Comenzamos el otoño en nuestro país y es una de las estaciones del año más recurrentes en los paisajes poéticos reflejados por el tango
En el otoño, la melancolía se agiganta:
"El Otoño te trajo, mojando de agonía,
tu sombrerito pobre y el tapado marrón...
Eras como la calle de la Melancolía,
que llovía...llovía sobre mi corazón..!"
Así dice Catulo Castillo en los versos de María, tambien un viejo vals de José Rial titulado "Rosas de otoño" es uno de los éxitos de Carlos Gardel con Francisco Canaro y luego del mismo Canaro con la voz de Nelly Omar
Tu eres la vida, la vida dulce,
llena de encantos y lucidez;
tú me sostienes y me conduces
hacia la cumbre de tu altivez.
Tú eres constancia, yo soy paciencia;
tú eres ternura, yo soy piedad
Tú representas la independencia,
yo simbolizo la libertad.
Tú bien lo sabes que estoy enfermo
y en mi semblante claro se ve
que ya de noche casi no duermo,
no duermo nada ¿sabes por qué?
Porque yo sueño cómo te aprecio,
de que a mi lado te he de tener...
Son sueños malos, torpes y necios,
pero, mi vida, ¡qué voy a hacer!
Yo sufro mucho, me duele el alma
y es tan penosa mi situación
que muchas veces, por buscar calma,
llevo mis dedos al diapasón...
De tu desprecio nunca hagas gala
porque, si lo haces, ¡pobre de mí!...
Quereme siempre, no seas tan mala...
Vamos, ingrata, ¡no seas así!
El poeta Héctor Negro publicó en su libro “Cantaré hasta el fin” del año 2010, este poema: ENTRESUEÑO DE OTOÑO
Estrellísimas chispas de azotea
Merodean la noche con luz de ojos de gato,
Mientras baja por las húmedas paredes
-sigilosamente-
La niebla con pasos de araña.
Se apaga la luz de la última ventana despierta
Y un viento filoso arrastra hojas secas y amarillas
Que ensayan remolinos dorados
En algunos recodos donde se esconde el frío.
En la calle vagan sombras difusas que cruzan el otoño
Apurándose hacia no se sabe donde
Y focos fugaces horadan la neblina
Lustrando sus lomos con el aire húmedo.
Tan solo hay un calor que crece
En un beso furtivo que une dos cuerpos
En el hueco de un umbral
Y se advierte como un aura
Que se impone victoriosa
Sobre todos los intentos de los pozos de la noche,
Del silencio emboscado
Y del bostezo de la monótona pereza de una calle
Que se agobia con el cansancio de su gente.
En los años cincuenta el maestro Enrique Mario Franchini compuso su inolvidable "Tema otoñal" que grabó con un sentido solo de violín y unos años después Astor Piazzolla imaginó las cuatro estaciones porteñas.
" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia
domingo, 22 de marzo de 2015
BIENVENIDO OTOÑO PORTEÑO
Comenzamos el otoño en nuestro país y es una de las estaciones del año más recurrentes en los paisajes poéticos reflejados por el tango
En el otoño, la melancolía se agiganta:
"El Otoño te trajo, mojando de agonía,
tu sombrerito pobre y el tapado marrón...
Eras como la calle de la Melancolía,
que llovía...llovía sobre mi corazón..!"
Así dice Catulo Castillo en los versos de María, tambien un viejo vals de José Rial titulado "Rosas de otoño" es uno de los éxitos de Carlos Gardel con Francisco Canaro y luego del mismo Canaro con la voz de Nelly Omar
Tu eres la vida, la vida dulce,
llena de encantos y lucidez;
tú me sostienes y me conduces
hacia la cumbre de tu altivez.
Tú eres constancia, yo soy paciencia;
tú eres ternura, yo soy piedad
Tú representas la independencia,
yo simbolizo la libertad.
Tú bien lo sabes que estoy enfermo
y en mi semblante claro se ve
que ya de noche casi no duermo,
no duermo nada ¿sabes por qué?
Porque yo sueño cómo te aprecio,
de que a mi lado te he de tener...
Son sueños malos, torpes y necios,
pero, mi vida, ¡qué voy a hacer!
Yo sufro mucho, me duele el alma
y es tan penosa mi situación
que muchas veces, por buscar calma,
llevo mis dedos al diapasón...
De tu desprecio nunca hagas gala
porque, si lo haces, ¡pobre de mí!...
Quereme siempre, no seas tan mala...
Vamos, ingrata, ¡no seas así!
El poeta Héctor Negro publicó en su libro “Cantaré hasta el fin” del año 2010, este poema: ENTRESUEÑO DE OTOÑO
Estrellísimas chispas de azotea
Merodean la noche con luz de ojos de gato,
Mientras baja por las húmedas paredes
-sigilosamente-
La niebla con pasos de araña.
Se apaga la luz de la última ventana despierta
Y un viento filoso arrastra hojas secas y amarillas
Que ensayan remolinos dorados
En algunos recodos donde se esconde el frío.
En la calle vagan sombras difusas que cruzan el otoño
Apurándose hacia no se sabe donde
Y focos fugaces horadan la neblina
Lustrando sus lomos con el aire húmedo.
Tan solo hay un calor que crece
En un beso furtivo que une dos cuerpos
En el hueco de un umbral
Y se advierte como un aura
Que se impone victoriosa
Sobre todos los intentos de los pozos de la noche,
Del silencio emboscado
Y del bostezo de la monótona pereza de una calle
Que se agobia con el cansancio de su gente.
En los años cincuenta el maestro Enrique Mario Franchini compuso su inolvidable "Tema otoñal" que grabó con un sentido solo de violín y unos años después Astor Piazzolla imaginó las cuatro estaciones porteñas.
UN BAILARIN MUY PICARO
"EL CACHAFAZ"
Su nombre real era Ovidio José Bianquet, aunque para algunos su nombre era Benito. Aquí entra a tallar don José Gobello y en un artículo da su opinión: «Ese fue un apodo que ganó de chico y por una confusión. Vivía en la calle La Rioja en el barrio de Balvanera sur cuando a la seccional de policía denunciaron que alguien había roto un vidrio de un negocio de una pedrada. Lo acusan y se llega hasta su casa, la madre, una cordobesa, no lo puede creer y ante el policía sólo atina a exclamar: «No puede ser si él es buenito, es buenito».
«La autoridad entendió Benito y así pasó el informe, Benito Bianquet». (Ver nota Los bailarines famosos..., donde hay otra opinión)
¿Y por qué El Cachafaz? Según Gobello, nuevamente, que de muchacho fue atropellador con las mujeres y supo propasarse algunas veces. Una de ellas se quejó ante su padre y dicen que exclamó furioso: «¡Mi hijo es un cachafaz!» Los muchachos del barrio o todos los que fueran hicieron el resto.
Había nacido el 14 de febrero de 1885 en la esquina de Boedo e Independencia, hoy barrio de Boedo.
En 1911 viajó a los Estados Unidos y de regreso en 1913 instaló una academia de baile.
Entre 1910 y 1929 tuvo de compañeras, en el amor y en el baile, a Emma Bóveda y Elsa O'Connor, más tarde destacada actriz dramática del teatro y del cine. Luego Isabel San Miguel y desde 1933 exclusivamente como compañera de danza a Carmencita Calderón.
En 1919 anduvo por París, dicen que para actuar en el mítico El Garrón, donde se hacía conocer el músico argentino Manuel Pizarro junto a sus hermanos, pero el modo de vida europeo y él no iban de acuerdo y por tal motivo regresó.
Dice Gobello que dio lecciones de baile muy bien pagas a gente de la alta sociedad y termina con una reflexión acertada: «Haya sido realmente el máximo bailarín de tangos o no lo haya sido, por tal se lo tendrá siempre».
Falleció al fin de una actuación en la ciudad de Mar del Plata el 7 de febrero de 1942.
Reportaje de la periodista Irene Amuchástegui a Carmen Calderón al cumplirse 55 años de la muerte de El Cachafaz. Diario Clarín, Buenos Aires, 7 de febrero de 1997.
«Tenía un don especial —cuenta Carmencita— elegancia y un compás único. Fue un gran creador de pasos, pero también tenía muchos «cortes» (figuras) en común con José Giambuzzi, El Tarila.
«Don Benito los hacía impecables, sin encorvarse y con una delicadeza que le quitaba lo soez al tango, al baile. Porque hay que decir que el tango, a veces, es un poquitín bastante asqueroso, hay cortes donde la mujer mete la pierna entre las piernas del hombre.
«Él lo hacía con prestancia. Era el mejor.
«Vestía saco negro y pantalón fantasía (a rayas negras y grises) para el tango con cortes y para el tango de salón vestía de smocking.
«No era buen mozo, era feo como noche oscura y esa cara picada de viruela, pero su forma de ser era suave y simpática. Ahora, cuando se enojaba temblaban todos.
«Nunca uso revólver, de un cachetazo los dejaba dormidos.
«Lo conocí en el Club Sin Rumbo (que aún existe). Fui con mis hermanas menores a quienes crié al morir mi madre.
«Estaba sentada y alguien me insistió para que bailara con un hombre que estaba allí. Supe que era El Tarila, acepté y al terminar la pieza me dijo: «¿Usted aceptaría ser mi compañera y la compañera de El Cachafaz?» Cuando escuché ese nombre me prendí como abrojo.
«Debuté con don Benito en el Cine-teatro San Fernando, tocaba la orquesta de Pedro Maffia, el mejor bandoneonista. Trabajamos mucho para las compañías de revistas de Francisco Canaro. También viajamos, pero allí El Cacha la pasaba mal, extrañaba mucho, porque él era de dormir todas las noches en la casa de la mamá. Además le gustaba llegar todas las tardes a la seis al café de Corrientes y Talcahuano donde ocupaba siempre la misma mesa y recibía a sus amigos, entre ellos Gardel.
«Bailamos la última noche, fue en un local llamado El Rancho Grande, en Mar del Plata. Terminamos de actuar y me fui a un cuarto con la patrona para escuchar por radio un partido de fútbol entre Argentina y Uruguay. De pronto se asomó y me dijo: «Carmencita, la espero después del partido para tomar medio whisky.» —siempre me trató de usted—. Al ratito entró una mujer a los gritos para decir que don Benito estaba tirado en el patio. Cuando lo vi tirado en el suelo pensé que era sólo una caída.
sábado, 14 de marzo de 2015
"LA BOCA YA TIENE DIENTES" CARLOS BAHR
Carlos Andrés Bahr nació en Buenos Aires, en la calle Almirante Brown, pleno barrio de La Boca, en inmediaciones de la vieja cancha de River Plate (club de fútbol). Fueron sus padres don Augusto Bahr (alemán oriundo de Hamburgo) y Colette Dierken (francesa). Antes de Carlos Andrés, habían nacido dos hermanos, Guillermo y Emma.
El padre, marino, era propietario de un barco ballenero, y cuando se desencadenó la primera guerra mundial, en 1914, partió para Europa con su nave para ponerse al servicio de su patria. La partida fue lo último que se supo del marino. Supuestamente habría llegado a Hamburgo, pero ahí se perdió todo rastro. Su nieto, Carlos Alberto Bahr, ha realizado innumerables gestiones a través de la Cancillería y otros organismos, pero sin resultado positivo. ¿Torpedearon el barco? ¿Fue aceptado en la Armada Alemana? ¿Qué fue lo que ocurrió con este hombre y su nave? Un misterio que quedó en la familia y al cual ésta sigue procurándole una respuesta.
Este suceso resintió la economía hogareña, y los Bahr se mudaron a Bernal (suburbio de la ciudad de Buenos Aires). Carlos concluyó los estudios primarios y luego fue ganado por la calle.
Desempeñó algunas ocupaciones ocasionales; incluso estuvo en la escuela de máquinas de la Marina de Guerra. Pero la bohemia, la lectura y la literatura lo atraparon temprano. Dejó la casa y se aventuró en la calle, viviendo como podía y en donde podía, sin domicilio fijo, escribiendo siempre. Periodismo, teatro, poesía especialmente, pero sin ningún resultado trascendente. Y así, desordenadamente, fue formándose.
Leía con voracidad todo cuanto llegaba a sus manos y logró, con tenacidad de autodidacta, alcanzar un importante nivel intelectual (por su cuenta logró dominar tres idiomas: alemán, francés e italiano). De esa época de bohemia y juventud es la siguiente quijotada: cuando comenzó la guerra civil española, decidió irse a España para luchar en favor de la República. Llegó hasta Montevideo (República Oriental del Uruguay), donde pensaba embarcarse, pero no logró pasar la revisación médica, pues le detectaron una afección pulmonar y fue enviado de vuela a su patria.
Después de este regreso es cuando comienza su firme orientación hacia la canción popular. Es a mediados de la década del 30, y al llegar el año 1940 se inscribe en la lista de los más destacados letristas del tango que jerarquizaron su literatura. Es también en ese tiempo que su vida comienza a ordenarse.
En Radio Porteña conoce a la cancionista Lina Ferro, vinculación que luego se extiende a un trato más asiduo en la Academia PAADI, de sus amigos Luis Rubistein y Fidel Pintos, donde Lina Ferro estudiaba. Al final, pese a la diferencia de edad —ella era bastante menor que él—, terminaron enamorándose. Se casaron en l942 y se fueron a vivir al barrio de Almagro, en Medrano y Corrientes; más tarde se establecieron definitivamente en Pringles y Corrientes. De ese matrimonio nacieron dos hijos Carlos Alberto e Inés Maria.
Y una inexplicable contradicción. Pese a haber sido Carlos Bahr autor de una enorme producción, con un alto porcentaje de gran difusión y popularidad, no obtuvo de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) nunca una retribución acorde con la importancia, en calidad y cantidad de esa obra. Para atender las necesidades de su familia tuvo que ayudarse siempre con otras actividades. Como también estuvo familiarizado con la entomología, fabricó y vendió personalmente cuadros con mariposas disecadas, comercializó porcelanas y otras cosas, en fin, permanentemente tuvo que ayudarse con ingenio, habilidad y perseverancia para vivir con decoro.
Posiblemente, el haberse ocupado con mejor disposición del destino de su trabajo, y acomodado un poco sus exigencias a la burocracia y a la política las cuales ha estado sometida siempre la gran institución recaudadora, le hubiesen reportado una mejor defensa por parte de ésta de sus intereses autorales. Pero este tipo de gestiones para Bahr —un hombre con estrictas normas de ética y de conducta— significaban, desde su óptica, una especie de renunciamiento a esos códigos. Y siguió produciendo y quedándose en casa.
Así fueron pasando los años, adaptado a la austeridad que le imponía una modesta jubilación y a las magras liquidaciones de SADAIC. Pero exteriorizando siempre la dignidad que caracterizó todos los actos de su vida.
Su vocación literaria, ya manifiesta cuando tanteaba otras disciplinas para las que no encontró el campo apropiado, lo fue arrimando paulatinamente hacia la canción popular. Con un bandoneonista de su barrio, Alfonso Gagliano, se inició con sus dos primeros títulos “Cartas viejas” (vals) y el tango “Algo bueno”. Esto ocurría por 1934 o 1935. Un año después, su vinculación con otro bandoneonista Roberto Garza (José García López), le hizo tomar más confianza y seguridad. Con él compuso su primer éxito, el tango “Fracaso”, que llevó al disco Mercedes Simone el 21 de abril de 1936 («Llevao por un ansia que quiere ser muerte/ castigo mis noches con vago ademán,/ y fallan mis manos que buscan perderte/ porque en cada impulso te vuelvo a encontrar»).
Este acercamiento a Roberto Garza —entonces integrante del conjunto que secundaba a Mercedes Simone— fue el peldaño donde pisó fuerte Bahr en sus primeros intentos. A “Fracaso” le siguió otro tango, “Maldición”, siempre en yunta con Garza, del cual La Negra Simone dejó un buen registro el 1 de septiembre de 1936. Hasta que en l938 Bahr obtuvo el primer premio en un concurso de milongas organizado por SADAIC, con una obra compuesta con el bandoneonista José Mastro (José Mastropietro), titulada “Milonga compadre”, que llevó al disco Pedro Laurenz, el 12 de mayo de 1938, con la voz de Juan Carlos Casas («Me largó un candombero,/ me agarró un mayoral,/ y entre blancos y negros/ aprendí a milonguear»).
Cuando arranca la famosa década del 40 comienzan también los títulos consagratorios de Carlos Bahr. Uno tal vez, en el pique de esa primera hornada, podría ser “Desconsuelo”, un tango con música de Héctor Artola, bandoneonista y director al cual estaría asociado en muchos éxitos (“Precio”, “Tango y copas”, “Gracias”, “Marcas”, etc.) Seguirá toda la década produciendo impactos a granel, conectado con los más importantes compositores y muy cerca de los músicos de las más importantes orquestas, junto a los cuales irá produciendo sus trabajos más trascendentes. De todas esas vinculaciones la más estrecha posiblemente haya sido la que mantuvo con el grupo de Miguel Caló, con cuyos integrantes alcanzó no pocos sucesos: “Mañana iré temprano”, “Pecado”, “El mismo dolor”, “Canción inolvidable” (Francini); “Cada día te extraño más”, “Corazón no le hagas caso”, “Cuando talla un bandoneón” (Pontier); “Caricias perdidas” (Stamponi); “Valsecito”, “Con la misma moneda” (Caló); “De vuelta”, “Estás conmigo”, “Como una de tantas” (Lázzari); “Sin comprender”, “Siempre”, “Quise ser un Dios” (Nijensohn); “Cosas del amor” (Domingo Federico).
De ese acercamiento a la orquesta de Miguel Caló —entre otros tantos éxitos que se dieron a conocer a través del conjunto y en ese tiempo—, quedó uno como modelo de lo que es un tango canción. Me estoy refiriendo a “Mañana iré temprano”, cuya música pertenece a Enrique Fancini. Esta hermosa melodía del entonces primer violín de la orquesta de Caló, tan sentida, tan pulcra, tan dolida podríamos decir, encontró el tratamiento literario en Carlos Bahr que su bellísima profundidad reclamaba. La sugerencia de esas notas era de tristeza y no podía recibir el aporte de una historia que no respirara el mismo clima. La obra, tan estupendamente concebida, llegó al disco el 10 de agosto de 1943, y contribuyeron a su exaltación otros dos factores. Primero, el admirable arreglo instrumental de Osmar Maderna, con amplio lucimiento de los tres instrumentos básicos de la orquesta de Caló: bandoneón (Armando Pontier), violín (Enrique Francini) y piano (Osmar Maderna). Y segundo, la magnífica interpretación vocal de Raúl Iriarte, que dio con el énfasis justo para expresar esa historia. Nada de desbordes dramáticos ni de acentuaciones lloronas, tentación a la que podrían haberlo inducido los versos. Sin embargo, la angustia y la aflicción del protagonista fueron expuestas únicamente por intermedio de la voz.
miércoles, 4 de marzo de 2015
PANCHO LAGUNA
Nombre real: Lomuto, Francisco Juan
Seudónimo/s: Pancho Laguna
Pianista, director y compositor.
(24 noviembre 1893 - 23 diciembre 1950)
Durante varios años trabajó en casas de música, tocando las piezas que requerían los clientes. Su primer tango fue bien recibido y esto lo alentó para componer otros, que rápidamente llegaron al disco: “El inquieto” y “La rezongona”, que fueron grabados en EE.UU para el sello Victor por el conjunto Ferrer-Filipotto. Poco más tarde los mismos músicos le registran “Río Bamba” y “El chacotón”. Francisco Canaro, en 1915, le graba “La rezongona” y “Dardánelos”. Roberto Firpo, en 1917, “La revoltosa”.
Pero el éxito le llegó con “Muñequita”, con letra de Adolfo Herscheld, que estrenó en 1918, en el teatro, la actriz María Luisa Notar. También fue la primera obra que le grabara Gardel. El tema en cuestión también lo grabó en Estados Unidos las Orquesta Típica Select.
Junto con su amigo Francisco Canaro fue promotor en la idea de constituir un organismo que protegiera los derechos autorales.
Cuando fallece su padre debe hacerse cargo de la manutención de la familia, y se dedicó a trabajar de lleno en la música.
La idea de formar una orquesta lo encontró con la suficiente autocrítica como para reconocer que necesitaba ponerse a punto. Para ello recurrió a su amigo Francisco Canaro. Este actuaba en el cabaret Royal Pigall y le solicitó un barato, lo que en la pintoresca jerga de los músicos significaba que se le permitiera tocar en la orquesta como práctica. Canaro accedió porque además de la amistad Lomuto tocaba bien, con buen ritmo.
Al poco tiempo se largó como solista de piano y también a dúo con su hermano Enrique que tocaba el armonio. Tuvieron actuaciones en la primitiva radiotelefonía, en este caso Radio Sudamericana, ubicada en el Pasaje Roverano de Avenida de Mayo 560, a metros de la Plaza de Mayo. Y en el año 1922 formó un dúo de pianos con Héctor Quesada, llegando por primera vez al disco con ocho temas.
Ese mismo año forma un conjunto para actuar en los cruceros de turismo que viajaban desde Brasil hasta el sur de nuestro país, Tierra del Fuego, en el buque Cap Polonio. El nombre de este barco fue título de un nuevo tango suyo.
En el sexteto actuaban músicos de la talla de Manuel Pizarro y Pedro Polito, ambos bandoneonistas y Agesilao Ferrazzano y Miguel Tanga en los violines.
Ya en 1923, forma su primera orquesta para actuar en tierra firme y llegar al disco. Sus músicos fueron: los bandoneonistas Vicente Romeo y Ángel Ramos, los violinistas Lorenzo Olivari y Esteban Rovati, Ángel Corleto en el contrabajo y su hermano Enrique al piano. Más tarde, ingresó Ricardo Luis Brignolo como primer bandoneón y tuvo una gran repercusión.
En las grabaciones colaboraban, a manera de refuerzo, Eduardo Armani en el violín, Minotto Di Cicco en el bandoneón y el pianista Alberto Castellanos.
Francisco Lomuto fue un músico muy responsable, que reconocía los límites de su técnica y por tal motivo, tempranamente, dejó de tocar el piano para dedicarse exclusivamente a la función de director de orquesta.
Actúa en los salones más cotizados de la época y, siguiendo como siempre los pasos de Canaro, suma a la naturaleza típica de su orquesta, el ritmo del jazz, denominando a su conjunto «típica y jazz band». A raíz de esto agrega nuevos músicos y nuevos instrumentos: el pistón, el saxofón, la trompeta, el clarinete, que pasaron a ser, al decir de los muchachos, la sección «cañerías».
En 1926, se incorporó el bandoneonista de 16 años Daniel Álvarez, conocido con el apodo de Sardina, por su contextura delgada. Este músico le dio gran personalidad y fuerza a la orquesta, permaneciendo con hasta 1933. En 1927, aparece un nuevo éxito, el tango “Cachadora”, con letra de Pancho Laguna, que no era otro que el propio Lomuto.
Con la aparición del cine sonoro las orquestas tangueras pierden un importante lugar de trabajo, algunas desaparecen, otras se incorporan a los palquitos de los numerosos cafés y otras como la de Lomuto, llegan a las salas de baile o escenarios teatrales. En esta época las orquestas aumentan el número de sus integrantes, por la mala acústica de los lugares donde actuaban. Así los ejemplos de Lomuto, y de las orquestas de Firpo y de Canaro.
Su orquesta tuvo una personalidad muy definida, un buen ritmo, estilísticamente ortodoxa, que no estuvo en la búsqueda creadora, sino más bien en lograr una adecuada propuesta bailable, de grata musicalidad. En otro orden de cosas, se destacó también por sus curiosos finales con la séptima disminuida a manera de rúbrica.
Por 1929, eran importantes los aportes de los músicos Luis Zinkes, Haroldo Ferrero y el ya mencionado Daniel Álvarez, en la línea de bandoneones. Entre los violines, además de Armando Gutiérrez y Carlos Taverna, se destacaba Leopoldo Schiffrin (El mujic), padre del compositor y arreglador de música cinematográfica Lalo Schiffrin. El piano estaba a cargo de Oscar Napolitano, el contrabajo era Alfredo Sciarreta, el clarinete Carmelo Águila, el pistón, el venezolano Natalio Nappe (pistón) y Desio Salvador Cilota su percusionista.
Es uno de los músicos preferidos de la sociedad argentina, sus orquestas deleitaron al público del Club Progreso, del Club Mar del Plata, del Trocadero, de la Escuela Naval, es decir, a lo más granado de la elite de nuestro país.
Siguiendo, como siempre, los pasos de su amigo Canaro, en 1932 comienza en el teatro con comedias musicales. La primera fue La Vuelta de Miss París, con la compañía de Pierina Dealessi. En la cual la actriz Iris Marga estrena su tango “Papanatas” (con letra de Antonio Botta) y el cantor Fernando Díaz, “Aunque perezca mentira” (con letra y música de Lomuto).
Más tarde, en el teatro Smart (hoy, Teatro Blanca Podestá) estrena La Gran Milanesa Nacional, después La Fiesta del Tango, donde actúan también las orquestas de Pedro Maffia y Edgardo Donato. En 1933, Descanso Dominical, donde se estrena “La canción del deporte” y el exitoso tango “Si soy así”, ambos temas de Lomuto y Antonio Botta.
En ese año, Martín Darré reemplaza a Daniel Álvarez como primer bandoneón y arreglador de la orquesta. Este cambio mejora sustancialmente la calidad musical de la formación, por las innovaciones que impone Darré. El 1 de agosto de 1936 se crea SADAIC y Lomuto es designado presidente del Comité Organizador.
El 19 de mayo de 1937, se estrena la película Melgarejo, con Florencio Parravicini y Mecha Ortiz, allí aparece con su orquesta y el cantor Jorge Omar que estrena “No cantes ese tango”, de Lomuto con letra de Rodolfo Blas Arrigorriaga.
En 1938, también actúa en La Rubia del Camino, de Manuel Romero, con los actores Paulina Singerman y Enrique Serrano. En esta oportunidad se estrenan “La canción del camino” y “Muchachita de campo”, ambos con letra de Manuel Romero. En 1947, realiza una gira por España y es su cantante Chola Luna.
Su última orquesta fue sin dudas la mejor, la más evolucionada y afiatada. La línea de bandoneones la integraban Federico Scorticati, Alfredo Cordisco, Manuel Álvarez y Domingo Greco. Los violines estaban a cargo de Carlos Taverna, Ernesto Gianni, José Carli y Otelo Gasparini. El pianista era Juan Carlos Howard, el contrabajo Alberto Celenza y sus cantores Alberto Rivera y Miguel Montero.
Francisco Lomuto grabó con su orquesta, entre 1922 y 1950, más de 950 temas. Fueron sus estribillistas más importantes Charlo —compartido con la orquesta de Francisco Canaro—, Fernando Díaz y Jorge Omar. También estuvieron el Príncipe Azul, Jorge Torres, Luis Cáceres, el dúo Alberto Acuña-René Díaz y los ya mencionados Alberto Rivera y Miguel Montero.
domingo, 1 de marzo de 2015
JOSÉ GARCÍA Y SUS ZORROS GRISES
Transcurría al año 1930, época en que diferentes emisoras porteñas trasladaron sus estudios a los teatros, ofreciendo espectáculos variados y atrayentes, pero marcaron el principio de la decadencia de los artistas del micrófono. José García que más que profesor era un amigo de sus alumnos, observó el éxito circunstancial de tales espectáculos y se dedicó a formar una orquesta típica integrada por animosos muchachos, que la convirtieron en un interesante matiz del espectáculo que se brindaba en el teatro San Martín de entonces.
En vísperas de debutar se concretó un detalle importante, el de la indumentaria de los componentes de la orquesta. En aquel tiempo se vendían unos trajes de franela gris a un precio tentador, pues no llegaban a los treinta pesos, y la orquesta se uniformó inmediatamente. El público recibió a ese núcleo de muchachos cordialmente y, como consecuencia del color de los trajes, los denominó «los grises». Aceptó García tal denominación pero, al poco tiempo, ya no le satisfizo y entonces se le ocurrió anteponer lo de «zorros». De allí nació el nombre de José García y sus Zorros Grises, utilizando el tango de Rafael Tuegols “Zorro gris” como presentación y cortina musical.
El primer conjunto de 1936 estaba constituido por la siguiente nómina de músicos: Juan Carlos Barbará (piano); Rodolfo Morán (contrabajo); Francisco Caamaño (pistón); Hipólito Morán, Juan Aprobat, Domingo Perego y Mario Lali (violines); Héctor González, Alfredo Ponce, Roberto Quiroga, Luis Mastorini y Alfredo González (bandoneones); Augusto Gothier y Nilda Wilson (cantores). Como director, José García, quien inicialmente ejecutaba el violín y posteriormente llevó la batuta solamente.
Fue ese un conjunto bien disciplinado, perfectamente afiatado que a fines de la década del '30, compitió con las mejores orquestas de la época en un momento en que todas ellas se fueron renovando como en el caso de Juan D'Arienzo, Miguel Caló, Osvaldo Fresedo, Francisco Canaro y cuando se iniciaban las orquestas de Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi, Carlos Di Sarli y Lucio Demare.
Perteneció la orquesta de los Zorros Grises a los conjuntos denominados rítmicos, con compás bien remarcado y con la particularidad de agregar al género netamente típico, otros alegres ritmos bailables no tradicionales como corridos, rumbas, boleros, marchas, etcétera, lo que le dio gran aceptación del público y gran popularidad.
En 1938 su pianista Juan Carlos Barbará dejó a los Zorros Grises y creó su famosa orquesta característica. Lo reemplazó Rodolfo Lozano.
Las principales actuaciones del conjunto se pudieron apreciar también en confiterías y bailes de Carnaval de los grandes clubes deportivos con gran suceso, manteniendo siempre su afiatado estilo. En radio se consagró en el llamado Palacio de Belgrano 1841 que ocupaban tres emisoras, y luego de debutar en Radio Porteña, fue contratado como artista exclusivo de Radio Belgrano.
En 1941, figuraba como cantor del conjunto Carlos Alberti, al año siguiente se incorporó Alfredo Rojas, que fue su cantor más popular y estable, cuyo verdadero nombre es Asdrúbal Sterla Webster, excelente y agradable voz de buena potencia y perfecta modulación.
El conjunto cambió varios de sus músicos en 1943 y la formación quedó así: Carlos Figari (piano); Rodolfo Morán (contrabajo); Elías Slom, Rodolfo Filoso, Carlos Deambroggio e Ítalo Morán (violines); Nicolás Castillo, Luis Masturini, Héctor González y Pablo García (bandoneones); Alfredo Rojas (cantor). Ese fue el momento de su máxima popularidad.
La orquesta llegó tardíamente al disco. Fue contratada por el sello Odeon y el 23 de enero de 1942 grabó el tango de Horacio Pettorossi “Fea”, que cantó Alfredo Rojas. Entre esa grabación y el 16 de abril de 1945, grabaron 40 temas de los cuales, 33 fueron cantados por el mencionado Rojas, 1 por Nilda Wilson, 2 a dúo por Rojas y Wilson y 4 fueron instrumentales.
Otros cantores que lo acompañaron en su última época —1945 a 1947— fueron: Luján Cardillo, Osvaldo Cordó y Alberto Santillán.
Como compositor, José García hizo 28 temas, destacándose los tangos: "No pudo ser”, “Nocturno de tango”, “Esta noche de luna”, “Si escucharas mis amores”, “Jesús de Nazareth” y “Desolación”; el vals “María Triniá” y un corrido que le reportó la mayor popularidad y beneficio económico titulado “El mentiroso”.
Director de una de las mejores orquestas típicas, en lo que respecta a su calidad artística, se retiró de la actividad en 1950 y, como otros tantos valores, fue y es injustamente olvidado.
miércoles, 11 de febrero de 2015
"EL MINGO MAIDA"
Roberto Maida
(nombre verdadero: Domingo Maida)
Llegó al país desde su Italia natal en 1909 y recaló con su familia en Buenos Aires, en el barrio de Balvanera, vecino del famoso "Mercado Spinetto". Con otros chicos cuidaban la famosa tropa de Cairolo, que se distinguía por sus tobianos y percherones todos con muy buenos arreos que tiraban de los carros y chatas, mientras los carreros comían en las fondas cercanas al mercado.
Roberto Maida, se inició artísticamente muy joven, en los fondos del restaurante "Damato", de Matheu y Victoria. Allí se reunía con los hijos del dueño y los muchachos de la barra, donde se armaban sesiones de tango y él era el cantor. Un día se presentó a comer un maestro de canto de apellido Ralbis, preguntó quién era ese cantor y quiso conocerlo. Le propuso si quería cantar en un cine, en los entreactos, acompañado de piano, violín y batería. El cantor incipiente dudaba, sus amigos lo animaron. Se puso los largos y debutó en el cine "2º Coliseo" de Bernardo de Irigoyen y Venezuela. Los dueños del cine, José y Antonio Galvano se entusiasmaron y colocaron una foto muy ampliada del pibe Maida en el hall.
El secretario de Clemente Lococo -importante empresario dueño de una cadena de salas de cine-, convenció a los dueños y se lo llevó al cine "Astral", donde debutó con un conjunto en el que figuraban Armando Baliotti, Miguel Caló y Raúl Kaplún. Compartían el espectáculo con un joven pianista de quince años: René Cóspito.
En 1925 debuta como cantor profesional en la orquesta de Miguel Caló. Tiempo después vendrá su aventura española con Cátulo Castillo junto a Miguel Caló, Alberto Cima, Ricardo, Carlos y Alfredo Malerba donde permanecen durante un largo período, actuando en numerosas ciudades. También graban varios discos para el sello Odeón. La gira terminó en 1930 y, ya en Buenos Aires, Bayón Herrera y Manuel Romero invitaron al cantor a formar parte en un cuadro de una obra, que iban a presentar en el teatro Sarmiento y le pidieron un tango para estrenar en esa producción.
Eligió el tango "Te odio" de Celedonio Flores y Francisco Pracánico y lo grabó con las guitarras de Iglesias, Besada y Arrieta. En ese año 1930, ya había grabado algunos temas con guitarras, y otros con Alberto Castellanos para el sello Columbia.
Al término de de la obra en el Sarmiento, les avisaron por pizarra que la compañía viajaba a España. El director musical era Cátulo y su padre José González Castillo, el presentador. Maida se mostraba remiso para ir pero al final aceptó. La empresa no tuvo buena fortuna y se disolvió.
Como Maida ya era conocido en España, lo contrataron para trabajar con la cancionista Celia Gámez, pero simultáneamente recibió una carta de los hermanos Malerba anticipándole que iban a trabajar a Portugal, junto a Bachicha Deambroggio, y contaban con él.
Instalados en Lisboa trabajaron exitosamente durante un mes y medio en el Maxim's, actuaciones que incluyeron los Carnavales de 1931.
Desdichadamente, enfermó gravemente Carlos Malerba y sus hermanos, junto a Maida, lo trasladaron a Bilbao donde falleció. En el entierro ocurrió un hecho curioso, los hermanos Malerba le pidieron a Maida que, como responso, cantara su tango "Aquellas locuras", el preferido del fallecido. Después de ese episodio se fue a París para actuar con la orquesta de Manuel Pizarro.
Roberto Maida se reencontró ahí con Carlos Gardel, a quien había conocido durante su actuación con Cátulo Castillo en Barcelona. Gardel ya estaba planeando viajar a Estados Unidos, donde iba a filmar y grabar. El Zorzal ocupaba un departamento vecino al de Maida, en la Rue Levi 27.
Gardel de tertulia con otros amigos solía reunirse en el Pigalle, una de las casas de Manuel Pizarro, y un día oyó cantar a Maida su tango "Aquellas cartas" -con música de Juan Ghirlanda. El Zorzal elogió la obra, preguntó de quién era y se la pidió para estrenarla y grabarla en Barcelona. Así ocurrió, lo grabó con piano y violín y después lo hizo con guitarras en Buenos Aires.
Mientras Maida trabajaba con Pizarro en París, ciudad en la que residió varios años, llegó Eduardo Bianco, de paso para Alemania y le pidió a Pizarro si podía contar con Maida y algunos músicos, para acompañarlo en sus actuaciones en Hamburgo. Concedido el permiso partieron con Bianco los bandoneonistas Héctor María Artola y Juan Pecci, el violinista francés Simón y en el contrabajo Mario Melfi.
En Hamburgo inauguraron el "UFO Palace" y también actuaron en el café-concert "Bocaccio" y lo anecdótico de ese lugar era que, entre los habitués y bailarines se destacaba un capitán argentino, ado a nuestra embajada en Berlín. Con los años ese capitán fue tres veces presidente de la Argentina, era el General Juan Perón.
También en esa ciudad, Maida se encontró con Francisco Fiorentino que llegaba de Suecia de paso para la Argentina. "Fiore" se quedó junto a Maida una veintena de días. De Hamburgo pasaron a actuar a las ciudades de Colonia, Munich y Berlín, siempre con gran suceso. Finalmente Maida volvió a París con Pizarro.
Por ese tiempo consiguen un contrato por siete meses para trabajar en Londres en el Savoy Hotel. Allí Maida volvió a encontrarse con el Príncipe de Gales, a quien había conocido en Biarritz y que era un fanático del tango. Nos refiere Maida que el inglés a veces tomaba un bandoneón de la orquesta y hacía unos acordes de "Buen amigo", que le gustaba mucho.
El Príncipe de Gales iba todos los jueves a bailar tangos y todos los presentes salían en masa a imitarlo, pero el resto de la semana apenas los dejaban tocar un solo tango y nadie lo bailaba. Maida y Pizarro no soportaron más y al poco tiempo volvieron a París. El resto se quedó en Londres pues la paga era muy buena. Maida y la orquesta de Pizarro hicieron giras por Bélgica, Holanda y España.
La actuación europea de Maida, terminó a mediados de 1933. Al regresar fue convocado por Samuel Yankelevich, quien lo contrató por un año para trabajar en Radio Belgrano, acompañado por las guitarras de Iglesias, Besada y Arrieta.
Cuando terminó el contrato, Yankelevich le sugirió a Maida que se uniera a Canaro, con quien ya había realizado, en 1930, una grabación de prueba del tango "Titiriteros" y el vals "A lo lejos", que fuera editada con mucho éxito.
La unión con Canaro se realizó en noviembre de 1934 y recién el 20 de marzo de 1935 volvieron a grabar: "Alma de bandoneón", "No hay que hacerse mala sangre", "Cambalache" y la ranchera "Viva el casorio".
El contrato fue acordado de palabra por el término de seis años, pero trabajaron cinco, porque el cantor se retira cuando Canaro contrató a Ernesto Famá y Francisco Amor. Un verdadero problema de celos profesional. Roberto Maida grabó con Canaro aproximadamente 200 temas.
En 1940 organizó su propia orquesta formada por: Héctor María Artola, Máximo Mori y Tití Rossi en bandoneones, Antonio Rodio, Cervo y el "pibe" Mario Núñez en violines, Cimarro en piano y Francisco De Lorenzo en contrabajo. Los arreglos y dirección eran de Argentino Galván. Debutó en Radio Belgrano y también actuaron en Radio Sarmiento y en la boite Ocean. Nos cuenta Maida que muchos músicos de ese tiempo iban a escucharlos.
En el año 1942 integra la orquesta de Antonio Sureda para actuar en Radio Belgrano.
Maida, recorrió varios países de América con gran éxito y además de "Aquellas cartas", fue autor de algunos temas más.
lunes, 9 de febrero de 2015
"TITO CALÓ"
Comenzó como cantor solista en 1933, en Radio Stentor, pasando luego por Radio Prieto y Radio París. En 1935 fue contratado por don Jaime Yankelevich para actuar, durante tres años, primero en Radio Porteña, luego en Mitre y por último en la más prestigiosa de la época, LR3 Radio Belgrano.
A fines de 1938, pasó a ser el cantor de la orquesta de su hermano Miguel -quien ya era una figura importante del tango- y donde estaba también su otro hermano Armando en el contrabajo. El 21 de diciembre de 1938 grabaron el tango “Dulce amargura” y el foxtrot “Luces del puerto”. Roberto entró en reemplazo del cantor Alberto Morel.
En 1941, junto a su hermano Juan, que era bandoneonista, formaron el rubro Juan y Roberto Caló, que se disuelve un año después. Fue en ese entonces que Roberto armó un conjunto para viajar a Estados Unidos y a diferentes países latinoamericanos. A su regreso, en 1945, abandonó definitivamente el canto para convertirse en director orquestal, debutando en LR4 Radio Splendid.
En abril de 1946, pasó a Radio Belgrano con el aporte cantable de dos figuras consagradas que se habían alejado de las orquestas de Ricardo Tanturi y Francisco Canaro, respectivamente: Enrique Campos y Carlos Roldán. Estuvieron por un corto período. En 1947 viajó de gira por el interior del país y por Uruguay con su nuevo cantor Hugo del Cerro.
En Buenos Aires actuó en el Dancing Empire de la calle Corrientes casi esquina Esmeralda. Los arreglos de la orquesta eran realizados por el excelente pianista Julio Medovoy.
A fines de 1948, se incorporaron los cantores Oscar Larroca y Roberto Ray y actúan en Radio Belgrano. Al poco tiempo Ray volvió con Osvaldo Fresedo. Al año siguiente la orquesta pasó a Radio Splendid con las voces de Larroca y Alberto Santillán.
En 1951, llegó por primera vez al disco, a través del sello Orfeo, con el tango “El metejón” cantado por Larroca y el instrumental “Selección de Aníbal Troilo”, con arreglos de Medovoy . Al poco tiempo este cantor se fue a la orquesta de Alfredo De Angelis, en el lugar dejado por Julio Martel y fue reemplazado por Carlos Rivera, quien registró el famoso tango “Zorro gris”.
En 1952, regresó por un breve lapso Carlos Roldán, dejando tres memorables registros: la milonga de Francisco Martino “Soy una fiera”, de los hermanos Velich “Cualquier cosa” y de Enrique Discépolo “Victoria”. A fin de ese año ingresó Alberto Santillán, ex cantor de la orquesta de Víctor D’Amario y graba “Nostalgias”, el tango “Después que te perdí”, del propio Caló y Horacio Sanguinetti y el vals “Manos adoradas”.
En 1953, la grabadora Orfeo invitó a la extraordinaria cancionista Azucena Maizani a volver al disco, luego de once años. La orquesta acompañante fue la de Roberto Caló.
Ese año se reincorporó Enrique Campos quien también grabó varios temas, entre los que destaco dos: “Con la otra” y “Canzoneta”. Actuaron en Radio Splendid, en la confitería El Marzotto, y en los carnavales del salón Les Ambassadeurs, de la avenida Figueroa Alcorta.
En 1956, se produjo un hecho importante, el ingreso de Roberto Rufino, quien reaparecía después de un prolongado descanso. Inmediatamente los contrató para grabar la RCA Victor y así surgió un disco con los tangos “Ladrillo” de Juan de Dios Filiberto y Juan Caruso y en el reverso,el que sería suceso durante todo ese año y el siguiente: “Soñemos” de Roberto Caló y Reynaldo Yiso. El éxito les abrió las puertas de Radio El Mundo y de dos de los más importantes cabarets de la época: el Marabú de la calle Maipú y el Chanteclair de Paraná y Corrientes. Pero el espíritu inestable de Rufino obligó a la disolución del rubro.
Por ese motivo y por las exigencias laborales, en especial los bailes de carnaval de 1957, se apuró en incorporar a los cantores Héctor De Rosas y Rodolfo Galé. Poco después sumó a Tito Reyes, la tercera voz de la orquesta.
En esa época, la orquesta de Roberto era más requerida que la de su hermano Miguel y actuaba con mucho éxito en la confitería Richmond de la calle Esmeralda. Entre las grabaciones de este período están los dúos de Galé y De Rosas: “Si vos no me querés” “Limosna de amor” y “Luna Tucumana”. También los primeros discos de Tito Reyes: “Frente a un espejo”, “Nápoles de mi amor” y “Tango argentino”
A fines de 1957, acompañó la reaparición de Aída Denis para el sello RCA-Victor. En diciembre se desvinculó el pianista Osvaldo Berlingieri para ir con Troilo, ocupando su lugar el notable pianista y arreglador Osvaldo Tarantino. A mediados de 1958, se retiró Galé.
Eran momentos difíciles para el tango por la falta de trabajo. La Nueva Ola invadía radios y estudios de grabación y entonces Caló decidió disolver la orquesta. La mayoría de sus músicos junto al cantor Tito Reyes pasaron a la orquesta de su hermano Miguel y Roberto empezó a dedicarse a la producción de espectáculos.
Como actor participó en las películas Giacomo, Valle Negro y Los Ojos más Lindos del Mundo.
Por su orquesta pasaron músicos de la talla de los pianistas Julio Medovoy, Osvaldo Berlingieri y Osvaldo Tarantino. Bandoneonistas muy importantes como Ernesto Franco, Edelmiro D’Amario, Pedro Vidaurre, Juan Fleuri, Eduardo Rovira, Celso Amato, Julio Paso y Eliseo Marchese. Cuerdas de gran categoría como la de los violinistas Leo Lipesker, Antonio Coronello, Raúl Garcés, José Lauces, Tito Besprovan, Simón Bajour, Simón Broiman, Teodoro Guisado y José Cattanzaro o de contrabajistas como Enrique Designa y Enrique Marchetto.
Fueron muchos los cantores que tuvo y que grabaron: Carlos Roldán, Enrique Campos, Oscar Larroca, Carlos Rivera, Alberto Santillán, Roberto Rufino, Héctor De Rosas, Rodolfo Galé, Tito Reyes y Jorge De la Peña. Lamentablemente hubo tres que no llegaron al disco: Jorge Maciel, Raúl Lavalle y Carlos Barbé.
Por último, como compositor, Roberto Caló nos dejó: “Soñemos”, “Después te perdí”, “Te vi llegar”, “No culpes al amor” y los instrumentales “Colores”, “En fa menor” y “Flauteando”.
jueves, 5 de febrero de 2015
GARDEL Y LE PERA
Antes de emprender la fatal gira que terminó tan desgraciadamente en Colombia, tanto Carlos Gardel como Alfredo Le Pera dejaron grabadas sus impresiones sobre sus películas, sus canciones y sus futuros trabajos para la nueva marca que los contrató en Nueva York. Dijo Gardel: "Queridos amigos de la América Latina, de mi tierra y de mi raza; la casa «Victor» quiere que les anuncie la firma reciente de mi contrato de exclusividad con ella, y lo hago muy gustoso porque sé que nuestras grabaciones serán cada vez más perfectas y encontrarán en ustedes, oyentes cordiales e interesados. Yo acabo de terminar dos nuevas películas «Paramount», «El día que me quieras» y «Tango Bar», y voy a comenzar una gira que comprenderá Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Panamá, Cuba y México. Luego visitaré otros países de nuestra lengua, donde espero tener el gusto de saludarlos personalmente. Estoy ahora en los estudios «Victor», de Nueva York, registrando las canciones de «El día que me quieras», la película que quiero de todo corazón y que dedico a los amigos de España y de la América Latina. Estas canciones, como las de «Tango Bar», las encontrarán ustedes en discos «Victor», y ahora cedo el micrófono a mi amigo Le Pera, que es el autor de mis películas y de la letra de mis canciones"
Por su parte Le Pera expresó: "Yo felicito a Gardel y a la casa «Victor» por este contrato y en cuanto a mí mismo, el placer de ver registradas mis composiciones en discos de magnífica calidad, se agrega la satisfacción de saberme interpretado por un artista del gran talento de Gardel". (Alguien dijo, y bien: "¡Hermanados en el arte y en la muerte!").
¿Cuándo se conocieron Gardel y Le Pera? Se dijo que fue en París a raíz de una crítica adversa que hiciera el autor del cantor. Empero, de gran interés resulta lo que dice el actor Tomás Simari al respecto, en su libro "¡Mi Historia la escribo yo!" página 51: "Corría el año 1923. Terminada mi actuación en la sala del centro, el siempre animoso José Martínez, me apalabró para formar compañía y presentarme en su nuevo teatro de verano, sito en la calle Pasco, entre Cochabamba y San Juan. (...). Tenía para mi administración a un jovencito reconcentrado y muy inteligente, que mientras llenaba los «bordereaux», escribía letrillas de tango. ¿Su nombre? Alfredo Le Pera. Me acompañaba también en pleno éxito de su trayectoria, la cancionista Azucena Maizani que allí justamente hizo gala de su amplio repertorio, con la emoción de su personalidad. Representamos en tarde de lluvia torrencial, sobre chapas que captaban apenas el eco, «El Casamiento de Chichilo». Llegó Carlitos Gardel y así conoció en el Teatro de Verano al gran pibe Alfredo Le Pera. ¿Que de antes habían confraternizado? No lo creo. Pero lo único cierto, es que ambos se tomaron de la mano para el éxito popular, que sólo el dolor de Medellín pudo quebrar"
Uno de sus primeros tangos "El Carillón de la Merced", que escribiera Enrique S. Discépolo en Santiago de Chile cuando realizara por el país del Pacífico una gira teatral por 1928 ó 29, mereció ser grabado por Gardel.
Le Pera nació en San Pablo, Brasil y falleció en Medellín, Colombia.
martes, 3 de febrero de 2015
EL DUENDE DEL TANGO
Ferrer, Horacio Arturo
Poeta, compositor, recitador y difusor
(2 junio 1933 - 21 diciembre 2014)
vio la luz en un hogar montevideano impregnado de arte. De muy niño escribía ya versos, obras para títeres y, algo después, milongas que cantaba, acompañándose en guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén. Quien le enseñó a sacar tangos de oído en la guitarra fue un tío materno que vivía en Buenos Aires, en la margen occidental del Río de la Plata, adonde viajaba con sus padres frecuentemente. Fue ese mismo tío quien le haría conocer la noche porteña, con toda su galería de personajes bohemios.
Sus primeros tangos surgieron a comienzos de los '50, apareciendo en ellos la temática y el estilo por momentos surreal de sus obras posteriores. Con amigos de la carrera de arquitectura y el coleccionista Víctor Nario inició en Uruguay un programa radial semanal: Selección de Tangos, desde el cual se propuso defender a las resistidas tendencias vanguardistas. De esa audición insurgente nacerá en 1954 El Club de la Guardia Nueva, que organizaba conciertos con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y el revolucionario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. A éste lo conoció en 1955, al regresar Astor de Francia. Ese encuentro alcanzaría gran trascendencia.
Ferrer redacta, ilustra y dirige durante siete años la revista Tangueando, mientras sus versos y sus tangos permanecen inéditos. En esa misma época, entre 1956 y 1959, estudia bandoneón y comparte una pequeña orquesta. Durante este último año publica su primer libro El Tango. Su historia y evolución, editado por la casa Peña Lillo. Por las dos ondas del SODRE, la radio oficial uruguaya, pone en el aire hasta 1967 ciclos orgánicos sobre la evolución del tango. En lo sucesivo conduciría numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.
Tras abandonar sus estudios de arquitectura ingresó como redactor a los suplementos del matutino montevideano El Día, y por pedido de Troilo escribió “La última grela”, tango con el que iniciara su trayectoria de letrista consagrado. Los años que siguieron abundaron en hechos significativos, y entre éstos la celebración del Primer Festival Universitario de Tango, con la participación de Piazzolla, Julio De Caro, César Zagnoli, Prudencio Aragón y otros.
En 1967 graba los poemas de su “Romancero canyengue” para el sello argentino independiente Trova, acompañado por la guitarra de Agustín Carlevaro. El disco provoca que Piazzolla lo invite a escribir juntos, lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita “María de Buenos Aires”, que en 1968 estrenan, en la sala Planeta de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitante en el papel de El Duende. Trova la edita en dos LP, mientras van surgiendo los primeros tangos del binomio, como el ya clásico “Chiquilín de Bachín” y “Juanito Laguna ayuda a su madre”, mostrando un claro compromiso social.
A lo largo de 1969 surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales “Balada para un loco” constituirá un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutará Piazzolla. Entre varias obras en que Ferrer despliega su peculiar imaginario, con un lenguaje que lo distingue absolutamente de cualquier otro letrista (“Canción de las venusinas” y “La bicicleta blanca” son ejemplos de ello), sobresale “Fábula para Gardel”, una emocionada introducción al arte del genial cantor, con la poética excusa de un padre que le habla de él a su pequeño. En su estreno, el poema fue recitado insuperablemente por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla, en una noche apoteótica. Aquellas producciones quedaron plasmadas en el disco Astor Piazzolla y Horacio Ferrer en Persona.
Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgán, con quien en 1975 compuso el “Oratorio Carlos Gardel”. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro (“Loquita mía”), Pedro Laurenz (poniendo versos a “Esquinero”), Armando Pontier (“El hombre que fue ciudad”), Osvaldo Pugliese (“Yo payador me confieso”) y Aníbal Troilo (“Tu penúltimo tango”).
Además de prolífico letrista (“Balada para mi muerte”, “El Gordo triste” y “El hombrecito blanco” son ejemplos de su poder creador), Ferrer es autor, entre otras obras, de El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires, cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos (Antonio Tersol Editor), con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso.
jueves, 29 de enero de 2015
"BARQUINA"
Barquina fue uno de los personajes característicos de “la fauna porteña”, cuyo verdadero nombre era Francisco Antonio Loiácono. Por su andar compadrito, Carlos Muñoz (el Malevo Muñoz) lo bautizó Barquinazo, que el mismo Loiácono acortó en el sobrenombre que lo popularizó.
Barquina hizo el cursum honores en el diario Crítica donde ingresó como ascensorista, después fue secretario de Ulyses Petit de Murat y, finalmente, hombre de confianza de Natalio Botana.
Logró recomponer la amistad entre Carlos Gardel y Carlos de la Púa, distanciados a raiz de una nota publicada por éste con motivo de haber cantado Gardel una canzoneta, y en la que le aconsejaba: «¡Largá la mandolina, Carlitos!».
Salvó de un mal trance a muchos de sus amigos incluyendo a Petit de Murat, al que consiguió arrebatar de los verdugos torturadores de la Sección Especial de la Policía.
Le dedicaron varios tangos, entre ellos “Barquinazo” de Roberto Firpo y “Dos lunares” de Francisco Canaro.
Loiácono es el autor de las letras de los tangos “Cantor de mi barrio” y “N.P.”, ambos musicalizados por Juan José Riverol, que fueron grabados por la orquesta de Aníbal Troilo, aquél con la voz de Roberto Goyeneche y éste cantado por Raúl Berón.
Por su apodo es recordado por Cátulo Castillo en el tango “A Homero” con música de Aníbal Troilo:
Vamos,
vení de nuevo a las doce...
Vamos,
que está esperando Barquina...
Vamos,
¿No ves que Pepe esta noche,
no ves que el viejo esta noche
no va a faltar a la cita?...
(Donde dice Pepe y el viejo, se refiere a José Razzano).
viernes, 16 de enero de 2015
EL MAESTRO KAPLÚN
Se llamaba Israel Kaflún y había nacido en Balvanera, en un inquilinato. Su padre, Leiser Kaflún, venido de Besarabia, se ganaba pobremente la vida como vendedor ambulante de gorras y sombreros, que llevaba en un gran cesto de mimbre. Clara Finkel, su mujer, también era besárabe.
Los dos primeros hijos de la pareja murieron de escarlatina. El tercero en llegar al mundo fue Israel. Unos inquilinos negros, que ocupaban otra pieza del caserón, se encariñaron con el chico, y a ellos se debió que su nombre cambiara por el de Raúl. Les parecía que así lo llamaba Clara: «¡Srul! ¡Srul!», porque de esa manera sonaba Israel en idisch.
Además de enviarlo al «jeider» (escuela primaria judía) de la sinagoga de la calle Paso, también lo mandaron a aprender violín con el maestro Marcos Sadoski. Más tarde seguiría sus estudios musicales con José Fraga y por último con el alemán y muy prestigioso Edmund Weigand.
Cuando estaba terminando la primaria se presentó a un aviso del diario que pedía violinista. Al llegar se halló con una cola de veinte aspirantes, todos bastante más maduros que él. Pero lo escucharon tocar y se ganó el puesto, retribuido con 125 pesos mensuales. Así comenzó a acompañar películas mudas en los cines, tocando piezas clásicas con un pequeño ensamble.
Su encuentro con el tango ocurrió recién en 1926, cuando Julio Rosenberg le ofreció formar parte de la banda de jazz del cine-teatro Astral, que se inauguraba en Corrientes 1639. Allí, en el palco de la típica estaba el sexteto de Miguel Caló, al que pronto se integró. Del piano se encargaba Armando Baliotti, alias “Escombrito”, que fue uno de los más íntimos amigos de Kaplún. Con Roberto Maida como cantor estrenaron "Esta noche me emborracho", de Enrique Santos Discépolo. Tiempo después Caló partió hacia España con Cátulo Castillo y Kaplún pasa al cuarteto que armó Baliotti, en el cine Moderno, de San Juan y Boedo. Como el pequeño conjunto gustaba, el empresario decidió transferirlo a su mejor sala, el cine Los Andes, también en Boedo, y proponer que se ampliara a sexteto. Esto ya ocurría en 1928, cuando se acercaba la era del cine sonoro, con su terrible amenaza de desempleo para los músicos, que acabarían refugiándose en cafés y cabarets, y en la expansión de la radiofonía. Su debut en el éter fue a través de Radio Prieto en el '28, pasando en los años siguientes por diferentes estaciones.
El sexteto de Baliotti llevó sus tangos al Salón Imperio, de Maipú y Lavalle. En 1931 volvieron al Los Andes, convertidos en la Típica Criolla Baliotti.
En 1932 y 1933 halló sitio en el Trío Puloil, que acompañaba a los participantes en un concurso radial de vocalistas auspiciado por ese polvo limpiador e irradiado por la onda de Splendid. Caló en el fuelle y el inspirado Luis Brighenti, autor de “Ensueño”, en el piano completaban el terceto. Aquel certamen consagró a Hugo Gutiérrez como vencedor, y detrás de él a Andrés Falgás.
Entre tanto, Caló rearmó su sexteto para actuar en el café El Nacional, con Kaplún y Pedro Sapochnik como violines, Brighenti de pianista y la voz de Carlos Dante, que aún no era el descollante cantor que sería con Alfredo De Angelis.
Kaplún volvió con Baliotti cuando éste, en sociedad con Ginzo, estructuró una orquesta para el certamen de tango que el diario Crítica celebró en el Luna Park y que ganó “El mareo”, de Julio De Caro.
En 1934 comenzó Raúl una nueva decisiva etapa con Caló, que empezó a grabar en Odeón, registrando doce discos hasta 1938, sin ningún instrumental. La orquesta intervino en la película “La vida es un tango”, estrenada en febrero de 1939, en una de cuyas secuencias puede verse a Kaplún.
A lo largo de la década del '30, tan crítica para la Argentina como para el tango, maduraban músicos que, como Aníbal Troilo, Alfredo Gobbi, Osvaldo Pugliese, Pedro Laurenz y Juan DArienzo, entre otros, iban abriendo el camino hacia el nuevo auge, que despuntó años antes de 1940. Un nombre clave fue el del violinista Argentino Liborio Galván, que hacia 1935 comenzó a escribir arreglos para unas pocas orquestas, entre ellas la de Miguel Caló.
En el “Libro del tango”, Horacio Ferrer remarca la preferencia de Galván por la cuerda, con una modalidad de «solos breves y variados, generosamente dibujados». Oscar Zucchi refiere, sin embargo, que los músicos aseguraban que «lo escrito por ese negrito esmirriado no se podía tocar». Gran parte de los ejecutantes no estaban a la altura de lo que el tango empezaba a reclamar de ellos. Ésta fue, precisamente, la oportunidad histórica que le permitió a Kaplún quedar ino como el iniciador del virtuosismo violinístico en el tango.
José Gobello va incluso más allá en su “Crónica general del tango”. Al preguntarse cuándo arrancó realmente el renacimiento tanguístico de 1940, lanza varias hipótesis, y entre ellas ésta: «¿Por qué no en 1937, cuando Raúl Kaplún ejecutó, en la orquesta de Miguel Caló, el primer arpegio lucubrado por Argentino Galván?»
Según refiere Luis Adolfo Sierra en “Historia de la orquesta típica”, Galván explotó las notables aptitudes técnicas de Kaplún, «escribiéndole los pasajes solistas con dificultades tales que exigían al máximo su gran destreza interpretativa.»
Al mismo conjunto de Caló ingresó luego, como segundo violín, Enrique Mario Francini, quien desarrolló el virtuosismo de Kaplún y lo llevó por un camino diferente hasta la cumbre, mientras la orquesta sufría una extraordinaria transformación bajo la influencia del pianista Osmar Maderna, que crearía el estilo diáfano que la identificó.
Para Raúl, admirador de Elvino Vardaro y de Alfredo Gobbi, había llegado el momento de buscarse otro lugar. Lo halló en 1942 en la orquesta del pianista Lucio Demare, que desde 1938 desenvolvía una modalidad que fundía marcación rítmica y temperamento sentimental, a tono con las ansias de bailar y vivir o soñar romances que palpitaban en el público. Contando con el talento del bandoneonista y arreglador Máximo Mori.
Además de su violín Kaplún le aportó a Demare algunos tangos por él compuestos, como "Canción de rango", cantado por Roberto Arrieta en 1942, “Una emoción", registrado en 1943 con Raúl Berón, ambos con letra de José María Suñé. También prendió "Qué solo estoy", con letra del locutor Roberto Miró, que Demare registró con Berón, así como Carlos Di Sarli con Alberto Podestá, para constituir una frecuente pieza de repertorio en lo sucesivo.
Menos perduración logró "Nos encontramos al pasar", nuevamente con Suñé, aunque se trate de un tango de inusual valor. Además de la grabación por Demare con Horacio Quintana en 1945, fue llevado al surco por Fiorentino con Astor Piazzolla en un registro antológico. Kaplún acusó años después a Héctor Stamponi de haber plagiado este tango para componer “Quedémonos aquí”. SADAIC comprobó que había seis compases coincidentes, pero Raúl se abstuvo de querellarlo.
La primera obra conocida de Kaplún fue el vals “Recordando a Musmé”, con letra de Manuel Ferradás Campos, editado en 1935. Otro de sus valses, compuesto en 1942, fue “Nunca supe por qué”, con versos de Luis Rubistein. Con Víctor Lamanna escribió en 1952 el tango “Casa de Carriego”, que cantó Héctor Mauré.
Hasta abril de 1946 había compartido con Demare las presentaciones en Radio El Mundo, en el Palermo Palace y en los cabarets Novelty y Casanova, además de las grabaciones en Odeón. Cuando el autor de "Malena" decidió viajar a Cuba, Kaplún se separó del conjunto para formar orquesta propia en junio de ese año, con el cantor Horacio Quintana como carta de triunfo y confiando los arreglos a Julio Ceitlin y, ocasionalmente, a Máximo Mori, quien a veces encabezaba la fila de bandoneones, integrada por Juan Kusta y por los hermanos Jorge y Mario Luongo. Otro bandoneonista fue el excéntrico e indisciplinado Ramón Acevedo, que se hacía llamar Robert Brigg. Debutaron en el café El Nacional, para pasar luego al Tango Bar y al Sans Souci, mientras actuaban por radio Belgrano, pero la relación entre director y cantor no fue buena y el binomio se deshizo.
Recién llegaría al disco en 1950, con lo que se perdieron aportes tan importantes como los de Hugo Duval y Roberto Goyeneche en esa etapa inicial de su carrera, cantando piezas como “Se lo conté al bandoneón”, con la que debutó, o “Mi tango triste”. Con sólo dieciséis años de edad, el Polaco rindió su prueba ante Kaplún en el cabaret Montecarlo cantando “Corrientes y Esmeralda”, y no dejó dudas. «A este pibe no me lo pierdo», pensó el maestro y lo incorporó a la orquesta para actuar en radio y en el Ocean, un dancing del Bajo. Después de cada actuación lo hacía dormir en un sofá hasta el cierre, y entonces lo acompañaba hasta la parada del tranvía, como le había prometido a la madre del muchachito. Hasta que una afección de garganta lo apartó por un tiempo y fue reemplazado por Juan Carlos Jordán. Éste intervino en el primer disco de los cuatro que Kaplún grabó para el sello TK, en una cara "Audacia", de Hugo La Rocca y Celedonio Flores, y "Tierra querida", de Julio De Caro, en una de las mejores entre las múltiples versiones que tuvo este tango. Jordán poseía un rasgo muy personal: desafinaba parejo. Si de entrada erraba medio tono en un tango, mantenía ese desvío de modo constante. Esto podía suceder en cualquier momento, en el estrado de la confitería Adlon, de Florida y Tucumán, o incluso saliendo al aire por Radio Belgrano o Splendid. Entonces Kaplún se le acercaba para guiarlo, nota por nota, con su violín, apartándose del arreglo.
Kaplún se había casado en 1933 con Amelia Altman, de apenas 17 años. Durante las épocas de mucho trabajo que sobrevinieron, Berta y Lidia, las dos hijas de los Kaplún, lloraban desconsoladamente al sentirse abandonadas por el padre, casi siempre ausente. Pero cuando regresaba les traía pizza de Las Cuartetas y helados de El Vesubio, como para que todo le fuera perdonado. Tal vez incluía en ese perdón aquel mundo de la noche, en el que sucedían cosas de las que nunca hablaba, que se suponían prohibidas, indecentes, que la familia debía ignorar aunque se diese por seguro que él atravesaba incontaminado todo aquello
martes, 13 de enero de 2015
LA VOZ PROFUNDA Y PEQUEÑA DEL TANGO
Luis Cardei fue un cantor de tangos que nació en el barrio de Villa Urquiza de Buenos Aires, Argentina el 3 de julio de 1944 y falleció en la misma ciudad el 18 de junio de 2000 luego de una carrera profesional en la que se destacó por su peculiar estilo interpretativo.
Era hijo de Catalina Fontanella y Luis Eduardo Cardei, tenía una salud muy frágil pues padecía hemofilia, que le fue detectada a los 8 años, sufrió varias operaciones al punto que algunos años no pudo caminar y, finalmente quedó con una renguera. Los espacios naturales del niño –fútbol, juegos en el barrio- que su salud le vedaba los llenó escuchando mucha radio, en especial tangos: conocía todos los repertorios e imitaba a todos los cantores. Pese a esos problemas tenía un carácter animoso y, estimulado por sus amigos, se presentó en muchos concursos de tango de los barrios de Chacarita, La Paternal y Villa Urquiza en los que recibió aplausos pero nunca ganó. Tuvo distintos trabajos, desde levantar quiniela –que hizo durante más de diez años- hasta vendedor en tanto en paralelo seguía con el tango.
Con su amigo bandoneonista Antonio Pisano cantaba, con pobre retribución, en cabarets de barrio y, más adelante, en locales gastronómicos como La guitarrita y El rincón de los artistas, de Villa del Parque y, finalmente, en "La esquina de Arturito", una cantina de Parque Patricios donde lo hizo durante 13 años, hasta que en 1994 fue descubierto y dio un salto a la popularidad cuando los dueños del Foro Gandhi y El Club del Vino le propusieron cantar para otros públicos. Tenía 50 años de vida y tango.
A partir de allí, y en sólo 6 años, grabó tres discos, tuvo numeroso público que incluía a intelectuales y famosos. En el curso de un largo artículo dedicado al fenómeno que estaba encarnando el cantor en el corazón de la “bohemia de tango en Buenos Aires”, fue llamado Le boiteaux fascinant "el rengo fascinante" por la publicación francesa Le Monde. En 1997, cuando ya había grabado dos discos, el director Pino Solanas lo llamó para cantar en su película "La nube" y esa participación dio origen a un nuevo apodo: el nuevo Goyeneche.
Durante su vida Cardei debió recibir numerosas transfusiones de sangre en razón de su hemofilia; a raíz de una de ellas contrajo una hepatitis C que provocó su fallecimiento el 8 de junio de 2000. Se había casado y tenía un hijo, Alfredo, nacido en 1975.
domingo, 11 de enero de 2015
EL MOROCHO Y EL ORIENTAL

Por mediación de un amigo, conoce en 1911 a Carlos Gardel en casa de un pianista apellidado Gigena situada en la calle Guardia Vieja del barrio del Abasto.
Unido a Gardel, Francisco Martino y Saúl Salinas recorre la provincia de Buenos Aires y La Pampa en breves giras, donde les va mal monetariamente, pero les sirve para templar sus voces y sus vocaciones artísticas.
Invitado por su amigo Pancho Taurel una noche del verano de 1913 a cantar en una rueda de amigos, acude acompañado por Gardel a la confitería "Perú" y de allí a una casa de la calle Viamonte a cenar. Luego de la cena y entusiasmada la reunión con el canto a dos voces de ambos, resolvieron seguirla en el "Armenonville", donde a la postre fueron contratados para actuar en ese renombrado cabaret, lugar donde quedó formalizado el que sería más famoso de todos los dúos criollos, el de Gardel-Razzano.
Al año siguiente, 1914, debutan en el teatro "Nacional" como fin de fiesta en la compañía de Elías Alippi y Francisco Ducasse. Después otras compañías, otros teatros, giras al interior, Montevideo y también San Pablo y Río de Janeiro, en Brasil.
Con el comienzo de la impresión de discos en la Odeón Nacional en 1917, el dúo ya está firmemente encaminado, hasta que da el formidable salto a España en 1923 con la compañía teatral de Matilde Rivera y Enrique de Rosas, para actuar en los teatros "Apolo" y "Price" de Madrid.
En el año 1925 deja de cantar pero sigue al lado de su compañero como asesor varios años más, hasta que se distancian definitivamente. Reaparece grabando algunos discos por 1929 y al tiempo visita Cuba como secretario artístico de Charlo.
Respecto a sus condiciones de autor y compositor, las mismas son discutibles, pues buena cantidad de las canciones que figuran como pertenecientes al dúo, son de otros autores, compositores, poetas, payadores, etc. o del acervo popular.
De su correspondencia con su antiguo compañero mientras éste actuaba en el viejo mundo, reproducimos una carta que Carlos Gardel le enviara desde París: "Mi viejo y querido Pepe. Ayer estuve dos horas, entre copas, charlas y jarana, en «El Garrón» de la Rue Fontaine. Es un bodegón como los del Once, ni más ni menos. Pero en estos días se llena de franchutes, de americanos, hasta de japoneses, con un cargamento impresionante de plata. La fiebre del tango los lleva allí. Yo me acordaba de aquel debut del dúo Gardel-Razzano, en el viejo «Armenonville»... ¿Te acordás del julepe que tenía? Ahora aquí, convertido de repente en un señor, me doy cuenta de que, con todas las fulerías que pasamos, en el viejo «Armenonville» estábamos entre gente igual a nosotros, que sentían el tango tanto como nosotros mismos. Aquí, en cambio, el gotán es una moda pasajera y caprichosa como todas. Enteráte: para cantar tangos, hay que vestirse de gaucho.
Y bueno, para no cambiar de tema, te sigo contando. «El Garrón» de que te hablo es propiedad de Pizarro, aquel bandoneonista que me presentaste hace tiempo. Su socio no es otro que el mismísimo Tano Genaro, que cada día toca mejor el bandoneón y está teniendo un éxito fabuloso aquí en París. En suma: un montón de argentinos alrededor de una mesa hablando del lejano y querido Buenos Aires. Al rato todos lagrimeaban...
En tu carta me pedís que te cuente algo de mis actuaciones. Vos sabés que me gusta poco hablar de mí mismo, pero en fin. ...Estoy actuando en el famoso teatro «Empire». El empresario, hombre que es un verdadero lince para los negocios, me trabaja de fino. Como mi contrato con él termina dentro de pocos meses, ha empezado a mandarme regalos, a tratarme como si yo fuera el Maharajá de la India. Quiere que el contrato se estire unos meses más. Yo le dije que va muerto. Tengo que ir a Estados Unidos a filmar. A propósito, parece que la película se va a llamar «Melodía de Arrabal» o algo por el estilo. El flaco Le Pera está escribiendo el argumento, que es una maravilla. En cuanto a plata... todo lo que diga es poco. ¡Qué lejos están aquellos doscientos pesos por noche que solían pagarnos en Buenos Aires años atrás! Habrá más que suficiente para varias boleteadas en San Isidro, a manos de nuestro querido Leguisamo. Pero sobre todo, y eso lo sabés igual que yo, hermano, para que la vieja pueda darse todos los gustos, todos los lujos que le han faltado siempre. Eso es todo por ahora, pero créeme si te digo que no me olvido un momento de José Razzano, amigazo flor, a quien le envía su fraternal saludo, Carlos Gardel".
martes, 6 de enero de 2015
POR CUATRO DÍAS LOCOS
Rodolfo Aníbal Sciammarella, conocido como Rodolfo Sciamarella2 (Buenos Aires, Argentina, 8 de octubre de 1902 – 24 de junio de 1973)1 fue un pianista, compositor y autor argentino.
Entre sus obras se encuentran, entre otras, No te engañes corazón, tango que supuso su estreno como compositor en 1926, Besos brujos, Vieja recova, Che Bartolo, Dos en uno, Qué fácil es decir, Hacelo por la vieja, Llévatelo todo, Pura sangre, De igual a igual y el Himno de las Américas. También colaboró en varias películas argentinas con sus creaciones. Exiliado a México con la caída de la presidencia de Juan Domingo Perón en 1955,3 y luego a España en 1962. En este último país continuó su carrera como compositor e intérprete de piano. En la actualidad y tras su fallecimiento, su obra sigue difundiéndose y sus principales éxitos forman parte del repertorio de muchas orquestas.
Es también conocido por haber compuesto el jingle original del anuncio de Turrones El Lobo 5 "El Lobo, qué buen turrón/El Lobo, qué gran turrón/El Lobo es un manjar/Es el turrón que endulzará su paladar/El Lobo. Qué gran turrón",
Filmografía
Musicalización
Por cuatro días locos (1953)
Rebelión en los llanos (1953)
A La Habana me voy (1951)
Al compás de tu mentira (1950)
Alma de bohemio (1949)
El ídolo del tango (1949)
Avivato (1949)
Un tropezón cualquiera da en la vida (1949)
La rubia Mireya (1948)
El tango vuelve a París (1948)
Recuerdos de un ángel (1948)
Cristina (1946)
La tía de Carlos (1946)
Cinco besos (1945)
La calle Corrientes (1943)
Ven mi corazón te llama (1942)
Elvira Fernández, vendedora de tienda (1942)
El tesoro de la isla Maciel (1941)
Un bebé de París (1941)
Melodías de América (1941)
Luna de miel en Río (1940)
Isabelita (1940)
El astro del tango (1940)
De México llegó el amor (1940)
La luz de un fósforo (1940)
Los muchachos se divierten (1940)
Mandinga en la sierra (1939)
El sobretodo de Céspedes (1939)
Los pagarés de Mendieta (1939)
Kilómetro 111 (1938)
Pampa y cielo (1938)
El último encuentro (1938)
Papá Chirola (1937)
Besos brujos (1937)
Muchachos de la ciudad (1937)
¡Tango! (1933)
Compositor del tema musical
Perón, sinfonía del sentimiento (1999)
El fabricante de estrellas (1943)
En el último piso (1942)
Peluquería de señoras (1941)
Si yo fuera rica (1941)
Isabelita (1940)
El ángel de trapo (1940)
Ambición (1939)
Adiós Buenos Aires (1938)
Sol de primavera (1937)
Ayúdame a vivir (1936)
Guionista
Los muchachos de mi barrio (1970)
Por cuatro días locos (1953)
Nace un campeón (1952)
A La Habana me voy (1951)
La barra de la esquina (1950)
Piantadino (1950)
Alma de bohemio (1949)
Un tropezón cualquiera da en la vida (1949)
Banda sonora
Tango (1998) (guionista: "Quién hubiera dicho")
La dama del velo (1949) (guionista: "No Te Perdono Más")
viernes, 2 de enero de 2015
MANUEL PIZARRO
nació en Buenos Aires (barrio de Almagro, en la calle Billinghurst 877), el 23 de noviembre de 1895 y falleció en Niza, Francia, el 1 de noviembre de 1982.
De muy chico ayudó a la economía familiar trabajando como aprendiz en un taller mecánico ubicado en Sarmiento y Laprida. Con respecto a su comienzo y a la primera parte de su trayectoria en la música, él mismo nos contó:
«Una de mis hermanas, como era costumbre en la época, estudiaba piano. A mí ese instrumento no me decía nada, la mayor de mis ambiciones era llegar a medio oficial en el taller donde trabajaba. Pero ocurrió que al lado de casa, estaba la peluquería de Don Leonardo y un día, al pasar por el frente, escuché una música que me cautivó. Me asomé y comprobé que provenía de un extraño instrumento, que un señor de grandes bigotes pulsaba suavemente sobre sus rodillas. Enseguida me enteré que ese señor era el famoso Juan Maglio Pacho, que vivía cerca, en Bulnes y Lavalle. A partir de ese momento todos los días que pasaba por el local preguntaba cuando vendría Pacho.
«Luego de demostrar repetidas veces mi interés, Maglio accedió a enseñarme, yo tenía 14 años y desafiaba la firme oposición de mi padre, para quien los músicos eran vagos y mal entretenidos. Poco después con la complicidad de mi abuela obtuve mi propio bandoneón, su precio fue muy alto para la época, $ 200.
«Pacho fue para mí un gran maestro. Me encaminó y me enseñó el teclado. Me gustaba también como ejecutaba cuando tocaba solo. Me agradaba su sonido y el matiz que le daba, por momentos fuerte, suave en otros. Tocaba bien con las dos manos.
«A los pocos meses me fui independizando y ya no concurría tan seguido a verlo. Le llevaba la partitura de piano para que me marcara los acordes abriendo y cerrando. A todo esto, había comenzado a estudiar teoría musical con Carlos Hernani Macchi, gran flautista de la Guardia Vieja, que también era profesor de piano. Comencé mi carrera en un baile de patio a la vuelta de mi casa. Me pagaron diez pesos. Luego con mi hermano Domingo que tocaba la guitarra, hicimos muchos bailes de ese tipo y los fines de semana tocábamos en un café que estaba en Humahuaca y Agüero, era el O’Rondeman. El dueño era Yiyo Traverso y allí muy seguido cantaba Gardel mucho antes que le llegara la fama. A veces lo acompañé con mi bandoneón en algunas piezas criollas, pero me resultaba muy difícil seguirlo, a raíz del fraseo tan particular que ya empleaba, fue por 1910.
«Mi debut fue al lado de mi maestro Juan Maglio cuando actuaba con su cuarteto en el Café Gariboto, de San Luis y Pueyrredón. Lo acompañaban José Bonano «Pepino» (violín), Leopoldo Thompson (piano) y Macchi (flauta). Yo era su reemplazo cuando llegaba tarde. Esto fue por 1913. Maglio era muy mujeriego y si encontraba una que le gustara, desaparecía por dos o tres días. Esto sumado a que perdía en las carreras, fue su perdición. A Thompson lo reemplazó Luis Suárez Tapia. Thompson era también guitarrero y por supuesto uno de los primeros contrabajistas. Al terminar en el Gariboto, Pacho se compró un café en la calle Paraná al que llamó Café Pacho. Quien lo alimentó para ponerlo fue la propia Casa Tagini, su productora, que aportó doce mil pesos. Y Suárez Tapia fue su socio. El resultado fue desastroso, porque la gente iba a escucharlo y dos por tres desaparecía.
«Como compositor empecé en 1914 con el tango “Batacazo”. En 1915 integré un trío con Francisco Canaro y el Negro Ortiz en guitarra. Los parroquianos llamaban a Canaro «la coctelera», por la forma en que se movía al tocar y Ortiz, con el cuello de la camisa tan alto y duro, apenas podía mover la cabeza.
«Poco tiempo después, formé parte de un cuarteto que incluía a Tito Rocatagliatta, Ernesto Ponzio y al pianista Nelson Paulos (su nombre era Niels Jorge Paulos, hermano menor de Peregrino Paulos) Nelson, aunque era casi una criatura, componía con mucha facilidad cosas tan lindas como “El distinguido ciudadano” e “Inspiración”. Como era tan joven no les daba importancia, razón por la cual, eran firmadas por su hermano.» (al respecto hubo opiniones desencontradas entre los investigadores, ya que son obras atribuidas a Peregrino, pero constituyen un dato confiable por venir de quien viene).
«Era un desastre como se emborrachaban, uno más que el otro. Y yo, tranquilo en el medio. Además no había ninguna disciplina. ¿Ponzio?... era un matón. ¿Cómo violinista?... Tocaba muy poco, pero era un audaz. Tito Roccatagliata sí tenía escuela y conocimientos musicales y fue el creador de los pizzicattos. Después, volví a tocar con Tito junto a Juan Carlos Rodríguez, buen pianista y autor del tango “Queja indiana”, como segundo violín estaba Esteban Rovati. Con ellos viajamos a Huinca Renancó (La Pampa) para tocar en una escuela por el 25 de mayo. Nos acompañaba el dúo Ángel Greco-Ignacio Riverol. Fuimos contratados por tres días, pero las borracheras de Tito y sus enredos con las mucamas del hotel, hicieron que a los dos días el representante, conocido como El gaucho Casanave, nos dijera: «La orquesta está muy bien, pero terminan hoy mismo». Nos pagaron igual los tres días y nos mandaron de vuelta.
«Me tocó el servicio militar en la isla Martín García. Finalizado ese capítulo de mi vida, toqué en el Tabarín de la calle Suipacha con la orquesta de Eduardo Arolas. Formaba pareja con él, el pianista era Pascual Cardarópoli quien por entonces, hacía furor con un tango suyo, “La sonámbula”. Luego estaban Rafael Tuegols y Julio De Caro, que era un pibe, en violines. Había un violoncello, El Alemán Fritz.
«Arolas no era un gran técnico, pero tenía garra, era fuerte y ello se manifiesta en su orquesta que era más rítmica que la de Pacho. Más tarde toqué con El Rengo Ernesto Zambonini, violinista, fue en el Café La Morocha. Varias veces toqué con Vicente Greco.
«En 1918, fui a Córdoba, cumpliendo una gira, me acompañaron Humberto Canaro (piano) y los violinistas Rovati y un muchacho de mi barrio de apellido Pizella. Actuamos en un café de camareras Las Delicias, allí conocí a Ciriaco Ortiz de pantalones cortos, quien actuó después en mi orquesta.
«De regreso toqué en el Bar Maipú, ahí estuve dos años junto a cinco músicos franceses, una noche uno de ellos me demostró como tocaban el tango en Francia. A partir de entonces alenté la esperanza de viajar para hacerles conocer el genuino tango criollo. Hasta que una noche caminando por la calle Corrientes me crucé con Pirincho Canaro. Me dijo que por encargo de la empresa Lombart, se hallaba buscando músicos para ir a tocar a Francia, era 1920. Canaro me encargó formar una orquesta. Acepté y al otro día lo fui a buscar al Tano Genaro Espósito. El contrato era para actuar en el Tabarís, de Marsella, durante un año a cincuenta francos por día. Genaro aceptó y luego se lo propuse a los franceses que tocaban conmigo, sólo uno se anotó, Víctor Jachia, era de Marsella, tenía su familia allí y llevaba doce años de ausencia.
«Partimos en el paquebote Garona, el 15 de agosto de 1920. El destino quiso que en medio del viaje Jachia se enfermara y falleciera, su cuerpo fue arrojado al mar».
miércoles, 24 de diciembre de 2014
LA NAVIDAD Y EL TANGO
}
En el año 1931, el pianista Fioravanti DI Cicco compuso el tango “NAVIDAD”, que grabó el 13 de mayo Francisco Canaro y su orquesta, con el autor al piano. Éste es uno de los primeros tangos que mencionan en su título la fecha, claro que sin letra.
Varios años después, a finales de los cincuenta, la orquesta Símbolo Osmar Maderna registró con el cantor Adolfo Rivas, “BRINDIS PARA NAVIDAD”, de Julio César y Aquiles Roggero (director del conjunto).
Aprovechando la fecha, el 3 de diciembre de 1958, Juan D’arienzo grabó con su orquesta y el cantor Jorge Valdéz el vals “FELIZ NAVIDAD”, de D’arienzo, Juan Polito y Ernesto Rodríguez. El simple estuvo en la calle a mediados de ese mes, se vendió para las fiestas y luego no tuvo casi difusión.
Florindo Sassone, registró con su orquesta y la voz de Rodolfo Lemos “Feliz noche de amor” de Sassone y Lemos, a principios de los setenta.
El tema más difundido sobre la Navidad es el tango de Osvaldo Pugliese con letra de Eduardo Moreno que lleva simplemente este nombre “NAVIDAD”. Fue grabado para el disco “El Tango se llama Osvaldo Pugliese” de 1966, y lo cantó el popular Jorge Maciel.
Aquí la letra evoca a la familia, a los que no están y habla de la esperanza, colocando además una vidalita en medio del tango “llegó la Navidad al humilde rancho…” dice el protagonista, y después añora “cuánta felicidad, con el amor de mis padres, vendrán muchas navidades, pero aquella ya no vuelve más, en el pasado están las dulces horas alegres…"
LA NAVIDAD EN JULIO
En 1976. el maestro Horacio Ferrer escribió “NAVIDAD EN EL ABASTO”, situando el nacimiento de Aníbal Troilo, el 11 de julio de 1914, como el otro milagro sucedido en el abasto, y así lo cuenta:
“y en la ventana un divino
Gardel de la guarda…reza,
A la calle a la calle, bandoneoncitos, con un tango de cuna, canten bajito…
…y al fin con voz agorera
que estremece a la pared,
varón! dice la partera ,
de zurda el padre golpea la mesa
volcando el vino y el vino bautiza al niño,
vivirá muerto de sed, se morirá
de cariño, renacerá siempre
y será primero y último…Amén.
A la yeca, a la yeca, que cada uno le de un beso a la vieja, nació Pichuco!
El poema, con música de Ciro Pérez, fue grabado en el disco “Horacio Ferrer y su amigos” con acompañamiento de Ciro Pérez, Alfredo Sadi, Beto Quinteros, Tito Sadi y Remberto Narváez y recitado del propio Horacio.
NOCHEBUENA
Casi nunca aparecen letras dedicadas a la nochebuena, o sea el momento del nacimiento del niño Jesús. Curiosamente, en 1944 apareció el disco “EL VALS DE NOCHEBUENA” por Alfredo de Angelis con la voz de Carlos Dante.
Pero lejos de hablar del motivo de la noche, sus autores Néstor Rodi (glosista de la orquesta de De Angelis) y Domingo Loso, ubican al protagonista añorando a su novia perdida y justamente eso ocurre en el momento del brindis y de la alegría, de la Navidad:
“Ternura de mi corazón, en esta noche donde estás,
Retorna mi paloma azul de amor….
Ya brindan gritos de ansiedad campanas música y canción,
Las doce dan y tu no estás, y lloro en esta navidad….”
Gabriel Soria
Letras para recordar:
NAVIDAD (tango)
Letra : Eduardo Moreno / Música: Osvaldo Pugliese
Navidad, en la casa de mis padres
canción de Nochebuena
y escuchando en el patio con malvones
el cuento aquel de la abuela.
Una dulce esperanza en Año Nuevo
reinaba en nuestra casa
y en redor de la mesa tan humilde
estaba de fiesta el alma.
Cuánta felicidad,
con el amor de mis padres,
vendrán muchas Navidades,
pero aquella ya no vuelve más.
En el pasado están
las dulces horas alegres
que recordarán mis hijos
mañana cuando ellos canten en su hogar.
(recitado)
Llegó la Navidad al humilde rancho
y trajo la emoción de viejos días,
de cuando mamá buena les cantaba
y se vivían horas de alegría.
El chango eleva siempre su cabeza
buscando el tata ausente en una estrella.
Si no tuve juguetes que alegraran
los días de la infancia,
mis tristezas tuvieron las caricias
de aquellas lindas mañanas.
Cuando el diario bregar por el sustento
hirió mis tiernas manos
en el rudo trabajo mi esperanza
volcaba su dulce canto.
Feliz Navidad (Vals)
Letra: Ernesto Rodriguez / Música: Juan D’arienzo y Juan Polito
En torno a la mesa
es todo alegría,
se olvida una pena,
se olvida el rencor.
Y en la cabecera,
la abuela dichosa
estrecha amorosa
al nietecito menor.
Dos lágrimas tiemblan
en cada pupila,
refleja su rostro
feliz emoción.
Los nietos rodean
su blanca cabeza,
formando una rueda
de dicha y amor.
Brindemos, hermanos,
brindemos, amigos.
Salud para el Padre,
bendígalo, Dios.
Y para ti, Madre,
un beso profundo
de mi corazón.
Campanas de gloria
echadas al vuelo
repican y dicen
por la inmensidad.
Que hay paz en la tierra
y hay luz en el cielo
repican y dicen
Feliz Navidad!
domingo, 14 de diciembre de 2014
El GRAN
Nació en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.
Fue uno de los jóvenes músicos argentinos que instaló el tango en París, junto a Manuel Pizarro, Eduardo Bianco y Genaro Espósito. Luego hubo otros, pero los pioneros fueron ellos.
De adolescente, muy pronto lo atraparon el bandoneón y la música y, luego de los primeros conocimientos adquiridos, se perfeccionó con Alfredo Bevilacqua, de sólida formación. Pero al mismo tiempo debió trabajar y sus oficios fueron rudos, como que a los trece años ya estaba en la fragua de la Fundición Vasena. Entre sus compañeros en la empresa se hizo amigo de otro amante de la música, Roberto Firpo, seis años mayor que él. Y según relató Enrique Cadícamo, fue Deambroggio quien le presentó a su maestro para estudiar juntos.
En 1914, Firpo debutó con su orquesta y Bachicha fue su bandoneón. Previamente, en 1911 realizaron sus primeras presentaciones casi profesionales. Fueron en el Café Centenario, de la Avenida de Mayo, más conocido por Taka Taka y luego en La Castellana, en la misma avenida. Más tarde ocuparon la escena del Armenonville, del Palais de Glace y diversos cabarets. Solamente ellos dos.
Surgió un primer viaje a Montevideo en 1916 y se sumaron Tito Roccatagliata y Agesilao Ferrazzano. Para algunos estudiosos fue cuando en el Café La Giralda, de 18 de Julio y Andes, estrenó “La Cumparsita”.
Con orquesta propia, por un tiempo, Deambroggio estuvo ligado a algunas representaciones teatrales bajo la denominación de Orquesta Royal’s.
Como ejecutante poseyó un estimable dominio técnico para su época, poseía un sonido fuerte y brillante, digitación fluida y correcta realización del ligado. Estas condiciones se hicieron más notables en sus registros realizados en Europa, por su lógica evolución y experiencia y por mejores condiciones técnicas para las grabaciones.
Con Firpo acompañaron al dúo Gardel-Razzano, con el guitarrero José Ricardo, en una gira por ciudades del interior, para actuar en cines de la empresa Max Glücksmann. Fue en Punta Alta cuando Ricardo los advirtió de un bandoneonista que actuaba en el lugar y llamó su atención. Luego de escucharlo fue integrado y se formó un cuarteto, era Pedro Maffia.
Estuvieron presentes sobre el escenario, en dos representaciones teatrales convertidas en hitos por sendos tangos. Una fue Los Dientes del Perro, en el Teatro Buenos Aires de Cangallo 1053, acompañaron a Manolita Poli cuando cantó “Mi noche triste” y aunque no era un estreno, fue el detonante para su formidable e inacabado éxito. Ocurrió el 16 de abril de 1918.
La otra, fue el 12 de mayo de 1920 en el viejo Teatro Ópera de la calle Corrientes 860. Cuando en el sainete Delikatessen House, de Samuel Linnig y Alberto Weisbach, la actriz María Esther Podestá estrenó “Milonguita”. La orquesta se había agrandado con la presencia de Leopoldo Thompson (contrabajo), Juan Carlos Bazán (clarinete) y Adolfo Muzzi (segundo violín).
También cabe destacar que en la primera versión de “La cumparsita” grabada por Firpo estaban, además del director, Deambroggio, Ferrazzano, Roccatagliata y el flautista Alejandro Michetti.
Se separaron en 1921 y llegó su etapa europea. Primero, con el conjunto Los de la Raza, un grupo de actores y cantantes, donde estaba la cancionista Emilia García Alba, con el acompañamiento de un grupo musical integrado por Horacio Pettorossi, Bachicha, Mario Melfi, Bartolomé Chapella (autor del tango “Fosforerita”) y otros. Recorrieron ciudades de España durante casi un año hasta que decidieron regresar, pero varios siguieron en el viejo mundo.
Deambroggio fue llamado a París por Eduardo Bianco y también incorporó a Pettorossi y a Melfi, que habían tomado lecciones de bandoneón con su compañero, para tener una mayor posibilidad de trabajo. Bianco directamente le ofreció figurar a la cabeza junto a él, nació así la Orquesta Bianco-Bachicha. Actuaron con gran repercusión en las mejores salas parisinas y grabaron para el sello Odeon. Permanecieron juntos hasta 1928. Luego, cada uno siguió su camino. Bachicha-Ferrazzano fue la nueva formación, de efímera vida. Finalmente, armó la Orchestre Argentin Bachicha, presentándose en la capital francesa y en giras por casi toda Europa, parte de África y el Medio Oriente, algo inusual para la época. Registró grabaciones en la mayoría de los países, siempre para Odeon, pero también con otros sellos: Cristal, Riviera, Typic.
En los años 50, regresó fugazmente a nuestro país pero regresó a París donde falleció. En 1963, dejó viuda a la que fuera su cancionista, Emilia García. Hubo varios hijos y uno de ellos, Tito, que era pianista, se hizo cargo del conjunto, aunque la época ya no era la misma.
A lo largo de su carrera tuvo varios vocalistas, improvisados la mayoría de ellos. En las grabaciones han intervenido Juan Raggi, Pettorossi, Melfi, Bianco, César Alberú, él mismo y su esposa Emilia. Fue compositor de más de una treintena de temas, aunque el único de gran repercusión, según dichos de Cadícamo, fue realizado por Pettorossi que lo obligó a aceptarlo como pago por un préstamo, se trata de "Bandoneón arrabalero". Agregó Cadícamo, que Pettorossi acostumbraba cuando estaba necesitado a tomar esas actitudes.
viernes, 12 de diciembre de 2014
EL TIO DE RINGO
Antonio Bonavena fue un excelente bandoneonista, que amaba su instrumento y se dedicó también a su enseñanza.
Nació en San Constantino de Briático, Italia, en la provincia de Catania, región de Calabria. Llegó con su familia a la Argentina a la edad de 11 años y siendo adolescente comenzó a estudiar el bandoneón.
Su hermano Vicente fue el padre del famoso campeón argentino de peso pesado Oscar Bonavena (Ringo).
Comenzó su tarea profesional en 1925, en la recién inaugurada Radio Prieto, acompañando a los cantores y cancionistas del elenco de la emisora.
Al mismo tiempo integraba diversos conjuntos, hasta que formó su orquesta en 1926. Con ella actuaba en Radio Argentina y también en la emisora La Voz del Aire.
Dos años más tarde se vincula al sello Electra registrando, entre 1928 y 1929, 16 temas con un conjunto denominado Trío Regional, que interpretaba un repertorio de rancheras, foxtrots, valses y un solo tango, "Nicanora".
En 1928, registra con su orquesta cinco temas (ningún tango) acompañando al cantor solista Carlos Viván (dos temas) y a la cancionista Mary White (3 temas).
En 1930 cambia de sello grabador pasando a Columbia. En él, entre 1930 y 1932, graba con su orquesta 72 temas.
En estas grabaciones integraban su orquesta los bandoneonistas Federico Scorticati, Gabriel Clausi y Vicente Sipulla; los violinistas Octavio Scaglione, José Fiocco, Antonio Buglione y Ángel Milito; el piano de José Tinelli y el contrabajista Francisco De Lorenzo. Como estribillistas actuaban Antonio Rodríguez Lesende, Antonio Buglione y Jorge Omar. En algunas ocasiones participaron también, Joaquín Mauricio Mora y Alberto Cima, en bandoneones, los violinistas Antonio Rodio y Cayetano Puglisi y los pianistas Eduardo Scalise y Oreste Cúfaro.
Entre 1932 y 1934, fue contratado para actuar amenizando las veladas del Casino de la ciudad de Mar del Plata.
De regreso a Buenos Aires desarrolló una larga labor en los tradicionales cafés de la calle Corrientes, en los bares nocturnos y cabarets, como Chantecler o Casanova. En uno de ellos, el Petit Salón, durante el año 1938 debutó en su orquesta un nuevo y joven cantor, Roberto Rufino de sólo 16 años.
Por esos años también actuaron en su orquesta el pianista Manuel Sucher, luego el joven José Basso y los cantores Luis Mendoza y Roberto Flores (Chato).
Como compositor produjo "Pájaro ciego", junto a Lito Bayardo, y los tangos: "Arlette" (letra de Horacio Sanguinetti), "Color de cielo", "Organito del suburbio" y "Tus cartas" (todos con letra propia), "El gavilán", "Mala racha", "Pordiosera", "Seguí nomás hermano", "Sigan tomando muchachos" (con Rodolfo Scafidi) y "Virgencita de Luján".
Los valses: "Cariño que mata", "Lirio blanco", "Llanto de madre", "Martirios del alma" y "Una esperanza". Los foxtrots: "Francesita" y "Amor de oriente"; los shimmys: "Japonesita" y "Se va el tren"; las rancheras: "Metele que son pasteles", "La polca de espiante" y las milongas: "El barrio del tambor" y "Pueblera".
Con esta breve semblanza Todo Tango quiere rescatar un excelente músico, injustamente olvidado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)