró solos de piano en discos Nacional y Víctor, y acompañó en grabaciones a figuras como Sofía Bozán, Azucena Maizani y a otros artistas destacados de la época.
Reverenciaba a Verdi y a Wagner, pero su músico preferido era Puccini. Fue tal su admiración por este compositor que los personajes de su ópera La Bohème reviven en la letra de su tango “Griseta”, que hiciera conjuntamente con José González Castillo.
La línea creadora de Delfino es seguida por otros grandes músicos de la estatura de Juan Carlos Cobián, los hermanos Julio De Caro y Francisco De Caro, Osvaldo Fresedo y Joaquín Mora.
Compuso más de doscientos tangos, escribió música para películas, para numerosas obras de teatro e hizo giras por diversos países de Europa, actuando como excéntrico ejecutante y humorista.
Cuando alguna vez le preguntaron como podían convivir la alegría de sus presentaciones en público con el sentimiento y seriedad de sus composiciones, respondió: «Mis tangos soy yo, así de porteño, de romántico, de nostálgico. El humorista musical es una aptitud artística que poseo, que me condujo a cierta notoriedad y me hizo muy feliz.»
Entre sus tangos más importantes, verdaderos clásicos del género, están: “Re fa si”, “Milonguita (Esthercita)”, “Haragán”, “La copa del olvido”, “Milonguita”, “Bélgica”, “Araca corazón”, “Aquel tapado de armiño”, “Palermo”, “Padrino pelao”, “Otario que andás penando”, “Ventanita florida”, “Lucecitas de mi pueblo”, “Recuerdos de bohemia”, “Santa milonguita”, “Claudinette”, “Padre nuestro” y “Al pie de la Santa Cruz”. Hubo un momento en que todo Buenos Aires cantaba sus melodías, que eran interpretadas por las principales orquestas y cantadas por los mejores vocalistas.
La interpretación de “Milonguita (Esthercita)”, con la voz de Hugo Del Carril, es conmovedora, y qué decir de “Griseta” por Ignacio Corsini, donde el estribillo lo canta íntegramente colocando la voz en falsete.
Si algo evidencia la magnitud de su obra, baste con señalar que Gardel le grabó 26 temas, de los que destacamos:, “Aquel tapado de armiño”, “Araca la cana”, “Dicen que dicen”, “Estampilla”, “Padre nuestro”, “Palermo” y “El rey del cabaret”.
martes, 5 de enero de 2016
"EL RIEL DEL TANGO"
Leo Lipesker
Nombre real: Lipezker, León
Seudónimo/s: Riel
Violinista y compositor
(1 enero 1916 - 1 octubre 1979)
Lugar de nacimiento:
Rosario (Santa Fe) Argentina.
En 1929, a los pocos días de su llegada a Buenos Aires, Leo se sumó a las filas de Pedro Maffia. Junto a éste permaneció siete años, hasta pasar como primer violín a la orquesta de Miguel Caló, que ya anticipaba la evolución instrumental de los 40.
En la década de los 50, más exactamente entre 1953 y 1955, se convirtió en pieza fundamental de la orquesta de Roberto Caló. Horacio Ferrer destaca en El Libro del Tango, los solos de Leo en “La cachila”, de Eduardo Arolas y en “En fa menor”, de Osvaldo Tarantino, en grabaciones de Caló para el sello Orfeo.
Aunque sin descollar por su técnica, Leo sobresalía por su gusto para expresar el tango, con un estilo cadencioso, doliente, emparentado con los de José Nieso, Raúl Kaplún y Mauricio Mise, definiendo entre todos ellos lo que ha sido la escuela violinística judía dentro del tango.
Adentrándose ya en el vanguardismo, Leo constituyó en 1958 el cuarteto Los Notables del Tango, con el pianista Manuel Flores (para grabar “Ciudad dormida” lo reemplazó Osvaldo Berlingieri), el fuelle de Leopoldo Federico y el contrabajo de Omar Murtagh. De aquella experiencia quedó un disco con cuatro tangos.
Yendo aun más lejos, creó en 1961, el Primer Cuarteto de Cámara del Tango, con arreglos de Pascual Mamone. En violín, Leo y Hugo Baralis; Mario Lalli (viola) y José Bragato (violoncello). Gracias a ese cuarteto, que alcanzó a grabar dos larga duración, Mamone volvió a la música, que había abandonado para convertirse en visitador médico tras una frustrante experiencia con la grabadora Philips. Lipesker conocía bien las aptitudes de Mamone porque éste había escrito arreglos para Korn.
Leo formó, posteriormente, un sexteto con Osvaldo Requena (piano), Daniel Lomuto y Armando Calderaro —Pajarito— (bandoneones) y Leo y Mauricio Misé (violines). El conjunto alcanzó a grabar un disco larga duración.
Estuvo vinculado a Alejandro Romay, con quien había creado Grandes Valores del Tango, un programa de amplia audiencia que se emitía por Radio Libertad. Aquel vínculo dio lugar a la composición de tangos del todo olvidables, como “Todo es amor”, “Por este amor” y “Puede ser que no te rías”, que Leo firmó con el seudónimo Riel, al igual que una larga serie de piezas intrascendentes con otros letristas, entre ellos, insólitamente, encontramos a Héctor Stamponi versificando “Tuyo es mi corazón”, de 1964.
Pese a su pobreza, esos tangos eran editados por Julio Korn e incluidos poco menos que obligadamente en su repertorio por varios intérpretes, que incluso los grababan. Ese andamiaje comercial, que fabricaba presuntos éxitos, aceleró la decadencia del tango. Sus primeras víctimas fueron los auténticos artistas del género.
sábado, 2 de enero de 2016
miércoles, 16 de diciembre de 2015
"EL CABURÉ"
Arturo De Bassi fue un músico, compositor, director, empresario y autor teatral. Nació en Buenos Aires, Argentina el 24 de abril de 1890. A los diez años tocaba el clarinete en la banda de su padre, la cual tocaba en las plazas de la ciudad.
Su primer tango, en 1902, fue “¿Ma Qui Fu?” y luego vinieron sus composiciones inolvidables que lo convirtieron en una figura popular del tango: “El caburé”, “El incendio” y “La catrera”. También tuvieron resonancia: “El romántico”, “Don Pacífico”, “Papirusa”, “Auxilio”, “Canchero” y “El tango” (que grabó Carlos Gardel, con letra de Celedonio Flores).
Teatralmente se inició en 1905 en el teatro Apolo (de la ciudad de Buenos Aires) debutando en la compañía de Arturo Podestá. La primera obra a la que puso música fue el sainete “La cantina”, de Alberto Novión, estrenada por Florencio Parravicini en el teatro Argentino en 1908.
Viajó a Europa por cosas de teatro, cuando dirigía el Maipo, y diez años antes dando pruebas de su capacidad creadora compuso para la gran Lola Membrives, cuando aún era tonadillera, “La chismosa”, “Te juiste con la pueblera”, “Rosita la chacarera”, “Palco del Colón”.
En 1943 recordó tangos y teatro por Radio Splendid.
En el concurso de obras teatrales que el Teatro Nacional organizó en 1909, el segundo premio lo obtuvo la pieza El Caburé, de Roberto Lino Cayol, musicalizada por Arturo De Bassi. El primero correspondió a La serenata, de José González Castillo, cuya música había sido compuesta por José Carrilero.
El Cáburé se estrenó —según señalaba Jacobo de Diego—, en el mismo teatro, el 30 de diciembre de 1910. Y es aquí donde surge la confusión entre los historiadores: ¿se cantó o no el tango “El Caburé” en esa obra? Algunos sostienen que sí; otros, que no.
Fallece en Buenos Aires el 18 de junio de 1950.
domingo, 13 de diciembre de 2015
"CHUPITA" STAMPONI
Hèctor Stamponi
Nació en Campana, provincia de Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1916. Realizó estudios musicales con el maestro Juan Elhert. Precisamente Elhert fue quien lo integró a un pequeño conjunto que dirigía, donde revistaban además Enrique Francini, Armando Pontier, Cristóbal Herreros y el cantor René Di Pietro. Se trasladan a Buenos Aires presentándose en la famosa matiné de Juan Manuel, en 1936. Enseguida se bifurcan las carreras artísticas de estos músicos. Stamponi, Francini y Pontier forman un trío de acompañamiento de los artistas de Radio Argentina.
Posteriormente, Héctor Stamponi se incorpora a la orquesta dirigida por Federico Scorticatti quien actuaba en radio Stentor, en la temporada 1937/38. Este excelente conjunto ofrecía la siguiente integración: en piano, Héctor Stamponi; bandoneones: Federico Scorticatti, Domingo Triguero y Horacio Golino; violines: Víctor Braña, Emilio González y Ponzoni; contrabajo, Fava. Era el mismo conjunto que por entonces grababa bajo la denominación de Orquesta Típica Victor.
Abandona Stamponi la orquesta de Federico Scorticatti, registrando un breve pasaje por la orquesta de Miguel Caló, sin llegar a grabar discos. Se dedica entonces a la orquestación.
En 1943 es el pianista de la orquesta de Antonio Rodio, viajando enseguida a Centro América como acompañante de la cancionista Amanda Ledesma. En México (1944) realiza música para películas y escribe dos tangos con Ernesto Cortázar: “Somos dos” y “Cruz”.
Al regresar a Buenos Aires inicia estudios con el maestro Alberto Ginastera (armonía) y Julián Bautista (composición) (1946) y forma una excelente orquesta típica para cumplir un contrato para grabar discos Victor.
Guillermo Arbós que fuera posteriormente destacado integrante del dúo criollo Arbós-Narváez, con Remberto Narváez, fue su primer cantor. Luego desfilarían Alberto Drames y Alfredo Arrocha. El ciclo de grabaciones culminó en 1949, en el curso del cual se presentaba ante los micrófonos de Radio Be1grano.
Al dejar esta actividad sigue siendo solista de piano, acompañante e instrumentador. Todos los más importantes intérpretes buscaron su colaboración. Sería muy larga la nómina que la simbolizamos con la mención de Charlo en festejadas presentaciones en Radio Splendid.
En 1953, como muchos años antes lo hicieran Roberto Firpo y Cayetano Puglisi, Enrique Delfino y Agesilao Ferrazzano y Carlos Vicente Geroni Flores también con Ferrazzano, actúa junto a Enrique Mario Francini formando dueto de piano y violín. En algún caso se sumaba a ellos el excelente violoncellista José Bragato. Felizmente hay testimonios discográficos de estos grandes músicos.
Transcurre el tiempo y, en 1959, se forma el conjunto Los Violines De Oro Del Tango, dirigido por Francini y Stamponi. Lo formaban además el contrabajo de Enrique Díaz y los violinistas José Niesov, Adolfo Gendelman, Vicente Tagliacozzo, Simón Bajour, Luis Gutiérrez del Barrio, Hugo Baralis y Juan Ghirlanda. Paralelamente forma un gran conjunto para respaldar un espléndido larga duración de Edmundo Rivero, contando como figuras principales el violinista Raúl Marcelli y el bandoneón de Mario Demarco, Kicho Díaz en contrabajo, Mario Lalli en viola y José Bragato en cello.
En 1960 convoca otro selecto grupo de músicos para acompañamiento del cantor Raúl Lavié, registrando en los surcos del disco un gran tango instrumental de Mario Demarco titulado “Solfeando”.
En setiembre de 1962, se daba a conocer en Montevideo con el auspicio de Gente De Tango que tuviéramos el honor de integrar junto a Mario Arroyo, Horacio Ferrer, Jorge Seijo y el Dr. Luis Adolfo Sierra, un disco con cuatro temas de Adolfo Abalos, “En pleno Nueva York”, “Al Buenos Aires de las 3 de la mañana”, “Para cantor y orquesta” y “Para recordar”, espléndidos tangos, interpretados en magistrales solos de piano por Héctor Stamponi.
Musicaliza un año más tarde la película Carlos Gardel. Historia de un ídolo. Forma luego diversos conjuntos para actuaciones públicas y radiales y a él le correspondió la música de la obra de Cátulo Castillo “Cielo de barrilete”.
En 1964 obtiene el primer premio en un concurso de tangos con “El último café”, con letra de Cátulo Castillo, todavía vigente en el repertorio de los cantores.
Es una figura muy querida en el ambiente artístico rioplatense. No hace mucho se presentó en España con su piano junto a los recitados de Horacio Ferrer, con notable suceso.
Su carrera autoral comienza con el tango “Inquietud” en colaboración con Enrique Francini y letra de Oscar Rubens, grabado por la orquesta de Osvaldo Fresedo con el estribillo de Ricardo Ruiz, el 12 de julio de 1939. Sus obras que han llegado al disco superan el medio centenar. Daremos una pálida idea de su magnitud señalando la categoría de sus tangos instrumentales: “Festejador” (1951), “Romance y tango” (1952), “Yunquitango” (1956) y algunos títulos de tango canción, de intensa repercusión popular en el orden que se fueron conociendo: “Junto a tu corazón”, “Qué me van a hablar de amor”, “Triste comedia”, “Perdóname”, “Alguien”, “Quedémonos aquí”, “Yo quería se feliz”, “Llamarada pasional”, “Ventanal”, “Canción de Ave María”.
La belleza y originalidad de sus valses surge de algunos títulos que, a partir de “Bajo un cielo de estrellas” y “Pedacito de cielo” creados en colaboración con Enrique Francini prosiguen con “Flor de lino”, “Delantal”, “Un momento “ y “Caricias perdidas”.
Héctor Luciano Stamponi, el querido Chupita Stamponi, como afectuosamente lo ha bautizado su enorme legión de amigos, falleció en Buenos Aires el 3 de diciembre de 1997.
martes, 24 de noviembre de 2015
"QUICO" ARTOLA
Héctor María Artola (30 de abril de 1903, San José - 18 de julio de 1982, Buenos Aires, Argentina) fue un director de orquesta, pianista, arreglador, bandoneonista y compositor uruguayo considerado una importante figura del tango.
En su juventud integró una pequeña orquesta con Manuel García Servetto y otros amigos. En 1920 realiza algunas actuaciones como pianista y conoce a Juan Baüer (Firpito), quien lo entusiasmó para que se radicara en Montevideo.
En 1921, se radicó en Montevideo para estudiar abogacía. Pero, lo primero que hizo Artola fue vincularse con los músicos de tango en los ambientes nocturnos. Conoció a Arolas y, en algunas oportunidades, reemplazó al pianista de su conjunto. Recordaba nítidamente que su primera interpretación fue el tango de Jovés “Una más”.
Se encuentra nuevamente con Juan Baüer y forman entonces un terceto con Roberto Zerrillo en violín, en el que a veces se agregaba el baterista Lambertucci. Este trío prolongó sus exitosas actuaciones durante más de un año.
En marzo de 1925 debuta en la orquesta de Carlos Warren, en la que también tocaba Edgardo Donato. En 1927, Artola integraba el elenco de Donato-Zerrillo, que también se presentaba en el teatro acompañando a Iris Marga, que cantaba “A media luz”.
Recomendado por el compositor Juan Carlos Cobián, fue convocado por Eduardo Bianco para unirse a su orquesta en París. Bianco envió a Agesilao Ferrazzano a Montevideo con una carta contrato y la instrucción de convencerlo a que viajara con él enseguida. Sin pensarlo dos veces, Artola aceptó y embarcó hacia Europa, llegando el 24 de diciembre de 1927.
A su llegada a París, luego de apreciar la técnica de los bandoneonistas europeos, expresaba Artola: «Me dio vergüenza y me puse a estudiar como loco...»
Actuó en la orquesta Bianco-Bachicha, junto a Fioravanti Di Cicco, también uruguayo como él y los argentinos Ferrazzano, Mario Melfi, Miguel Tanga, Horacio Pettorossi, José Schumacher (El Inglesito), complementándose el conjunto con músicos franceses. Ya en 1928 viajan a España y tienen una larga temporada en Barcelona.
Se separan los directores y Artola queda con Eduardo Bianco. Luego de un tiempo se aleja y viaja a Valencia donde se encontró con el trío Irusta-Fugazot-Demare en pleno triunfo y se incorporó a la orquesta, encabezada por Lucio Demare con el dueto de cantores, Irusta y Fugazot. La pareja de bandoneones la formaba Artola con Pedro Polito, que tuvieron gran aceptación.
Se desvincula del trío en Madrid, para dedicarse al estudio de armonía y contrapunto con maestros españoles. Por entonces tuvo actuaciones en una orquesta española denominada Los Galíndez. En 1930 vuelve a París ingresando a la orquesta de Juan Bautista Deambroggio (Bachicha), presentándose en el cabaret Montparnasse. Integraban ese conjunto Alfredo y Ricardo Malerba.
En 1931 viajan a Alemania en gira por varias ciudades. Al llegar a Hamburgo se encuentra con Los Ases Argentinos del Tango y ante el disgusto de Bachicha se une a este conjunto, numeroso elenco en el que cantaba Francisco Fiorentino.
En los años 1932 y 1933, Artola se desempeña artísticamente en París, formando en las filas de la orquesta francesa Allonge. Recibe noticias entonces sobre el precario estado de salud de su tía, la que lo había criado y resuelve retornar a Montevideo.
La revista Cancionera anunciaba el 4/10/34 el contrato de Artola para el acompañamiento de la celebrada cancionista Libertad Lamarque, junto al pianista Alfredo Malerba y el violinista Antonio Rodio. Esa labor de acompañamiento se prolongó hasta el año 1937.
Artola y Rodio dejan el acompañamiento de Libertad Lamarque, y se reúnen con Miguel Nijensohn (pianista), Miguel Bonano (bandoneón) y Francisco Fiorentino creando el conjunto Los Poetas del Tango. Casi enseguida pasa a la orquesta de Francisco Canaro, sustituyendo a Federico Scorticati.
En la temporada 1938 actúa con la orquesta de Rafael Canaro en París, hasta que, en 1940 las dificultades originadas por la guerra obligan su rápido retorno a Buenos Aires. De regreso, formó parte de la orquesta formada por Roberto Maida que actuaba en el cabaret Ocean con arreglos de Argentino Galván e integrada por excelentes músicos como: Héctor Stamponi, Emilio Barbato, Antonio Ríos, Julio Ahumada, Ernesto Rossi (Tití), Enrique Francini, entre otros.
Luego, Artola pasa a la orquesta estable de Radio El Mundo, en tanto se dedica a los estudios de música en profundidad. También realiza trabajos de orquestación para diversos conjuntos e instrumentaciones para acompañamiento de intérpretes vocales.
En marzo de 1941, forma parte del elenco dirigido por Osvaldo Fresedo, ante el vacío producido por el deceso de Luis Petrucelli, labor que prolonga hasta fines del verano de 1942.
En 1949 deja de actuar como bandoneonista en la orquesta de Radio El Mundo, consagrándose como director orquestal en esa emisora y en Radio Belgrano y realiza arreglos para muchísimos vocalistas, entre ellos para Oscar Alonso, por quien siempre sintió predilección.
Ha quedado el testimonio sonoro de su orquesta sinfónica argentina, realizado a comienzos de la década del 50, el maravilloso arreglo para el único disco de la orquesta de Elvino Vardaro en 1953 y en 1964, una obra con clima de tango llamada “Plegaria para un drama de tango”. En Europa, entre 1931 y 1932 grabó unos discos, hoy inhallables con el cantor Luis Scalon y en Buenos Aires dirigió una orquesta con aire disarliano, en la que actuaba el cantor Carlos Yanel, en 1956.
En 1967 se retira de la actividad musical, aunque todavía quedaría, a esta altura un hecho trascendente. El 8 de noviembre de 1968 estrena en la Iglesia parroquial de San Juan Bosco, “Como el incienso”, primera composición en género tanguístico para iglesia, música de Héctor Artola y versos de Roque de Paola.
No pueden quedar afuera de mención algunos de los exitosos tangos que aportó Artola a nuestra querida música popular. “Desconsuelo”, “Marcas”, “Tango y copas” y “Equipaje” con Carlos Bahr, “Falsedad” y “Serenidad” con Alfredo Navarrine, “En un rincón” con Homero Manzi.
Tal la prodigiosa trayectoria de la que nosotros consideramos como la historia —en la que faltarán detalles— de lo que fue la figura más distinguida en tango que ha dado el Uruguay, dicho así sin abundar en adjetivos pero haciendo justicia.
A fines de la década del 70, Héctor María Artola vuelve definitivamente a su tan querido pueblo de San José. Gravemente enfermo es trasladado a Buenos Aires, donde falleció el 18 de julio de 1982. Posteriormente sus restos fueron repatriados al cementerio de San José.
jueves, 5 de noviembre de 2015
EL NEGRO CELE
Celedonio Flores nació en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Villa Crespo, habitado mayoritariamente por criollos e inmigrantes de diferentes orígenes. En ese activo foco de cultura popular transcurrió su infancia y su adolescencia, convirtiéndose en los años 20 en un poeta y letrista de gran popularidad y de hábitos bohemios. En su juventud también fue boxeador.
Sus tangos, muchas veces sentenciosos y moralizantes, con descripción de sus personajes, recurrían abundantemente al lunfardo, el argot local de la región del Río de la Plata. Su mejor etapa creativa abarcó hasta principios de los años 30.
En 1920 envió al diario Última hora, ya desaparecido, un poema titulado "Por la pinta", recibiendo 5 pesos como retribución. Los versos de dicho poema llamaron la atención de Carlos Gardel y de su compañero de dúo, José Razzano, que le pusieron música, creando el tango "Margot". Éste era una amarga crítica a la muchacha humilde y bonita que se acomoda y pervierte para escapar de su destino de pobreza.
Gardel grabó 21 temas de Celedonio, entre los cuales se encontraba uno de los mayores éxitos de toda su trayectoria: Mano a mano, tango en el que un varón salda cuentas con la mujer a la que amó y le ofrece su desinteresada ayuda para cuando ella sea "descolado mueble viejo". Entre los otros tangos que grabó destacan "Mala entraña", El bulín de la calle Ayacucho, Viejo smoking, "Malevito", "Canchero" y "Pan". Este último contiene una descarnada crítica social, frente a la miseria que siguió a la crisis de 1930. Gardel se abstuvo por modestia de grabar uno de los mayores éxitos de Flores, Corrientes y Esmeralda, referencia a una famosa esquina de Buenos Aires que forman la Avenida Corrientes y la calle Esmeralda, porque la letra aludía a mujeres que soñaban con su pinta.
Por razones comerciales, durante varios años Flores escribió exclusivamente para Rosita Quiroga, una notable cantante de fuerte carácter arrabalero y poco refinada. Con el paso de los años, los tangos de Celedonio comenzaron a formar parte de los repertorios de numerosos cantantes, desde Ignacio Corsini y Alberto Gómez, hasta Edmundo Rivero y Julio Sosa.
Otras letras que aunaron valor y éxito fueron las de "Muchacho", "Viejo coche", "Sentencia" (una canción protesta), "Atenti, pebeta" (tema de corte humorístico), "Pobre gallo bataraz", "Si se salva el pibe" y "Por qué canto así". "La musa mistonga", compuesto por Celedonio y grabado por Rosita Quiroga el 1 de marzo de 1926, fue la primera grabación que utilizó el sistema fonoeléctrico en Argentina.
Cuando murió, llevaba ya cuatro años la imposición de una férrea censura gubernamental sobre las letras de tango, de las que se suprimía todo término lunfardo y cualquier referencia social o moral que no coincidiera con las tesis del gobierno creado a raíz del golpe militar del 4 de junio de 1943. Las letras de las composiciones de Celedonio fueran modificadas tanto que amargaron los últimos años de vida de Celedonio. La censura fue anulada por el entonces Gral. Juan Domingo Perón, a pedido de muchos letristas y poetas del tango de la época.
lunes, 2 de noviembre de 2015
POETA DE ARRABAL
Homero Nicolás Manzione, como verdaderamente se llamaba, nació de madre uruguaya y padre argentino (se diría que como el propio tango) en Añatuya, un empalme ferroviario de Santiago del Estero, una casi desértica provincia del noroeste argentino. Allí probaba fortuna su padre como discreto hacendado rural. Con siete años Homero ya estaba radicado en Buenos Aires, para comenzar su educación en el colegio Luppi, del humilde y alejado barrio de Pompeya. Cada elemento de aquel paisaje -desde el largo paredón que recorría camino de la escuela hasta el terraplén del ferrocarril, en una mágica reunión de ciudad y pampa- quedará capturado en algunas de sus letras posteriores, como la de “Barrio de tango” (de 1942) y la de “Sur”.
El vals “¿Por qué no me besas?”, de 1921, fue su primer y olvidada pieza, con música de Francisco Caso, quien años después vincularía a Manzi con Troilo. Nacería así uno de los más lúcidos binomios autorales del tango. La prematura muerte del poeta, abatido por un cáncer, fue llorada por Troilo con “Responso”, un conmovedor tango instrumental. Este mismo músico genial y un Manzi agonizante habían rendido tributo a otro letrista fundamental, Enrique Santos Discepolo, con otro tango antológico: “Discepolín”. Este moriría del corazón antes de concluir ese mismo año.
Un aporte decisivo de Manzi a la música rioplatense fue el remozamiento y la jerarquización de la milonga, género que convive con el tango como un testimonio de sus orígenes. Junto con el pianista Sebastián Piana escribió grandes clásicos, como “Milonga sentimental”, “Milonga del novecientos” y “Milonga triste”. Piana y Manzi son autores, además, de tangos tan prominentes como “El pescante” y “De barro”, y de un vals de singular belleza: “Paisaje”, sin olvidar a “Viejo ciego”, cuyas notas -posteriores al poema- fueron puestas por Piana y Cátulo Castillo.
Otra vertiente particular en la obra de Manzi fue su mimetización con la fiebre romántica que contrajo el tango en los años '40, tendencia a la que legó piezas de extraordinario valor, como “Fruta amarga”, “Torrente”, “Después”, “Ninguna” o “Fuimos”. En este último, escrito con el inspiradísimo bandoneonista José Dames, Manzi construye un poema de imágenes enormemente audaces (“Fui como una lluvia de cenizas y fatigas / en las horas resignadas de tu vida...”) para una canción popular, y, de hecho, “Fuimos” cautivó al público y a los intérpretes, quedando instalado como un paradigma del tango elaborado y estéticamente ambicioso.
De la extensa y rica producción de Manzi deben, como mínimo, destacarse un puñado de tangos sobresalientes, no en pequeña medida debidos a la calidad de los músicos que este poeta eligió como compañeros de creación. Ninguna antología del tango puede olvidar “Monte criollo”, con Francisco Pracánico; “Abandono”, con Pedro Maffia; “Malena”, “Solamente ella”, “Mañana zarpa un barco” y “Tal vez será mi alcohol” (que la censura obligaría a convertir en “Tal vez será su voz”), con Lucio Demare; “Recién”, con Osvaldo Pugliese; “En un rincón”, con Héctor María Artola; “Fueye”, con el cantor Charlo; “Manoblanca”, sobre una antigua página de Antonio De Bassi; los valses “Romántica”, con Félix Lipesker y “Romance de barrio”, con Troilo, y sobre todo dos tangos definitivos: “El último organito”, con su hijo Acho, y “Che bandoneón”, con Troilo.
Los 44 años que vivió Manzi le alcanzaron también para ejercer el periodismo y la cátedra, para incursionar profusamente en el cine y para una intensa y azarosa militancia gremial y política, que concluyó con su adhesión al peronismo. La letra de tango fue, sin embargo, su verdadero elemento, y es hoy la que lo mantiene vivo.
EL HIJO DEL PELUQUERO......
Nació en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1903 en el barrio de Almagro, en el hogar de una familia de inmigrantes italianos.
Su padre era peluquero y músico aficionado, tocaba varios instrumentos como el mandolín, la guitarra y el piano. Fue él quien lo alentó musicalmente desde pequeño, regalándole diversos instrumentos. Ya a los 10 años estudiaba música junto a su padre.
Estudió también en el instituto Musical Odeón, con el maestro D´Agostino. También realizó estudios junto a dos importantes músicos argentinos: el virtuoso Ernesto Drangosch (1882-1925) y el compositor Juan Francisco Giaccobbe (1907-1990).Debutó en un trío infantil cuando solo tenía 12 años. De manera profesional lo hizo cuando tenía 17 años en un cine de barrio tocando valses y fragmentos de óperas, Además era profesor de piano, esto refleja su precocidad en cuanto a la música. En 1922 se presentó por primera vez en radio. Cuatro años más tarde, en 1926, conoce a Homero Manzi con quién formara un equipo famoso por escribir numerosos tangos en los años siguientes. Hacia 1930 Rosita Quiroga le encargó a Homero Manzi que escribiera una milonga y éste le pidió a Piana que compusiera la música, para así poder escribir los versos. Fue ahí que compuso "Milonga del 900" en tan solo una hora. El final de la historia es más que irónico ya que "Milonga del 900" recién tuvo versos tres años después de haber sido compuesta por Piana.
Siguió componiendo milongas acompañadas por los versos de Manzi, como: "Ropa Blanca" o la muy famosa "Negra María". Piana es, además, autor de "Milonga de los fortines", "Milonga de Juan Manuel", "Milonga de Puente Alsina" y también de un conjunto de músicas en colaboración con el poeta León Benarós, como "La Milonga de Arolas". La milonga por aquellos tiempos estaba relegada a tan sólo letra, fue Piana quien la renovó porque la música, según él (y según las reglas del Arte) era lo fundamental. Piana fue también autor de piezas que figuran entre los mejores tangos como "Silbando" (Letra: José González Castillo.1923), "Tinta Roja" (Letra: Cátulo Castillo.1941), "De barro", "El pescante" (Letra: Homero Manzi. 1934), "No aflojés" (Letra: Mario Battistella. Música en conjunto con Pedro Maffia. 1934), "El parque de artillería" y "Son cosas del ayer", entre otros.
Aún a los 90 años seguía componiendo y dando clases. Escribió alrededor de quinientas obras y fue presidente de la Academia Porteña del Lunfardo. En 1985 recibió un Diploma al Mérito de los Premios Konex como uno de los 5 mejores compositores de tango de la historia en Argentina.
Murió el 17 de julio de 1994.-
domingo, 16 de agosto de 2015
"MALVETA"
Horacio Malvicino tuvo sus primeros contactos con el tango a los 16 años, en Concordia su ciudad natal, con el bandoneonista Alberto Caracciolo y el guitarrista Héctor Besada. Luego, formaron un conjunto para actuar en Buenos Aires en Radio Splendid, pero nada de tango sino música hawaiana. Caracciolo tocaba el órgano y escribía los arreglos.
«Me tuvo que dar permiso mi padre, yo era un menor de edad. Cuando definitivamente me instalo en la Capital me pongo a estudiar medicina, vivo en sencillos hoteles y agarro todo el trabajo que se me presenta. Pero el dinero apenas alcanzaba y yo siempre con la misma ropa. Por eso algún compañero comenzó a llamarme “Malvestiti”. Pasó el tiempo hasta que el recordado Héctor Gagliardi comenzó a decirme “Malveta”, quedaba mejor, y así quedó hasta el presente.
“El Octeto no era tenido en cuenta para grabar, pero apareció el primer sello discográfico independiente, Disc.Jockey, gracias al esfuerzo de seis socios, uno de ellos era yo. El fundador, el de la idea, Rodríguez Luque, hombre de radio con un exitoso programa musical todas las noches por Radio Mitre, “Música en el aire”, aunque sin nada de tango. Realizamos dos vinilos, en el segundo hubo un tema de cada uno de los componentes. “Tema otoñal” (Francini), “Anoné” (Hugo Baralis), “Neo tango” -actualmente “Cabulero”- (Leopoldo Federico) y “Tangology” (Malvicino). El octeto no tuvo larga vida, económicamente no funcionó y los muchachos tomaron otros rumbos.
«Entonces vino el primer Quinteto de Astor, con Symsia Bajour (violín), Quicho Díaz (contrabajo), Jaime Gosis (piano), El Maestro y yo con mi guitarra. Grabamos un disco que recibió muchos elogios, en él estaba por primera vez “Nonino” (el padre de Astor) y comenzaron las giras, primero por el continente y luego, por todo el mundo y todos sus rincones».
En su libro confiesa su terrible impuntualidad y su afición por las carreras de caballos, vicio heredado de su padre y que a su vez transmitió a sus dos hijos varones. Perdió dinero, pero se dio el gusto, cuando ya disfrutando otra posición económica, llegó a tener su propio stud, el San Antonio.
También, cuenta que cuando se fue Bajour del quinteto, acompañó a Astor a Rosario para escuchar a un violinista que le habían recomendado. Curiosamente al hombre lo vieron tocando el acordeón, era Antonio Agri que tocaba los dos instrumentos.
Tiempo después, Piazzolla decidió quedarse en Italia y Malvicino inició una importante actividad como arreglador, formó varias agrupaciones y acompañó cantores de “la nueva ola”, música que estaba desplazando al tango.
«Por los años 60 estuve otra vez con Astor, fue en Radio El Mundo junto a Gosis, Elvino Vardaro y otros muchachos. Un lujo. Su “Nonino” se transformó en “Adios Nonino”, al que siempre le agregaba algo. Cuando arregló el comienzo con solo de piano de minuto y medio se le ocurrió que podía hacerlo Dante Amicarelli. En el ensayo todo fue bien. Pero Astor se disgustó porque el ejecutante no tuvo dificultades. Era sabido que, si su trabajo no causaba problemas, se ponía mal. Cosas propias de Astor. Entonces cambió todo lo hecho y presentó otro arreglo lleno de trampas y complicaciones. Llamó nuevamente a Dante Amicarelli, éste se sentó al piano, echó una rápida mirada al pentagrama y lo tocó sin errores. Astor ardía y antes que pudiera decir nada, Dante se adelantó y dijo como para sí mismo: “¡Está lindo este arreglito!” Fin del problema, y así llegó al disco».
Las idas y vueltas con Piazzolla fueron permanentes. Después de un tiempo separados vuelven a juntarse en Los Eléctricos, conjunto que integraban con Juan Carlos Cirigliano (piano eléctrico), Adalberto Cevasco (bajo eléctrico), El Gordo Giacobe (órgano), Daniel Piazzolla (percusión) y Antonio Agri (violín). Más tarde se separan y Horacio continuó con sus cosas, utilizando nuevos nombres artísticos: Gino Bonetti, El Gaitero de Texas y otros.
«Vuelvo con Astor para otra ocurrencia suya, un sexteto. En lugar de violín un violonchelo, José Bragato, Gerardo Gandini (piano), Héctor Console (bajo), Julio Pane junto a él en un segundo bandoneón y yo con mi guitarrita. Después por diversas causas aparecieron Ángel Ridolfi (bajo), Daniel Binelli por Pane. La formación no andaba, a desinteligencias internas por motivos musicales Astor comenzó a sufrir desarreglos de salud y, poco después, resolvió no tocar más en conjunto. Fue en París, y allí, cuando bajó del vehículo que nos llevaba, no miró a nadie y al pasar por mi lado me dijo: “¡Chau Tano!”, fue la última vez que lo vi. Él continuó unos dos años haciendo giras con grupos sinfónicos hasta que tuvo su accidente cerebral».
Finalmente, es importante destacar que jazz tocó con todos los grandes músicos del mundo y, en lo referido al tango, aparte de su etapa fundamental con Astor, formó conjuntos para acompañar en grabaciones a una buena cantidad de vocalistas. Sólo como ejemplos y sin orden cronológico, acompañó a Horacio Casares, a Hugo Marcel y a Elvira De Grey´s.
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