" de chiquilín te miraba de afuera"
cafe de Garcia
sábado, 6 de septiembre de 2014
"EL CHOPIN DEL TANGO"
sábado, 30 de agosto de 2014
EL ROSARINO LAMAS
Juan Carlos Lamas Nombre Real(Rafael Velázquez)Cantor, ActorNace en la ciudad de Rosario (Pcia. de Santa Fe) el 13 de octubre de 1921 . Debuta en Buenos Aires en el año 1942 con la orquesta de Juan D’Arienzo en el cabaret Chantecler. (Dejando en total 11 registros). En 1946 actúa en México durante un año, luego Cuba, España, Italia y a su regreso a la Argentina en 1957 inicia sus actuaciones cinematograficas dejando el canto.Consiguió rápidamente trabajo en nuestro cine y llegó a participar en 25 películas, haciendo papeles secundarios y generalmente de hombre recio. Pero en algunas como en: Procesado 1040, su trabajo fue muy elogiado por la crítica. Fallece el 27 de Julio del 2004.
jueves, 28 de agosto de 2014
EL TANO GENARO
Espósito, Genaro Ricardo
Bandoneonista, guitarrista, pianista, compositor y director
(17 de febrero de 1886 - 24 de enero de 1944)
El Tano Genaro, cuando aún no tenía sólidos conocimientos musicales, fue maestro de dos grandes bandoneonistas: Anselmo Aieta y Ricardo Luis Brignolo.
«El Tano Genaro representa el despertar de la zurda de los fueyeros guardaviejistas, junto a El Alemán Bernstein, que tenía un notable dominio de ambas manos», nos dice Oscar Zucchi en su libro El Tango. El Bandoneón y sus Intérpretes.
Su primer conjunto, con el violín de Federico Lafemina y la guitarra de Torres, data de 1908, y lo formó para tocar en reuniones barriales.
Dos años más tarde, debutó en el café La Marina, de Suárez y Necochea em el pintoresco barrio de la Boca, integrando un trío con el violín de Agustín Bardi -(El Chino)-, y la guitarra de José Camarano, (El Tuerto).
En 1911, pasó a un café de San Telmo, reemplazando a Bardi por Enrique Muñecas. Con los mismos músicos actuó en La Buseca de Avellaneda (suburbio de Buenos Aires), para volver a La Marina en 1912, esta vez con Alcides Palavecino en violín y Harold Philips en piano.
Ese mismo año fue contratado por el sello Victor para grabar con un conjunto integrado por bandoneón, violín, guitarra y clarinete, bajo el rubro Orquesta Típica Gennaro Espósito, no se conocen el nombre de los integrantes.
Su primera grabación fue el tango "Ya vengo", de Julián Robledo. En el acople del disco, nº 63712, está el vals "Las violetas", primer registro también, de Ignacio Corsini.
Continuó su labor discográfica en los sellos Columbia Record, ERA y Atlanta. En Columbia con la participación de Tito Rcatagliatta en violín y Roberto Firpo en piano; en ERA grabó con Julio Doutry (violín), José Fuster (flauta) y José Camarano (guitarra); y en Atlanta con Pedro Vicente Festa (violín), Echeverri (flauta) y otra vez Camarano.
Cambiando siempre de ejecutantes, se presentó en el Palais de Glace con Vicente Pepe en violín, Vicente Pecci en flauta y Guillermo Saborido en guitarra. Luego, para actuar en cafés de la Boca, convocó a Ernesto Zambonini (violín) y a Juan Carlos Cobián (piano).
Después de realizar una exitosa gira por las provincias de Córdoba y Tucumán, volvió en 1918 a Buenos Aires para actuar en el Teatro Roma, con su hermano Carlitos corno segundo bandoneón, Alcides Palavecino en violín y Vicente Gorrese (Kalisay), en piano. Con ellos y con otros elementos registró para el sello Telephone sus últimas seis grabaciones en la Argentina.
En 1919, pasó a integrar la orquesta de Eduardo Arolas en la ciudad de Montevideo y fue figura de atracción en el café Zunino de esa ciudad. Estas fueron sus últimas actuaciones en Sudamérica.
El año clave en la carrera de El Tano Genaro fue 1920, porque partió rumbo a Marsella, en un barco de carga, junto al bandoneonista Manuel Pizarro y al violinista francés Víctor Jachia. El Tano y Pizarro tocaron puerto francés el 6 de agosto de ese año, pero solos, ya que Jachia murió en la travesía.
Tras una corta actuación en Marsella, viajaron a París, en 1921, donde la orquesta Genaro-Pizarro fue contratada para actuar en los dancings Fontaine y Pavillon Dauphine y estaba integrada por los músicos Güerino Filipotto y Celestino Ferrer, los demás eran franceses. El conjunto se disolvió cuando Pizarro regresó por una temporada a Buenos Aires en 1922.
Genaro Espósito siguió actuando en Europa con mucho éxito hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, con su Orchestre Argentine Genaro Espósito, presentándose en locales de fama internacional como El Garrón, Le parroquete y en el foyer del Casino de París.
También en grabó discos en Francia, para los sellos Columbia (entre 1924 y 1927), Fotosonor (1931), Decca (1935), M.A.X.S.A. y Gramophone (1931).
Su obra autoral es extensa. Entre sus tangos más representativos se encuentran: "La percanta", "Receta médica", "Bijou", "La montura", "Eulogia (Los de la banda)", "Manuel Lema", "Juan José", "Mon petit Claude", "El crack Larrea", "Pare la música", "El goruta", "Don Machado", "La Cubanita", "El manantial", "Conflicto", "La pelada" y "Mi negra". Los valses: "Pienso en ti sin cesar", "Amor desesperado", "La flor del pago", entre otros y la polca "La cantinera".
Falleció en París, en pleno conflicto bélico. «Fue, sin duda alguna», nos dice Zucchi, «uno de los más grandes propulsores del tango en Europa... a quien se debe, en buena medida, el auge que nuestro tango alcanzara en el viejo continente
sábado, 23 de agosto de 2014
UN TANGO BIEN HELADO
El 22 de agosto de 1918 la nieve se plantó en Buenos Aires.
Ese día habían acudido al hipódromo de La Plata el pianista Agustín Bardi, "El Chino", y sus amigos Francisco Castello y Pedro Fiorito. Luego de la carrera, el trío se demoró cenando en una parrilla y emprendió el viaje de regreso en el mismo Ford a bigote en que habían ido, propiedad del último de los nombrados.//1273//
Quiso la suerte, o la mala suerte para hablar con mayor propiedad, que el vehículo se les descompusiera a la altura del Parque Pereyra Iraola. Hallar por aquellos parajes un taller mecánico era cosa imposible. Como si fuera poco, en ese mismo momento o quizás un poco antes, ¡la inesperada nevada!
Ver caer la nieve sobre Buenos Aires es algo así como haber sido testigo del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. De modo que aquellos viajeros deberían estar entre deslumbrados por el inusitado espectáculo y, a la vez, molestos por el frío y el automóvil que no mostraba la mínima voluntad por volver a arrancar.
Bardi pudo haber experimentado cualquiera de las dos sensaciones o acaso ninguna, ya que estaba completamente abstraído, tarareando las notas de un tango que se le acababa de ocurrir. La inspiración suele llegar cuando se le antoja y, a veces, no en el momento más propicio para crear una obra de arte. Pero así son las cosas.
La segunda parte de la historia ocurrió ya superado -no sabemos cómo, pero de alguna manera-, el inconveniente. Bardi se encuentra, poco tiempo después, con su amigo y colega Eduardo Arolas, en el café T.V.O. del barrio de Barracas. Allí le narró al "Tigre del Bandoneón" lo ocurrido durante la nevada camino a la Capital, sin excluir el detalle del nuevo tango que se le había ocurrido y que aún no le había encontrado título. Ni lerdo ni perezoso, Arolas lo halló y resultó sumamente apropiado: «Ponele "¡Qué noche!", Chino.»
EL CANTOR SIN NOMBRE
Armando Laborde
Nombre real José Atilio Dattoli
Nacimiento 27 de abril de 1922
Origen Palermo, Buenos Aires
Muerte 12 de diciembre de 1996 (74 años)
Todo esto transcurría pocos días antes del viaje que D'Arienzo tenía proyectado al Uruguay para la temporada en el lujoso Hotel Carrasco de Montevideo. Respecto a esta gira Laborde, comentó: «Allí empezaron las notas periodísticas, todos querían saber quién era el nuevo cantor de D'Arienzo. Entre tantas preguntas, una metida de pata, fue cuando me preguntaron qué orquesta me gustaba y yo respondí "la de Aníbal Troilo". A la noche D'Arienzo casi me mata y me gritó "a usted la única orquesta que le gusta es D'Arienzo".»
Otra anécdota interesante fue la de su nombre artístico: «Fui por varios días "el cantor sin nombre". A veces me ponía uno y al día siguiente lo cambiaba. Pero a raíz de mis grabaciones en Buenos Aires, el sello discográfico exigía un nombre definitivo para la etiqueta del disco, entonces ocurrió lo increíble. Una noche que regresábamos en el ómnibus, desde el Hotel Carrasco al centro de Montevideo, a D'Arienzo se le ocurre preguntarle al conductor cómo se llamaba:
"¿Yo señor D'Arienzo?"
"¡Sí, usted!". Con ese vozarrón tan ronco, tan suyo.
"Yo me llamo Armando Laborde."
"Ya está, ese es tu nombre."
«Y así nació mi nombre artístico.»
Volviendo a su discografía junto a D'Arienzo con quien grabó 145 temas quiero destacar "Con alma de tango", de D'Arienzo y Carlos Waiss, "Desde aquella noche", de Fulvio Salamanca y Carlos Bahr, y "Una y mil noches", de Alberto San Miguel, Oreste Cufaro y Carlos Bahr. Todos de la primera etapa con el maestro.
Luego continúa con Héctor Varela con quien graba 24 temas, de los cuales sobresale "Noches de cabaret", de Alberto San Miguel y Antonio Fiasche.
En 1952, vuelve a la orquesta de D'Arienzo con un éxito entre otros: "El vino triste", de D'Arienzo y Manuel Romero.
En 1957, forma un rubro con el cantor Alberto Echagüe secundados por la orquesta dirigida por Alberto Di Paulo, grabando cuatro temas, y en 1959 regresa con Héctor Varela.
En 1964, retorna por segunda vez a la orquesta de D'Arienzo, en la que permanece hasta 1974, grabando uno de sus máximos éxitos, "Yuyo brujo", de Héctor Vrela, Benjamín García y Carlos Waiss.
Sin duda, Armando Laborde fue un cantor admirado por los degustadores del mejor tango, su éxito se emparentó con el de D'Arienzo, pero paradójicamente, sus dotes artísticas no fueron aprovechadas en la medida de sus merecimientos.
viernes, 15 de agosto de 2014
EL CHATO FLORES
Cantor y compositor, Roberto Flores fue un descubrimiento de Enrique Rodríguez, quien puso todo su armado musical para darle marco apropiado a los versos de Cadícamo. Incluso un fondo de coro contrarrestaba las veleidades de quien se jactaba de sobrarle mujeres. Así dice la segunda estrofa: Me gustan todas. / (coro) Le gustan todas./ Que voy a hacerle si soy picaflor.../ Rubias... Morenas.../ (coro) Tiene centenas.../ Tengo un surtido de todo color.../ Tengo mil novias. / (coro) Tiene mil novias./ De los amores yo soy el campeón./ Muchas novias hermosas yo tengo./ (coro) Él las tiene en la imaginación...
El Chato Flores debutó en el espectáculo en 1923 como actor, en el Teatro Smart, cuya primera actriz era Antonia Volpe, quien personificara a Doña Asociación en el legendario programa de Radio Belgrano: Gran Pensión el Campeonato, los domingos al mediodía. Su enorme audiencia palpitaba la jornada de fútbol de la AFA que iba íntegramente a la tarde. ¡Tiempos lindos aquellos! Entre actuaciones y canto, Flores fue creciendo, hasta que en 1937 lo convocó el bandoneonista y director Enrique Rodríguez. Debutó en los carnavales de River Plate. La orquesta, además de tango, incluía en su repertorio otros ritmos muy en boga, que El Chato interpretaba con contagiosa solvencia.
Debutaron en el disco para el sello Odeón con: Anita Lizana (fox) e Ilusión (vals), de importante acogida local y récord de ventas en Chile. Luego registraron: La calesita se destrozó (fox), Ritmo de juventud, Clavelito en flor y los tangos Son cosas del bandoneón y Mi muñequita. Estos cuatro últimos temas pertenecen al maestro, con letristas de lujo como Ivo Pelay, Cadícamo y Alfredo Bigeschi.
EL GRAN GOLPE. El año 1939 fue consagratorio, porque además de Tengo mil novias (también grabado por Canaro y Lomuto), El Chato impuso el vals Salud, dinero y amor…. otra producción de Enrique Rodríguez de similar estilo (letra y música de Sciammarella), que pegó fuerte en el gusto popular. Flores dejó registrados en el disco 35 temas, sobre 36 que grabó Rodríguez en ese período. Esto demuestra la trascendencia del cantor, a tal punto que despertó el interés de la RCA Víctor. En 1940 ingresó como estrella en ese sello.
OTRO RUMBO. El Chato Flores debutó en su nueva condición de solista en Radio Belgrano. Para Víctor grabó cuatro títulos, destacándose el fox Sonia y el tango Nunca es tarde (de C. Flores y E. Pereyra). Luego partió a una extensa gira por el interior del país, más Uruguay y Chile. Al regresar compartió la cartelera en Radio Argentina con importantes cantores: Oscar Alonso, Héctor Palacios y dos consagradas voces femeninas: Azucena Maizani y Dorita Davis.
Entre los numerosos tangos que cantó (y grabó) Flores figuran: Quiero verte una vez más (J. M. Contursi), Un copetín (Maglio Pacho), Mi verdad (A. Mármol y E. Rodríguez), Déjame ser así (Rodríguez y Gorrindo), Vendrás alguna vez (Malerba y Amadori). En 1942 participó en la película La gran pensión de la alegría y, al año siguiente, grabó su último disco en la Víctor con dos tangos de su autoría: Porque te supe querer y Tristeza marina.
Hasta fines de la década del ‘40 mantuvo su popularidad, con actuaciones en emisoras y en cafés de onda como Marzotto y El Nacional. En los años ’50 realizó una gira por el país. Recorrió las provincias cuyanas junto a su amigo y gran cantor, Francisco Fiorentino. La última actuación la realizaron el 10 de septiembre de 1955 en el pueblito mendocino, Tres Árboles. En el regreso hacia la ciudad de Mendoza, equivocaron de ruta y terminó en tragedia. En un camino de tierra y en medio de la noche, el vehículo volcó en una acequia; Fiore fue despedido y cayó desvanecido con la cara hacia abajo, en un charco de agua y pereció ahogado. Esta desgracia afectó mucho al Chato.
ÚLTIMA ETAPA. Recuperado de ese golpe anímico y motivado por otro entrañable amigo, el cantor Antonio Maida, actuó en Radio Belgrano en el programa Los Ases. En 1958 hizo un ciclo acompañado por la orquesta estable de LR3, dirigida por Leopoldo Federico. Sus últimas actuaciones fueron en Radio del Pueblo, con el sexteto dirigido por el pianista Miguel Nijensohn, quien también lo secundó en la grabación de un LP para el sello Magenta. Ya con 60 años, El Chato decidió colgar los botines y se fue a Colombia, radicándose en Medellín. Allí se casó y alternaba en locales nocturnos. Así transcurrió la extensa trayectoria de este muy popular cantor argentino. De nombre verdadero Domingo Patti, el Chato Flores nació en el porteño barrio de San Cristóbal el 29 de julio de 1907 y falleció en Colombia el 9 de noviembre de 1981. Tenía 74 años.
jueves, 14 de agosto de 2014
EL PULPO DEL PIANO
Orlando Goñi
Debuta como profesional a los 13 años en la orquesta de Alfredo Calabró y de inmediato, junto a su amigo de la infancia Alfredo Gobbi, forma un sexteto para actuar en algunos locales. Actuó luego con Miguel Caló, con Manuel Buzón y con Anselmo Aieta en el café Nacional.
En la orquesta de Buzón conoce a Aníbal Troilo, con quien se reencuentra, en 1936, en la orquesta de Juan Carlos Cobián. En 1937 Troilo decide formar su agrupación y convoca a su amigo Goñi para ser el pianista de la orquesta.
En Troilo encuentra un alma gemela musicalmente, porque rondó por muchas orquestas, pero aquí permanece hasta septiembre de 1943. Tiempo suficiente para lograr el reconocimiento que durará décadas.
Forma luego su propia orquesta completada por los bandoneones de Antonio Ríos, Roberto Di Filippo, Eduardo Rovira y Luis Bonnat; en violines: Rolando Curcel, José Amatriain, Antonio Blanco y Emilio González; Domingo Donaruma, en contrabajo. Pasaron como vocalistas: Francisco Fiorentino, Antonio Rodríguez Lesende, Osvaldo Cabrera y Raúl Aldao. Con esta formación actuó en radio Belgrano y en algunos locales nocturnos.
Aunque no grabó comercialmente, se pudieron rescatar dos discos de acetato con cuatro temas registrados: "Y siempre igual" (canta Raúl Aldao), "Mi regalo" (canta Osvaldo Cabrera) y los instrumentales "Chiqué" y "El taura".
Su bohemia lo llevó a "quemar" su vida prematuramente. Sintiéndose irremediablemente enfermo marchó a casa de un amigo músico en el Uruguay donde falleció.
domingo, 10 de agosto de 2014
"PICHUCO" Y "EL GATO"
Una noche desertó por algún problema el bandoneonista Toto Rodríguez, y Astor, que estaba ya entre el público, se ofreció a reemplazarlo, asegurando que se conocía de memoria todo el repertorio de la orquesta. Tras la prueba inicial, el pibe se quedó en la orquesta de Troilo durante cinco años.
Además de tocar el fueye, Piazzolla –bautizado “Gato” por Pichuco a raíz de su temperamento inquieto- llegó a ser arreglador de la formación troileana, aunque esto siempre generaba algunas trabas del director: “Estos arreglos pibe, hay que suavizarlos. Los firuletes no van. La gilada quiere bailar. Si nos quedamos sin la milonga vamos muertos”.
En 1944, Piazzolla se fue de la orquesta del Gordo en busca de nuevos horizontes y del camino que había resuelto andar. Esta distancia no creó resquemores ni resentimientos. El respeto y el cariño mutuo se prolongaron en el tiempo.
Pichuco grabaría unos cuantos temas del amigo (“Prepárense”, “Verano Porteño”, “Triunfal” y “Lo que vendrá”, entre otros) y “El Gato” haría lo propio con “Quejas de bandoneón” y otros títulos del gordo.
Volvieron a tocar juntos alguna vez. Y en el disco uno puede regodearse escuchando aquel encuentro a dúo de finales de los sesenta, en el que dejaron registrados “Volver” (Gardel-Le Pera) y “El motivo” (Cobián-Contursi)
Tras la muerte de Pichuco, en 1975, Piazzolla compuso su inolvidable «Suite Troileana» que se grabó ese mismo año. Tenía cuatro movimientos: ‘Bandoneón’, ‘Zita’ (su mujer), ‘Whisky’ y ‘Escolazo’, las pasiones de Pichuco. (tal vez le faltó River Plate). Después haría con Horacio Ferrer “El gordo triste”.
Zita Troilo hizo realidad el mandamiento de su esposo regalándole a Astor uno de los queridos fueyes del autor de “Sur”.
domingo, 18 de mayo de 2014
MARIA "LA VASCA"

En la calle Europa, hoy Carlos Calvo, 2721, la casa de baile conocida como de María "La Vasca", fue como un faro tanguero que alumbraba las noches diqueras del viejo San Cristóbal. Aún perdura su fama, hecha leyenda en la eufonía de ese nombre que evoca un Buenos Aires lejano, un Buenos Aires que aunque parezca de museo, nos ha legado componentes emocionales incorporados a la idiosincrasia del porteño.
En esa casita, que aún se conserva con sus altas ventanas a la calle y tiene el encanto de una cancela de hierro forjado entre el zaguán y el soledado patio con jardín de macetas, se escribió noche a noche un capítulo imprescindible de la vida del tango. Por ella pasaron Manuel Campoamor (1), Ernesto Poncio y Vicente Greco. Y allí, una noche de 1897, el moreno Rosendo Mendizábal -en los treinta años de su vida- muy solicitado "por su manera inimitable de tocar milongas en el piano, manejando una mano izquierda generosa de bordoneos" (2), creó esa página clásica y feliz, llamada "El Entrerriano".
Según el testimonio de un habitué -recogido por los hermanos Bates en su obra tantas veces citada- en lo de María "La Vasca" podía bailarse -¡el tango, por supuesto!- "todas y toda la noche, a tres pesos la hora por persona". Concurrían "estudiantes, cuidadores y jockeys y, en general, gente de bien". El testigo de aquellas farras a que aludimos agregó este recuerdo interesante: "El pianista oficial era Rosendo y allí fue donde por primera vez se tocó 'El Entrerriano'. Era una noche en que varios socios del Z Club (3) habían tomado la sala por varias horas de baile; recuerdo que siendo más o menos las 2 a.m. golpearon la puerta, atendió María "La Vasca" y regresó diciendo que eran los jockeys Pablo Aguilera, el famoso corredor de Pillito, Rafael Bastiani y otros más cuyos nombres no recuerdo, y nos pedían que le permitiésemos participar del baile. Gustosos aceptamos y así se bailó hasta las 6 a.m. Al retirarnos lo saludé a Rosendo, de quien era amigo, y lo felicité por su tango inédito y sin nombre y me dijo: 'Se lo voy a dedicar a usted, póngale nombre'. Le agradecí pero no acepté, y debo decir la verdad, no lo acepté porque eso me iba a costar, por lo menos, cien pesos al tener que retribuir la atención. Pero le sugerí la idea de que se lo dedicase a Segovia, un muchacho que paseaba con nosotros, amigo también de Rosendo y admirador; así fue: Segovia aceptó el ofrecimiento de Rosendo y se le puso 'El Entrerriano' porque Segovia era oriundo de Entre Ríos".
Las líneas anteriores reiteran la tradición milonguera de la parroquia. Hablar hoy de María "La Vasca" es remitirse a uno de los altares bautismales del tango, erigido en lo que por entonces era el suburbio sureño de Buenos Aires. Y así como fue cambiando la ciudad, muchos lugares antes famosos se fueron olvidando. Quienes pasan hoy frente a Carlos Calvo 2721, desaprensivamente como ante cualquier casita de barrio pobre, ignoran que hace mucho tiempo tenía allí su imperio indiscutido María Rangolla, mujer de belleza excepcional, nacida en la vasconia francesa.
Merced al gentilísimo testimonio de la señorita Agustina Laperne y de su hermana Margarita, podemos dar hoy, por primera vez, el nombre completo de aquella que fue como una emperatriz del tango en San Cristóbal. Las hermanas Laperne son descendientes directas de María Rangolla, pues su señora madre, Francisca Cassio de Laperne, era sobrina carnal de la célebre propietaria de aquella inolvidable casa de baile de Carlos Calvo casi esquina Jujuy, donde las bailarinas más diqueras, sumaban su embrujo al de los tangos de los grandes músicos de entonces. Gracias a aquéllas todos los gustadores del tango y de su historia conocemos ahora el nombre y el rostro de aquella hermosa mujer, que así como fue de magnífica en su porte, también se distinguió por su carácter bondadoso y por su generosidad.
María Rangolla,"La Vasca", nada material dejó a su muerte porque ese fue su modo de vivir. No pretendemos glorificar personajes. Sólo agregar que ella llevó tras suyo la estela de un nombre identificado con una época de Buenos Aires y del tango. Sus cenizas se conservan en la Chacarita, junto a los restos de los padres de Agustina y Margarita Laperne, pero su fama se mantiene como una leyenda en el corazón de los tangueros de ley.
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miércoles, 7 de mayo de 2014
UN TENOR BIEN TANGUERO
Raffaele Attilio Amadeo Schipa, mas conocido como Tito Schipa, fué un tenor italiano, nacido en Lecce (Italia) el 2 de Enero de 1889, poseia un talento precoz para el canto, fue apodado con el nombre de "Titus" por su delgadez fisica y estatura pequeña. Este cantante lírico paseo su voz por diferentes lugares de la Republica Argentina como ser el "Teatro Colón", "Teatro Politeama", "Teatro Coliseo", ademas de las emisoras radiales LR3 Radio Gral Belgrano, LR1 Radio El Mundo y LR5 Radio Excelsior, etc.
El primer vieje que realiza a la Argentina, en 1913, canta las Operas "La Sonámbula", "Mignon" y "La Traviata" en el Teatro Colón, además se dedicó a componer tangos, este es el caso de "El Coquetón", "El Gaucho" (Registrado en New York en 1928), "Ojos Lindos y Mentirosos" (1921), "El Pampero" (1937) y "Surriento" (1953). En 1930, 1931 y 1934 Schipa deja registrado en los surcos de los negros redondos 6 tangos más: "Confesión", "Donde Estás Corazón", "Tinieblas", "La Cumparsita", "Vida Mía" y "Dimelo Al Oido", estas grabaciones las realizó con el acompañamiento de las Típicas de Osvaldo Fresedo, Típica Victor y Francisco "Pancho" Lomuto y registradas para el Sello del perrito"RCA Victor".
El 13 de Marzo de 1954 actúa en el primer Festival Internacional de Cinematografía que se realizó al aire libre en la Rambla de la ciudad de Mar del Plata, Schipa fué un amante de nuestro país y especialmente de nuestra música: "El Tango" (además de cantarlos, los compuso como citamos más arriba).
Tito Schipa falléce el 16 de Diciembre de 1965 a la edad de 78 años, en la ciudad de New York (USA), a consecuencia de diabetes. Dejó su amor por la música lírica y por nuestra música criolla.
jueves, 1 de mayo de 2014
EL PIBE DE LA PATERNAL
martes, 22 de abril de 2014
LA MOROCHA DE BUENOS AIRES
Laura Ana Merello (Buenos Aires, 11 de octubre de 1904 – Buenos Aires, 24 de diciembre de 2002), mejor conocida en el mundo artístico por su seudónimo Tita Merello, fue una actriz y cantante argentina de tango y milonga.
Nacida en un sitio precario, sus inicios profesionales sucedieron en el teatro. Su primer papel en cine fue en ¡Tango! —el primer filme sonoro argentino—, junto a Libertad Lamarque. Luego de realizar una serie de películas a lo largo de la década de 1930, se consagró como actriz dramática en La fuga (1937), dirigida por Luis Saslavsky. A mediados de los años 1940, se radicó en México, donde filmó Cinco rostros de mujer, por la cual obtuvo el premio Ariel, el más relevante a nivel local; al regresar, protagonizó Don Juan Tenorio y Filomena Marturano, que posteriormente fue llevada al teatro. Su período de mayor popularidad sucedió en la década siguiente, cuando encabezó filmes como Los isleros, considerada su mejor interpretación, Guacho y Mercado de Abasto. Otros de sus trabajos más recordados son los de Arrabalera, Para vestir santos y El amor nunca muere.5
Fue una de las cantantes surgidas en la década de 1920 que, junto con Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Ada Falcón, Mercedes Simone y Rosita Quiroga, crearon la modalidad vocal femenina en el tango.6 Principalmente, fue recordada por los temas musicales «Se dice de mí» y «La milonga y yo».7 Si bien nunca se casó ni tuvo hijos, mantuvo una apasionada relación sentimental con el actor Luis Sandrini, de quien se separó en 1948.
A partir de los años de 1960, la mayoría de sus trabajos estarían dirigidos por Enrique Carreras. Fue una asidua partícipe del ciclo Sábados Circulares; mientras tanto, continuó haciendo cine, con películas como Amorina. Su papel en 1974 como la Madre María, dirigida por Lucas Demare, fue muy elogiado al igual que su colaboración con Alejandro Doria en Los miedos (1980). Se retiró del cine en 1985, pero continuó actuando en teatro, TV y radio; incluso, fue distinguida como «Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires» en 1990.8 9 Sin embargo, sus cuadros depresivos, agravados por su avanzada edad, la alejaron casi totalmente del espectáculo aunque continuaba, mediante vía telefónica, con sus charlas radiales y televisivas. Falleció a los 98 años en la Nochebuena de 2002, en la Fundación Favaloro.10 Al momento de su muerte, contaba con más de treinta películas filmadas, veinte obras teatrales estrenadas, nueve actuaciones televisivas, tres ciclos radiales y varias participaciones en espectáculos de revista.
Nacida en un sitio precario, sus inicios profesionales sucedieron en el teatro. Su primer papel en cine fue en ¡Tango! —el primer filme sonoro argentino—, junto a Libertad Lamarque. Luego de realizar una serie de películas a lo largo de la década de 1930, se consagró como actriz dramática en La fuga (1937), dirigida por Luis Saslavsky. A mediados de los años 1940, se radicó en México, donde filmó Cinco rostros de mujer, por la cual obtuvo el premio Ariel, el más relevante a nivel local; al regresar, protagonizó Don Juan Tenorio y Filomena Marturano, que posteriormente fue llevada al teatro. Su período de mayor popularidad sucedió en la década siguiente, cuando encabezó filmes como Los isleros, considerada su mejor interpretación, Guacho y Mercado de Abasto. Otros de sus trabajos más recordados son los de Arrabalera, Para vestir santos y El amor nunca muere.5
Fue una de las cantantes surgidas en la década de 1920 que, junto con Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Ada Falcón, Mercedes Simone y Rosita Quiroga, crearon la modalidad vocal femenina en el tango.6 Principalmente, fue recordada por los temas musicales «Se dice de mí» y «La milonga y yo».7 Si bien nunca se casó ni tuvo hijos, mantuvo una apasionada relación sentimental con el actor Luis Sandrini, de quien se separó en 1948.
A partir de los años de 1960, la mayoría de sus trabajos estarían dirigidos por Enrique Carreras. Fue una asidua partícipe del ciclo Sábados Circulares; mientras tanto, continuó haciendo cine, con películas como Amorina. Su papel en 1974 como la Madre María, dirigida por Lucas Demare, fue muy elogiado al igual que su colaboración con Alejandro Doria en Los miedos (1980). Se retiró del cine en 1985, pero continuó actuando en teatro, TV y radio; incluso, fue distinguida como «Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires» en 1990.8 9 Sin embargo, sus cuadros depresivos, agravados por su avanzada edad, la alejaron casi totalmente del espectáculo aunque continuaba, mediante vía telefónica, con sus charlas radiales y televisivas. Falleció a los 98 años en la Nochebuena de 2002, en la Fundación Favaloro.10 Al momento de su muerte, contaba con más de treinta películas filmadas, veinte obras teatrales estrenadas, nueve actuaciones televisivas, tres ciclos radiales y varias participaciones en espectáculos de revista.
sábado, 19 de abril de 2014
EL MAESTRO CALDARA
Jorge Caldara
Bandoneonista, director y compositor
(17 de septiembre de 1924 - 24 de agosto de 1967)
Fue sin duda un ejecutante sensitivo y un compositor de nota saliente. Refiriéndose a él Julián Centeya nos dejó el siguiente concepto: «Su bandoneón dominado en el paréntesis de sus manos, deja de ser una "cosa" para adquirir toda la propiedad comunicadora de carne y espíritu».
Nació en la esquina de Anchorena y Córdoba, en la porteñísma zona del Abasto. Cuando el pibe cumplió 4 años, sus padres -Mario y María- se mudaron al barrio de La Paternal, instalándose en una casa ubicada en la calle Paramaribo 2219 (hoy Fragata Presidente Sarmiento), junto a sus hermanos Alberto y Nélida.
Desde muy pequeño se sintió atraído por la música, siendo el piano su instrumento preferido. Pero su padre -tanguero rabioso- lo convenció que se dedicara al bandoneón y lo llevó a un profesor del barrio.
La crisis de los años '30 lo obligó a abandonar sus estudios musicales para contribuir al mantenimiento del hogar. Para ello se empleó en una fábrica de cartón y luego en una de balancines.
Con las nociones musicales que había adquirido se largó a trabajar como profesional, con sólo 14 años, en la orquesta del "Cieguito Tarantini", que se presentaba en las tardes en el Café El Nacional, de la calle Corrientes. Esas actuaciones no fueron del todo felices porque Jorge no tenía la experiencia necesaria en el manejo del instrumento. Enseguida se dio cuenta de sus limitaciones y buscó el perfeccionamiento con dos grandes músicos: Minotto Di Cicco y Carlos Marcucci. Más tarde, también recurrió a Félix Lípesker.
Ya con varias horas de estudios encima, Jorge se abocó a la tarea de formar una orquesta típica barrial. No tenía siquiera 15 años pero tenía muchas ambiciones de triunfar. Aquella agrupación que se llamó "Orquesta Juvenil Buenos Aires", estaba integrada por compañeros de estudios y tenía como cantor a Juan Dionisio Tobares, que más tarde triunfaría con el nombre artístico de Rodolfo Galé. Con esta formación llegó al centro para presentarse los martes, como cambio de la orquesta de Aníbal Troilo, en el famoso Café Germinal de Corrientes al 900.
En busca de nuevos horizontes los músicos de la orquesta se fueron alejando y Jorge no tuvo más remedio que tratar de ubicarse en otro conjunto. Entonces, fue contratado por Francisco Lauro para integrar su Orquesta Típica Los Mendocinos, así bautizada porque actuaba en el restaurante "Un rincón de Mendoza". Por ese conjunto pasaron, además de Caldara, intérpretes que luego fueron importantes directores, como Bernardo Blas, Juan Sánchez Gorio, Astor Piazzolla y Alfredo De Angelis.
En 1939, pasó a integrar la fila de bandoneones de la orquesta que dirigía el violinista Alberto Pugliese, hermano mayor de Osvaldo. Ese año Alberto se presentaba en los grandes bailes que se realizaban durante el verano en el predio de la Sociedad Rural de Palermo y también por Radio Del Pueblo. Por esa orquesta pasaron las voces de Roberto Beltrán "Leoncito" y Héctor Pacheco. Durante mucho tiempo fue la atracción del cabaret "Cote D'Azur", ubicado en la calle 25 de Mayo entre Corrientes y Lavalle.
En 1944, al llegar a los 20 años, Caldara tuvo que dejar la orquesta para cumplir con el servicio militar en el Regimiento de Patricios de Palermo. Pasado un tiempo, consiguió autorización para seguir trabajando. Fue así que pasó a formar parte de la orquesta del bandoneonista Emilio Orlando, que se presentaba por Radio El Mundo, con el cantor José Berón. Las actuaciones de Jorge junto a Orlando fueron perfeccionando su técnica y lo convirtieron en un "fueye cadenero", a pesar de ser el segundo bandoneón de la orquesta.
El gran salto lo dio al poco tiempo, cuando ingresó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, a raíz de un cambio general en su fila de bandoneones. Se habían ido Alessio, Quiroga y Roscini y entraron en sus lugares: Caldara, Gilardi y Castagnaro. El propio Pugliese confiesa que luego de probar distintos instrumentistas lo eligió a Jorge, porque era justo lo que necesitaba, un elemento de vigorosa personalidad y capaz de arrastrar, dentro del estilo de la agrupación, al resto de los fueyes.
Actúo con el maestro durante más de 10 años y en ese periodo tocó en Radio El Mundo, grabó varias obras de éxito, animó bailes y realizó giras. La hinchada del conjunto lo distinguió mucho y supo valorar la jerarquía que ofrecía aquella dupla fuera de serie que formaron con su colega Osvaldo Ruggiero. En esta etapa demostró también, sus grandes condiciones de compositor, que Pugliese supo aprovechar, estrenándole y grabándole sus tangos "Patético" (1948), "Pastoral" (1950), "Pasional" (1951) y "Por pecadora" (1952).
Caldara sentía gran cariño y admiración por Pugliese, a quien homenajeó con su tango "Puglieseando" y su versión tan particular de "La yumba". Sin embargo, al final de 1954 se desvinculó de la orquesta, inducido por su familia que estaba angustiada por las consecuencias derivadas de la filiación política del maestro.
Todavía en la orquesta de don Osvaldo, ocurrió algo imprevisto. Jorge conoce en una reunión social a la cancionista japonesa Ranko Fujisawa, de visita en Argentina. Esta, después de escucharlo interpretar el bandoneón, lo invita a Japón para que allá formara su propia orquesta. Ranko era, además, la mujer de Shampei Hayakawa, el director de la Orquesta Típica Tokio. Jorge se sintió muy halagado por esa invitación, pero prefirió quedarse y seguir actuando junto al maestro Pugliese.
Pero tiempo después, Ranko regresó a nuestro país y volvió a formularle a Caldara la misma invitación. Esta vez, Jorge estaba en libertad de acción y no lo pensó mucho, partió a Japón con toda su familia.
Recordemos que ya se había producido la exitosa gira de Juan Canaro que abrió las puertas al tango argentino en Japón. Y por ello, el público lo recibió con beneplácito. El bandoneonista no viajó con una orquesta, sino que la orquesta la formó allá con los elementos locales, tras una rigurosa selección. Cuando la agrupación estuvo perfectamente afiatada, Jorge comenzó sus presentaciones. El debut se produjo por Radio Tokio, pasando luego a las emisoras Nipon, Binca y N.H.K. En televisión actuó por el canal J.O.R.K. y en el teatro lo hizo en el Kokusai, en el Nibiahai, donde realizó conciertos de tango a sala llena. Lo mismo que Juan Canaro, Caldara fue contratado por Odeón para registrar algunas grabaciones con su orquesta de músicos japoneses. Llevó al disco dos tangos orquestales: "Lorenzo", de Agustín Bardi y "Jueves", de Udelino Toranzo y Rafael Rossi.
De regreso en Buenos Aires, después de un laborioso año en Japón, formó su propio conjunto con las voces de Raúl Ledesma y Carlos Montalvo.
Durante 1955 y 1960, alternaron por su formación: Rodolfo Mansilla en piano; Norberto Samonta, bajo; Alberto Caracciolo, Alfredo Marcucci, Armando Rodríguez, Jacinto Nieves, Elbio Garbuglia, Carlos Niesi, Daniel Lomuto, Ricardo Varela, en bandoneones; Cesar Rilla, Juan Potenza, Norberto Bernasconi, Roberto Gallardo, Armando Cabrera, Alfio Messina, Eduardo Walzak, Fernando Suárez Paz, en violines.
El debut se produjo en Radio Splendid. En esa oportunidad, abrió la audición con el tango "El irresistible". Volvió al sello Odeon y registró un par de grabaciones con las voces de Ledesma y Montalvo. Al año siguiente, fue requerido por Radio El Mundo, en cuya cartelera figuraban las mejores orquestas típicas del momento.
A fines de 1957 se retiró Raúl Ledesma, lo remplazó Horacio Dugan y después a este, Miguel Martino.
En 1960, sin abandonar la dirección de su orquesta integró el cuarteto "Estrellas de Buenos Aires", junto al violín de Hugo Baralis, el piano de Armando Cupo y el contrabajo de Quicho Díaz. Este pequeño conjunto realizó exitosas giras por América, destacándose en la televisión peruana y dejaron algunas grabaciones para Odeon, hoy prácticamente imposibles de conseguir.
Las dificultades que tuvo el género, a partir de los años 60, obligaron a los directores a transformar sus grandes orquestas en quintetos, cuartetos o tríos. Sin embargo, Jorge Caldara se jugó y formó una orquesta en sociedad con los cantores Ricardo Ruiz y Rodolfo Lesica.
Grabaron para Music-Hall un disco simple, con el tango "Mi malacara y yo", cantado a dúo por Ruiz y Lesica, y del otro lado el tango "Mis consejos", con la voz de Lesica. Al poco tiempo se alejó Ricardo Ruiz y la agrupación pasó a llamarse "Caldara-Lesica". El rubro continuó grabando para el mismo sello, dejando éxitos como "Nochero soy", "Mi bandoneón y yo" y "La yumba", todos instrumentales y "Confesión", "Ríe payaso" y "Por la vuelta" cantados por Lesica.
Luego graba un larga duración con una orquesta más grande, constituida por: Rodolfo Mansilla (piano); Jorge Caldara, Miguel Incardona, Omar Nacir y Carlos Goliat (bandoneones); Félix Molino, Antonio Agri, Antonio Magnético, Fernando Suárez Paz, Carlos Arnaiz, Mario Grossi y Mario Abramovich (violines); José Federighi (violoncello); Fernando Romano (contrabajo). En 1966 Lesica se retiró y es reemplazado por Roberto Echagüe, hijo de Alberto, quien permaneció durante un año, grabando solamente dos tangos; "La novia ausente" y "Madame Ivonne". Fue reemplazado por Raúl Funes.
De su obra autoral se destacan los instrumentales: "Bamba", dedicado a su hija, "Papilino", dedicado a su hijo, "Tango 05", dedicado a la Fuerza Aérea Argentina, "Mi bandoneón y yo", "Cuando habla el bandoneón", ambos en colaboración con Luis Stazo, "Sentido", en colaboración con Daniel Lomuto, "Con T de Troilo", "Patético", "Pastoral", "Puglieseando" y "Patriarca". Entre los tangos cantados: "Gorrión de barrio", su primer tango, "Muchachita de barrio" con letra de Mario Soto, "Solo, Dios, vos y yo", dedicado a su esposa, con letra de Rodolfo Aiello, "Estés en donde estés" letra de Martínez, "Pasional", su obra más popular, "Por pecadora" y "Profundamente", los tres con versos de Mario Soto, "No ves que nos queremos", con Abel Aznar y "Paternal", con Norberto Samonta.
En 1963, inesperadamente, tuvo una tremenda noticia, los médicos le diagnosticaron "mal de Hodgkin" (cáncer en los ganglios linfáticos). La lucha entre la vida y la muerte duró cuatro años. Falleció en 1967, pocos días antes de cumplir 43 años.
viernes, 18 de abril de 2014
GABO Y EL ZORZAL

García Márquez vuelve a incluir la figura de Gardel. En este caso, y haciendo referencia a su infancia, lo describe así: “Hasta donde recuerdo, mi vocación por la música se reveló en esos años por la fascinación que me causaban los acordeones con sus canciones de caminantes. Algunas las sabía de memoria, como las que cantaban a escondidas las mujeres de la cocina porque mi abuela las consideraba canciones de la guacherna. Sin embargo, mi urgencia de cantar para sentirme vivo me la infundieron los tangos de Carlos Gardel, que contagiaron a medio mundo. Me hacía vestir como él, con sombrero de fieltro y bufanda de seda, y no necesitaba demasiadas súplicas para que soltara un tango a todo pecho. Hasta la mala mañana en que la tía Mama me despertó con la noticia de que Gardel había muerto en el choque de dos aviones en Medellín. Meses antes yo había cantado Cuesta abajo en una velada de beneficencia, acompañado por las hermanas Echeverri, bogotanas puras, que eran maestras de maestros y alma de cuanta velada de beneficencia y conmemoración patriótica se celebraba en Cataca. Y canté con tanto carácter que mi madre no se atrevió a contrariarme cuando le dije que quería aprender el piano en vez del acordeón repudiado por la abuela” (pp. 116-117).
Más adelante, puede leerse: “Otra conquista de aquella época fue el permiso de mi padre para ir solo a la matiné de los domingos en el teatro Colombia. Por primera vez se pasaban seriales con un episodio cada domingo, y se creaba una tensión que no permitía tener un instante de sosiego durante la semana. La invasión de Mongo fue la primera epopeya interplanetaria que sólo pude reemplazar en mi corazón muchos años después con la Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Sin embargo, el cine argentino, con las películas de Carlos Gardel y Libertad Lamarque, terminó por derrotar a todos” (pág. 159).
Y luego: “Hasta entonces, lo único que el mundo entero sabía de Medellín era que allí había muerto Carlos Gardel, carbonizado en una catástrofe aérea. Yo sabía que era una tierra de grandes escritores y poetas” (pág. 527).
jueves, 17 de abril de 2014
SENSIBILIDAD GARDELIANA
martes, 15 de abril de 2014
EL NEGRO DE ORO
Nació en la ciudad de San Miguel de Tucumán (norte de Argentina) el día de la Independencia. En 1924 la familia se traslada a la ciudad de Córdoba, para luego radicarse definitivamente en Buenos Aires, en el barrio de Saavedra.
Yo era vecino y fui compañero de escuela de dos de sus hermanos: Juan y Enrique. Este último buen cantor, con un gran parecido físico y de voz a su hermano Miguel. Era frecuente que junto a sus hermanos lo viéramos ensayar en la cocina con los tres hermanos Mircó, guitarristas que acompañaban a varios profesionales y aficionados que actuaban en los clubes del barrio, especialmente en el "Federal Argentino" organizados por Roberto Cassinelli y Raúl Outeda.
Era el año 1938 y Miguel Montero, con el seudónimo Alberto Luna (su apellido materno) que al poco tiempo dejó de usar, debutó en Radio Del Pueblo acompañado por las guitarras de los hermanos Legarreta y José Di Napoli. Por el barrio ya andaba de serenatas y en cuanto lugar lo dejaban cantar. Su debut en el barrio fue en el Club All Boys en 1936.
En 1940 lo fui a ver al club Saavedra, que aun está en la calle Pinto a la vuelta del All Boys, donde se realizaba un festival benéfico. En el programa figuraban Lopecito, que era un recitador, el actor Pepito Petray (tío abuelo del cantor Héctor Petray) y el cantor uruguayo Carlos Roldán, quien aún no había debutado con Fresedo, ni con Canaro.
Miguel cantó con las guitarras acompañantes de Roldán, "Carnaval de mi barrio" y el vals "La ofrenda del trovero". Al finalizar, Carlitos Roldán lo felicito efusivamente, augurándole un gran porvenir en el tango... y no se equivocó.
Omití decir que las primeras "rascadas" del "Negro de oro", como lo bautizara Roberto Cassinelli, fue como cantor de las típicas del barrio: la de Eliseo Minotti y la de Miguel Brunetti.
En los albores del cuarenta pasa a la orquesta de Pedro Maffia, ya como cantor profesional. En el 42 actúa en radio El Mundo y en 1943, al regresar de los Estados Unidos Juan Carlos Cobián, lo elige como su cantor y actúa con él.
Dedicado a su profesión de pintor y decorador, que realizaba con su padre y hermanos, abandona el canto por unos años.
En 1949 Juan Carlos Howard, pianista de la orquesta de Francisco Lomuto, que actuaba por su cuenta cuando se lo permitía el director, lo contrata como cantor y luego se lo presenta a Lomuto y este lo integra a su formación en reemplazo de Carlos Galarce. Debuta junto al otro cantor de la orquesta, Alberto Rivera, en radio Belgrano y graba su primer disco en la Victor: "Muñequita", tema del propio Lomuto y letra de Adolfo Herschel, al que siguen cinco registros más.
Su actuación con esta orquesta duró hasta la muerte de Lomuto, ocurrida el 23 de diciembre de 1950. Entonces, ingresa a la orquesta de Roberto Dimas y después a la de Carlos Demaría, con quien graba en el sello Pampa un solo tema: "Esta noche me emborracho".
En 1953 es vocalista de Mario Demarco, para actuar en radio Splendid, y éste lo recomiendo a don Osvaldo Pugliese, quien lo contrató e intentó cambiarle el nombre. El cantor se opuso a dejar de usar su apellido, en homenaje a su padre, recientemente fallecido.
Debuta con Pugliese, el 16 de julio de 1954 en el club Huracán y, por rara coincidencia, el último baile con Pugliese lo realizó también en Huracán, el 6 de agosto de 1959.
El tango "A la luz del candil" es su primera grabación con Pugliese, el 14 de julio de 1954, con quien totaliza dieciséis registros como solista y cuatro en dúo con Jorge Maciel. Su última grabación con el maestro fue el tango "Dicha pasada", el 19 de noviembre de 1958.
Sin duda, su mayor creación con don Osvaldo fue el tango de Eduardo Marvezzi "Antiguo reloj de cobre", que se convertiría en su "caballito de batalla". Por esta grabación el sello Odeón le entregó a Sara, su viuda, un disco de oro por haber vendido más de 35.000 ejemplares.
Su debut como solista fue en radio Splendid, con su propia orquesta dirigida por el bandoneonista José Libertella, a quien sucedieron en la batuta: Eduardo Corti, Aquiles Roggero, Oscar Castagniaro, Armando Cupo, Juan José Paz y Ángel Domínguez.
Grabó también, en colaboración especial, dos temas con la orquesta de Miguel Caló (1966) y otros dos con la de Mariano Mores (1961 y 1969).
En 1971 grabó dos discos de larga duración con acompañamiento de guitarras y, en 1973, un larga duración titulado "Los cosos de Buenos Aires", que contenía 12 temas, con la orquesta de Horacio Salgán.
Finalmente, acompañado por la orquesta de Pascual Mamone, graba para el sello Odeon 12 versiones en 1974.
Miguel Montero realizó giras por casi todas las provincias argentinas y por el exterior: en 1963, Centroamérica; en 1966, Venezuela; en 1968, Chile y en 1971 Estados Unidos.
Fue compositor de los tangos "Pa' la muchachada", con letra de Carlos Johnson y que grabara con Pugliese; "La noche tiene ojos negros", letra de Roby; "Celos por quererte", con Ángel Domínguez; "Carbonilla", con Aldo Queirolo y J. D'Arino; "Qué diablos pasa", con Juan Fontana y la milonga "No te hagás el pituquito", con letra de Reynaldo Yiso.
Miguel Montero falleció de un infarto el 29 de agosto de 1975 a las nueve, mientras desayunaba en la cama. Había regresado el día anterior de Tucumán, su provincia natal, y al día siguiente tenía que actuar en el club Atlanta... no pudo ser
domingo, 13 de abril de 2014
LA DAMA DEL TANGO
SIMONE, MERCEDES
Cancionista, compositora, letrista, actriz.
(Villa Elisa, 21 de abril de 1904- Buenos Aires, 2 de octubre de 1990)
1. Infancia y juventud de Mercedes Simone
Mercedes Simone nació en la localidad platense de Villa Elisa y de chica se trasladó con su familia al centro de La Plata, donde trabajaba su padre. Asistió en la capital bonaerense a una escuela religiosa, donde comenzó a cantar canciones sacras con el coro escolar. También de niña, cantó para el arzobispo de La Plata, Monseñor Alberti.
Al terminar la primaria estudió costura y trabajó como tal en el taller de la tienda “La Francesita”, que estaba ubicada en la calle 14 entre 62 y 63 de La Plata. Pasó después a trabajar con sus 14 años, a la imprenta “Benavídez” también de La Plata, en calidad de encuadernadora. En esa casa de imprenta conoció a Pablo Rodríguez, guitarrero y cantor aficionado que fuera pronto su novio y después su marido. Mercedes casó con su compañero del cual nació su hija Dorita Matilde.
2. Primeros pasos en el arte
Rodríguez trabajaba en la imprenta por la mañana y por las noches, hacía presentaciones artísticas a dúo con su amigo Longo o bien, con Falcón o Rocha, en distintos cafetines de La Plata, Villa Elisa y alrededores, a efectos de poder ganar un dinero extra. Aparentemente, el dúo Rodríguez-Longo (el más reconocido), -aunque también cantó con los otros dos-, era bastante bueno. Cantaban valses y canciones criollas y tenían cierto suceso en la zona platense. Más tarde, hicieron un recorrido por algunas provincias, regresando a La Plata con una buena diferencia económica.
Con el dinero juntado, Rodríguez que había dejado la imprenta, instaló una peluquería en Villa Elisa, pero no dejó de cantar por las noches. En alguna oportunidad, Mercedes, -quien cantaba de manera aficionada-, reemplazó a Longo por encontrarse éste enfermo y su actuación gustó mucho. Estamos hablando del año 1925, aproximadamente. En ese sentido, Mercedes comenzó a trabajar más seguidamente con su marido hasta que dejaron la imprenta y la peluquería, para dedicarse de lleno al canto criollo.
A principios de 1926, fueron contratados por la confitería “Los Dos Chinos” de la localidad de Bahía Blanca. El éxito de la cancionista fue tan grande, que inmediatamente fue llamada por el “Teatro Odeón” de la precitada ciudad bahiense. La gira del dueto Rodriguez-Simone (que completaba el guitarrista Rocha, ya que Longo abandonó las giras por problemas de salud), extendió su éxito hacia Tres Arroyos, Tandil, Olavarría y Azul. Nuevamente volvió a Bahía Blanca, donde su voz, era requerida otra vez.
De regreso a La Plata, Mercedes Simone cantó en su ciudad y fue escuchada por el gran compositor, guitarrista y cantor Alfredo Pelaia, quien se encontraba de gira por allí. Este le recomendó a Rodríguez que su señora, cantara tangos como solista y viajara a Buenos Aires, ya que Pelaia notaba condiciones meritorias para el triunfo de la cantante en los escenarios porteños.
3. Su consagración en Buenos Aires. Sus primeros éxitos en el tango
Rodríguez vendió la peluquería y se convirtió en guitarrista y representante de su esposa. Viajaron a Buenos Aires, con el visto bueno de Pelaia y consiguieron debutar nada menos que en el palco del Café “El Nacional” de la calle Corrientes a mediados de 1926. Mercedes cantaba tangos, valses y canciones criollas, acompañada por su marido y Reynaldo Baudino en guitarras. Compartía cartel con la orquesta de Ernesto De La Cruz.
El critico, autor y director teatral Julio Escobar (intimo amigo de Alfredo Le Pera en las lides teatrales de entonces), escuchó cantar a Mercedes y le ofreció un contrato para sumar su concurso cantoral a la compañía que estaba organizando para una temporada en el teatro “Ópera”. Las actuaciones de Simone fueron tan aplaudidas que en poco tiempo, fue llamada para cantar en la compañía de Pepe Arias y Pepita Muñoz en el teatro “Nacional”, donde Mereces cantaba el tango de Modesto Papávero: “Leguisamo solo”.
Hacia 1927, cantó también en el cine “Hindú” y cuando fue escuchada por Rosita Quiroga, la gran cancionista arrabalera, la recomendó al señor Casas de la casa Víctor, para que la sumara al sello grabador. Fue así como el 15 de diciembre de 1927, Mercedes grabó su primer disco en las etiquetas del perrito Nipper, con las guitarras de Pablo Rodríguez y Baudino, haciendo los tangos “El morito” del contrabajista Oscar Roma y el poeta gardeliano Eugenio Cárdenas; y “Estampa rea”, del músico y actor Eduardo De La Bar y el gran Alfredo Navarrine. En ese año, siguieron de lleno las grabaciones en la Víctor y Mercedes Simone, ya consagrada en el mundo del tango, fue desfilando su arte por los tablados del “Empire”, el “Porteño” y el “Florida” entre otros lugares de importancia.
En 1928 pasó como cancionista a la compañía de Gloria Guzmán en el “Esmeralda” (luego “Maipo”), y debutó para los micrófonos de radio Splendid. Ligada a Gloria Guzmán, fueron contratadas para actuar luego en Santiago de Chile, luciéndose Mercedes con sus tangos en el país trasandino, quien a partir de entonces reclamara sus discos y sus presentaciones públicas, en la medida que fue llamada permanentemente para actuar en dicha plaza. En 1929, Mercedes Simone fue contratada para cantar en el Uruguay, donde triunfó rotundamente en los escenarios de Montevideo. Desde 1930, y siempre en la Victor, también comenzó a grabar placas secundada por los músicos del sello. A los tangos, sumaba pasodobles, rancheras y fox-trots.
De esta época, podemos recordar entre sus primeros éxitos los tangos “Oiga agente”, “Pelechaste”, “Yo soy la milonguera”, “Chorra”, “Recostado en un farol” (sublime interpretación), “Dominio” de Elvino Vardaro (notable tango), “Pifiaste”, “Vieja calesita”, “Inocencia” (uno de sus mayores éxitos de esos días), como los valses: “Tu jardín”, “Remembranzas”, “Silenciosamente”, “Rie, payaso, rie”, o “Tu imagen que vuelve”; como los fox-trots: “Estambúl”, “La nieta de japonesita”, o “Zapateado entrerriano” y “Dejémonos de pavadas”, como piezas folklóricas. Entre los pasodobles que hizo famosos se encontraban: “La copla andaluza”, “Por to lo arto”, el cuplé “Carmen la chalequera” y la tarantela: “Se casa Marietta”. Entre las rancheras más conocidas estaba: “El gaucho Don Ramón” (…no sirve pa’ hacer el amor…, rezaba la letra). (Analizaremos la discografía como el repertorio inédito o no grabado, en el sector correspondiente).
De esta suerte, llegamos ya a la década del treinta, la cual seguiré desmenuzando en la segunda parte de este ensayo.
domingo, 6 de abril de 2014
EL TAITA DEL ARRABAL
Era un malevo buen mozo
de melena recortada;
las minas le cortejaban
pero él las trataba mal.
Era altivo y le llamaban
el Taita del Arrabal.
Pero un día la milonga
lo arrastró para perderlo:
usó corbatita y cuello,
se emborrachó con pernot,
y hasta el tango arrabalero
a la francesa bailó.
La linda vida antigua
por otra abandonó
y cuando acordarse quiso
perdido se encontró.
Pobre Taita, muchas noches,
bien dopado de morfina,
atorraba en una esquina
campaniao por un botón.
Y el que antes daba envidia
ahora daba compasión.
Hasta que al salir de un baile,
después de una champagnada,
la mujer que acompañaba
con un taura se encontró.
Relucieron los bufosos
y el pobre Taita cayó.
Y así, una noche oscura,
tuvo un triste final
aquel a quien le llamaban
el Taita del Arrabal.
Música: José Padilla
Letra: Manuel Romero / Luis Bayón Herrera
sábado, 5 de abril de 2014
Picao de viruela, bastante morocho
Encrespao el pelo, lo mismo que mota,
Un hondo barbijo a su cara rota
Le daba un aspecto de taita matón.
De carácter hosco, bien fornido y fuerte,
Afrontó el peligro cual bravo titán,
Jamás tuvo miedo, ni aún ante la muerte
Porque era muy hombre , el tigre Millán.
Pobre tigre que una noche en Puente Alsina
Dos cobardes lo mataron a traición,
Era guapo, de esos guapos bien temidos,
Cual la punta desgarrante de un facón.
Mala suerte, pobre tigre, siempre tuvo
En cuestiones de escolazos y de amor
Pues no era bien parecido,
Y fatalmente metido
Con la mujer que adoró,
Nunca fue correspondido
Y ella al fin, lo traicionó.
Cuentan que una noche, bramó como fiera
En un entrevero que hasta hoy se comenta,
Repartiendo hachazos ¡Era una tormenta!
Mostró su coraje venciendo a un malón.
¡Parece mentira que hombres de su laya!
Mueran siempre en manos de un ruin cobardón,
Hoy la muchachada ¡Tigre! te recuerda
Y aquella culpable llora su traición.
Letra y música : Francisco Canaro (Francisco Canarozzo)
viernes, 4 de abril de 2014
EL PRÍNCIPE DE BUENOS AIRES
Hector Pacheco
Fue dueño de un estilo elegante, distinguido, intimista. Escucharlo cantar significa imaginar lujosos locales nocturnos, grandes salones, salas de baile frecuentadas por las clases altas, hoteles de muchas estrellas donde los violines, el piano y los bandoneones acompañan a un cantor que recrea con su voz un mundo que ya no existe pero que siempre es agradable evocar. “En un mundo de alegría entre humo y copas de champagne” como dice en “Sollozos”, el poema escrito en 1922 por Emilio Fresedo.
Su época de oro fueron los cinco años con Osvaldo Fresedo y los dos o tres años con la orquesta de Carlos García, acompañado entonces por Vardaro, Baralis, Leopoldo Federico y Horacio Malvicino. Diez años le alcanzaron y le sobraron para merecer el titulo de “Príncipe de Buenos Aires”. Los años anteriores y posteriores fueron la antesala o el epílogo de sus tiempos de brillo y esplendor.
Algunos grandes poemas del tango fueron consagrados por su voz. “Discepolín” fue estrenado por él, temas como “Patotero sentimental”, “Silbando”, “Pero yo sé”, “La copa del olvido”, “Lluvia sobre el mar”, “Nostalgias”, “La casita de mis viejos” entre otros, integraron su exclusivo repertorio.
“Vida mía”, un poema escrito por Emilio Fresado en 1933, fue su tema clásico, el que solicitaban cuando ya estaba viejo y algo decadente sus incondicionales que nunca sumaron multitudes pero que siempre fueron leales a su Príncipe. Se dice que su caudal vocal era modesto, pero que se las ingeniaba con otros recursos para suplantar los límites físicos. Puede ser. Lo que está fuera de discusión es que ese estilo “romántico”, delicado, algo abolerado, como decían sus críticos más severos, supo representar una época y, me atrevería decir, a una clase social que reconocía en el ritmo de Fresedo y la voz de Pacheco una marca propia.
Siempre se dijo que Fresedo -también De Caro- representó el tango “alvearista”, es decir el tango que el patriciado y las clases medias en ascenso estaban dispuestas a consentir. Se trataba de una música interpretada por excelentes profesionales que se presentaban en el escenario luciendo smoking y actuaban para un público que reclamaba una música y una voz que revele un mundo armonioso, sereno, en donde hasta el drama de amor más intenso siempre se narrara con tonos medidos.
Fresedo contó con cantores que se adecuaban a ese estilo. Basta con nombrar a Roberto Ray, Ricardo Ruiz u Oscar Serpa, para disponer de una idea aproximada de los niveles de calidad exigidos por el “Pibe de la Paternal”. Pacheco perteneció por derecho propio a esa escuela y para más de un crítico fue su mejor exponente, el más afinado, el más seductor y, también, el más personal.
Según sus biógrafos, nació en la ciudad cordobesa de Marcos Juárez el 15 de marzo de 1918. Es la opinión oficial y, seguramente la más difundida, aunque debo advertir que para más de un santafesino, Antonio Lino Ingaramo nació en nuestra ciudad y vivió sus primeros años en la esquina de Bulevar Pellegrini y 4 de Enero. No tengo modo de confirmar este dato, simplemente lo menciono.
Desde pibe le gustó la música y muy en particular el tango. A sus condiciones de cantor le sumó su interés por la ejecución de instrumentos como el piano y el violín. Un concurso organizado en Rosario, que lo distinguió con el primer premio, le permitió iniciarse como cantor en Radio Cerealista de Rosario. Para esa época se lo consideraba un aceptable imitador de Agustín Magaldi, motivo por el cual en algún momento mereció las críticas de Juan D’Arienzo para quien los imitadores carecían de horizontes artísticos.
Un par de años después se presentó a otro concurso organizado por Radio Argentina y auspiciado por la sastrería Braudo. Volvió a ganar, pero esta vez ya había abandonado la pretensión de ser el imitador de Magaldi. Para ese tiempo estaba vinculado artísticamente con las hermanas Silva y su dúo “Las Palmeritas”. Ingaramo en esos años empezó a ser Héctor Pacheco. La identidad iba más allá del nombre. El artista empezaba la búsqueda de un estilo propio, como corresponde a un verdadero artista. Durante más de diez años recorrerá diferentes orquestas y grupos musicales. Cantó con Alberto Pugliese y con Pedro Maffia se presentó en el “Tibidabo”. Para 1947 estaba con Alfredo Attadía y un par de años después recorrió las ciudades del interior con el cuarteto integrado por Armando Baliotti, Luis Adesso, Bernardo Sevilla y Anselmo Aieta. No se registran grabaciones en ese período, pero algunas condiciones debe de haber tenido este muchacho para que en diferentes circunstancias el maestro Osvaldo Fresedo preste atención a su estilo.
Finalmente, en 1952 Héctor Pacheco se incorporará a la orquesta de su admirado maestro. El escenario de su debut será el distinguido local de “Rendez-Vous”, ubicado en Maipú entre Paraguay y avenida Córdoba. La boite era propiedad de Fresedo y su violinista Eduardo Armani. Allí Pacheco debuta con “Milonguita”, el tema de Samuel Linning. Armando Garrido, el cantor oficial de la orquesta en ese año, es desplazado por Pacheco que en pocas noches define no sólo un estilo sino también un repertorio. A “Milonguita” le sucede “Discepolín” de Homero Manzi y “Pero yo sé” de Azucena Maizani. Luego llegarán “Patotero sentimental”, “Pampero”, “Lluvia sobre el mar”, “Por la vuelta” y “Vida mía”, temas grabados en los sellos Columbia y Odeón y que merecen el reconocimiento de una amplia platea tanguera.
Sin lugar a dudas que ese fue su momento de oro. Y lo fue no sólo por su repertorio y su sintonía con una de las grandes orquestas de la historia del tango, sino porque fue capaz con su estilo de crear una manera de concebir y disfrutar el tango. Pacheco se inclinará por las letras más intimistas o “románticas” como se dice con cierta ligereza en estos casos, pero su personalidad le permitirá adaptar letras de tango consideradas más “recias”. “Patotero sentimental”, “Lo han visto con otra”, “El pescante” o “Garufa”, por ejemplo, son asimilados a la melodía de su voz.
Pero lo que merece ser considerado como una verdadera creación es su interpretación del tango de Celedonio Flores, “Corrientes y Esmeralda”. La grabación no está muy difundida y no es fácil acceder a ella, pero es excelente. Llama la atención cómo Pacheco logra con este tema una de sus mejores interpretaciones y una de las mejores versiones de un poema que fue vocalizado por cantores de la talla de Edmundo Rivero, Roberto Chanel o Hugo del Carril.
Años después, muchos años después, Pacheco vuelve a interpretar “Corrientes y Esmeralda”. Ya no es el mismo. Ni su voz, ni su estilo ni su cadencia. Sin la dirección de músicos como Fresedo o García, Pacheco cae en el remanido lugar común de imitarse a sí mismo y sobreactuar. No fue ni el primero ni el último cantor de tango que comete ese error. Algo parecido podría decirse de Alberto Castillo, Alberto Morán o el propio Roberto Goyeneche. La vida disipada, los estragos de los años, las necesidades económicas y las pequeñas vanidades hacen su trabajo y cobran sus propias cuentas.
Héctor Pacheco murió en Buenos Aires el 28 de julio de 2003. Tenía entonces 85 años.
domingo, 9 de febrero de 2014
UN VIOLÍN PARA EL RECUERDO
Enrique Mario Francini nació en San Fernando el 14 de Enero de 1916.
A los 10 años estudiaba violín con el violinista Arturo Biondi. Vivió en Campana y sus primeras intervenciones en tango fueron en Zárate, junto a Héctor Stamponi, pero sin abandonar los estudios de música clásica.
En 1937 se trasladó a Buenos Aires para actuar en “Las matinees de Juan Manuel”, por Radio Stentor. Ese mismo año actuó en la misma emisora con la orquesta de Héctor María Artola. Fue requerido por Miguel Caló como primer violín junto a Armando Pontier, Héctor Stamponi y Cristóbal Herrero, todos de Zárate.
Fue maestro de Armonía y Composición, perfeccionándose con los maestros julián Bautista, Marti Llorca y Maugiamarchi. En 1945 formó su orquesta típica junto a Armando Pontier, debutando en el Tango Bar el 1º de Setiembre de 1945. Por esa orquesta desfilaron como cantores Julio Sosa, Roberto Rufino, Raúl Berón, y Alberto Podestá entre otros. Dejaron grabados 120 temas. Lo disfrutamos en vivo, en los bailables de “Radio El Mundo”, en 1948, cuando cantaba Julio Sosa.
En 1952 grabó con Héctor Stamponi. En 1954 formó un quinteto junto a Aníbal Troilo, Roberto Grela, Kicho Díaz, y Horacio Salgán para evocar a Juan Carlos Cobian. En 1955 se separó de Armando Pontier para conducir su propia orquesta. Integró el Octeto Buenos Aires, dirigido por Astor Piazzolla y el Septimino “Los Astros del Tango”grabando temas orquestados por Argentino Galván. Integró también “Los violines de oro del tango”.
En 1958 ingresó a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, como Primer violín de Fila. Llegaba siempre tarde, en plena ejecución de la orquesta. Aparecía detrás del cortinado, se ubicaba en su sitio y seguía hasta el final. Las ejecuciones eran los domingos por la mañana. No es difícil suponer las causas del retraso si tenemos en cuenta la hora de finalización de los bailes de los sábados.
En 1960 formó con Ubaldo De Lío en guitarra, Pedro Láurenz en bandoneón, Horacio Salgán en el piano y Rafel Ferro en contrabajo “El Quinteto Real”. Actuó en Japón en varias opotunidades, con enorme éxito. En 1976 renunció a la Orquesta Filarmónica. El 27 de Agosto de 1978, falleció mientras ejecutaba el tango “Nostalgias”.
domingo, 2 de febrero de 2014
UN TRONCONE QUE NO ERA NINGUN TRONCO
Enrique Campos (Enrique Inocencio Troncone) nació el 10 de marzo de 1913 en el barrio Palermo de la ciudad de Montevideo (República Oriental del Uruguay). Una infancia dura, sin calor de hogar propio. Con su hermana sobrellevó su angustia de huérfano y se refugió en una casa amiga hasta que le crecie. ron las alas y se echó a volar. Y en su primer vuelo de pájaro - tenía apenas 15 años - se hizo amigo del tango y desde entonces jamás se separaron.
Debut profesional: en el cine Helvético de Colonia Suiza con las guitarras de Alfredo Solís y Carlos Méndez. Año de 1936. Hasta ese momento y desde su iniciación se llamaba Enrique Troncone. Los ocho años anteriores fueron suficientes para aprender a tocar la guitarra y hacerse a un personalísimo estilo.
Ese mismo año de 1936 se incorpora al elenco del famoso Eduardo Depauli, "El Frégoli del Éter", quien lo bautizó con un nombre más apropiado: Eduardo Ruiz. Como tal y con Depauli y las Hermanas Méndez entre otros famosos artistas del varieté uruguayo trabaja en el primer film sonoro netamente oriental. "Radio Candelario". En 1940 se incorpora a la Orquesta Típica del binomio Laurenz – Casella, después de una tempo-rada exitosa en Radio Tupi de San Pablo (Brasil) con los guitarristas Fontela, Falco y Pizzo y en donde como número "exclusivo" tiene que darse el lujo de rechazar ofertas varias de distintos espectáculos teatrales y radiofónicos.
La Orquesta Típica "Los Indios" de Ricardo Tanturi, el día en que debutó Enrique Campos. El pianista Posada; el contrabajista Outeda: los bandoneonistas, por orden de importancia: Gondre. Aguirre, Iglesias, Saettone y Ferraro. Los violinistas. Guzmán. Taibo. Salerno y Husso. El apoderado de la agrupación era. Rodolfo Sullivan.
Eduardo Ruiz, todavía, colabora con la orquesta de Laurenz -bandoneonista y sobrino del famosísimo Pedro - en un momento histórico del tango: aquella etapa feliz de Troilo con Florentino y de Miguel Caló con Raúl Berón. Cultiva todos los temas de moda y sin desvincularse de la orquesta -en donde actuaba en el humilde puesto de tercer bandoneón, un joven sonriente y entusiasta que con el tiempo llegaría a ser el "DArienzo Uruguayo" en popularidad: Donato Racciatti- interviene también en ciclos independientes: con la orquesta que encabezaba en el Palacio de la Cerveza Pintín Castellanos, y en donde tocaba el violín Alfredo Gobbi, cinco meses, y con sus guitarristas en distintas radios orientales, haciendo impacto con el tango ''El Adiós" de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente.
El representante José María Barrios, viejo admirador del cantor lo propuso para reemplazar al doctor De Lucca (Alberto Castillo) en la orquesta de Ricardo Tantun. Voló a Montevideo en su busca, y le propuso cambiar el nombre. Había en el ambiente y existen todavía - muchos "Ruiz" ilustres, como Floreal y Ricardo por ejemplo. Para rebautizarlo se recurrió al socorrido experimento del directorio telefónico abierto al azar. El libro se abrió en la letra C y en la página de los Campos. Se barajaron entre los nombres de Eduardo y Ricardo. Y el propio cantor prefirió dejar su verdadero nombre de pila.
Enrique Campos nació a la notoriedad el día 4 de agosto de 1943.
Su primera grabación fue '"Muchachos comienza la ronda" y la última "Esta noche hay una fiesta". Entre las dos, alrededor de 60 títulos conforman la carrera discográfica de Enrique Campos.
El día de su cumpleaños número 33 contrajo matrimonio con María Rosa - prefiere que le digan Elena - y el 13 de abril de 1946, abandonó la Orquesta Típica "Los Indios" de Ricardo Tanturi. con quién había actuado por última vez en público en el Club "Unión de Caseros".
En 1946 En- je Campos canta otra vez con guitarras. Y en 1947 ingresa por primera vez a la orquesta del pianista Francisco Rotundo. Comparte los cantables con Mario Corrales (Mario Pomar) y luego con Horacio Quintana.
En 1948 forma el binomio Campos Calabró, con el renombrado bandoneonista y compositor Alfredo Calabró. En 1950 forma su propio conjunto sobre arreglos de un músico uruguayo. En 1951 vuelve con Rotundo junto al cantor Floreal Ruiz y en sustitución de Carlos Roldán. En 1953 canta con Roberto Caló y en 1956 vuelve por tercera vez con Francisco Rotundo para alternar con Ricardo Argentino, primero y después con Alfredo del Rio.
En 1959 forma binomio con la cancionista Elena Maida y dirige el conjunto el pianista y compositor Dante Smurra. Tres años después canta en la orquesta del bandoneonista Graciano Gómez e interviene en los programas centrales de Radio Splendid de 1962. Abre un paréntesis de dos años de inactividad profesional cuando lo reclama un próspero negocio de venta de flores en el aristocrático barrio de Belgrano. Sus hijos. Enrique, nacido en 1949 y María del Carmen nacida en 1953, le piden que vuelva al canto y así lo hizo en 1965 reapareciendo en Radio El Mundo con la orquesta que dirige Dante Smurra.
En el momento de aparecer este disco - mayo de 1966- Enrique Campos actúa en "Rincón Famoso", una casa de tango que se mantiene en pleno apogeo merced a la voz distinta y al acento varonil, emotivo y penetrante de un señor cantor que acaba de cumplir 53 gallardos años de existencia.
viernes, 31 de enero de 2014
"EL FEO Y EL GORDO"
martes, 28 de enero de 2014
LA ÑATA GAUCHA
Azucena Maizani 1902-1970
A comienzos de 1922 la compañía de César y Pepe Ratti, del teatro Apolo, publicó un réclame pidiendo señoritas para El rey del cabaret, de Manuel Romero, Azucena Maizani, entre muchas aspirantes, consiguió un papel de cabaretera: Aparecía una única vez en escena; en tono de cuplé cantaba una brevísima letrilla que ilumina la seductora y voluptuosa figura de la francesita: «je suis Mimí, je suis Mimí/la alegre y loca/así me llamo en Francia/pero nací en La Boca». Actuó en películas mudas y cantó para la orquesta de Francisco Canaro en el Pigall. Después de esas mínimas apariciones, Alberto Vacarezza la convoca para el elenco de su sainete. A mí no me hablen de penas y escribe especialmente para ella Padre nuestro, musicalizado por Enrique Delfino. Era la primera vez que se escribía un tanto para una intérprete femenina. El 23 de junio de 1923, el día del estreno, el público que colmaba El Nacional la ovacionó y tuvo que repetir ese tango en cinco oportunidades. Esa noche, y asociada a ese tango, nació la fama de la Maizani.
Azucena Josefa Maizani nació el 17 de noviembre de 1902 en Buenos Aires. Hasta los cinco años vivió en Palermo, en una casa de la calle Guatemala. Su precaria salud la obligó a trasladarse, al cuidado de unos parientes a la Isla Martín García. De regreso a Buenos Aires, a los diecisiete años, trabajó como costurera en una camisería del Abasto.
Tras el éxito de Padre nuestro, intervino al lado de Florencio Parravicini en Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina. La radio y los discos grabados con Canaro afirmaron el éxito de «La Ñata Gaucha». Su voz, como entre sollozos y quejas, encontró una modulación definitiva para el tango: el énfasis puesto en el sentimiento y el privilegio de la letra sobre la música. Su estilo se adapta naturalmente a las composiciones de mayor intensidad dramática. Solía presentarse en público vestida de hombre y su incomparable voz alcanzaba momentos de rara virilidad.
Envuelta en un aire de mujer fatal, tuvo una vida amorosa rodeada de acontecimientos oscuros y dolorosos. Su primer matriomonio fracasó al morir un hijo recién nacido; se casó después con el compositor uruguayo Roberto Zerrillo; su tercera pareja, Ricardo Colombres, se suicidió de un balazo; muchos le adjudicaron un secreto romance con Gardel y, durante los primeros años del ’40, la prensa cuestionó severamente la enigmática paternidad de su hija María Alicia.
Mano a mano, Hacelo por la vieja, Esta noche me emborracho, Yira yira, junto con sus propios tangos, Pero yo sé y La canción de Buenos Aires, constituyeron los hitos más celebrados de su repertorio. Realizó varias giras por Europa, EE.UU. y Latinoamérica.
Se despidió del público en 1962 en un homenaje realizado en el teatro Astral, cantando su primera gran interpretación: Padre nuestro. Ocho años después, el 15 de enero de 1970, la «gloria femenina del tango» moría en Buenos Aires.
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